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domingo, 1 de mayo de 2016

El cardenal Kasper asegura que está abierta la puerta a la comunión de los divorciados vueltos a casar.

El cardenal Kasper asegura que está abierta la puerta a la comunión de los divorciados vueltos a casar

En una entrevista concedida al periódico alemán Aachener Zeitung.
(Aachener Zeitung) Entrevista al cardenal Kasper:

Francisco sigue un ambicioso programa. ¿Qué eco ha tenido en la Iglesia y en la curia vaticana?

La mayoría de las personas –también de fuera de la Iglesia- están entusiasmadas con este papa. En la curia también hay resistencia. Pero, ¿dónde no la hay? Si en la redacción de su periódico ocurriera un cambio total, también habría resistencia.

¿Quiere el papa efectuar un cambio total en la curia?

Ya ha cambiado muchas cosas, y no solo estructuralmente. Le importa sobre todo la mentalidad. Solo si esta cambia, las reformas estructurales traerán algo. Para eso se necesita tiempo. Francisco está trabajando en ello.

El Papa proclamó el año de la Misericordia. La misericordia es el concepto central de su pontificado. Hace cuatro años usted escribió un libro sobre la misericordia y se lo regaló al cardenal Bergoglio durante el cónclave en marzo de 2013. ¿Cómo sucedió?

La edición española del libro se había publicado pocos días antes del cónclave. Se lo regalé al cardenal Bergoglio cuando lo vi parado en la puerta de su habitación en la casa Santa Marta, que es la casa de huéspedes del Vaticano. Antes del cónclave, las habitaciones siempre se sortean entre los cardenales, y él se alojó justo frente a la mía. Estaba entusiasmado con el título «Misericordia», y, por lo visto, lo leyó durante el cónclave.

Al domingo siguiente a su elección, Francisco mencionó expresamente su libro en la plaza de San Pedro y recomendó su lectura. ¿Qué pensó usted en ese momento?

Lo vi en televisión y pensé (ríe): «¿Qué se le ha ocurrido al Papa?» Poco más tarde me dijo: «Le hice propaganda a usted».

¿Antes del cónclave, era él para usted alguien que podría y debería ser papa?

Para mí, era ciertamente un posible candidado. Pero lo propiamente dicho ocurrió en el cónclave. Allí surgió la impresión de que algo se ponía en movimiento. Eso mismo me lo confirmaron también otros cardenales. De todas maneras, Bergoglio era alguien en quien uno se fijaba.
La curia se encontraba en crisis, y debía llegar alguien de fuera. El habló muy bien acerca de esto antes del cónclave.

¿Hubo en el cónclave una fuerte mayoría que pensaba que era necesario un viento fresco de afuera, o tuvo usted que hacer mucho trabajo de convencimiento?

A este respecto soy más bien reservado. La elección de un Papa es una decisión en conciencia. No hay que pretender ejercer mucha influencia.

¿Se forman facciones en el cónclave?

No debería haber facciones. Es natural que haya afinidades; es lo más normal del mundo. Algunos se ponen de acuerdo, y eso no está prohibido. Pero yo no me avengo con que se formen facciones. Cada uno tiene que vérselas con su conciencia.

Usted ha hablado de una «revolución de la ternura y del amor». ¿Es esa ternura –tan rara entre los grandes dirigentes mundiales en la política y la economía- la que el papa hace llegar a los corazones?

Él es, ante todo, un ser humano. Eso lo siente la gente. Y sienten que es creíble, que él vive lo que dice. El utiliza un lenguaje concreto, rico en imágenes, que las personas comprenden. Francisco no es alguién del establecimiento; busca encontrarse con las personas; lo necesita. Por esta razón no vive en el apartamento papal. Cuando se le preguntó por qué no vivía en el Vaticano, respondió: «En mi caso, se trata de un problema patológico. No puedo vivir allí; estaría muy aislado; tengo que estar entre la gente«.

Se habla mucho de un viento fresco que sopla a través de la Iglesia, de «glasnost»

y «perestroika» en el Vaticano, de una nueva era franciscana. ¿Es justo -o exagerado- decir esto?

Conceptos de este tipo son un poco exagerados. Pero es correcto: Francisco quiere cambiar el rostro de la Iglesia –no su ser-. Él quiere un rostro humano y misericordioso para esta Iglesia. El no quiere una Iglesia que levante el dedo índice, sino que tienda la mano. Él tiene una gran experiencia pastoral en comunidades rurales y barrios pobres en Argentina. El papa tiene ambos pies sobre la tierra; no se siente cómodo en un mundo clerical y aislado.

Para algunos, en la Iglesia católica las cosas no van lo suficientemente rápido respecto al giro franciscano; para otros, las cosas han ido muy lejos.

Los críticos y los vacilantes ponen el freno; otros quieren cambiar todo rápidamente. El papa no puede. Francisco va adelante caminando paso a paso, y quiere llevar consigo el mayor número posible de personas. Su ministerio es el ministerio de la unidad.

¿Quién pone freno?

Gente con mentalidad conservadora, que piensan mucho desde los principios que quieren ver salvaguardados. Al hacerlo, pierden, en parte, el contacto con la realidad. También sienten miedo de que haya muchos cambios. La curia es una institución vieja, en la que se cultiva el carrierismo y las costumbres.

En la Iglesia hay críticos que le reprochan al papa que aunque ya ha derrumbado muchos muros, no tiene, sin embargo, un plan para la nueva construcción; que tiene más ideas que sustancia; que es demasiado espontáneo.

Ser espóntáneo no es algo negativo. Francisco se deja guiar por el Espíritu Santo. Para él, la fe no es un reflector, sino una lámpara que ilumina cada paso. Ella arroja siempre luz para dar el siguiente paso. El sopesa exactamente qué es posible. Eso se evidencia también en la exhortación sinodal sobre la familia «Amoris laetitia». El papa pone nuevos acentos, pero no puede dividir su Iglesia.

Hace unos meses usted confirmó que el sínodo abrió «la puerta para que en determinados casos los separados vueltos a casar accedieran a los sacramentos». ¿Cuán grande es su esperanza hoy en día?

La puerta está abierta. Pero Francisco no prescribe cómo hay que atraversarla. Él no reitera declaraciones previas y más bien negativas de los anteriores papas sobre lo que no es posible y no está permitido. Hay aquí, pues, un margen de acción para cada uno de los obispos y las conferencias espiscopales. El sínodo de la familia demostró que no solo hay progresistas y conservadores, sino también culturas diferentes en la única Iglesia. La autonomía de las culturas se manifiesta hoy en día muy claramente. El papa tiene que tomar esto en consideración. No todos los católicos piensan como nosotros los alemanes.

Francisco, pues, se mantiene firme en cuanto al objetivo que ha mencionado varias veces en eventos importantes: sinodalidad, decentralización, más competencia para las iglesias locales.

En las dos primeras páginas de «Amoris laetitia» dice que no es tarea del magisterio tomar decisiones para cada situación individual. En segundo lugar, dice que la Iglesia debe inculturarse. Y las culturas son diferentes. Es decir, para nosotros puede ser correcto lo que en Africa es considerado equivocado. El papa, entonces, deja un margen de acción para las diversas situaciones y futuros desarrollos.

La Iglesia se está moviendo

Sí. Francisco no quiere que las cosas sigan siendo como en el pasado. Él habla de pasión y de la belleza del amor apasionado. Ya no es -como antes- algo abstracto o signado por la desconfianza.

Un nuevo acento.

Sí, un nuevo acento.

Y un respaldo para la Conferencia Episcopal Alemana.

Ciertamente.

¿Los párrocos podrán ahora enfrentar más fácilmente los problemas de la pastoral familiar?

Con mayor facilidad y mayor dificultad. Entre nosotros, la praxis es, desde hace tiempo, mucho más abierta. Cuando yo fui obispo de Rottenburg, un párroco me contó de una madre separada y vuelta a casar, que había preparado a su hija para la primera Comunión de una manera mucho más intensa y sólida que otras madres. Era una mujer muy activa en la comunidad parroquial y en Caritas. Así, pues, no podía decirle a la niña en el día de su primera Comunión: «Tú puedes comulgar, pero tu madre no». El párroco tenía completamente la razón. Se lo conté al papa, y Francisco confirmó mi posición: «El párroco tiene que tomar una decisión al respecto». Yo dije: «Él tomó la decisión». Se trata de regular de una manera humana este tipo de situaciones. Ahora hay un respaldo para hacerlo. Por otra parte, no hay una receta patentada. El párroco debe tener tacto. No sé si todos están suficientemente preparados para ello. Hay que hacer mucho en cuanto a la formación, para que cada quien no haga lo que quiera. Unos se apuran; a otros hay que empujarlos. Sería bueno que hubiera criterios comunes; no instrucciones, sino parámetros.

