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viernes, 24 de marzo de 2017

El cardenal Cañizares dice que cerrar las fronteras por el terrorismo sería una barbaridad.

El cardenal Cañizares dice que cerrar las fronteras por el terrorismo sería una barbaridad
Afirma que el terrorismo no tiene nada que ver con el Islam

El cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia, ha celebrado una oración por la Paz con representantes religiosos musulmanes, judíos, budistas, hinduistas y de otras confesiones cristianas.

(AVAN) El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha asegurado este jueves que «las religiones no separan sino que unen en una plegaria común para que Dios nos conceda la unidad y la paz» y ha añadido que cerrar las fronteras por el terrorismo «sería una barbaridad» ya que «la libertad religiosa es la base de todos los derechos humanos», en referencia al atentado terrorista ocurrido ayer en Londres.
El terrorismo «no tiene nada que ver con el Islam» y «quien atenta de esta manera no cree en Dios, en absoluto», ha subrayado el Arzobispo a preguntas de los medios de comunicación, antes del acto interreligioso de Oración por la Paz, celebrado por segundo año en la Facultad de Teología «San Vicente Ferrer» de Valencia, junto con líderes en España de la religión judía, musulmana, budista e hinduista y las confesiones adventista, ortodoxa y evangélica protestante.
«Nos unimos para orar por la paz, conscientes de la situación de violencia, y de guerra en algunas partes, y nos duelen todos los atentados terroristas que contravienen la voluntad de Dios», ha indicado ya en el acto. Por eso, «llorando el atentado de ayer, y tantos otros, nos reunimos para orar por el cese de toda violencia o amenaza contra el hombre, cada uno desde nuestra confesión, algo que haremos, año tras año, mientras dure esta situación de violencia».
Durante el acto, al que se han sumado representantes de la Generalitat Valenciana y del Ayuntamiento de Valencia, así como de otras instituciones del ámbito religioso, político, social y cultural, se han intercalado momentos de oración de cada uno de los participantes religiosos, con tiempos de música y de oración, en silencio, por la paz.

Intervenciones de los líderes religiosos

Riay Tatary, presidente de la Comisión Islámica de España, ha mostrado su «condena y repulsa» ante el atentado en Londres y ha indicado que «hay un error al llamarlo terrorismo islamista o islámico porque es un terrorismo que no tiene apellido». Igualmente, ha definido la Oración por la Paz convocada por el cardenal Cañizares en Valencia como «un acto ya consolidado y hay una promesa entre todos de trabajar juntos por la paz y por la convivencia».
Moisés Bendahan, Gran Rabino de Madrid, en representación de la Federación de Comunidades Judías de España, ha explicado que «el Génesis comienza con la lucha entre hermanos pero al final se produce la reconciliación y todos los hermanos llegan a la paz y ésa es la esperanza que tenemos, para ello lo importante es hacer reinar nuestra naturaleza espiritual cuya dimensión más profunda es el amor altruista, que es el que genera la unión entre hermanos».
En representación de la Federación Española de Comunidades Budistas de España ha intervenido el Lama Guese Lamsang, quien ha agradecido «de corazón» al Cardenal, al igual que han hecho los demás líderes religiosos, la convocatoria de este acto «especialmente en estos momentos de conflictos, porque es un acto importante para reunirnos y rezar por la paz en el mundo, ya que nuestra oración colabora para que esa paz se pueda llevar a cabo».
Por parte del Centro Vedántico de España, la reverenda Madhavananda Giri, representante del Hinduismo, ha recalcado que es «un honor asistir a este acto» y ha leído extractos de un texto hinduista del siglo VII que explica cómo se alcanza la paz «erradicando la pasión y el odio».
En su intervención, Jesús Calvo, presidente de la Unión Adventista Española, que ha felicitado a los participantes y asistentes al acto interreligioso en la Facultad de Teología, ha dicho que «tenemos el gran desafío de imitar los principios por los que Jesús vivió y murió» y ha pedido al Señor «por la libertad, por la paz y por la unidad».
Demetrio Sáez Carbó, representante de la Iglesia Ortodoxa en España en la Comisión Asesora de Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia, ha subrayado que «la paz de Dios no es distinta a la paz del mundo y vale la pena consagrar la vida para buscarla y obtenerla» y «el hombre es responsable de su semejante y protector de su hermano, pero al sentimiento debe seguir la acción, por ello el Evangelio llama bienaventurados a los que trabajan por la paz».
Además, Manuel Sarrias, vicepresidente de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEDERE), ha rezado una oración por la paz, «que va unida a la libertad, la justicia y el amor», en la que da las gracias «por estar aquí juntos, con un mismo Espíritu recordando lo que dijo Jesús: Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Ayúdanos a no solamente pedir por la paz, sino a comprometernos por ella».

Intervención final del cardenal Cañizares y entrega de premios

El cardenal Cañizares ha leído la «Oración por la paz de San Francisco de Asís» y ha rezado, junto con los asistentes, el Padre Nuestro. Por último, ha señalado que «estamos enteramente convencidos de que la fe en Dios expresada en las diversas religiones no separa y menos aún enfrenta, y confiamos que la paz llene al mundo entero y los corazones de tus fieles».
Al finalizar el acto, el Cardenal ha entregado unas distinciones, instituidas por el propio Arzobispo, como reconocimiento a la contribución de diferentes personas e instituciones por su labor realizada «a favor del Hecho Religioso como factor de integración social».
Los premiados han sido la Tenzin Choky, maestra de meditación de la Tradición Guelugpa de Lama Tsong Khapa, cuyo máximo representante es Dalai Lama, y maestra del Centro Nagarjuna de Valencia; la Fundación Pluralismo y Convivencia, por la promoción de las confesiones religiosas en España; Riay Tatary, por la representatividad y la unidad de los musulmanes en España; el Ayuntamiento de Oliva, por su proyecto de creación de un centro interreligioso; Manuel Sarrias, por su labor en favor de la unidad de las Iglesias Evangélicas de España; Sadia Cohen, presidente de la Fundación Juan de Borbón, por su labor a favor de la comunidad judía; Sergiy Prosandeev, arcipreste ortodoxo y rector de la parroquia San Jorge, de Valencia, por su labor en favor de la Iglesia Ortodoxa en Valencia; y Swami Rameshwarananda Giri, fundador y presidente del Centro Vedántico de Valencia por su labor a favor de la comunidad hinduista en Valencia.

martes, 17 de febrero de 2015

“¡Promover la diversidad de la ‘orientación sexual’ por África, Asia, Oceanía, América del Sur significa llevar al mundo a una deriva total de decadencia antropológica y moral. Vamos hacia la destrucción de la humanidad!”


El Cardenal Robert Sarah* escribió el prólogo al libro de Marguerite A. Peeters, Il Gender, Una questione politica e culturale, publicado recientemente en Italia.
Si el libro es importante, también lo son las palabras del Cardenal Sarah, que con su claridad perforan el velo de ambigüedad y de hipocresía que rodea a la “perspectiva de género” incluso, por desgracia, en sectores del mundo católico. Por eso reproducimos algunos de sus párrafos.

