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miércoles, 6 de junio de 2018

El largo calvario de los nuevos conversos

El largo calvario de los nuevos conversos
Del Islam al cristianismo

El largo calvario de los nuevos conversos

David Garrison, profesor en la Universidad de Chicago y autor del libro «Un aliento en la casa del Islam» estima a su vez que podría haber entre dos y siete millones de musulmanes conversos en todo el planeta.
(Somatemps) 4.258 personas, es el número de adultos que han recibido el bautismo católico en Francia en la noche del Sábado Santo (N. del T. de 2018). Una cifra en aumento de más del 40% en los últimos diez años, según la Conferencia de Obispos de Francia, que afirma también que 7% de los bautizados, alrededor de 280 individuos, son de familia musulmana. Estas conversiones de musulmanes al catolicismo constituyen un récord ya que, según Vicent Feroldi, Director del Servicio nacional para la relación con los musulmanes (en el seno de dicha Conferencia): «Hasta 2016 el número de casos estaba siempre por debajo de doscientos».  Para este último, el aumento se explica por la llegada a Francia de inmigrantes «de cultura árabe-musulmana» que, una vez en territorio francés, ven que «una mayor libertad religiosa es posible» y se dirigen entonces hacia la conversión, que es «primero, un encuentro personal con Cristo».  De hecho, para el Sr. Feroldi, hace falta cierta valentía para dar el paso vista la presión alrededor de estas conversiones, que se perciben como verdaderos actos de apostasía, son muy fuertes y condenan a estos nuevos cristianos a la discreción y al silencio.
No es nimio constatar que este fenómeno, aunque lejos de ser marginal, no es evocado en la prensa dado que es muy difícil para los interesados hablar del tema. En efecto, mientras que algunos como el futbolista Djibril Cissé, que se convirtió a la fe cristiana a la edad de quince años, no dudan en contar su «epopeya religiosa» en los medios, otros tienen más dudas y prefieren incluso esconderse por miedo a represalias. Es el caso de Imed, joven argelino de 23 años de Seine-Saint-Denis que ha escogido, hace unos meses, el mismo camino: «Fue muy largo, pero ahora ya puedo ir al encuentro de Dios con alegría. No hablo mucho de mi nueva vida. Una parte de mi familia y de mis amigos de infancia no lo comprenderían». Y añade: «Cuando se es musulmán, es siempre difícil y peligroso convertirse a otra religión. En un hadiz (N. del T. Segunda fuente del Islam tras el Corán) se dice que hay que matar a quien abandone su religión.  Aunque en Francia no se llegue a tanto, es preferible ser discreto para protegerse mejor».
En este contexto, es muy difícil, ya sea en Francia o en el resto del mundo, obtener cifras fiables sobre estos nuevos conversos. En Francia, según un especialista del Ministerio del Interior, habría entre tres mil y siete mil personas que se convierten cada año al cristianismo, de los cuales el 10% son musulmanes. Esta cifra, que hay que coger con pinzas, muestra que el fenómeno está lejos de ser anecdótico en el territorio nacional.  En el mundo, cuantificar estas conversiones es todavía más delicado, pero parece que antiguos musulmanes conversos serían varios millones. Según un estudio de 2015 y realizado por el Seminario de Teología de Gordon-Conwell, once países mayoritariamente musulmanes figuran entre los veinte en los que el cristianismo progresa más rápido.  Incluso si esto se explica en parte, en algunos países, como en Qatar y Arabia Saudí por la llegada de trabajadores extranjeros cristianos procedentes de Filipinas, India o Nepal, es cierto también que el número de conversiones experimenta un fuerte aumento. «L´Interdisciplinary Journal of Research on Religion» las evalúa en diez millones en 2010 contra doscientas mil en 1960.
David Garrison, profesor en la Universidad de Chicago y autor del libro «Un aliento en la casa del Islam» estima a su vez que podría haber entre dos y siete millones de musulmanes conversos en todo el planeta. En efecto, para este especialista del Islam, «vivimos el movimiento más grande de conversiones» y añade: «Lo que es interesante no es solo la amplitud del movimiento, sino el número total que hay ahora. Esto no se limita a un solo lugar del mundo, sino que lo vemos desde África del Oeste hasta Indonesia».  Cualquiera que sea la cifra, parece innegable que estamos ante un movimiento estructural, que afecta a todos los continentes y está destinado a tomar en el futuro una dimensión más importante.