El motivo predominante sigue siendo la misericordia. ¿Calificaría Francisco de «misericordiosa» el trato de la Unión Europea hacia los refugiados de Oriente medio y Africa? ¿Escuchan los Estados de la Unión Europea el mensaje del papa?

No todos aceptan el mensaje. Un Papa también encuentra rechazo. Por otra parte, su visita al campo de refugiados en la isla de Lampedusa trajo consecuencias. Anteriormente, los pescadores italianos tenían expresamente prohibido ayudar a los náufragos. Eso cambió. Como cristianos, no podemos dejar que niños, bebés y ancianos se mojen y embarren. Ciertamente, Europa no puede acoger a todos. Pero poner límites máximos no es una solución al problema y tampoco se puede abolir el derecho individual al asilo. Si actuásemos como en el pequeño Líbano, tendríamos que acoger a millones de refugiados.

Francisco suele expresarse con mucha claridad, y hasta enérgicamente, cuando habla sobre la política europea respecto de los refugiados. Sin pelos en la lengua, le pide a Europa que cambie su estilo de vida. Está impaciente.

Es evidente que no podemos seguir actuando como lo hemos hecho hasta ahora. ¿Qué le vamos a dejar a las próximas generaciones? El papa formula proféticamente no sólo principios abstractos, sino tareas concretas. Es necesario, sobre todo porque también muchos fomentan el miedo: ¡la islamización de Europa! La canciller alemana tiene toda la razón cuando dice que la mejor manera de prevenir la islamización es ir con frecuencia a la iglesia los domingos.

¿Espera usted del papa una filípica dirigida a Europa con ocasión de la entrega, al santo padre, del premio Carlomagno el día 6 de mayo?

Ninguna filípica. No es su estilo. Pero expresará claramente sus opiniones sobre si los valores fundamentales de Europa coinciden con la política de la Unión Europea.

Se ha dicho siempre que, en principio, un papa no acepta ningún tipo de distinciones o premios. ¿Por qué Francisco ha hecho una excepción con el premio Carlomagno?

La junta directiva del premio Carlomagno me pidió que sirviera de intermediario. Fui a donde el papa y le expliqué cuál era el propósito de esta distinción. Europa se encuentra en una situación difícil. Así, pues, se buscó a alguien que fuera una instancia auténtica, creíble y moral. Hay muy pocos. Incluso, Francisco es, quizás, el único. Él, ciertamente, no considera la distinción como un honor personal, sino como una buena oportunidad para decir algo a Europa, a un continente que, según su opinión, está algo cansado.

Usted fue el más importante embajador para el premio Carlomagno que concede la ciudad de Aquisgrán.

No lo sé. Yo fui el cartero.

¿Fue difícil convencer al Papa?

Hay que argumentar cuidadosamente. Poco después, cuando un periodista le preguntó por qué aceptaba el premio, dijo: «Se debe a la testarudez del cardenal Kasper».

sábado, 31 de octubre de 2015

El cardenal Dolan afirma que el Sínodo no propone cambiar la enseñanza sobre los divorciados vueltos a casar.

S.E.R. Timothy Dolan, cardenal y arzobispo de Nueva York, ha escrito una carta en la que explica a sus fieles su visión sobre el reciente sínodo sobre la familia celebrado en Roma. En relación a la polémica sobre el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, el purpurado estadounidense es claro. La propuesta de los padres sinodales no cambian para nada la enseñanza vigente.


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Sínodo familia
(InfoCatólica) El cardenal Dolan aborda directamente en su carta la actuación del sínodo ante la polémica sobre los divorciados vueltos a casar:
«Se ha dado mucha atención en la cobertura sobre el sínodo si aquellos que se han casado sacramentalmente de forma válida, divorciado y vuelto a casar civilmente, pueden recibir la Sagrada Comunión (De hecho, ese tema candente no fue tan predominante en el sínodo como en la prensa). La práctica continuada de la Iglesia -recientemente confirmada por San Juan Pablo II después del sínodo sobre la familia de 1980 y renovada por el papa Benedicto XVI después del sínodo sobre la Eucaristía del 2005-- es que no pueden mientras la segunda unión conyugal continue. Es la consecuencia necesaria de lo que Jesús enseñó sobre el divorcio y el recasamiento y de lo que el apóstol San Pabl enseño acerca de estar en estado de gracia para recibir la Sagrada Comunión. Las propuestas finales de los obispos del Sínodo no hicieron nada para alterar esa enseñanza».
El arzobispo de Nueva York destaca como una de las intervenciones más acertadas del sínodo la del cardenal Thomas Collis, arzobispo de Toronto (Canadá), que estableció como línea de actuación de la Iglesia lo que hizo Cristo con dos de sus fieles en el camino a Emaús.
Jesús se acercó. Les acompañó con su presencia amorosa. Les preguntó acerca de su situación. Escuchó su testimonio. Les reprendió por sus errores. Les enseñó acerca de la verdad de las Escrituras. Se reveló a sí mismo en la Eucaristía. En definitiva, restauró su esperanza y los llevó a la conversión.
El cardenal, dirigiéndose a sus fieles, les hace la siguiente propuesta:
¿Puedo proponer un desafío para la Iglesia en Nueva York después del Sínodo sobre la familia?
¡Vamos a imitar plenamente Emaús!
Muchos de los desacuerdos en el sínodo sobre la pastoral familiar surgiendo de ofrecer una experiencia parcial del camino de Emaús a los que puede estar desanimados y andando en la noche. Pero un Emaús parcial no es lo que quiere Jesús para su pueblo: no es lo que los pastores de la Iglesia están llamados a ofrecer como servicio. Si solo acompañamos pero no convertimos, entonces simplemente caminamos al lado de la gente en la noche más lejos, lejos de la comunidad de fe en Jesuralén. Si solo preguntamos y escuchamos, estamos reteniendo la noticia salvadora de la salvación. Si solo reprendemos, entonces afligimos a los que ya sufren. Si solo explicamos la verdad objetiva de las Escrituras, no somos capaces de mostrar cómo es esa buena noticia para cada persona en particular. Si traemos a la gente a la Eucaristía sin primero preparalos durante el camino para su conversión, no serán transformados por la revelación de Cristo.

viernes, 19 de junio de 2015

Cardenales y obispos africanos se reúnen en Accra para preparar la defensa de la fe católica en el Sínodo.

Cardenales y obispos africanos se reúnen en Accra para preparar la defensa de la fe católica en el Sínodo

Cinco cardenales y cuarenta y cinco obispos de otros tantos países africanos se han reunido en Accra, la capital de Ghana, del 8 al 11 de junio. Todos a la luz del sol, no casi en secreto como algunos de sus colegas de Alemania, Francia y Suiza, que se habían dado cita pocos días antes en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. En ambos casos el motivo, para los asistentes, era el mismo: preparar la próxima sesión del sínodo sobre la familia.

Ver también
(Sandro Magister/Chiesa )
  • «No tener miedo de confirmar la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio»;
  • «Hablar en el sínodo con claridad y con una sola voz, con amor filiar hacia la Iglesia».
  • «Proteger a la familia de todas las ideologías que quieren destruirla.
Mientras en la Gregoriana el objetivo era el cambio de la doctrina de la Iglesia sobre divorcio y homosexualidad, en Accra la orientación era la opuesta.
La línea de actuación la indicó el cardenal guineano Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el culto Divino, con las primeras frases por él pronunciadas:
  • «No tener miedo de confirmar la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio»;
  • «Hablar en el sínodo con claridad y con una sola voz, con amor filiar hacia la Iglesia».
  • «Proteger a la familia de todas las ideologías que quieren destruirla y, por lo tanto, también de las políticas nacionales e internacionales que impiden promover sus valores positivos».
Sobre estas ideas el consenso ha sido total. También el único obispo del África subsahariana que en los meses pasados se había expresado a favor de «aperturas» al divorcio, Gabriel Charles Palmer-Buckle, de Accra, elegido por los obispos de Ghana como su delegado en el sínodo, ha estado de acuerdo con todos los asistentes en la defensa de la doctrina católica sobre la familia.
Además de Sarah, los otros cardenales africanos presentes eran Christian Tumi de Camerún, John Njue de Kenia, Polycarp Pengo de Tanzania y Berhaneyesus D. Souraphiel de Etiopía, este último creado cardenal por el Papa Francisco en el último consistorio.
Organizado por el Simposium de las conferencias episcopales de África y Madagascar, el encuentro tenía el título: «La familia en África. ¿Qué experiencias y contribuciones debemos aportar a la XIV asamblea ordinaria del sínodo de los obispos?».