Imponer el género es un crimen contra la humanidad

Il Gender, Una questione politica e culturaleDice el cardenal: “(…) De acuerdo con la ideología de género, no hay diferencia ontológica entre el hombre y la mujer. La identidad del hombre o mujer no es inherente a la naturaleza, sólo se atribuiría a la cultura: sería el resultado de una construcción social, un papel que los individuos interpretan a través de tareas y funciones sociales. Según su teoría, el género es performativo, y las diferencias entre los hombres y las mujeres son las regulaciones opresivas, los estereotipos culturales y las construcciones sociales, que se deben desconstruir para lograr la igualdad entre hombres y mujeres.
En nombre de la libertad y la igualdad, las batallas ideológicas de género obedecen a necesidades individualistas y subjetivistas que tienen como objetivo organizar la sociedad sin tener en cuenta la diferencia sexual. Los técnicos de esta teoría y el poderoso lobby que están luchando a favor de una falta de diferenciación de los sexos -que ellos llaman “la neutralidad sexual“-, forman un fluido magmático en el que se mezclan cosas confusamente abstractas y se pone en movimiento, como si se tratara de una nueva utopía “liberación del deseo“, portadora falsamente de una felicidad universal. Trabajan para desmantelar lo que ellos llaman el “sistema binario” hombre-mujer.
Como se puede ver, estamos ante una revolución que busca revocar el orden de la creación del hombre y la mujer, como Dios manda desde el principio en su designio de amor eterno. Llevada a cabo por parte de Occidente, esta revolución se desarrolla en una ausencia sutil, casi total de debate público. Las consecuencias son muy graves. No sólo se refieren a las ciencias médicas, las humanidades y sociales: las consecuencias destructivas podrían llegar a ser cada vez más evidentes en la vida concreta de la gente, de la persona y de la sociedad, dondequiera que vivamos.
El género consolida hoy sus cimientos y gana más terreno. Una forma diferente de considerar el matrimonio, la familia, el amor, la dignidad humana, los derechos y la sexualidad desde una perspectiva esencialmente subjetivista, están arraigados gradual y sólidamente en el Oeste, y tienden a expandirse en el resto del mundo. La teoría de género salta a un nivel superior, decisivo, convirtiéndose en la teoría queer.
Es decir, salta a un deseo generalizado de “desestabilización de la identidad y de lo institucional” porque la teoría queer, explica Marguerite A. Peeters, “no se detiene en la deconstrucción del sujeto: afecta principalmente a la deconstrucción del orden social. […] Se trata de sembrar la duda sobre las tendencias de orden sexual, para introducir la sospecha sobre las ‘restricciones de la heterosexualidad’, para cambiar la cultura“, para demoler las normas convencionales. (…)
Si los cambios subversivos promovidos por el género no dejan de expandirse, nuestra civilización podría perder el sentido de lo que la humanidad es, “no en beneficio de un mundo perfecto, sino en una caída hacia la barbarie” y el totalitarismo.
Lo que hace que la batalla aún sea más ardua y difícil es que la revolución cultural llega hoy, de manera significativa, para destruir el vínculo vital que debe existir entre el derecho y la verdad, lo correcto, lo bueno, lo justo, la centralidad de la persona humana en la sociedad. Los derechos humanos están ahora sujetos al procedimiento y las interpretaciones de los dictados del falso consenso. Una vez proclamadas, estas interpretaciones podrán ser citadas para adoptar convenciones internacionales, que se convierten en leyes, en los estados que son parte de esos tratados.
Son las reinterpretaciones decididas por presuntos consensos, por ejemplo, el acceso universal a la anticoncepción debe ser la prioridad del desarrollo; la maternidad es un estereotipo a desconstruir; cierta manipulación genética justifica el sacrificio de embriones; el aborto y la eutanasia debe ser liberalizados; las uniones homosexuales deben gozar de los mismos derechos de matrimonio. Este mismo gobierno global ejerce una fuerte presión sobre los estados para alinearlos con sus prioridades ideológicas, locuras flagrantes y escandalosas, que hacen caso omiso del bienestar de los países pobres y las culturas no occidentales.
“¿Los pobres no tienen derechos? ¡Son ellos y su desarrollo humano lo que debería ser el foco de la cooperación internacional! En contraste, la frase los “derechos de los homosexuales son derechos humanos y los derechos humanos son derechos de los homosexuales“, [Hillary Clinton], parece haberse convertido en el leitmotiv del discurso actual de la gobernabilidad global y, como consecuencia, se quiere cambiar la cultura de los pueblos a favor de la libre elección de la “orientación sexual“. Peor aún, en el mismo momento en que se utilizan los derechos humanos para imponer este tipo de proyecto ideológico, el secretario de la ONU, de una manera sorprendente, declara que “ninguna costumbre o tradición, ninguna creencia cultural o religiosa puede justificar el hecho de que un ser humano se le prive de sus derechos humanos“, [Ban Ki-moon].

¿Con qué derecho se sacrifican las culturas y la fe de los pobres en nombre de la homosexualidad, en nombre de los ídolos de la decadencia moral de Occidente? Se hace necesario, hoy, luchar con urgencia para conciliar el derecho con el matrimonio y la familia, que es un bien común de la humanidad. El matrimonio y la familia son anteriores al poder político, que éste tiene la obligación de respetarlos en su estructura humana universal.
En nombre de la ideología de género, reemplazan el matrimonio con las uniones civiles; redefinen las parejas, el matrimonio, la familia y la descendencia, para favorecer la homosexualidad y la transexualidad. Están perdiendo la humanidad, el sentido de la realidad y la razón de las cosas, y contribuyen a la creación de una cultura suicida. Es semánticamente incorrecto asignar a las parejas homosexuales la palabra “matrimonio” y “familia", que implican siempre el respeto de la diferencia sexual y la apertura a la procreación. La homosexualidad altera la vida conyugal y familiar. No puede ser una referencia educativa para los niños; les arruina profunda e irreversiblemente. Privar a un niño de un padre y una madre es una violencia inaceptable. (…) La homosexualidad, confrontándola con la vida conyugal y familiar, no tiene sentido. Recomendarla en nombre de los derechos del hombre es, cuando menos, nocivo. Imponerla es un crimen contra la humanidad.
Es inaceptable que los países occidentales y los organismos de las Naciones Unidas impongan a los países no occidentales la homosexualidad y toda su desviación moral, utilizando argumentos económicos para que revisen su legislación y que condicionen su asistencia al desarrollo a la aplicación de normas absurdas, subversivas, inhumanas y contrarias a la razón, al sentido de la realidad. ¡Promover la diversidad de la “orientación sexual” por África, Asia, Oceanía, América del Sur significa llevar al mundo a una deriva total de decadencia antropológica y moral. Vamos hacia la destrucción de la humanidad!
Los países occidentales se han acostumbrado a la inestabilidad de sus ideas y a la construcción de ideologías alienantes y fugaces como el marxismo y el nazismo. La exportación de sus ideologías a largo de la historia siempre ha causado un gran daño a la humanidad. El pensamiento africano no puede dejarse colonizar de nuevo. Después de la esclavitud y la colonización están tratando una vez más de humillar y destruir a África mediante la imposición de género. Es fundamental que los africanos no se priven de su sabiduría y de su perspectiva antropológica: el matrimonio y la familia, basados exclusivamente en la relación entre un hombre y una mujer. La filosofía africana proclama: el hombre no es nada sin la mujer, la mujer no es nada sin el hombre, y ambos son nada sin un tercer elemento que es un niño. Un niño es el regalo más grande y lo más precioso de Dios. Es la expresión más sublime del amor y la generosa fecundidad del don recíproco de los cónyuges.
Una gran batalla ha comenzado con poderosos medios subversivos (…). El efecto corrosivo del género, dice Marguerite A. Peeters, es tan eficaz en la consecución de sus objetivos que podría dar origen a un sentimiento de impotencia; incluso se sucumbe a la tentación de adoptar una actitud derrotista y a decir: en cualquier caso, la catástrofe está asegurada, dejemos que las cosas vayan como van. Pero Peeters nos dice: nosotros queremos participar en favor de la eterna vocación al amor del hombre y la mujer, a la comunión y a su complementariedad, no nos debemos dar por vencidos. (…)
El discernimiento es decisivo. Comienza con el realismo. Veamos las cosas a la distancia, pongamos la realidad actual en una perspectiva lo más amplia posible. Por un lado, hay que ser capaz de abrir los ojos a las realidades difíciles de nuestro tiempo y, por otro, mantengamos nuestros ojos fijos en el misterio de Dios. En lugar de encerrarnos en actitudes superficiales de la aceptación o el rechazo, despertemos y abrámonos a la luz trascendente de la gracia. Hay que “volver a la fuente, volver a la casa del Padre” y mantener la confianza en la presencia efectiva de Dios en la historia, una presencia que pasa por nuestra cooperación activa y el despertar de las conciencias (…)”. FIN, 16-02-15.
*El Cardenal Robert Sarah, es de Guinea, arzobispo emérito de Conakri, fue nombrado, el pasado 24 de noviembre, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

jueves, 25 de diciembre de 2014

Los miembros de la Curia deberian leerse mas a menudo el Evangelio en clave de revisión de vida.

A cuenta de lo ocurrido con la curia en estas navidades el Papa para hacer una buena reforma deberia nombrar por cinco años y después devolver a cada curial a cura de pueblo y asi tambien en los obispados. Acabar ya con la carrera eclesiástica. Así acabaría con el carrerismo que tanto critica, de forma muy acertada, pero poco practica.

Curiosa la entrevista y al mismo tiempo iluminadora de los males de la Iglesia, que tan acertadamente ha resaltado el papa francisco, la del  cardenal Gionvanni Lajolo, el cual  no sale todavía del estupor que le produjo el discurso de Navidad del Papa Francisco. "Francamente, no había sucedido nada parecido nunca antes", le dijo al diario italiano La Stampa.
Lajolo fue canciller del Vaticano y añoró los encuentros protocolares de fin de año. "Antes, siempre -dijo-  el intercambio de felicitaciones navideñas entre el Papa y la Curia romana es una ocasión protocolar”, para “hacer repaso del año” y sigue un “esquema preciso”, indicó el purpurado y diplomático que durante muchos años ha ocupado algunas de las más importantes oficinas de la Santa Sede.
 “Es la primera vez que sucede: nunca un Papa nos había descrito a nosotros, los curiales, un catálogo de patologías sobre las que reflexionar”, analizó, todavía sin poder salir del asombro, en su diálogo con el periodista Giacomo Galeazzi.
El purpurado consideró:  “Los siete vicios capitales están en cada uno de nosotros. También el Papa se define a sí mismo pecador y pide continuamente que recemos por él. Y si él es pecador, figurate nosotros. Los escándalos existirán mientras exista el mundo. Lo dice el Evangelio: es necesario que los escándalos sucedan pero cuidado con aquellos que los provocan. Es palabra de Cristo, para nosotros incustionable”.