¿Por qué ciertos musulmanes deciden convertirse al cristianismo? Esta pregunta puede resultar difícil de responder, pero se explica por tres razones principales: Primero, parece que las violencias terroristas perpetradas por islamistas tendrían que ver. Así, por ejemplo, en Irak, como lo cuentan las asociaciones humanitarias sobre el terreno, muchos musulmanes kurdos han decidido cambiar de religión después de haber presenciado las acciones violentas cometidas por grupos extremistas como el ISIS.  Después, en algunos países musulmanes, un mayor acceso a la Biblia y a los programas de evangelización explican las conversiones masivas. Por ejemplo, el sacerdote copto egipcio Zakaria Botros, conocido por sus críticas virulentas al Corán en la cadena Al Hayat TV (que cubre Oriente Próximo) tiene una audiencia de millones de telespectadores. En Irán, desde 2015, la Biblia, integralmente traducida al persa moderno, es accesible desde el móvil. Más recientemente, la cadena cristiana SAT-7, que se recibe en los países de Oriente Medio y Africa del Norte, con una audiencia superior a veinte millones, ha utilizado las funcionalidades de la aplicación Telegram para ofrecer con seguridad a los iraníes los programas cristianos y de descargas de la Biblia.  Finalmente, para David Garrison, el final de la colonización parece haber tenido un rol importante en la medida en que la religión cristiana ya no es la del «invasor europeo», y parece atrae cada vez más a las poblaciones locales. Es cierto que estas conversiones se desarrollan a partir del momento en que la descolonización está totalmente acabada.
Estas conversiones, cada vez más numerosas, preocupan a los musulmanes más radicales. La cadena de televisión más seguida en el mundo árabe, Al-Jazeera, habla de este tema desde los años 2000. En 2001, el jeque Ahmad al Qataani se lamentaba en la cadena: «Cada hora, seiscientos sesenta y siete musulmanes se convierten al cristianismo. Cada día, dieciséis mil musulmanes lo hacen. Cada año, son seis millones». Es comprensible que este fenómeno preocupe al islam radical. Las amenazas que pesan sobre los nuevos conversos son muy reales. Viven en muchos países en la ilegalidad, practican su culto en la clandestinidad, muchos de esos nuevos conversos son perseguidos y amenazados de muerte. En Marruecos, por ejemplo, se arriesgan a la reprobación social en caso de conversión, y a la prisión si son sospechosos de «romper la fe de un musulmán o de convertirlo a otra religión».  En Irán, directamente se arriesgan a la pena de muerte los que son considerados como verdaderos apóstatas. El Padre P. Humblot, después de haber pasado más de cuarenta y cinco años de su vida en Teherán, tuvo que exiliarse en Francia para «salvar su vida». Cuenta regularmente hasta qué punto el calvario (insultos, agresiones físicas, torturas, amenazas de muerte, prisión, asesinatos) vivido por estos nuevos cristianos en tierra de Islam es insostenible. Cita a menudo el ejemplo de esa joven que se había convertido y que vio cómo su propio padre le arrojaba gasolina y la amenazaba con quemarla viva si no aceptaba volver a la religión musulmana. Después de haber sido encerrada durante varios días, finalmente pudo huir del territorio iraní para escapar a la muerte.
Mientras que los cristianos del mundo entero acaban de festejar la Pascua, mientras que muchos de ellos son perseguidos y amenazados a causa de su fe, no olvidemos que ser o convertirse en cristiano es una entrega de sí mismo que puede acabar mal con toda seguridad.  Pero como bien dice el Papa Francisco: «No tengáis vergüenza de vivir con el escándalo de la Cruz». Deseemos a esos nuevos cristianos que se han atrevido a pasar una línea roja que no se den por vencidos, y que sean todo lo felices que puedan en sus nuevas vidas.
Un artículo de Kevin Bossuet
Revista «Valeurs actuelles».  3/4/2018
Traducido por Esther Herrera Alzu