Grupos de trabajo

Para responder a la pregunta del título, el primer día los asistentes han discutido teniendo como base cuatro introducciones temáticas, dividiéndose después en grupos de trabajo, y el día siguiente lo hicieron a partir de otras cinco líneas de discusión.
Una de éstas, con el título «Las expectativas del sínodo», ha sido leída a los presentes por el teólogo y antropólogo Edouard Ade, secretario general de la Universidad Católica de Africa Occidental, con sedes en Cotonou, Benín, y en Abidjan, Costa de Marfil.

Enemigo del género humano

La relación del profesor Ade se ha detenido sobre lo que él ha definido «la estrategia del Enemigo del género humano».
Visto que los objetivos máximos de bendición de las segundas nupcias y de las parejas homosexuales parecen estar fuera de alcance, dicha «estrategia» consistiría en abrir caminos que luego se ampliarían, obviamente afirmando con palabras que no se quiere cambiar nada de la doctrina.
Estos caminos serían, por ejemplo, los «casos particulares» ilustrados por los innovadores, bien sabiendo que no serían en absoluto casos aislados.
Otra argucia sería la de presentar los cambios como una solución «de equilibrio» entre la impaciencia, por un lado, de quien desearía enseguida divorcio y matrimonios homosexuales y, por el otro, del rigorismo sin misericordia de la disciplina de la Iglesia católica sobre el matrimonio.
Otro camino sería dar la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar y a todas las parejas fuera del matrimonio - algo que ya se hace en muchos lugares -, sin ni siquiera esperar cualquier decisión en materia por parte del sínodo y del Papa.

Caballos de Troya

Además, el profesor Ade ha puesto en guardia sobre los «caballos de Troya» adoptados por los innovadores, como el de atribuir un valor siempre positivo a todas las relaciones de vida común fuera del matrimonio, o bien considerar la indisolubilidad como un «ideal» que no todos pueden alcanzar o el uso de nuevos lenguajes que acaban cambiando la realidad.
La relación de Ade ha sido muy apreciada por los obispos y cardenales presentes, hasta el punto de que se puede ver su huella en el comunicado final donde se lee que «hay que partir de la fe, reafirmarla y vivirla con el fin de evangelizar en profundidad a las culturas», cuidando de no adoptar ni legitimar «el lenguaje de los movimientos que militan para destruir a la familia».

Cardenal Sarah, columna firme en la defensa de la fe católica

En una amplia entrevista de seis páginas publicada en los mismos días en Francia en el semanal «Famille Chrétienne», el cardenal Sarah ha dicho entre otras cosas:
«En el sínodo del próximo octubre afrontaremos, lo espero, la cuestión del matrimonio de manera totalmente positiva, buscando promover la familia y los valores de la misma. Los obispos africanos intervendrán para sostener lo que Dios pide al hombre sobre la familia y acoger lo que la Iglesia ha siempre enseñado».
Y sigue:
«¿Por qué hay que pensar que sólo la visión occidental del hombre, del mundo, de la sociedad, es la buena, la justa, la universal? La Iglesia debe combatir para decir que 'no' a esta nueva colonización».
Así reza el título de la entrevista, tal como aparece en la publicación en los kioscos:
Le cardinal Sarah: «Qu'on nous écoute ou pas, nous parlerons»
«Que nos escuchen o no, nosotros hablaremos».
El encuentro de Accra es la prueba de que el bloque de los obispos africanos será un protagonista seguro en el sínodo, como nunca lo ha sido en el pasado.

martes, 17 de febrero de 2015

“¡Promover la diversidad de la ‘orientación sexual’ por África, Asia, Oceanía, América del Sur significa llevar al mundo a una deriva total de decadencia antropológica y moral. Vamos hacia la destrucción de la humanidad!”


El Cardenal Robert Sarah* escribió el prólogo al libro de Marguerite A. Peeters, Il Gender, Una questione politica e culturale, publicado recientemente en Italia.
Si el libro es importante, también lo son las palabras del Cardenal Sarah, que con su claridad perforan el velo de ambigüedad y de hipocresía que rodea a la “perspectiva de género” incluso, por desgracia, en sectores del mundo católico. Por eso reproducimos algunos de sus párrafos.

Imponer el género es un crimen contra la humanidad

Il Gender, Una questione politica e culturaleDice el cardenal: “(…) De acuerdo con la ideología de género, no hay diferencia ontológica entre el hombre y la mujer. La identidad del hombre o mujer no es inherente a la naturaleza, sólo se atribuiría a la cultura: sería el resultado de una construcción social, un papel que los individuos interpretan a través de tareas y funciones sociales. Según su teoría, el género es performativo, y las diferencias entre los hombres y las mujeres son las regulaciones opresivas, los estereotipos culturales y las construcciones sociales, que se deben desconstruir para lograr la igualdad entre hombres y mujeres.
En nombre de la libertad y la igualdad, las batallas ideológicas de género obedecen a necesidades individualistas y subjetivistas que tienen como objetivo organizar la sociedad sin tener en cuenta la diferencia sexual. Los técnicos de esta teoría y el poderoso lobby que están luchando a favor de una falta de diferenciación de los sexos -que ellos llaman “la neutralidad sexual“-, forman un fluido magmático en el que se mezclan cosas confusamente abstractas y se pone en movimiento, como si se tratara de una nueva utopía “liberación del deseo“, portadora falsamente de una felicidad universal. Trabajan para desmantelar lo que ellos llaman el “sistema binario” hombre-mujer.
Como se puede ver, estamos ante una revolución que busca revocar el orden de la creación del hombre y la mujer, como Dios manda desde el principio en su designio de amor eterno. Llevada a cabo por parte de Occidente, esta revolución se desarrolla en una ausencia sutil, casi total de debate público. Las consecuencias son muy graves. No sólo se refieren a las ciencias médicas, las humanidades y sociales: las consecuencias destructivas podrían llegar a ser cada vez más evidentes en la vida concreta de la gente, de la persona y de la sociedad, dondequiera que vivamos.
El género consolida hoy sus cimientos y gana más terreno. Una forma diferente de considerar el matrimonio, la familia, el amor, la dignidad humana, los derechos y la sexualidad desde una perspectiva esencialmente subjetivista, están arraigados gradual y sólidamente en el Oeste, y tienden a expandirse en el resto del mundo. La teoría de género salta a un nivel superior, decisivo, convirtiéndose en la teoría queer.
Es decir, salta a un deseo generalizado de “desestabilización de la identidad y de lo institucional” porque la teoría queer, explica Marguerite A. Peeters, “no se detiene en la deconstrucción del sujeto: afecta principalmente a la deconstrucción del orden social. […] Se trata de sembrar la duda sobre las tendencias de orden sexual, para introducir la sospecha sobre las ‘restricciones de la heterosexualidad’, para cambiar la cultura“, para demoler las normas convencionales. (…)
Si los cambios subversivos promovidos por el género no dejan de expandirse, nuestra civilización podría perder el sentido de lo que la humanidad es, “no en beneficio de un mundo perfecto, sino en una caída hacia la barbarie” y el totalitarismo.
Lo que hace que la batalla aún sea más ardua y difícil es que la revolución cultural llega hoy, de manera significativa, para destruir el vínculo vital que debe existir entre el derecho y la verdad, lo correcto, lo bueno, lo justo, la centralidad de la persona humana en la sociedad. Los derechos humanos están ahora sujetos al procedimiento y las interpretaciones de los dictados del falso consenso. Una vez proclamadas, estas interpretaciones podrán ser citadas para adoptar convenciones internacionales, que se convierten en leyes, en los estados que son parte de esos tratados.
Son las reinterpretaciones decididas por presuntos consensos, por ejemplo, el acceso universal a la anticoncepción debe ser la prioridad del desarrollo; la maternidad es un estereotipo a desconstruir; cierta manipulación genética justifica el sacrificio de embriones; el aborto y la eutanasia debe ser liberalizados; las uniones homosexuales deben gozar de los mismos derechos de matrimonio. Este mismo gobierno global ejerce una fuerte presión sobre los estados para alinearlos con sus prioridades ideológicas, locuras flagrantes y escandalosas, que hacen caso omiso del bienestar de los países pobres y las culturas no occidentales.
“¿Los pobres no tienen derechos? ¡Son ellos y su desarrollo humano lo que debería ser el foco de la cooperación internacional! En contraste, la frase los “derechos de los homosexuales son derechos humanos y los derechos humanos son derechos de los homosexuales“, [Hillary Clinton], parece haberse convertido en el leitmotiv del discurso actual de la gobernabilidad global y, como consecuencia, se quiere cambiar la cultura de los pueblos a favor de la libre elección de la “orientación sexual“. Peor aún, en el mismo momento en que se utilizan los derechos humanos para imponer este tipo de proyecto ideológico, el secretario de la ONU, de una manera sorprendente, declara que “ninguna costumbre o tradición, ninguna creencia cultural o religiosa puede justificar el hecho de que un ser humano se le prive de sus derechos humanos“, [Ban Ki-moon].