 “Otros años en esta ocasión en general los Papas anteriores se limitaban a reevocar los hechos más relevantes del año, a hacer un repílogo de los principales eventos para la Iglesia universal y los puntos clave de su actividad apostólica. Por eso se podía esperar que Francisco hablase de los viajes en Tierra Santa y en Turquía, y sin embargo, no ha dicho ni una palabra. Quizá haga referencia a éstos en el discurso a los embajadores en el Vaticano”.
Indicó, asimismo, que  “es un deber de los superiores de la curia hacer en modo que estas cosas no sucedan. Y como principal responsable, el Papa es el primera persona que se tiene que ocupar. La reforma de las instituciones es necesaria pero sirve también la conversión de los corazones. La Iglesia va siempre reformada, sobre todo la Curia en la cual confluyen tensiones y problemas de todas las Iglesias locales del planeta”.
Y finalizó:  “Es útil que las estructuras eclesiásticas se conviertan en algo más simple y eficiente, pero dentro están los hombres cuyo corazón está lleno de confusión. Creo que es más actual que nunca la pregunta del histórico romano Tácito: ¿para qué sirven las buenas leyes si no existen las buenas costumbres?. Las conductas honestas no se establecen por ley. Francisco nos exhorta a reflexionar atentamente sobre nuestros comportamientos y nuestras debilidades, pensando al mal que se hace. Comenzando por los chismes y las habladurías que matan, envenenan el clima”.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Miedo y preocupación. Así viven los católicos en Crimea tras el «referéndum».

 (Vatican Insider) Miedo y preocupación. Así viven los católicos en Crimea tras el «referéndum» con el que la población de la península indicó su voluntad de separarse del país para pasar a formar parte de la Federación rusa, aunque Putin acaba de decretar la independecia y soberanidad de Crimea como país. Desde hace días, según los medios católicos locales, varios sacerdotes y obispos, la mayor parte de rito oriental, han recibido invitaciones por parte de las fuerzas filo-rusas para abandonar la región. Hoy, la delicada cuestión estuvo entre las reflexiones de Papa Francisco, que recibió a Sviatoslav Shevchuk, primado de la Iglesia greco-católica en Ucrania.

. Desde los días de las protestas y manifestaciones en la Plaza Maidan, Shevchuck se había reunido con el Papa, que entonces le dijo para apoyarle: «¡Ánimo!». Las Iglesias cristianas, católica y ortodoxa, estuvieron unidas y al lado de los manifestantes durante los días de la protesta en Kiev. Ahora el panorama es muy diferente para los católicos, debido a la situación que se ha creado en Crimea.
Monseñor Jacek Pyl, obispo auxiliar de la diócesis católica de Odessa-Simferópoli y responsable para Crimea, no ocultó sus preocupaciones en una entrevista con la agencia de los obispos italianos Sir: «Necesitamos ayuda y apoyo espiritual; pedimos oración y ayuno en este periodo de Cuaresma, porque necesitamos un milagro»: el milagro de la paz.

Renovamos nuestra fidelidad al Papa

¿Qué esperan del encuentro entre el Papa y Shevchuk? «Ayuda espiritual. Ayer, en la oración en el Corazón Inmaculado de María, renovamos nuestra fidelidad al papa Francisco. Estamos con él. Para nosotros la oración del Papa es muy importante», dijo mons. Pyl a la Sir. Y no hay que olvidar que en muchas ocasiones, incluso durante diferentes Ángelus, el Papa ha pronunciado llamados por la paz y el diálogo en Ucrania.
Hay fuerte preocupación también por el aumento de la tensión en Crimea y en otras regiones y provincias ucranias, según indicó el obispo de Odessa-Simferópoli, Mons. Bronislav Biernacki. «La situación ahora es extremadamente peligrosa –dijo–, y todos nosotros esperamos que las fuerzas políticas occidentales puedan detener a Putin». Hace un par de días el sacerdote Mykola Kvych, de Sebastópoli, fue secuestrado y dejado en libertad después de algunas horas. Sin embargo el sacerdote fue acusado de formar parte de los grupos que han organizado revueltas. Evidentemente ha recibido también «invitaciones» para abandonar Crimea.
Los jesuitas de Ucrania también critican las medidas de Rusia. El superior general David Nazar, en una intervención publicada en la revista italiana «Popoli», habló de una «invasión claramente ilegal». Pero, según su opinión, el de Putin, «a final de cuentas, no es un acto de agresión, sino de miedo».

lunes, 20 de enero de 2014

COLEGIALIDAD Y EJERCICIO DE LA POTESTAD SUPREMA DE LA IGLESIA.

lunes 20 de enero de 2014 COLEGIALIDAD Y EJERCICIO DE LA POTESTAD SUPREMA DE LA IGLESIA Texto íntegro de la conferencia del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Müller

1. El nuevo impulso de la "Evangelii gaudium"

Al hablar de la Iglesia solo podemos hacerlo con motivo de la cuestión sobre Dios y el conocimiento de su presencia humana para el mundo en Jesucristo.

Las guerras civiles y el terrorismo, la pobreza y la explotación, la situación de los refugiados, las muertes de drogadictos, el incremento de los suicidios, la adición a la pornografía en un 20% de la juventud, la crisis de sentido y la desorientación espiritual y moral de millones de personas, etc., todas estas tragedias globales y cotidianas hacen que sobrevenga a la Iglesia de Dios la tarea trascendental de dar nuevamente esperanza a la humanidad.

Pero la Iglesia no es la Luz, ella solo puede dar testimonio de la Luz que ilumina a cada hombre, es decir, un testimonio de Jesús, el Hijo de Dios y Redentor de todos los hombres. En este conocimiento de Dios, se decide si el ser humano es consciente de su vocación divina y si tiene un futuro en este mundo y más allá de él.

Una Iglesia que solo girase en torno a los propios problemas estructurales, sería espantosamente anacrónica y ajena al mundo, pues en su ser y misión, no es otra cosa que la Iglesia del Dios trinitario, origen y destino de cada hombre y de todo el universo.

Un reajuste de independencia y colaboración de las Iglesias locales, de la colegialidad episcopal y del Primado del Papa nos permitirá no perder de vista la exigencia trascendental de la cuestión sobre Dios. El Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica "Evangelii gaudium", habla de una saludable “descentralización”. La vida de la Iglesia no puede concentrarse de tal forma en el Papa y su Curia, como si en las parroquias, comunidades y diócesis tuviera lugar sólo algo secundario. Papa y Obispos se remiten más bien a Cristo, el único que da esperanza a los seres humanos.

El Papa no puede ni debe abarcar centralmente desde Roma las diversas condiciones de vida que se le presentan a la Iglesia en las distintas naciones y culturas, ni resolver por sí mismo los problemas de cada lugar. Una centralización exagerada de la administración no ayudaría a la Iglesia sino que más bien impediría su dinámica misional (EG 32). Por eso un ejercicio reformado del Primado también pertenece a la nueva evangelización, tema del último Sínodo de los Obispos (7-28/10/2012). Este ejercicio incumbe a las estructuras de la dirección universal de la Iglesia, concretamente, a los Dicasterios de la Curia Romana, de los que el Papa se sirve en el ejercicio de la Potestad suprema, plena e inmediata, sobre toda la Iglesia. Éstos, “en consecuencia, realizan su labor en su nombre y bajo su autoridad, para bien de las Iglesias y servicio de los sagrados pastores” (CD 9).

En este contexto de la nueva evangelización, también los Obispos, los Sínodos y las Conferencias Episcopales deben ejercer una mayor responsabilidad que incluya “una cierta competencia magisterial”, pues ésta les corresponde por la consagración y la misión canónica, y no sólo por una habilitación Papal especial: “Los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y católica” (LG 25).

El magisterio Papal no sustituye al magisterio de los Obispos y su acción conjunta a nivel nacional o continental (por ejemplo, los documentos del CELAM: Puebla, Medellín, Santo Domingo, Aparecida), sino que lo presupone y exige por la responsabilidad de los Obispos para la Iglesia entera (EG 16).

Sobre este tema, el Papa se refiere expresamente al Motu Proprio "Apostolos suos" (1998), en el que Juan Pablo II, basándose en el Concilio Vaticano II, describió más de cerca las competencias de las Conferencias Episcopales. Con esto, no se ha dado la señal para un cambio de dirección o una “revolución en el Vaticano”, en contraposición con interpretaciones superficiales. La Iglesia solo podría permitirse luchas de poder y disputas de competencias so pena de la pérdida de su tarea misional.

Según la síntesis eclesiológica del Vaticano II, debemos excluir una interpretación antagónica o dialéctica de la relación entre la Iglesia Universal y las Iglesias locales. Los extremos históricos del Papismo/Curialismo por una parte, y por otra del Episcopalismo/(Conciliarismo/ Galicanismo/ Febronianismo/ Veterocatolicismo) solo nos demuestran, de que formas no funciona la Iglesia, y que la absolutización de un elemento constitutivo a expensas de otro contradice la confesión de Ecclesia una, sancta, catholica et apostolica. La unidad fraternal de los Obispos de la Iglesia Universal cum et sub Petro se fundamenta en la sacramentalidad de la Iglesia, y con ello, en el derecho divino. Solo a precio de una desacralización de la Iglesia podría realizarse una lucha de poder entre fuerzas centralistas y particularistas. Al final quedaría una Iglesia secularizada y politizada, que solo se diferenciaría en grado de una ONG, y esto sería un contraste completo respecto a la Exhortación Apostólica "Evangelii gaudium".