miércoles, 3 de mayo de 2017

«Coptos ortodoxos y católicos podemos hablar cada vez más la lengua común de la caridad»

El papa Francisco realizó una visita de cortesía al papa Tawadros II, Patriarca de la Iglesia Copto-Ortodoxa de Alejandría. Ambos han firmado una declaración conjunta.
(RV) «Delante del Señor, que quiere que seamos perfectos en la unidad no es posible escondernos más detrás de los pretextos de divergencias interpretativas ni tampoco detrás de siglos de historia y de tradiciones que nos han convertido en extraños», precisó el Papa, puntualizando que no sólo existe un ecumenismo realizado con gestos, palabras y esfuerzo, sino también una comunión ya efectiva, que crece cada día en la relación viva con el Señor Jesús, se fundamenta en la fe profesada y se basa realmente en nuestro Bautismo, en el ser «criaturas nuevas» en él: en definitiva, subrayó, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.
El Santo Padre aseguró a Tawadros que estamos llamados a testimoniar juntos al Señor, a llevar al mundo nuestra fe, viviéndola, porque la presencia de Jesús se transmite con la vida y habla el lenguaje del amor gratuito y concreto. «Coptos ortodoxos y Católicos podemos hablar cada vez más esta lengua común de la caridad: antes de comenzar un proyecto para hacer el bien, sería hermoso preguntarnos si podemos hacerlo con nuestros hermanos y hermanas que comparten la fe en Jesús. Así, edificando la comunión con el testimonio vivido en lo concreto de la vida cotidiana, el Espíritu
no dejará de abrir caminos providenciales e inimaginables de unidad», observó.
Francisco deseó a al patriarca copto que nuestro mismo Señor nos conceda seguir caminando juntos, como peregrinos de comunión y anunciadores de paz. «Que en este camino nos lleve de la mano Aquella que acompañó aquí a Jesús y que la gran tradición teológica egipcia ha aclamado desde la antigüedad como Theotokos, Madre de Dios».
Finalmente, se ha procedido a la firma de la declaración conjunta entre ambos pastores:
Francisco y Tawadros II
DECLARACIÓN FINAL DE SU SANTIDAD FRANCISCO Y SU SANTIDAD TAWADROS II
1.  Nosotros, Francisco, Obispo de Roma y Papa de la Iglesia Católica, y Tawadros II, Papa de Alejandría y Patriarca de la Sede de San Marcos, damos gracias a Dios en el Espíritu Santo porque nos ha concedido la gozosa oportunidad de encontrarnos una vez más para intercambiar nuestro abrazo fraternal y unirnos de nuevo en una misma oración. Damos gloria al Todopoderoso por los vínculos de fraternidad y amistad que unen la Sede de San Pedro y la Sede de San Marcos. El privilegio de estar juntos aquí en Egipto es una señal de que nuestra relación es cada año más sólida, y de que seguimos creciendo en cercanía, fe y amor en Cristo nuestro Señor. Damos gracias a Dios por este amado Egipto, «patria que vive dentro de nosotros», como solía decir Su Santidad el Papa Shenouda III, «el pueblo bendecido por Dios» (cf. Is 19,25), con su antigua civilización faraónica, su herencia griega y romana, su tradición copta y su presencia islámica. Egipto es el lugar donde la Sagrada Familia encontró refugio, tierra de mártires y santos.
2.  Nuestro profundo vínculo de amistad y fraternidad tiene su origen en la plena comunión que existía entre nuestras Iglesias en los primeros siglos y que se fue expresando de muchas maneras a través de los primeros Concilios Ecuménicos, remontándose al Concilio de Nicea en el año 325 y a la contribución del valeroso Padre de la Iglesia san Atanasio, que se ganó el título de «Defensor de la Fe». Nuestra comunión se manifestaba a través de la oración y de prácticas litúrgicas similares, de la veneración de los mismos mártires y santos, y a través del crecimiento y difusión del monaquismo, siguiendo el ejemplo del gran san Antonio, conocido como el Padre de todos los monjes.
Esta experiencia común de comunión antes de la separación reviste un significado especial para nuestros esfuerzos actuales, encaminados a restaurar la plena comunión. La mayor parte de las relaciones que existieron en los primeros siglos entre la Iglesia Católica y la Iglesia Copta Ortodoxa han continuado hasta nuestros días, a pesar de las divisiones, y han sido recientemente revitalizadas. Suponen un desafío para que intensifiquemos nuestros esfuerzos comunes y perseveremos en la búsqueda de la unidad visible en la diversidad, bajo la guía del Espíritu Santo.
3.  Recordamos con gratitud el histórico encuentro que tuvo lugar hace cuarenta y cuatro años entre nuestros predecesores, el Papa Pablo VI y el Papa Shenouda III, en un abrazo de paz y fraternidad, después de muchos siglos, cuando nuestros mutuos vínculos de amor no fueron capaces de expresarse a causa de la distancia que había surgido entre nosotros. La Declaración Común que firmaron el 10 de mayo de 1973 representó un hito en el camino del ecumenismo y sirvió como punto de partida para la Comisión para el Diálogo Teológico entre nuestras Iglesias, que ha dado muchos frutos y ha abierto el camino para un diálogo más amplio entre la Iglesia Católica y la entera familia de las Iglesias Ortodoxas Orientales. En esa Declaración, nuestras Iglesias reconocieron que, de acuerdo con la tradición apostólica, profesan «una misma fe en un solo Dios Uno y Trino» y «la divinidad del Unigénito Hijo Encarnado de Dios... Dios perfecto con respecto a su divinidad, y perfecto hombre con respecto a su humanidad». También se reconoció que «la vida divina nos es dada y alimentada a través de los siete sacramentos» y que «veneramos a la Virgen María, Madre de la Luz Verdadera», la «Theotokos».