¿Con qué derecho se sacrifican las culturas y la fe de los pobres en nombre de la homosexualidad, en nombre de los ídolos de la decadencia moral de Occidente? Se hace necesario, hoy, luchar con urgencia para conciliar el derecho con el matrimonio y la familia, que es un bien común de la humanidad. El matrimonio y la familia son anteriores al poder político, que éste tiene la obligación de respetarlos en su estructura humana universal.
En nombre de la ideología de género, reemplazan el matrimonio con las uniones civiles; redefinen las parejas, el matrimonio, la familia y la descendencia, para favorecer la homosexualidad y la transexualidad. Están perdiendo la humanidad, el sentido de la realidad y la razón de las cosas, y contribuyen a la creación de una cultura suicida. Es semánticamente incorrecto asignar a las parejas homosexuales la palabra “matrimonio” y “familia", que implican siempre el respeto de la diferencia sexual y la apertura a la procreación. La homosexualidad altera la vida conyugal y familiar. No puede ser una referencia educativa para los niños; les arruina profunda e irreversiblemente. Privar a un niño de un padre y una madre es una violencia inaceptable. (…) La homosexualidad, confrontándola con la vida conyugal y familiar, no tiene sentido. Recomendarla en nombre de los derechos del hombre es, cuando menos, nocivo. Imponerla es un crimen contra la humanidad.
Es inaceptable que los países occidentales y los organismos de las Naciones Unidas impongan a los países no occidentales la homosexualidad y toda su desviación moral, utilizando argumentos económicos para que revisen su legislación y que condicionen su asistencia al desarrollo a la aplicación de normas absurdas, subversivas, inhumanas y contrarias a la razón, al sentido de la realidad. ¡Promover la diversidad de la “orientación sexual” por África, Asia, Oceanía, América del Sur significa llevar al mundo a una deriva total de decadencia antropológica y moral. Vamos hacia la destrucción de la humanidad!
Los países occidentales se han acostumbrado a la inestabilidad de sus ideas y a la construcción de ideologías alienantes y fugaces como el marxismo y el nazismo. La exportación de sus ideologías a largo de la historia siempre ha causado un gran daño a la humanidad. El pensamiento africano no puede dejarse colonizar de nuevo. Después de la esclavitud y la colonización están tratando una vez más de humillar y destruir a África mediante la imposición de género. Es fundamental que los africanos no se priven de su sabiduría y de su perspectiva antropológica: el matrimonio y la familia, basados exclusivamente en la relación entre un hombre y una mujer. La filosofía africana proclama: el hombre no es nada sin la mujer, la mujer no es nada sin el hombre, y ambos son nada sin un tercer elemento que es un niño. Un niño es el regalo más grande y lo más precioso de Dios. Es la expresión más sublime del amor y la generosa fecundidad del don recíproco de los cónyuges.
Una gran batalla ha comenzado con poderosos medios subversivos (…). El efecto corrosivo del género, dice Marguerite A. Peeters, es tan eficaz en la consecución de sus objetivos que podría dar origen a un sentimiento de impotencia; incluso se sucumbe a la tentación de adoptar una actitud derrotista y a decir: en cualquier caso, la catástrofe está asegurada, dejemos que las cosas vayan como van. Pero Peeters nos dice: nosotros queremos participar en favor de la eterna vocación al amor del hombre y la mujer, a la comunión y a su complementariedad, no nos debemos dar por vencidos. (…)
El discernimiento es decisivo. Comienza con el realismo. Veamos las cosas a la distancia, pongamos la realidad actual en una perspectiva lo más amplia posible. Por un lado, hay que ser capaz de abrir los ojos a las realidades difíciles de nuestro tiempo y, por otro, mantengamos nuestros ojos fijos en el misterio de Dios. En lugar de encerrarnos en actitudes superficiales de la aceptación o el rechazo, despertemos y abrámonos a la luz trascendente de la gracia. Hay que “volver a la fuente, volver a la casa del Padre” y mantener la confianza en la presencia efectiva de Dios en la historia, una presencia que pasa por nuestra cooperación activa y el despertar de las conciencias (…)”. FIN, 16-02-15.
*El Cardenal Robert Sarah, es de Guinea, arzobispo emérito de Conakri, fue nombrado, el pasado 24 de noviembre, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

jueves, 25 de diciembre de 2014

Los miembros de la Curia deberian leerse mas a menudo el Evangelio en clave de revisión de vida.

A cuenta de lo ocurrido con la curia en estas navidades el Papa para hacer una buena reforma deberia nombrar por cinco años y después devolver a cada curial a cura de pueblo y asi tambien en los obispados. Acabar ya con la carrera eclesiástica. Así acabaría con el carrerismo que tanto critica, de forma muy acertada, pero poco practica.

Curiosa la entrevista y al mismo tiempo iluminadora de los males de la Iglesia, que tan acertadamente ha resaltado el papa francisco, la del  cardenal Gionvanni Lajolo, el cual  no sale todavía del estupor que le produjo el discurso de Navidad del Papa Francisco. "Francamente, no había sucedido nada parecido nunca antes", le dijo al diario italiano La Stampa.
Lajolo fue canciller del Vaticano y añoró los encuentros protocolares de fin de año. "Antes, siempre -dijo-  el intercambio de felicitaciones navideñas entre el Papa y la Curia romana es una ocasión protocolar”, para “hacer repaso del año” y sigue un “esquema preciso”, indicó el purpurado y diplomático que durante muchos años ha ocupado algunas de las más importantes oficinas de la Santa Sede.
 “Es la primera vez que sucede: nunca un Papa nos había descrito a nosotros, los curiales, un catálogo de patologías sobre las que reflexionar”, analizó, todavía sin poder salir del asombro, en su diálogo con el periodista Giacomo Galeazzi.
El purpurado consideró:  “Los siete vicios capitales están en cada uno de nosotros. También el Papa se define a sí mismo pecador y pide continuamente que recemos por él. Y si él es pecador, figurate nosotros. Los escándalos existirán mientras exista el mundo. Lo dice el Evangelio: es necesario que los escándalos sucedan pero cuidado con aquellos que los provocan. Es palabra de Cristo, para nosotros incustionable”.

 “Otros años en esta ocasión en general los Papas anteriores se limitaban a reevocar los hechos más relevantes del año, a hacer un repílogo de los principales eventos para la Iglesia universal y los puntos clave de su actividad apostólica. Por eso se podía esperar que Francisco hablase de los viajes en Tierra Santa y en Turquía, y sin embargo, no ha dicho ni una palabra. Quizá haga referencia a éstos en el discurso a los embajadores en el Vaticano”.
Indicó, asimismo, que  “es un deber de los superiores de la curia hacer en modo que estas cosas no sucedan. Y como principal responsable, el Papa es el primera persona que se tiene que ocupar. La reforma de las instituciones es necesaria pero sirve también la conversión de los corazones. La Iglesia va siempre reformada, sobre todo la Curia en la cual confluyen tensiones y problemas de todas las Iglesias locales del planeta”.
Y finalizó:  “Es útil que las estructuras eclesiásticas se conviertan en algo más simple y eficiente, pero dentro están los hombres cuyo corazón está lleno de confusión. Creo que es más actual que nunca la pregunta del histórico romano Tácito: ¿para qué sirven las buenas leyes si no existen las buenas costumbres?. Las conductas honestas no se establecen por ley. Francisco nos exhorta a reflexionar atentamente sobre nuestros comportamientos y nuestras debilidades, pensando al mal que se hace. Comenzando por los chismes y las habladurías que matan, envenenan el clima”.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El Papa emérito Benedicto XVI corrige un texto suyo de 1972 para reafirmar la imposibilidad de dar la comunión a divorciados vueltos a casar.

(Sandro Magister/Chiesa.espresso) En la Opera Omnia Ratzinger está volviendo a publicar – con la ayuda del prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, Gerhard Ludwig Müller – todos sus escritos teológicos, agrupados por tema. En el último de los nueve volúmenes publicados hasta ahora en alemán, de casi 1000 páginas y titulado «Introducción al cristianismo. Profesión, bautismo, seguimiento» ha encontrado su lugar un artículo de 1972 sobre la cuestión de la indisolubilidad del matrimonio, publicado ese año en Alemania en un libro escrito por varios autores sobre matrimonio y divorcio.