Según el género literario, este escrito no es dogmático sino un texto parenético. Se presupone como su base dogmática, se presupone la doctrina sobre la Iglesia expuesta en "Lumen gentium" con la más alta vinculación magisterial (EG 17). Al Papa le interesa con ello una superación tanto del letargo y de la resignación ante la secularización extrema, como un final de las disputas debilitantes dentro de la Iglesia entre ideologías tradicionalistas y progresistas

A pesar de todas las tormentas y vientos contrarios, la barquilla de Pedro debe volver a izar las velas de la alegría por Jesús, que está junto a nosotros. Y los discípulos deben asir sin miedo el timón para que la misión de la Iglesia avance llena de fuerza.

Cuando la Iglesia presenta hacia afuera una imagen de desgarramiento y hostilidad, no se puede esperar que alguien perciba la Iglesia como testigo creíble del amor de Dios ni que aprenda a amarla como su madre.

2. Origen de la unidad en Jesucristo

El Concilio Vaticano II, en la Constitución dogmática sobre la Iglesia "Lumen gentium", no se sitúa desde una determinación sociológico-inmanentista, como si la Iglesia fuese constituida desde una voluntad comunitarizante de miembros de una misma convicción religioso-moral.

La Iglesia tiene más bien su origen más profundo en la procedencia interno-divina del Hijo desde el Padre. En el Hijo todos los seres humanos ya están llamados desde la eternidad a participar en la vida divina. La comunidad de los hombres con Dios está ya prefigurada en Cristo desde el principio de la historia de la humanidad. Esta comunidad sería preparada historico-salvíficamente en el Pueblo de la Antigua Alianza, constituida finalmente en la venida del Señor y en la efusión del Espíritu Santo, y, después, revelada en la Iglesia de la nueva y definitiva Alianza (LG 2).

En tanto la Iglesia no es una organización puramente humana, la pregunta sobre su fundación socio-juridica, a través del Jesús “histórico”, es objetivamente inapropiada y resulta anacrónica desde una hermenéutica teológica de la revelación histórica. La Iglesia, más bien, se funda como comunidad de vida con Jesús, en su naturaleza divina y en su relación filial con el Padre; y se revela históricamente en su actuar como hombre, pues en su persona ha llegado el Reino de Dios. A esto pertenece la reunión de los discípulos, a quienes Él les da parte en su pleno poder y misión. Jesús, como el mediador escatológico del reinado de Dios (1.), a través de su anuncio, de sus obras salvíficas y, sobretodo, a través de su muerte en cruz y resurrección, ha fundado el Pueblo escatológico de la alianza como comunión de la humanidad con Dios, y ha dado (2.) parte en su misión a la comunidad que cree en él.

Son, por tanto, los dos elementos, la comunión y la misión, los que constituyen a la comunidad de los discípulos de Jesús como signo e instrumento de unidad de los hombres con Dios y de unidad entre ellos mismos. Por tanto, la Iglesia es esencialmente una sola, como servidora y mediadora de esa unión. La Iglesia no es la posterior suma de los individuos en su relación autónoma e inmediata con Dios, sino que está ya unida con Cristo orgánicamente como el cuerpo con la cabeza.

Cristo constituye como cabeza el principio de la unidad de todos los miembros del cuerpo. Solo así todos pueden alegrarse y sufrir con el otro, cuando el otro se alegra y sufre. La pluralidad de los miembros del cuerpo está en relación con la cabeza única (Gal 3,28): "totus Christus – caput et corpus". Cristo, como el sólo y único mediador, es el hombre escatológico, el nuevo Adán; y todos los miembros del cuerpo son introducidos en una relación filial con el Padre en el Espíritu Santo (Gal 4, 4-6).

Nos encontramos con la palabra “Iglesia”, que ya aparecía en los LXX como traducción griega para la asamblea del Pueblo de Dios, siempre en singular, y en relación con Dios –el Padre, Cristo, el Hijo, y el Espíritu Santo–: como el solo y único Pueblo de Dios, el sólo y único cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y el sólo y único Templo del Espíritu Santo. Esta Iglesia una, que subsiste en la Iglesia Católica (LG 8, respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a una cuestión acerca de algunos aspectos relacionados con la doctrina sobre la Iglesia, 2, 2007), se sitúa por completo en el servicio de la mediación salvífica de Cristo, una y universal/católica, y es por ello necesariamente universal en su esencia y en su misión, es decir, católica, pues la Iglesia anuncia la salvación a todos los hombres.

El evangelio de Cristo libera a los hombres de su dispersión babilónica, y los convoca de entre la multitud de pueblos y lenguas a entrar en la unidad pentecostal del Pueblo único de Dios. Esta Iglesia única está presente en la multitud de pueblos y culturas, configurándolos con la única humanidad en Cristo, cabeza de toda la creación.

3. La Iglesia única en su misión universal y su concretización local

La sacramentalidad de la Iglesia se funda en la Encarnación. En analogía con la unidad divino-humana de Cristo, la Iglesia una, santa, católica y apostólica se fundamenta como una comunidad de vida con Dios espiritualmente invisible, y en tanto visible, como una sociedad constituida jerárquicamente. La unidad visible se muestra en la doctrina apostólica común, en la vida sacramental y en la constitución jerárquica. De este modo, la Iglesia no puede ser meramente una idea trascendente que unifica a los pueblos, es decir una civitas platonica.

Como Iglesia para la humanidad, en su dimensión constitucional espiritual y corporal y en su forma existencial histórica y social, ella se concretiza en las coordenadas de espacio y tiempo según las condiciones de vida culturales de los hombres. La Iglesia de la Palabra de Dios, Palabra que ha entrado en el espacio y tiempo, se realiza simultáneamente universal y localmente.

La Iglesia única y universal, dirigida por el Papa y los Obispos en comunión con él, existe en y desde las Iglesias locales. Este es el sentido de la fórmula “in quibus et ex quibus una et unica Ecclesia catholica existit” (LG 23). La misión de Cristo concierne a todos los seres humanos, de todos los lugares y de todos los tiempos. Y, con todo, Él mismo vivió en uno de los muchos lugares de la tierra y, durante un minúsculo espacio de tiempo, en la historia de la humanidad.

Esta misión se realizó históricamente una vez en el hombre Jesús de Nazaret, que ha vivido y actuado durante un tiempo determinado en un determinado lugar del mundo. Ya en el tiempo prepascual nos encontramos con la tensión entre misión universal y presencia local. Jesús elige para si a los Apóstoles a fin de enviarlos a aquellos lugares a los que Él mismo no podía ir. Después de la Pascua, Él envía a los Apóstoles al mundo entero, y les promete su presencia a todos juntos y a cada uno; de modo que el Cristo único está presente en la mediación de la multitud de apóstoles, mediadores de salvación en cada lugar del mundo y unificadores de la humanidad.

En este sentido, el concepto de “Iglesia” puede ser utilizado también para las Iglesias locales. La sola y única Iglesia de Dios esta presente como Iglesia universal en las Iglesias de Dios en Corinto, Roma, Tesalónica, etc. Y en cada lugar, los fieles no tienen que ver con otra cosa que no sea la Iglesia única de Cristo, en la cual el Espíritu Santo une entre sí a todos los bautizados, y los inserta en la unidad del Cuerpo de Cristo, de modo que todos son uno en Cristo y como hijos e hijas de Dios forman en Cristo la única familia Dei.

No se trata, por tanto, de una potestad espiritual etérea que se administra para la Iglesia universal y las Iglesias locales según las consideraciones políticas y las conveniencias estratégicas entre el Papa y los Obispos. Más bien Cristo ha llamado a los apóstoles conjuntamente –como Colegio–. Él mismo ha antepuesto al Apóstol Pedro como fundamento y principio de la unidad de la potestad apostólica única y de la misión para la Iglesia entera. La consagración episcopal muestra la naturaleza colegial de la función episcopal en la inserción del Obispo singular en la totalidad del Colegio con el Papa como cabeza, sin el cual, el Colegio no puede ejercer ninguna potestad universal en la función magisterial y pastoral. “La unión colegial se manifiesta también en las mutuas relaciones de cada Obispo con las Iglesias particulares y con la Iglesia universal. El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles. Por su parte, los Obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a partir de las cuales existe la Iglesia católica, una y única. Por eso, cada Obispo representa a su Iglesia, y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, del amor y de la unidad” (LG 23).