4.  Con profunda gratitud recordamos nuestro encuentro fraterno en Roma, el 10 de mayo de 2013, y el establecimiento del 10 de mayo como el día en el que cada año profundizamos la amistad y la fraternidad entre nuestras Iglesias. Este renovado espíritu de cercanía nos ha permitido discernir una vez más que el vínculo que nos mantiene unidos lo recibimos de nuestro único Señor el día de nuestro Bautismo. Porque es a través del Bautismo que nos convertimos en miembros del único Cuerpo de Cristo que es la Iglesia (cf.1Co 12,13). Esta herencia común es la base de nuestra peregrinación hacia la plena comunión, a medida que crecemos en el amor y la reconciliación.
5.  Somos conscientes de que en esta peregrinación aún nos queda mucho camino por recorrer, sin embargo, no podemos ignorar lo mucho que ya hemos avanzado. Recordamos, en particular, el encuentro entre el Papa Shenouda III y san Juan Pablo II que, durante el Gran Jubileo del año 2000, vino a Egipto como peregrino. Estamos decididos a seguir sus pasos, movidos por el amor a Cristo, Buen Pastor, con la profunda convicción de que caminando juntos crecemos en la unidad. Que sepamos encontrar nuestra fuerza en Dios, fuente perfecta de comunión y amor.
6.  Este amor encuentra su expresión más profunda en la oración común. Cuando los cristianos oran juntos, se dan cuenta de que lo que los une es mucho más de lo que los divide. Nuestro anhelo de unidad se inspira en la oración de Cristo «que todos sean uno» (Jn 17,21). Profundicemos nuestras raíces comunes en la única fe apostólica, rezando juntos y buscando traducciones comunes de la Oración del Señor y también una fecha común para la celebración de la Pascua.
7.  Mientras caminamos hacia el día bendito en que finalmente podamos reunirnos en torno a la misma mesa Eucarística, podemos cooperar en muchas áreas y demostrar de manera tangible lo mucho que ya nos une. Podemos dar juntos un testimonio de los valores fundamentales como la santidad y la dignidad de la vida humana, la santidad del matrimonio y de la familia, y el respeto por toda la creación, que Dios nos ha confiado. Frente a muchos desafíos actuales como la secularización y la globalización de la indiferencia, estamos llamados a ofrecer una respuesta común cimentada en los valores del Evangelio y en los tesoros de nuestras respectivas tradiciones. A este respecto, nos sentimos animados a profundizar en el estudio de los Padres Orientales y Latinos, y a promover un fecundo intercambio en la vida pastoral, principalmente en la catequesis y en el mutuo enriquecimiento espiritual entre comunidades monásticas y religiosas.
8.  Nuestro testimonio cristiano compartido es una señal, llena de gracia, de reconciliación y esperanza para la sociedad egipcia y sus instituciones, una semilla plantada para que produzca frutos de justicia y de paz. Puesto que creemos que todos los seres humanos son creados a imagen de Dios, nos afanamos para que la tranquilidad y la concordia sean una realidad de la coexistencia pacífica entre cristianos y musulmanes, dando así testimonio de lo mucho que Dios desea la unidad y armonía de toda la familia humana y la igual dignidad de todo ser humano. Compartimos también la misma preocupación por el bienestar y el futuro de Egipto. Todos los miembros de la sociedad tienen el derecho y el deber de participar plenamente en la vida de la nación, pudiendo disfrutar de una ciudadanía plena y equitativa, y colaborar en la construcción de su país. La libertad religiosa, incluida la libertad de conciencia, arraigada en la dignidad de la persona, es la piedra angular de todas las demás libertades. Es un derecho sagrado e inalienable.
9.  Intensifiquemos nuestra incesante oración por todos los cristianos de Egipto y de todo el mundo y, especialmente, por los de Oriente Medio. Las trágicas experiencias y la sangre derramada por nuestros fieles, que han sido perseguidos y asesinados por la única razón de ser cristianos, nos recuerdan aún más que el ecumenismo del martirio es el que nos une y nos anima en el camino hacia la paz y la reconciliación. Porque como escribe san Pablo: «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1Co 12, 26).
10. El misterio de Jesús, que murió y resucitó por amor, está en el corazón de nuestro camino hacia la plena unidad. Una vez más, los mártires son quienes nos guían. En la Iglesia primitiva, la sangre de los mártires fue semilla de nuevos cristianos. Así también en nuestros días, la sangre de tantos mártires será semilla de unidad entre todos los discípulos de Cristo, signo e instrumento de comunión y paz para el mundo.
11. En obediencia a la acción del Espíritu Santo que santifica a la Iglesia, la custodia a lo largo de los siglos y la conduce hacia la unidad plena, aquella unidad por la que oró Jesucristo:
Hoy, nosotros, Papa Francisco y Papa Tawadros II, para complacer al corazón del Señor Jesús, así como también al de nuestros hijos e hijas en la fe, declaramos mutuamente que, con una misma mente y un mismo corazón, procuraremos sinceramente no repetir el bautismo a ninguna persona que haya sido bautizada en algunas de nuestras Iglesias y quiera unirse a la otra. Esto lo confesamos en obediencia a las Sagradas Escrituras y a la fe de los tres Concilios Ecuménicos reunidos en Nicea, Constantinopla y Éfeso.
Pedimos a Dios nuestro Padre que nos guíe, con los tiempos y los medios que el Espíritu Santo elija, a la plena unidad en el Cuerpo místico de Cristo.
12. Sigamos pues las enseñanzas y el ejemplo del apóstol Pablo, que escribe: «[Esforzaos] en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos» (Ef 4, 3-6).