Ese artículo de Ratzinger de 1972 fue desempolvado el mes de febrero pasado por el cardenal Walter Kasper en el informe con el que introdujo el consistorio de los cardenales convocado por el papa Francisco para debatir sobre el tema de la familia, en vista del sínodo de los obispos programado para octubre.
Apoyando la admisión a la comunión eucarística de los divorciados que se han vuelto a casar, Kasper dijo:

«La Iglesia de los orígenes nos da una indicación que puede servir, a la que ya hizo mención el profesor Joseph Ratzinger en 1972. […] Ratzinger sugirió retomar de manera nueva la posición de Basilio. Parecería una solución apropiada, que está también en la base de mis reflexiones». Efectivamente, en ese artículo de 1972, el entonces profesor de teología de Ratisbona, que contaba cuarenta y cinco años de edad, sostenía que dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, en condiciones particulares, parecía estar «plenamente en línea con la tradición de la Iglesia» y en particular con «ese tipo de indulgencia que surge en Basilio donde, después de un periodo continuo de penitencia, al 'digamus' (es decir, a quien vive en un segundo matrimonio) se le concede la comunión sin la anulación del segundo matrimonio: con la confianza en la misericordia de Dios, que no deja sin respuesta la penitencia».

Defendió la fe de la Iglesia como cardenal y Papa

En ese artículo de 1972 fue la primera y la última vez que Ratzinger se «abrió» a la comunión a los divorciados y vueltos a casar. De facto, seguidamente no sólo se adhirió en pleno a la posición de prohibición de la comunión, reafirmada por el magisterio de la Iglesia durante el pontificado de san Juan Pablo II, sino que contribuyó de manera determinante, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, también a la argumentación de dicha prohibición.
Contribuyó sobre todo firmando la carta a los obispos del 14 de septiembre de 1994, con la cual la Santa Sede rechazaba las tesis favorables a la comunión a los divorciados vueltos a casar sostenidas en los años precedentes por algunos obispos alemanes, entre ellos Kasper.
Y, seguidamente, con un texto de 1998 publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y vuelto a publicar por «L'Osservatore Romano» el 30 de noviembre de 2011: La pastoral del matrimonio debe fundarse en la verdad
Sin contar que sucesivamente, como Papa, volvió a confirmar y motivó varias veces la prohibición de la comunión en el marco de la pastoral para los divorciados vueltos a casar.

Desautorización al cardenal Kasper

Por consiguiente, no es causa de asombro que Ratzinger haya considerado inapropiada la cita que de su artículo de 1972 hizo el pasado febrero el cardenal Kasper para apoyar sus tesis, como si nada hubiera sucedido después de ese año.
De aquí la decisión tomada por Ratzinger, al volver a publicar su artículo de 1972 en la Opera Omnia, de reescribir y ampliar la parte final del mismo, alineándola con su pensamiento sucesivo y actual.
En el siguiente enlace pueden leer la traducción de la nueva parte final del artículo, tal como aparece en el volumen de la Opera Omnia, desde hace poco en las librerías, entregado a la imprenta por el Papa emérito Benedicto XVI en marzo de 2014. En la reedición de 2014 se precisa que «la contribución ha sido totalmente revisada por el autor».
Nuevo final del artículo de 1972, redactado de nuevo por Joseph Ratzinger en 2014

martes, 4 de noviembre de 2014

«La Iglesia, ni antes, ni durante, ni después del Sínodo puede cambiar lo que viene de la enseñanza de Cristo».

«La Iglesia, ni antes, ni durante, ni después del Sínodo puede cambiar lo que viene de la enseñanza de Cristo». Nasz Dziennik, uno de los más importantes medios de comunicación polacos, ha realizado una extensa entrevista con el cardenal Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe. El cardenal habla abiertamente acerca de la influencia nociva sobre el Sínodo y confirma que la enseñanza de la Iglesia sobre la sagrada Comunión para los «vueltos a casar» civilmente está absolutamente prohibida, por ser contrario al Evangelio. Asímismo, añade, todos y cada uno de los actos homosexuales, contrarios a la naturaleza, son un grave pecado. Y lanza una advertencia: hay «obispos, que se han permitido ser cegados, de alguna manera, por una sociedad secularizada».

(Witness For Church/InfoCatólica) El cardenal Müller ha abordado diversas cuestiones en la entrevista
Leyendo las palabras de Muller, y previamente leyendo las declaraciones de otros cardenales y obispos, mi pregunta es, ¿como es posible que haya cardenales y obispos que hagan declaraciones tan radicalmente diferentes, si ambos son pastores de la misma iglesia? ¿Cómo es posible que los que nos tienen que pastorear, a nosotros su rebaño, tenga posturas tan radicalmente diferentes en temas tan fundamentales de nuestra fe? ¿La fe de la iglesia no es una sola? ¿una sola fe, un solo magisterio? ¿Por que esta pasando todo esto en la iglesia? ¿Por que se empiezan a discutir cosas fundamentales? ¿Quien promueve todo esto? ¿Por que se permite? ¿Con que intención?. 
Y el Papa, porque claro con otro Papa muchos obispos no dirían, ni harían lo que dicen y hacen.
 Aclarémonos cuanto antes y no creemos falsas expectativas a los fieles.

Sobre los medios de comunicación

Desafortunadamente, en las sociedades modernas, diversos medios, organizaciones internacionales e incluso gobiernos de varios países, están intentando sembrar confusión en la mente de la gente. En muchos países, las relaciones están destruidas, y esto también se aplica al modelo cristiano de matrimonio y familia. La verdad sobre el matrimonio y la familia es relativizada. Estas tendencias, por desgracia , han entrado, de alguna manera, dentro de la Iglesia y los obispos, a los cuales los medios de comunicación intentan presionar... Nosotros tenemos a Cristo y al Evangelio. Este es nuestro punto de referencia, el fundamento de la única y adecuada enseñanza de la Iglesia...

Sobre el matrimonio

Hay un montón de medios pero sólo hay un mediador, que es Jesucristo y su Evangelio. Por lo tanto, la palabra de Dios no puede ser ignorada de ninguna manera y no se puede ceder en ninguna parte. Se debe aceptar totalmente. La Iglesia, ni antes, ni durante, ni después del Sínodo puede cambiar lo que viene de la enseñanza de Cristo. Respecto al matrimonio, éste está definido, ante todo, por las palabras: «lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Sobre la homosexualidad

Hay algunas voces que después del Sínodo de la Iglesia introdujeron el «camino para una nueva apertura a los homosexuales». ¿Suena esto como si la Iglesia fuera a dejar de calificar los actos homosexuales como pecado y de condenarlos?
Por supuesto, para la Iglesia, el punto de partida de las relaciones siempre es el amor, de un hombre para con una mujer y de una mujer para con un hombre. La Iglesia se centra en esta relación y en ella construye su doctrina social, incluyendo la doctrina moral, lo cual abarca toda la ciencia de la sexualidad humana. Hay situaciones en las que una persona orienta su sexualidad hacia una persona del mismo sexo. Y esta tendencia en sí misma no es un asunto primordial para la Iglesia.
El catecismo de la Iglesia católica enseña que «las personas homosexuales están llamadas a la castidad». El papa Francisco dice que él no intenta crear una nueva doctrina de la Iglesia, pero está intentando mostrar que nadie que se ha equivocado y tenga una tendencia homosexual es juzgado por la Iglesia. Nadie está intentando aislar a estas personas; aún son totalmente personas. Pero hay que decir con claridad que la Iglesia ha juzgado negativamente los actos homosexuales. ¡Tomar parte de un acto homosexual no es aceptable! Y la Iglesia nunca abandonará esa valoración. Son contrarios a la ley natural y es un pecado.

Sobre los obispos

Desafortunadamente, hay representantes de la Iglesia, e incluso obispos, que se han permitido ser cegados, de alguna manera, por una sociedad secularizada, la cual les ha influenciado tanto que les ha hecho perderse el meollo de la cuestión o los ha sacado de las enseñanzas de la Iglesia basadas en la Revelación.
Ellos empiezan a pensar a cerca de las diferentes posibilidades, si es o sería posible, olvidando el fundamento... quizás sugiriendo algunas soluciones cuestionables en algún asunto comprometido, en situaciones difíciles en las que la gente se puede encontrar, quizás guiados por el deseo de ayudar a otro ser humano...
Todo está bien pero siempre se debe recordar que hay una agenda para nosotros, la agenda de la Iglesia, la cual está basada en la Revelación de Dios comunicada por Jesucristo. Y esto es realmente lo que es más importante para nosotros, si esto se pierde, se pierde todo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

El Evangelio no es un museo, no es un código penal, no es un código de doctrinas y mandamientos. Es una realidad viviente en la Iglesia.