La determinación de la relación entre universalidad y particularidad resulta exitosa sólo desde una perspectiva consecuentemente cristológica y eclesiológica. No hay ninguna analogía para esta relación en comparación con formas de organización, estatales y no estatales, de sociedades humanas y empresas. De hecho, la unidad de la Iglesia se realiza en la particularidad local-eclesial, por ello una comunidad personal nunca puede ser Iglesia local en sentido propio, del mismo modo que la naturaleza de cada Iglesia local no puede ser otra cosa que la Iglesia universal en un lugar determinado.

Este hacerse presente recíproco es la comunión católica de la Iglesia, que se constituye como communio ecclesiarum. En esto podemos observar que la totalidad de la Iglesia no se puede entender como la mera suma de las porciones eclesiales, sino que la precede ontológica y temporalmente. El documento "Communionis notio", que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en 1992, lo explica de la siguiente manera: “En efecto, ontológicamente, la Iglesia-misterio, la Iglesia una y única según los Padres precede la creación, y da a luz a las Iglesias particulares como hijas, se expresa en ellas, es madre y no producto de las Iglesias particulares. De otra parte, temporalmente, la Iglesia se manifiesta el día de Pentecostés en la comunidad de los ciento veinte reunidos en torno a María y a los doce Apóstoles, representantes de la única Iglesia y futuros fundadores de las Iglesias locales, que tienen una misión orientada al mundo: ya entonces la Iglesia habla todas las lenguas. De ella, originada y manifestada universal, tomaron origen las diversas Iglesias locales, como realizaciones particulares de esa una y única Iglesia de Jesucristo. Naciendo en y a partir de la Iglesia universal, en ella y de ella tienen su propia eclesialidad. Así pues, la fórmula del Concilio Vaticano II: la Iglesia en y a partir de las Iglesias ("Ecclesia in et ex Ecclesiis"), es inseparable de esta otra: Las Iglesias en y a partir de la Iglesia ("Ecclesiae in et ex Ecclesia"). Es evidente la naturaleza mistérica de esta relación entre Iglesia universal e Iglesias particulares, que no es comparable a la del todo con las partes en cualquier grupo o sociedad meramente humana” (n. 9).

4. La unidad de Primado y Episcopado

En el tercer capítulo de "Lumen gentium" se describe la unidad de la universalidad y de la particularidad. Se presupone aquí la constitución apostólica de las Iglesias locales. Esto significa que las Iglesias locales, como la Iglesia de Cristo, no son constituidas en absoluto por la voluntad asociacional de cada uno de los cristianos. Más bien es Cristo mismo, quien, mediante sus Apóstoles y los sucesores de éstos (en el munus praedicandi, sanctificandi et gubernandi), funda la Iglesia universal en y desde las Iglesias locales como communio ecclesiarum. Solo se puede hablar de Iglesia local, cuando ésta realiza visiblemente en el Obispo, sucesor de los Apóstoles, la unidad con las otras Iglesias locales y la unidad con el origen de la Iglesia en Cristo y los Apóstoles.

Esto se muestra en la unidad de la confesión apostólica y de la actualización sacramental-litúrgica de la salvación en Cristo. La Doctrina de los Obispos como sucesores de los Apóstoles, de su unidad colegial entre ellos, y de su unidad con el sucesor de Pedro como cabeza visible de toda la Iglesia y del Colegio Episcopal, es, por tanto, constitutiva para el concepto católico de Iglesia.

Solo desde este presupuesto se puede apreciar correctamente la consiguiente descripción de universalidad y particularidad como descripción de la unidad y unicidad de la Iglesia de Cristo: “Así como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio apostólico, de igual manera se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles. (…) El Colegio o Cuerpo de los Obispos, por su parte, no tiene autoridad, a no ser que se considere en comunión con el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando totalmente a salvo el poder primacial de éste sobre todos, tanto pastores como fieles. (…) Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la variedad y universalidad del Pueblo de Dios; y en cuanto agrupado bajo una sola Cabeza, la unidad de la grey de Cristo. Dentro de este Colegio los Obispos, respetando fielmente el primado y preeminencia de su Cabeza, gozan de potestad propia para bien de sus propios fieles, incluso para bien de toda la Iglesia porque el Espíritu Santo consolida sin cesar su estructura orgánica y su concordia. La potestad suprema sobre la Iglesia universal que posee este Colegio se ejercita de modo solemne en el concilio ecuménico. (…) Esta misma potestad colegial puede ser ejercida por los Obispos dispersos por el mundo a una con el Papa, con tal que la Cabeza del Colegio los llame a una acción colegial o, por lo menos, apruebe la acción unida de éstos o la acepte libremente, para que sea un verdadero acto colegial” (LG 22).

La Iglesia católica subsiste en y desde las distintas Iglesias locales. Cada Iglesia local participa de la totalidad de la Iglesia mediante la unidad con ella y con su origen apostólico, a través de la unidad de la confesión de la fe, a través de la mediación salvífica con sus formas litúrgico-sacramentales, y a través de la Autoridad Apostólica, que se encarna y garantiza en el Obispo por la sucesión que se remonta a los Apóstoles.

Esta totalidad no impide sino que exige su señorío, el cual aflora mediante la inculturación con los pueblos y épocas de la historia. La Iglesia local de Roma es una entre muchas Iglesias locales, con la peculiaridad de que su fundación apostólica mediante el testimonio –verbi et sanguinis– de los Apóstoles Pedro y Pablo le otorga un primado en el testimonio conjunto y en la unidad de vida de la catholica communio. Debido a esta potentior principalitas, cada Iglesia local debe coincidir con ella (cf. Ireneo, adv. haer III, 3, 2). Según la sustancia de la fe, incluso en ambos Concilios Vaticanos no se ha añadido nada más sobre la catolicidad y particularidad, ni sobre la colegialidad de los Obispos y la orientación hacia la Cátedra de Pedro en doctrina y disciplina.

Las advertencias de la Congregación para la Doctrina de la fe sobre el Primado del Sucesor del Pedro en el misterio de la Iglesia (1998) determinan, por ello, resumidamente: “Las características del ejercicio del Primado deben entenderse sobre todo a partir de dos premisas fundamentales: la unidad del Episcopado y el carácter episcopal del Primado mismo. Al ser el Episcopado una realidad ‘una e indivisa’, el Primado del Papa comporta la facultad de servir efectivamente a la unidad de todos los Obispos y de todos los fieles, y ‘se ejerce en varios niveles, que se refieren a la vigilancia sobre la transmisión de la Palabra, la celebración sacramental y litúrgica, la misión, la disciplina y la vida cristiana’; a estos niveles, por voluntad de Cristo, en la Iglesia todos – tanto los Obispos como los demás fieles – deben obediencia al Sucesor de Pedro, el cual también es garante de la legítima diversidad de ritos, disciplinas y estructuras eclesiásticas entre Oriente y Occidente” (n. 8).

5. Papa y Obispos al servicio de la Iglesia única

Es importante interpretar el ministerio episcopal como realidad sacramental en la Iglesia sacramental y no confundirlo con el servicio de un moderador de puras asociaciones humanas.

Pues el Episcopado es un Ministerio instituido para siempre (LG 18). Los “Obispos, puestos por el Espíritu Santo” (Hch 20, 28), se sitúan en el lugar de Dios ante el Rebaño de Cristo (LG 19). En la consagración sacramental actúa de tal modo el Espíritu, que, “los Obispos, de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Pontífice, y actúan en lugar suyo” (LG 21). Ellos son “vicarios y legados de Cristo” (LG 27) en el ejercicio de su servicio.

Ya el hecho de que en la ordenación sacramental del sucesor se hace referencia a la consagración mediante “Obispos vecinos de otras Iglesias” indica la dimensión colegial y universal-eclesial del Episcopado. Ninguna comunidad se constituye sola ni a sí misma ni su ministerio. La consagración episcopal integra al Obispo emblemáticamente en el Colegio Episcopal y le confiere una responsabilidad para la única Iglesia Católica extendida por el mundo, que subsiste en la communio ecclesiarum.

El Obispo es en su Iglesia local “principio y fundamento visible de unidad” (LG 23). Esto se relaciona con la comunión de todos los fieles y el colegio de quienes ostentan un cargo: presbíteros, diáconos y demás oficios eclesiales. El único oficio episcopal no agota la pluralidad de misiones y servicios. A través del oficio episcopal, no solo se impide el desmoronamiento de los servicios individuales, sino que también se exige la pluralidad de servicios en cada uno de los miembros y se asegura la unidad de la misión de la Iglesia única en martirio, diaconía y liturgia.

En tanto que el colegio del Obispo sirve a la unidad de la Iglesia, éste debe portar en sí mismo el principio de esa unidad. Por ello el Obispo solo puede ser Obispo de una Iglesia local y no el presidente de una federación de alianzas eclesiales regionales y continentales. Y su colegio no puede ser sólo un principio objetivo puro (decisión mayoritaria, delegación de derechos a un gremio de dirección elegido, etc.). En tanto que en la esencia interior del oficio episcopal se trata de un testimonio personal, el principio de la unidad del episcopado mismo se encarna en una persona.