viernes, 24 de marzo de 2017

El cardenal Cañizares dice que cerrar las fronteras por el terrorismo sería una barbaridad.

El cardenal Cañizares dice que cerrar las fronteras por el terrorismo sería una barbaridad
Afirma que el terrorismo no tiene nada que ver con el Islam

El cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia, ha celebrado una oración por la Paz con representantes religiosos musulmanes, judíos, budistas, hinduistas y de otras confesiones cristianas.

(AVAN) El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha asegurado este jueves que «las religiones no separan sino que unen en una plegaria común para que Dios nos conceda la unidad y la paz» y ha añadido que cerrar las fronteras por el terrorismo «sería una barbaridad» ya que «la libertad religiosa es la base de todos los derechos humanos», en referencia al atentado terrorista ocurrido ayer en Londres.
El terrorismo «no tiene nada que ver con el Islam» y «quien atenta de esta manera no cree en Dios, en absoluto», ha subrayado el Arzobispo a preguntas de los medios de comunicación, antes del acto interreligioso de Oración por la Paz, celebrado por segundo año en la Facultad de Teología «San Vicente Ferrer» de Valencia, junto con líderes en España de la religión judía, musulmana, budista e hinduista y las confesiones adventista, ortodoxa y evangélica protestante.
«Nos unimos para orar por la paz, conscientes de la situación de violencia, y de guerra en algunas partes, y nos duelen todos los atentados terroristas que contravienen la voluntad de Dios», ha indicado ya en el acto. Por eso, «llorando el atentado de ayer, y tantos otros, nos reunimos para orar por el cese de toda violencia o amenaza contra el hombre, cada uno desde nuestra confesión, algo que haremos, año tras año, mientras dure esta situación de violencia».
Durante el acto, al que se han sumado representantes de la Generalitat Valenciana y del Ayuntamiento de Valencia, así como de otras instituciones del ámbito religioso, político, social y cultural, se han intercalado momentos de oración de cada uno de los participantes religiosos, con tiempos de música y de oración, en silencio, por la paz.