El Mundo
Una semana antes del sínodo de la familia, el influyente cardenal alemán, cercano al Papa y que promueve la comunión de los divorciados, dijo que hay miedo a un "debate abierto"
Por   | LA NACION
"El Evangelio no es un museo, no es un código penal, no es un código de doctrinas y mandamientos. Es una realidad viviente en la Iglesia y nosotros tenemos que caminar con todo el pueblo de Dios y ver cuáles son sus necesidades. Algunos cardenales temen que haya un efecto dominó y que, si se cambia un punto, todo colapse."
Cuando falta una semana para el comienzo del sínodo extraordinario de obispos sobre los desafíos de la familia, marcado al rojo vivo por la cuestión de los divorciados vueltos a casar, el cardenal alemán Walter Kasper, favorable a una apertura, dijo en una entrevista con la nacion que "hay miedo a un debate abierto". Y subrayó que, si bien "la doctrina no puede cambiar, la disciplina sí puede".
Kasper es un teólogo de gran prestigio internacional y muy cercano a Francisco, que en su primer Angelus elogió el libro sobre la misericordia que escribió y que le había regalado durante el cónclave. Recientemente fue atacado por un grupo de cardenales conservadores que, en un libro que significativamente sale a la venta el 1° de octubre (titulado Permanecer en la verdad de Cristo. Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica), rechazan en forma tajante su apertura hacia los divorciados vueltos a casar. Según Kasper, después de un camino penitencial, bajo la supervisión de un sacerdote y luego de su absolución, éstos podrían ser readmitidos a la comunión.
Durante la entrevista en un departamento lleno de libros del Vaticano, Kasper, presidente emérito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad Cristiana, lamentó que, debido al revuelo sobre este tema, se haya reducido el sínodo a la cuestión de los divorciados vueltos a casar. "Ése es un problema, pero no el único. La agenda del sínodo es mucho más amplia y tiene que ver con los desafíos pastorales de la vida de la familia de hoy. Algunos medios dicen que habrá un gran avance y empezaron una campaña para eso. Yo también espero que haya una apertura responsable, pero es una cuestión abierta, que deberá ser decidida por el sínodo. Pero hay que ser prudentes, porque si después no sucede, la reacción será de gran desilusión".
-Algunos cardenales y obispos parecen asustados ante esa posibilidad y la rechazan incluso antes del comienzo del sínodo. ¿Por qué cree que hay tanto miedo a una evolución de la disciplina de la Iglesia?
-Creo que temen un efecto dominó, que si uno cambia un punto, todo colapse. Ése es su miedo. Todo esto se vincula con la ideología, una interpretación ideológica del Evangelio, pero el Evangelio no es un código penal. Como el Papa dijo en la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium", citando a Santo Tomás de Aquino, el Evangelio es una gracia del Espíritu Santo que se manifiesta en la fe que obra por el amor. Ésa es una interpretación distinta. No es un museo. Es una realidad viviente en la Iglesia y nosotros tenemos que caminar con todo el pueblo de Dios y ver cuáles son sus necesidades. Luego, debemos hacer un discernimiento a la luz del Evangelio, que no es un código de doctrinas y mandamientos. No podemos simplemente tomar una frase del Evangelio de Jesús y de ahí deducirlo todo. Hace falta una hermenéutica para entender todo el mensaje del Evangelio y luego diferenciar qué es doctrina y qué disciplina. La disciplina puede cambiar. Por eso me parece que acá tenemos un fundamentalismo teológico que no es católico.
-¿Usted dice entonces que no se puede cambiar la doctrina, pero sí la disciplina?
-La doctrina no puede cambiar. Nadie niega la indisolubilidad del matrimonio. Pero la disciplina sí puede cambiar y ya ha cambiado varias veces, como vemos en la historia de la Iglesia.
-¿Cómo se sintió cuando se enteró de que se estaba por publicar un libro de cinco cardenales que atacan su postura?
-Todo el mundo es libre de expresar su opinión, no es un problema para mí. El Papa quería un debate abierto, y creo que esto es una novedad y es algo sano que ayuda mucho a la Iglesia.
-¿Hay miedo entre algunos cardenales porque, como dijo el Papa, hay una construcción moral que podría colapsar como un castillo de naipes?
-¡Sí, es una ideología, no es el Evangelio!
-¿Hay miedo a una discusión abierta en el sínodo?
-Sí, porque temen que todo pueda colapsar. Pero, primero de todo, vivimos en una sociedad abierta y plural, y es bueno para la Iglesia que haya una discusión abierta, como tuvimos en el Concilio Vaticano II (1962-65). También es bueno para la imagen de la Iglesia, porque una Iglesia cerrada no es una Iglesia sana. Por otra parte, cuando debatimos sobre matrimonio y familia, debemos escuchar a la gente que vive esta realidad. Hay un sensus fidelium [el sentido de los fieles]. No puede ser decidido sólo desde arriba, desde la jerarquía de la Iglesia, y especialmente no se pueden citar viejos textos del último siglo, hay que observar la situación de hoy, hacer un discernimiento del espíritu y llegar a resultados concretos. Yo pienso que ésta es la aproximación del Papa, mientras que muchos otros parten de la doctrina y usan después un método más deductivo.
-En una entrevista con un medio italiano usted dijo que el blanco verdadero de los ataques de los cinco cardenales conservadores no es usted, sino el Papa...
-Quizá fui imprudente. Pero mucha gente lo está diciendo, se puede oír en la calle todos los días. No quiero juzgar a nadie, pero es obvio que hay gente que no está totalmente de acuerdo con este papa, algo que no es nuevo y ya sucedió durante el Concilio Vaticano II, cuando muchos estaban en contra al aggiornamento de Juan XXIII y Pablo VI.
-Muchos analistas piensan que no es una coincidencia que este libro salga justo en vísperas del sínodo...
-Sí, es un problema. No recuerdo una situación semejante, en la que de forma tan organizada cinco cardenales escribieran semejante libro. Es como se manejan los políticos, pero creo que en la Iglesia no deberíamos portarnos así.
-¿Qué espera del sínodo?
-Creo que mucho depende de cómo el mismo Papa abrirá el sínodo. Él no puede darnos una solución al principio, pero sí una perspectiva, una dirección. Espero que haya una discusión serena y amistosa de todos los problemas vinculados a la familia, no sólo uno. Y creo que lograremos un gran consenso, como tuvimos en el Concilio Vaticano II.
-En los últimos días, el Papa habló varias veces de la misericordia, dijo que hay que captar los "signos de los tiempos", que los pastores deben estar cerca de la gente, por lo que parece muy claro qué es lo que quiere...
Sí, leer los signos de los tiempos fue fundamental durante el Concilio Vaticano II. No puedo imaginarme que la mayoría del sínodo en este punto pueda oponerse al Papa.
-Sobre la cuestión de los divorciados vueltos a casar: ¿la comunión es un premio para quien es perfecto o es una ayuda al pecador?
-La comunión tiene un efecto sanador. Y especialmente la gente que vive en situaciones difíciles necesita la ayuda de la gracia y necesita los sacramentos.
-Otra solución sería anular en forma más rápida los matrimonios.
-Hay situaciones en las que la anulación es posible. Pero tome el caso de una pareja con diez años de matrimonio, con chicos, que en los primeros años tuvo un matrimonio feliz, pero por diversas razones fracasa. Este matrimonio era una realidad y decir que era canónicamente nulo no tiene sentido.

Un teólogo progresista

Walter Kasper
Cardenal
Edad: 81 años
Origen: Alemania

  • Creado cardenal por Juan Pablo II, Kasper es presidente emérito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
  • El cardenal le regaló a Bergoglio su libro Misericordia antes del cónclave en el que fue elegido papa. Francisco lo citó en su primer Angelus
  • De tendencia progresista, es autor de numerosas publicaciones y goza de un gran prestigio como teólogo a nivel internacional
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martes, 21 de octubre de 2014

La democracia entra a formar parte de la formulación doctrinal de la Iglesia. ¿La doctrina de la Iglesia es democratica?.