Según la concepción católica, el principio personal de la unidad, tanto en el origen como en su aplicación actual, se da en el Obispo de Roma. Como Obispo, él es el sucesor de Pedro, quien en persona encarna la unidad del Colegio Apostólico. Para una teología del Primado resulta decisiva la descripción del servicio de Pedro como una misión episcopal, como también el conocimiento de que este Oficio no es de derecho humano sino divino, en tanto en cuanto solo puede ser ejercido en la Potestad de Cristo, en virtud de un carisma entregado personalmente a su portador en el Espíritu Santo.

“Jesucristo, Pastor eterno (…) para que el mismo Episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los demás Apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión” (LG 18; DH3051).

El Papa sugiere en "Evangelii gaudium" una praxis corregida, correspondiente a la civilización global y digitalizada de hoy. Aunque Primado y Episcopado pertenecen a la esencia de la Iglesia, las formas de su realización en la historia son necesariamente diversas. La invitación del Papa a una renovada percepción de la Colegialidad de los Obispos es lo contrario a una relativización del servicio que Cristo le ha encomendado de forma inmediata, es decir: un servicio a la unidad de todos los Obispos y fieles en la fe revelada, un servicio a la vida común desde la gracia sacramental, y un servicio a la misión de mediar la unidad de los hombres en Dios (LG 1).

En tanto que el Episcopado tiene naturaleza colegial, al Obispo, en virtud de la Consagración y de la misión canónica, también se le confiere la co-preocupación y la co-responsabilidad para el bien de la Iglesia universal: “El cuidado de anunciar el Evangelio en todo el mundo pertenece al Cuerpo de los Pastores (…) por tanto, todos los Obispos, en cuanto se lo permite el desempeño de su propio oficio, están obligados a colaborar entre sí y con el sucesor de Pedro, a quien de modo especial le ha sido confiado el oficio excelso de propagar el nombre cristiano” (LG 23).

En el reconocimiento del fructuoso apostolado que habían ejercitado las Conferencias Episcopales ya entonces existentes, y con el deseo de que estos organismos fuesen erigidos en todas partes, el Concilio Vaticano II formuló, por así decir, una breve definición: “La conferencia episcopal es como una asamblea en que los Obispos de cada nación o territorio ejercen unidos su cargo pastoral para conseguir el mayor bien que la Iglesia proporciona a los hombres, sobre todo por las formas y métodos del apostolado, aptamente acomodado a las circunstancias del tiempo” (CD 38,1). La implementación teológica y práctica del servicio de las Conferencias Episcopales a la totalidad de la Iglesia y a las partes eclesiales comprendidas en ella, ha continuado siendo desarrollada y concretizada en el Motu Proprio "Apostolos suos".

A este servicio también le corresponde una competencia magisterial de los Obispos pertenecientes a una Conferencia considerados en su conjunto (cf. AS 21; CIC can. 753). Estas instituciones surgen al servicio de la unidad de la fe y de la implementación concreta en un espacio cultural. La referencia al sucesor de Pedro, principio visible de la unidad de la Iglesia, es constitutiva para cada Concilio ecuménico, para cada sínodo particular y para cada Conferencia Episcopal; y además, es de derecho divino, al cual se debe subordinar todo derecho de la Iglesia. Una Conferencia Episcopal no puede emitir nunca una declaración dogmática vinculante de forma separada, ni tampoco relativizar dogmas definidos o estructuras sacramentales constitutivas (por ejemplo, hacer depender el propio ministerio magisterial y pastoral de organismos de puro derecho eclesial).

Tendencias separatistas y comportamientos prepotentes solo dañarían a la Iglesia. La revelación ha sido encomendada a la Iglesia única y universal para su fiel custodia, Iglesia guiada por el Papa y los Obispos en comunión con él (LG 8; DV 10). La Iglesia Católica es communio ecclesiarum y no una federación de Iglesias estatales o una alianza mundial de comunidades eclesiales confesionalmente emparentadas, que respetan por tradición humana al Obispo de Roma como presidente honorífico. Pues nación, idioma, cultura, no son principios constitutivos para la Iglesia, que testifica y realiza la unidad de los pueblos en Cristo; pero son medios indispensables, en los cuales se despliega toda la riqueza y la plenitud de Cristo en los redimidos.

La "Evangelii gaudium" quiere reunificar interiormente a la Iglesia, para que el Pueblo de Dios, en su servicio misionero, no sea obstáculo a una humanidad necesitada de salvación y ayuda. El Papa Francisco propone en su escrito apostólico “algunas líneas que puedan alentar y orientar en toda la Iglesia una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo” (EG 17).

Gerhard Ludwig Müller

La vida de la Iglesia no puede concentrarse de tal forma en el Papa y su Curia, como si en las parroquias, comunidades y diócesis tuviera lugar sólo algo secundario”.


VALENCIA, 20 ENE. (AVAN).- El arzobispo alemán Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que será creado Cardenal en el próximo consistorio del 21 de febrero, ha asegurado hoy, en unas jornadas organizadas por la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, que “la vida de la Iglesia no puede concentrarse de tal forma en el Papa y su Curia, como si en las parroquias, comunidades y diócesis tuviera lugar sólo algo secundario”.

Según el prelado alemán, “una centralización exagerada de la administración no ayuda a la Iglesia sino que más bien impide su dinámica misional”.

En las jornadas, en las que ha intervenido también el arzobispo de Valencia y Gran Canciller de la UCV, monseñor Carlos Osoro, Gerhard Ludwig Müller ha disertado sobre la colegialidad y ejercicio de la potestad suprema de la Iglesia en el marco de las XII Conversaciones de Derecho.
Así, monseñor Müller ha recordado las palabras del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, que habla de una “saludable descentralización” en la Iglesia: “Un reajuste de independencia y colaboración de las Iglesias locales, de la colegialidad episcopal y del Primado del Papa nos permitirá no perder de vista la exigencia trascendental de la cuestión sobre Dios”.

Para el prelado germano un ejercicio “reformado” del Primado también pertenece a la nueva evangelización. “Una Iglesia que sólo girase en torno a los propios problemas estructurales sería espantosamente anacrónica y ajena al mundo, pues en su ser y misión no es otra cosa que la Iglesia del Dios trinitario, origen y destino de cada hombre y de todo el universo”, ha aducido.

Con el texto papal -ha puntualizado monseñor Müller-, “no se ha dado la señal para un cambio de dirección o una revolución en el Vaticano, en contraposición con interpretaciones superficiales”. Según Müller, “lo que le interesa al Papa es una superación tanto del letargo y de la resignación ante la secularización extrema, como un final de las disputas debilitantes dentro de la Iglesia entre ideologías tradicionalistas y progresistas”.

“La Evangelii Gaudium quiere reunificar interiormente a la Iglesia, para que el Pueblo de Dios, en su servicio misionero, no sea obstáculo a una humanidad necesitada de salvación y ayuda. Las guerras civiles, el terrorismo, la pobreza, la explotación, la situación de los refugiados, la drogadicción, el incremento de los suicidios, la adición a la pornografía en un 20% de la juventud, la crisis de sentido y la desorientación espiritual y moral de millones de personas…todas estas tragedias globales y cotidianas hacen que sobrevenga a la Iglesia de Dios la tarea trascendental de dar nuevamente esperanza a la humanidad”, ha incidido.

En opinión del nuevo cardenal, “tendencias separatistas y comportamientos prepotentes solo dañarían a la Iglesia”. La revelación ha sido encomendada a la Iglesia “única y universal” para su fiel custodia, guiada por el Papa y los Obispos en comunión con él. “La Iglesia Católica es communio ecclesiarum y no una federación de Iglesias estatales o una alianza mundial de comunidades eclesiales confesionalmente emparentadas, que respetan por tradición humana al Obispo de Roma como presidente honorífico”.

Así monseñor Müller ha manifestado que, aún siendo medios “indispensables”, nación, idioma y cultura “no son principios constitutivos para la Iglesia, que testifica y realiza la unidad de los pueblos en Cristo”.

“Las iglesias locales, como la Iglesia de Cristo, no son constituidas en absoluto por la voluntad asociacional de cada uno de los cristianos. Más bien es Cristo mismo, quien, mediante sus Apóstoles y los sucesores de éstos funda la Iglesia universal en y desde las Iglesias locales. Solo se puede hablar de Iglesia local, cuando ésta realiza visiblemente en el Obispo, sucesor de los Apóstoles, la unidad con las otras Iglesias locales y la unidad con el origen de la Iglesia en Cristo y los Apóstoles.

PRIMADO Y EPISCOPADO, ESENCIA DE LA IGLESIA
El arzobispo alemán ha aseverado que la unidad “fraternal” de los obispos de la Iglesia Universal “cum et sub Petro” se fundamenta en la “sacramentalidad” de la Iglesia, y con ello, en el derecho divino. “Solo a precio de una desacralización de la Iglesia podría realizarse una lucha de poder entre fuerzas centralistas y particularistas. Al final quedaría una Iglesia secularizada y politizada, que solo se diferenciaría en grado de una ONG. La invitación del Papa a una renovada percepción de la Colegialidad de los Obispos es lo contrario a una relativización del servicio que Cristo le ha encomendado de forma inmediata”, ha añadido.