Intervenciones de los líderes religiosos

Riay Tatary, presidente de la Comisión Islámica de España, ha mostrado su «condena y repulsa» ante el atentado en Londres y ha indicado que «hay un error al llamarlo terrorismo islamista o islámico porque es un terrorismo que no tiene apellido». Igualmente, ha definido la Oración por la Paz convocada por el cardenal Cañizares en Valencia como «un acto ya consolidado y hay una promesa entre todos de trabajar juntos por la paz y por la convivencia».
Moisés Bendahan, Gran Rabino de Madrid, en representación de la Federación de Comunidades Judías de España, ha explicado que «el Génesis comienza con la lucha entre hermanos pero al final se produce la reconciliación y todos los hermanos llegan a la paz y ésa es la esperanza que tenemos, para ello lo importante es hacer reinar nuestra naturaleza espiritual cuya dimensión más profunda es el amor altruista, que es el que genera la unión entre hermanos».
En representación de la Federación Española de Comunidades Budistas de España ha intervenido el Lama Guese Lamsang, quien ha agradecido «de corazón» al Cardenal, al igual que han hecho los demás líderes religiosos, la convocatoria de este acto «especialmente en estos momentos de conflictos, porque es un acto importante para reunirnos y rezar por la paz en el mundo, ya que nuestra oración colabora para que esa paz se pueda llevar a cabo».
Por parte del Centro Vedántico de España, la reverenda Madhavananda Giri, representante del Hinduismo, ha recalcado que es «un honor asistir a este acto» y ha leído extractos de un texto hinduista del siglo VII que explica cómo se alcanza la paz «erradicando la pasión y el odio».
En su intervención, Jesús Calvo, presidente de la Unión Adventista Española, que ha felicitado a los participantes y asistentes al acto interreligioso en la Facultad de Teología, ha dicho que «tenemos el gran desafío de imitar los principios por los que Jesús vivió y murió» y ha pedido al Señor «por la libertad, por la paz y por la unidad».
Demetrio Sáez Carbó, representante de la Iglesia Ortodoxa en España en la Comisión Asesora de Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia, ha subrayado que «la paz de Dios no es distinta a la paz del mundo y vale la pena consagrar la vida para buscarla y obtenerla» y «el hombre es responsable de su semejante y protector de su hermano, pero al sentimiento debe seguir la acción, por ello el Evangelio llama bienaventurados a los que trabajan por la paz».
Además, Manuel Sarrias, vicepresidente de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEDERE), ha rezado una oración por la paz, «que va unida a la libertad, la justicia y el amor», en la que da las gracias «por estar aquí juntos, con un mismo Espíritu recordando lo que dijo Jesús: Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Ayúdanos a no solamente pedir por la paz, sino a comprometernos por ella».

Intervención final del cardenal Cañizares y entrega de premios

El cardenal Cañizares ha leído la «Oración por la paz de San Francisco de Asís» y ha rezado, junto con los asistentes, el Padre Nuestro. Por último, ha señalado que «estamos enteramente convencidos de que la fe en Dios expresada en las diversas religiones no separa y menos aún enfrenta, y confiamos que la paz llene al mundo entero y los corazones de tus fieles».
Al finalizar el acto, el Cardenal ha entregado unas distinciones, instituidas por el propio Arzobispo, como reconocimiento a la contribución de diferentes personas e instituciones por su labor realizada «a favor del Hecho Religioso como factor de integración social».
Los premiados han sido la Tenzin Choky, maestra de meditación de la Tradición Guelugpa de Lama Tsong Khapa, cuyo máximo representante es Dalai Lama, y maestra del Centro Nagarjuna de Valencia; la Fundación Pluralismo y Convivencia, por la promoción de las confesiones religiosas en España; Riay Tatary, por la representatividad y la unidad de los musulmanes en España; el Ayuntamiento de Oliva, por su proyecto de creación de un centro interreligioso; Manuel Sarrias, por su labor en favor de la unidad de las Iglesias Evangélicas de España; Sadia Cohen, presidente de la Fundación Juan de Borbón, por su labor a favor de la comunidad judía; Sergiy Prosandeev, arcipreste ortodoxo y rector de la parroquia San Jorge, de Valencia, por su labor en favor de la Iglesia Ortodoxa en Valencia; y Swami Rameshwarananda Giri, fundador y presidente del Centro Vedántico de Valencia por su labor a favor de la comunidad hinduista en Valencia.