El arzobispo rector de la UCA acusa a prelados «fanáticos» de usar un tono agresivo, irritado y amenazante

El arzobispo Víctor Manuel Fernández, rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), que participó de la redacción tanto del mensaje final como de la Relatio Synodi de la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Familia, que concluyó el domingo en el Vaticano, destacó que «ésta fue sólo una etapa en el camino, y la mayoría siente que se ha dado un gran paso, que se ha inaugurado un nuevo modo de encarar los temas, con libertad y claridad». El prelado acusar a cardenales participantes en el Sínodo de usar un tono «agresivo, irritado, amenazante, no sólo dentro del aula del sínodo, sino en los pasillos».

(Aica/La Nación) El prelado rechazó que pueda considerarse «una derrota» del Papa, como interpretaron algunos, que no se haya obtenido consenso sobre tres puntos de los 62 de la Relatio Synodi, precisamente los que referían a los homosexuales y a los divorciados en nueva unión.
«Lo que el Papa espera es una mayor apertura pastoral de ministros con olor a oveja, capaces de sufrir con la gente», precisó en una entrevista del diario La Nación.

Éste fue su primer sínodo: ¿qué es lo que más lo impactó?

Me impactó poder discutir con gente de todo el mundo. A mi lado se sentaba el presidente de la Conferencia Episcopal de la India y del otro lado, el de Vietnam. Salí muy enriquecido, y creo que ahora puedo encarar distintos asuntos con una riqueza de perspectivas mucho mayor. También me impactó que el Papa nos rogara hablar con plena sinceridad y claridad sin tenerle miedo «a nadie». Me deslumbró su paciencia para estar varios días sentado de la mañana a la noche escuchando atentamente a todos. Mientras alguno roncaba y otros se quejaban del dolor de espalda, él miraba, sonreía, anotaba. Los obispos que participaron en sínodos anteriores están felices, porque dicen que durante estos días se ha podido discutir con los pies sobre la tierra y se han puesto sobre la mesa cuestiones que en los últimos años no se planteaban de manera muy directa. Nadie se privó de hablar de las dificultades concretas que hay en los distintos lugares para vivir todo lo que la Iglesia enseña.

¿Se esperaba que hubiera tanta división respecto de la cuestión de los divorciados vueltos a casar?

En realidad yo pensaba que este tema ni siquiera se iba a tratar, o que sólo se lo iba a mencionar de paso, porque había muchos otros asuntos que nos preocupaban más. Lo llamativo es que la posibilidad de que algunos divorciados vueltos a casar pudieran comulgar fuera planteada por muchos obispos. Yo no hablaría de división, porque quienes lo plantearon lo hicieron con mucha prudencia, dejando bien clara la indisolubilidad matrimonial, y quienes se oponían lo hacían pensando en el bien de las familias y de los hijos. Sólo había un grupo de seis o siete muy fanáticos y algo agresivos, que no representaban ni el 5% del total.

¿Cómo explica la marcha atrás que hubo en el tema de los homosexuales, que en el borrador tenían «cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana» y que en el documento final dice que deben ser acogidos «con respeto y delicadeza», en un párrafo que no alcanzó el quórum necesario?

-En realidad, después del trabajo de los círculos menores, parecía que el consenso estaba en no tratar este tema ahora, porque lo que interesaban eran las cuestiones más directamente relacionadas con la familia y habría muchas otras cuestiones igualmente importantes que no había tiempo de tratar. Por eso, en el documento final quedó sólo un breve párrafo que rechaza la discriminación. El hecho de que ese breve párrafo no haya logrado los dos tercios no se explica por un voto negativo de sectores muy conservadores, sino también por un voto negativo de algunos obispos más sensibles al tema que no quedaron conformes con lo poco que se dijo. En cambio, alcanzó los dos tercios el párrafo que rechaza las presiones internacionales sobre los países pobres para que tengan una ley de matrimonio homosexual. ¿Por qué? Aquí pesó la experiencia africana, ya que los obispos africanos narraban que en varios de sus países quienes se declaran homosexuales son impunemente torturados, asesinados o encarcelados, y sin embargo los gobiernos, por las presiones internacionales, sólo se preocupan por tener una ley de matrimonio homosexual. Quizá nos habría faltado decir, al menos, con el papa Francisco: «¿Quiénes somos nosotros para juzgar a los gays?». Muchas cosas podrían haber madurado mejor con más tiempo, pero se dio una fuerte prioridad a la escucha mutua, pensando que ésta era sólo una primera etapa exploratoria.

Hay sectores que definen el sínodo como «una derrota» para Francisco justamente porque no tuvieron la mayoría necesaria requerida para ese párrafo y otros dos párrafos sobre los divorciados vueltos a casar, aunque sí tuvieron mayoría absoluta. ¿Usted qué opina?

De ninguna manera es una derrota. Lo que el Papa espera es una mayor apertura pastoral de ministros «con olor a oveja», capaces de sufrir con la gente. Él nunca propuso una solución concreta, pero aceptó que el tema se planteara y se buscara una solución. Además, si tenemos en cuenta que los párrafos sobre los divorciados vueltos a casar tuvieron un 60% de votos a favor, eso no es una derrota. Pocos años atrás eso era impensable, y yo mismo me sorprendí por ese nivel de aprobación. Dado que esos párrafos representan a más de la mitad, el Papa pidió que sigan siendo parte del documento que se discutirá a partir de ahora. Es decir, tengamos claro que no serán retirados, aunque no hayan alcanzado los dos tercios de los votos. Nadie quiere negar la indisolubilidad del matrimonio y a todos nos interesa alentar a los matrimonios a ser fieles, a superar sus crisis, a volver a comenzar una y otra vez, pensando especialmente en el sufrimiento de los hijos. Pero muchos han insistido en las segundas uniones que llevan muchos años, que viven con generosidad y que han tenido hijos. La mayoría considera que sería cruel pedirles que se separen, provocando un sufrimiento injusto a los hijos. Por eso seguimos pensando en la posibilidad de que puedan comulgar, teniendo en cuenta que, como enseña el Catecismo, donde hay un condicionamiento que la persona no puede superar su responsabilidad está limitada. Sin embargo, es un tema que debe ser mejor profundizado, y no conviene apresurarse. No hay que olvidar, por otra parte, que el Mensaje del Sínodo asume que en esta primera etapa se comenzó a reflexionar «sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión». Si bien la minoría más dura pedía que esto no se mencionara en el mensaje, para cerrar el tema, ese pedido no fue escuchado y el 95% de los miembros aprobó el mensaje.

Comenzó un proceso que culminará después de otro sínodo en 2015. Como bien explicó usted, para el Papa «el tiempo es superior al espacio». Pero el sínodo también dejó claro que hay un grupo, minoritario pero compacto, que se resiste a la idea de una Iglesia que no excluye a nadie. ¿Quedó preocupado?

Por un lado quedé contento. Hay avances reales. Todos salimos con una conciencia mucho más clara y profunda de la gran complejidad de las problemáticas matrimoniales y familiares. Eso ayudó a no usar expresiones agresivas que en la Iglesia eran muy comunes hasta hace pocos años, expresiones que tenían que ver con teorías que no se encarnaban en la realidad concreta de la gente. Por otra parte, quedé insatisfecho. Yo habría deseado más avances en otros temas que preocupan a las familias, y que considero más importantes que el de los divorciados en nueva unión. No sería correcto reducir este sínodo a dos temas llamativos. También se habló mucho sobre la dignidad de la mujer y sobre las distintas formas en que son objeto de discriminación, de violencia y de injusticia. Se habló de los problemas de los jóvenes, de la desocupación, de la educación, etc. Pero ésta fue sólo una etapa en el camino, y la mayoría siente que se ha dado un gran paso, que se ha inaugurado un nuevo modo de encarar los temas, con libertad y claridad. Por eso, más allá de los resultados, se ha abierto para la Iglesia una nueva etapa.

¿Qué les diría a quienes critican a Francisco porque con este sínodo se abrió una «caja de Pandora»?

Que si no se abre la «caja de Pandora» lo que se hace es esconder la mugre debajo de la alfombra, meter la cabeza en un hueco como las avestruces, alejarnos cada vez más de la sensibilidad de nuestra gente y quedarnos contentos porque un pequeño grupo nos felicita. Hay que reconocer que varios obispos -y me incluyo- estamos muy detrás, lejos de la sabiduría pastoral, de la visión y de la generosidad del papa Francisco.

¿Pudo percibir hostilidad de la curia hacia el Papa, visto que varios prelados (Gerhard Muller, George Pell, Marc Ouellet, Leo Burke), fueron líderes de un sector conservador que públicamente habló en contra de las aperturas?