Para el Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe el Papa sugiere en “Evangelii Gaudium” una praxis “corregida, correspondiente a la civilización global y digitalizada de hoy”. Aunque Primado y Episcopado pertenecen a la “esencia” de la Iglesia, las formas de su realización en la historia son necesariamente “diversas”.

“La comunión y la misión son los dos elementos que constituyen a la comunidad de los discípulos de Jesús como signo e instrumento de unidad de los hombres con Dios y de unidad entre ellos mismos. Por tanto, la Iglesia es esencialmente una sola, como servidora y mediadora de esa unión. La Iglesia no es la posterior suma de los individuos en su relación autónoma e inmediata con Dios, sino que está ya unida con Cristo orgánicamente como el cuerpo con la cabeza”, ha indicado.

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se ha referido también al papel de los obispos a dicho respecto: “En tanto que el colegio del obispo sirve a la unidad de la Iglesia, éste debe portar en sí mismo el principio de esa unidad. Por ello el obispo solo puede ser pastor de una Iglesia local y no el presidente de una federación de alianzas eclesiales regionales y continentales. Y su colegio no puede ser sólo un principio objetivo puro. En tanto que en la esencia interior del oficio episcopal se trata de un testimonio personal, el principio de la unidad del episcopado mismo se encarna en una persona”.

Para monseñor Müller es “importante” interpretar el ministerio episcopal “como realidad sacramental en la Iglesia sacramental y no confundirlo con el servicio de un moderador de puras asociaciones humanas”.

Finalmente, el arzobispo alemán ha recordado que la Iglesia “no es la Luz”, ella solo puede dar testimonio “de la Luz que ilumina a cada hombre, Jesucristo” y que, “a pesar de todas las tormentas y vientos contrarios, la barquilla de Pedro debe volver a izar las velas de la alegría por Jesús, que está junto a nosotros”.


martes, 16 de julio de 2013

La Cámara de los Lores vota a favor del «matrimonio» homosexual.


La Cámara de los Lores vota a favor del «matrimonio» homosexual.

 
 
(Agencias) Con 390 votos a favor y 148 en contra, la cámara alta del Parlamento del Reino Unido ha aprobado este lunes la ley que da a las uniones homosexuales el nombre matrimonio. El documento prevé la posibilidad de celebrar un matrimonio de parejas del mismo sexo, y permite su celebración en Inglaterra y Gales. Se espera que el proyecto de ley sea enviado a la Cámara de los Comunes, donde se espera que haya más discusiones antes de su aprobación final. 

 La decisión de los Lores fue recibida con gritos de alegría de los militantes promatrimonio  gay , vestidos de rosa frente al Parlamento.

"Mi vida y la de muchos otros será más bella hoy que ayer", dijo el Lord laborista Waheed Alli, homosexual declarado.
Un miembro de la comunidad homosexual estuvo hoy frente a la sede del Parlamento, en Londres, donde se discutía el proyecto de ley.
Un miembro de la comunidad homosexual estuvo hoy frente a la sede del Parlamento, en Londres, donde se discutía el proyecto de ley. (AFP) ampliar       
Su colega conservador, Lord Framlingham, lamentó por su parte que ese proyecto de "mal armado" haya podido franquear todos los obstáculos sin dar concesiones a los opositores.

La Cámara de los Lores había rechazado el 4 de junio pasado, tras dos días de fuertes debates, una enmienda llamada de "demolición" que hubiera podido bloquear el proyecto de ley.

El matrimonio homosexual casi no ha causado agitación en la opinión pública, que es mayoritariamente favorable, pero sigue dividiendo al partido conservador.

El primer ministro David Cameron se mostró determinado a hacer efectivo el matrimonio  gay   en Inglaterra y en el País de Galles desde mediados del año próximo. Las otras regiones del Reino Unido, Escocia e Irlanda del Norte, tienen su propia legislación.

Entre los británicos, el cambio es antes que todo simbólico, porque las parejas homosexuales tienen los mismos derechos  parentales que en las parejas heterosexuales: pueden adoptar, recurrir a la procreación médicamente asistida y a una madre portadora, siempre y cuando no sea remunerada, y se pueden unir desde 2005 por asociación civil.
 La Cámara de los Lores validó el lunes el proyecto de ley sobre el matrimonio homosexual, que cruza así una etapa  decisiva hacia su adopción definitiva en Inglaterra y en el País de Gales.
El texto regresará el martes a la Cámara de los Comunes, que ya la había aprobado por 366 votos contra 161, para un debate que debería ser una formalidad antes de recibir la aprobación real. Por último, la ley debe ser aprobada por la reina Isabel II.
Si la ley recibe la aprobación real los matrimonios entre personas del mismo sexo podrán empezar a celebrarse ya en el verano de 2014.

 

viernes, 8 de marzo de 2013

«¿Tiene cabida la fe cristiana en la universidad del S. XXI?».


(Bruno Moreno) En un contexto de polémica en torno a las capillas universitarias, que algunos parecen empeñados en cerrar o en reconvertir en centros multirreligiosos, es un gusto dar la noticia de una mesa redonda que se va a desarrollar en una universidad pública a cargo de profesores universitarios en ejercicio, y que tiene por título la pregunta: “¿Tiene cabida la fe cristiana en la universidad del S. XXI?”. Entrevistamos a Jaime Pérez-Boccherini Stampa, presbítero de la Diócesis de Getafe, doctor en teología y uno de los encargados de prestar su asistencia eclesiástica al Aula de Cultura y Cristianismo de su diócesis.
–D. Jaime, ¿qué es el Aula de Cultura y Cristianismo?
El Aula de Cultura y Cristianismo es un proyecto que está naciendo en estos meses y en el que se quiere aglutinar a profesores de distintas universidades, sean creyentes o no creyentes. En el ámbito de nuestra pastoral universitaria diocesana, queremos generar ocasiones de encuentro en torno al diálogo fe-cultura, en la línea de concretar en nuestra diócesis el “Atrio de los Gentiles”, que tanto impulsara Benedicto XVI. Tengamos en cuenta que dentro del territorio de la diócesis de Getafe se hallan nada menos que ¡12 campus universitarios!
–¿Dónde va a tener lugar y cómo será la mesa redonda?
Está previsto desarrollarla el sábado que viene, 9 de marzo, en el campus de Móstoles de la Universidad Rey Juan Carlos (Edificio Departamental I, salón de grados), de 11:00 a 13:00. Será un acto abierto al público, y quienes asistan podrán participar en él con sus preguntas dirigidas a los tres ponentes.
–¿Quiénes son los ponentes?
Se ha buscado que fueran profesores universitarios en ejercicio y procedentes de universidades y especialidades diferentes, con el deseo de que el diálogo entre ellos y con los asistentes sea lo más fluido e interesante posible. Se trata de Mª Jesús Fuente Pérez, profesora de la Universidad Carlos III, que es especialista en Humanidades y en Historia medieval; José Luis González Quirós, de la Universidad Rey Juan Carlos, que es filósofo de la cultura y de la ciencia; y Elena Postigo Solana, de la Universidad CEU-San Pablo, que es profesora de antropología y bioética. El debate será moderado por Gonzalo Génova Fúster, profesor de la Universidad Carlos III en ingeniería, computación y filosofía de la ciencia.
–La pregunta sobre la que gira el debate, “¿Tiene cabida la fe cristiana en la universidad del S. XXI?”, ¿no es demasiado básica?
En realidad no, porque nos damos cuenta de que a veces hemos de retroceder más y más lejos hacia los elementos básicos de las preguntas fundamentales del hombre y de la sociedad. En el diálogo fe-cultura hoy en día no hay que dar nada por supuesto. En ese sentido dar la pregunta por respondida no nos parecía un buen modo de comenzar nuestra andadura por este terreno apasionante y difícil.
–Pero, ¿qué es lo que se pretende con esta Mesa Redonda?
De lo que se trata es de poner las bases para el diálogo fe-cultura, que deben estar fundadas en la razón y en el respeto mutuo entre creyentes y no creyentes. No se trata de que todas las ideas tengan la misma validez, ya que eso sería caer en el relativismo. Más bien se trata de reconocer que el camino del diálogo entre la fe cristiana, que es generadora de cultura, y la cultura moderna, que tiene tantas raíces cristianas, es una vía para, entre otras motivaciones, contribuir a deshacer las tentativas de totalitarismo político, es decir el del Estado que manipula la sociedad y agrede la libertad religiosa, o las tentativas de fundamentalismo religioso, es decir una religión que se cierra a dar razones de su esperanza y se vuelve sectaria frente al mundo que le circunda.
Sobre la base de ese plano dual esta iniciativa es a su modo evangelizadora, en la perspectiva de los “cuatro círculos de diálogo” de que se compone el “coloquio de la salvación”, tal y como lo expresara Pablo VI en su inolvidable encíclica Ecclesiam Suam. Necesitamos imitar de nuevo a San Pablo entrando de su mano en los nuevos terrenos de misión que configuran las áreas culturales, definidas como “areópagos modernos”, en expresión feliz de Juan Pablo II, en su encíclica Redemptoris missio nº 37.
–¿En el ambiente actual, se hace necesario convocar iniciativas como esta precisamente en la universidad?
Sí, poder plantear esta pregunta en sede universitaria es especialmente significativo. El desafío reside en que logremos romper la barrera de silencio que ciertas instancias de uno u otro signo desean imponer en la universidad, no digo ya un silenciamiento a las respuestas... ¡sino a las preguntas mismas que el corazón del hombre quiere hacerse y se hace continuamente!, y nada hay más ajeno al espíritu universitario que esta imposición de silencio.
Afortunadamente también hallamos hoy en las comunidades universitarias a muchas personas sensatas y lúcidas, tanto en el entorno de los creyentes como en el de los no creyentes. Por eso desde aquí invito cordialmente a todos los lectores de InfoCatólica que tengan posibilidad de ello a que se acerquen este sábado a nuestra Mesa Redonda y con su sola presencia nos ayuden a romper esta “conspiración de silencio”.
–Diálogo fe-cultura... De acuerdo, ahora bien, en definitiva: ¿qué se entiende por cultura?
Es una pregunta excelente. No es que no tuviéramos que definir también qué es la fe cristiana y cuáles son sus contenidos, pero supongo que los lectores de este portal eso no lo necesitarán... Centrándonos pues en el segundo término, el de la cultura, creo que lo podemos describir como lo hiciera la Conferencia Episcopal Italiana en el proemio a su Proyecto Cultural para la Iglesia en Italia: “La cultura es un sistema de elementos relacionados entre sí y en continua evolución histórica: Elementos interpretativos, como la lengua, la literatura, el arte, el espectáculo, la ciencia, la filosofía, la ética, la religión; elementos sociales como las costumbres, las leyes, las instituciones; elementos operativos, como la ciencia, la economía, las manufacturas. En todo ello se encarnan el sentido general de la vida y las experiencias fundamentales de la familia, de la amistad, de la convivencia, del trabajo, de la belleza, del sufrimiento, de la muerte y de la divinidad. Cada pueblo encuentra ahí su identidad, su alma colectiva, su patrimonio precioso acumulado de generación en generación”.
–Y esos elementos relacionados entre sí y en evolución que forman la cultura, ¿qué relación tienen con la fe?
Claro, eso es lo que nos interesa especialmente a nosotros. También los obispos italianos reflexionaron sobre eso y distinguieron dos grandes niveles de la cultura en su relación con la fe: Por un lado “grandes áreas temáticas, interdisciplinares, que tocan los contenidos fundamentales de la fe en su impacto con los aspectos más vibrantes del pensamiento y del ethos contemporáneos” y por otro “temas ocasionalmente emergentes en el debate cultural y en la vida social, a los que hay que ofrecer respuestas evangélicamente iluminadas”.
En todas esas grandes áreas temáticas, la Iglesia tiene mucho que decir. Por ejemplo, en cuanto a la persona y la sociedad, la Iglesia habla de la dignidad de la vida humana, la centralidad de la familia, el papel de la educación, la igualdad, o el deber de participación en la vida civil y la política. En lo referente a la economía, los cristianos recordamos siempre la importancia de unir desarrollo económico, solidaridad y salvaguarda de lo creado. En la investigación científica, la Iglesia ilumina los valores éticos que debe tener toda actuación para ser verdaderamente humana, así como la unidad de todos los saberes.

martes, 12 de julio de 2011

La unidad cristiana no llega a Irlanda.

(Efe) La policía de Irlanda del Norte intentará evitar enfrentamientos entre la comunidad protestante y la católica
La Policía norirlandesa (PSNI) montará este martes un fuerte dispositivo de seguridad ante el temor de que se produzcan enfrentamientos entre católicos y protestantes durante las marchas orangistas que recorren la provincia británica para celebrar el «12 de Julio». Como cada año, se espera que miles de miembros de la Orden de Orange se echen a las calles para conmemorar la victoria del rey protestante Guillermo III de Orange sobre el católico Jaime II en la batalla del Boyne en 1690, desfiles que, a menudo, atraviesan zonas nacionalistas.

Entre las más controvertidas destaca la marcha que transcurre por el norte de Belfast y que, a su paso por el barrio católico de Ardoyne, concentrará al mayor número de efectivos policiales, después de que el pasado año los enfrentamientos en esta zona de la capital dejaron un balance de 48 agentes de la PSNI heridos.

Este pasado fin de semana, otros cinco policías resultaron heridos en zonas protestantes del este del condado de Antrim, al norte de la región, después de que decenas de jóvenes incendiasen varios coches y llegase, incluso, a estrellar un autobús contra un vehículo blindado de la PSNI.

Según fuentes policiales, aquellos disturbios comenzaron después de que las autoridades ordenasen retirar una bandera unionista izada en un lugar próximo a una iglesia católica en la localidad de Ballyclare.

La violencia no es inevitable
El “número dos” de la PSNI, Alistair Finlay, efectuó hoy un llamamiento a la calma, al tiempo que recordó que la “violencia no tiene por qué ser inevitable”.

“La gente tiene que asumir la responsabilidad para asegurarse de que todo el mundo estará seguro y a salvo durante este tenso periodo. Aquellos con influencia tienen que usarla para mantener sus zonas en calma y las cabezas frías”, afirmó el dirigente policial.

Sus peticiones han encontrado eco entre líderes religiosos, comunitarios y políticos, como el ministro principal norirlandés, el unionista Peter Robinson, y su adjunto en el Gobierno autónomo, el republicano Martin McGuinness.

Robinson reconoció hoy que los “ánimos” pueden estar caldeados, dado el recelo que despierta entre la comunidad nacionalista-católica los desfiles, pero insistió en que la “violencia no es la respuesta”.

El dirigente protestante aseguró que se ha “trabajado intensamente” con líderes de las respectivas comunidades en las últimas semanas para “identificar” los posibles focos de disturbios y “calmar” la situación.

McGuinness, por su parte, insistió en que la celebración de una temporada de marchas pacífica revierte “en el interés de toda” la ciudadanía de la región.

“El Gobierno está comprometido a crear un futuro mejor para todos. Algunos incidentes recientes no ayuda. Los problemas que afectan a un número reducido de controvertidas marchas tienen que solucionarse”, añadió el dirigente del Sinn Fein, antiguo brazo político del inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA).

Sin incidentes en los últimos años
En los últimos años, la mayoría de los desfiles han transcurrido pacíficamente, incluso cuando han pasado por barrios católicos.

Ahora, las rutas que siguen los “orangemen” son pactadas por representantes de ambas comunidades con la Comisión de Desfiles, lo que propicia que el paso de los hombres del traje negro, bastón en mano, bombín a juego y orla naranja al cuello sea vista como una concesión y no como una imposición.

Aún así, un amplio sector nacionalista todavía considera que estas marchas celebran la supremacía de la comunidad protestante-unionista sobre la católica-nacionalista, origen de los más de cuatro siglos de conflicto en Irlanda del Norte.

domingo, 27 de junio de 2010

Polémica en Gran Bretaña por una campaña publicitaria en la que aparece el Niño Jesús en una supuesta ecografía.

(J.E. Mújica) Organizaciones laicistas como la Sociedad Secular Nacional han manifestado disconformidad ante esta campaña que comenzará formalmente el 6 de diciembre de 2010, si bien ya se distribuye material desde ahora. Concretamente Terry Sanderson la calificó de campaña de terror. Las quejas se refieren a la ecografía –compuesta por miles de imágenes de fetos– con el Niño Jesús, acompañado del lema Está en camino (He´s on His way) y la frase Navidad comienza con Cristo (Christmas starts with Christ), pues el objetivo principal de la campaña es concienciar a las personas sobre el sentido y origen auténtico de la Navidad.



ChurchAds.net es una organización británica que aglutina a varias confesiones cristianas (como anglicanos, metodistas y baptistas, entre otros), dándoles servicio de marketing y publicidad. La Iglesia católica se disoció de Church Ads en 1996, a raíz de una campaña donde la Virgen María aparecía despeinada.



En Reino Unido se asesina cada día a 570 niños en el vientre de sus madres. A finales de mayo de 2010 la organización feminista Marie Stopes International comenzó a emitir anuncios en televisión para promover sus clínicas abortistas, presentándolas como servicios de consumo.



Al respecto, Michaela Aston, portavoz de la organización de ayuda a mujeres con embarazos no deseados, Life, manifestó en declaraciones a la prensa que ese comercial “va a crear mucha ofensa y angustia”. Y agregó:



“Estamos muy preocupados porque el aviso está dirigido específicamente a mujeres embarazadas y aunque parezca inofensivo, creo que muchas mujeres que estén en un embarazo de crisis no se van a dar cuenta que van a llamar a esa línea esperando ayuda y les van a hablar de aborto. […] No puedo creer que las autoridades permitan la transmisión de este comercial cuando una reciente consulta reveló que el público en general se opone a la propaganda de servicios de abortos”.