No me preocupó lo que dijeron. Algunos de ellos se expresaron con solidez y con preocupaciones sinceras por cuestiones que no pueden ser descuidadas. En otros, aunque son muy pocos, me preocupó el tono: agresivo, irritado, amenazante, no sólo dentro del aula del sínodo, sino en los pasillos y por la calle. Repito: eran muy pocos. Pero allí estaba el Papa, sereno y atento, asegurando la libertad de expresión y garantizando que nadie se pasara de la raya. Era verdaderamente la figura del padre bueno y firme, que asegura que todos sus hijos, también el más débil, puedan expresar su punto de vista y sean respetados

lunes, 24 de febrero de 2014

"la escucha del Espíritu Santo vivifica la Iglesia y el alma".

Primera Misa en San Pedro con los nuevos cardenales

(Aci) El papa Francisco indicó que en la Primera Lectura del día «ha resonado el llamamiento del Señor a su pueblo: ‘Sean santos, porque yo, su Señor Dios, soy santo’. Y Jesús, en el Evangelio, replica: ‘Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto’. Estas palabras nos interpelan a todos nosotros, discípulos del Señor; y hoy se dirigen especialmente a mí y a ustedes, queridos hermanos cardenales, sobre todo a los que ayer han entrado a formar parte del Colegio Cardenalicio».

Es la gracia la que nos hace santos

«Imitar la santidad y la perfección de Dios puede parecer una meta inalcanzable. Sin embargo, la Primera Lectura y el Evangelio sugieren ejemplos concretos de cómo el comportamiento de Dios puede convertirse en la regla de nuestras acciones. Pero recordemos, todos nosotros recordemos, que, sin el Espíritu Santo, nuestro esfuerzo sería vano».
La santidad cristiana, precisó el Papa, «no es en primer término un logro nuestro, sino fruto de la docilidad – querida y cultivada – al Espíritu del Dios, tres veces Santo».
«El Levítico dice: ‘No odiarás de corazón a tu hermano... No te vengarás, ni guardarás rencor... sino que amarás a tu prójimo…'. Estas actitudes nacen de la santidad de Dios. Nosotros, sin embargo, somos tan diferentes, tan egoístas y orgullosos...; pero la bondad y la belleza de Dios nos atraen, y el Espíritu Santo nos puede purificar, nos puede transformar, nos puede modelar día a día».

La verdadera justicia

El Santo Padre señaló que hoy «Jesús nos habla en el Evangelio de la santidad, y nos explica la nueva ley, la suya. Lo hace mediante algunas antítesis entre la justicia imperfecta de los escribas y los fariseos y la más alta justicia del Reino de Dios».
«La primera antítesis del pasaje de hoy se refiere a la venganza. ‘Han oído que se les dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pues yo les digo: …si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra’. No sólo no se ha de devolver al otro el mal que nos ha hecho, sino que debemos de esforzarnos por hacer el bien con largueza».
La segunda antítesis, indicó el Santo Padre, «refiere a los enemigos: ‘Han oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo, en cambio, les digo: ‘Amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen’. A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo».

Evitar malos comportamientos

«El Cardenal, especialmente a ustedes se los digo, entra en la Iglesia de Roma, no en una corte. Evitemos todos y ayudémonos unos a otros a evitar hábitos y comportamientos cortesanos: intrigas, habladurías, camarillas, favoritismos, preferencias».
El papa Francisco les pidió a los Cardenales «que nuestro lenguaje sea el del Evangelio: ‘Sí, sí; no, no’; que nuestras actitudes sean las de las Bienaventuranzas, y nuestra senda la de la santidad. Pidamos nuevamente tu ayuda misericordiosa para que nos vuelva siempre atentos a la voz del Espíritu».
«El Espíritu Santo nos habla hoy por las palabras de san Pablo: ‘Son templo de Dios...; santo es el templo de Dios, que son ustedes’. En este templo, que somos nosotros, se celebra una liturgia existencial: la de la bondad, del perdón, del servicio; en una palabra, la liturgia del amor».
El Papa advirtió que «este templo nuestro resulta como profanado si descuidamos los deberes para con el prójimo. Cuando en nuestro corazón hay cabida para el más pequeño de nuestros hermanos, es el mismo Dios quien encuentra puesto».

Cristo vino a salvarnos del pecado

«Hermanos cardenales Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía. Para esto no era necesario que bajara delcielo y muriera en la cruz. Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino es la misericordia».
El Papa subrayó que «este camino que Él ha hecho y que cada día hace con nosotros. Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros».
«Queridos hermanos cardenales, el Señor Jesús y la Madre Iglesia nos piden testimoniar con mayor celo y ardor estas actitudes de santidad. Precisamente en este suplemento de entrega gratuita consiste la santidad de un cardenal».
Por tanto, pidió el Papa, «amemos a quienes nos contrarían; bendigamos a quien habla mal de nosotros; saludemos con una sonrisa al que tal vez no lo merece; no pretendamos hacernos valer, contrapongamos más bien la mansedumbre a la prepotencia; olvidemos las humillaciones recibidas».
«Dejémonos guiar siempre por el Espíritu de Cristo, que se sacrificó a sí mismo en la cruz, para que podamos ser ‘cauces’ por los que fluye su caridad. Ésta es la actitud, éste es el comportamiento de un cardenal».
«Cuando a ese hermano se le deja fuera, el que no es bien recibido es Dios mismo. Un corazón vacío de amor es como una iglesia desconsagrada, sustraída al servicio divino y destinada a otra cosa».

Unidad

Al finalizar su homilía, el Santo Padre pidió a los Cardenales que «permanezcamos unidos en Cristo y entre nosotros. Les pido su cercanía con la oración, el consejo, la colaboración».
«Y todos ustedes, obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y laicos, únanse en la invocación al Espíritu Santo, para que el Colegio de Cardenales tenga cada vez más ardor pastoral, esté más lleno de santidad, para servir al Evangelio y ayudar a la Iglesia a irradiar el amor de Cristo en el mundo», concluyó.

domingo, 9 de febrero de 2014

“Decir que el Vaticano no ha hecho nada para combatir los abusos a menores es terriblemente incorrecto".



John Allen
  “Decir que el Vaticano no ha hecho nada para combatir los abusos a menores es terriblemente incorrecto. Primero como cardenal y luego como Papa, Ratzinger hizo de todo para intervenir con firmeza, a pesar de que no todos los obispos católicos tomaran en serio sus directrices”. Lo afirma John Allen, vaticanista del New York Times, comentando el informe sobre la Iglesia católica publicado por la Comisión de la ONU para los derechos de los menores.

El documento es, en opinión de Allen, “fuertemente ideológico”, pide la expulsión inmediata de los responsables de los abusos, que deberían ser entregados a las autoridades civiles, y la apertura de los archivos sobre pedofilia. La ONU critica además a la Santa Sede por su posición sobre la homosexualidad, el aborto y la anticoncepción.

- ¿Verdaderamente puede decirse que la Iglesia ha intentado encubrir los escándalos?
- Antes aún de convertirse en Papa, Joseph Ratzinger hizo todo lo que pudo para preparar un proceso de reforma no solo en Europa sino en muchas otras partes del mundo. Sus enormes esfuerzos se dirigían a promover la protección de los niños. No hay duda de que aún hay mucho trabajo por hacer, no solo para luchar contra los abusos sino también para que los obispos sean llamados a responder de sus decisiones cuando no aplican los principios guía. Insinuar que la Santa Sede no ha hecho nada sería por tanto terriblemente incorrecto.

- ¿Es verdad que la Iglesia ha intentado cubrir a los que se veían manchados por casos de abusos?
- Ciertamente, en el pasado se dio esta tendencia, y la Santa Sede lo reconoció a partir de Benedicto XVI. La Iglesia hoy es muy diversa, y se está comprometiendo en una política de “tolerancia cero” contra los abusos. Hay que prestar mucha atención para que esta política sea aplicada de manera efectiva sobre el terreno.

- ¿Cómo se puede hacer?
- Los obispos deben asumir su responsabilidad cuando omiten el cumplimiento de su deber. La Iglesia necesita un mecanismo que regule que si un obispo recibe una denuncia por abusos a menores y no actúa, tendrá que pagar las consecuencias personalmente. Esta es la principal pieza que falta en el puzle.

- ¿Por qué el informe de la ONU llega justo ahora, en un momento en el que salen a la palestra ciertos escándalos?
- El debate sobre los abusos a menores vuelve a la palestra de manera cíclica, y hasta ahora no solo ha implicado al Vaticano sino a todos los Estados que se han adherido a la convención de la ONU. Entiendo por tanto que no hay ningún complot por parte de las Naciones Unidas contra la Santa Sede, pero el curso de las reformas sobre los abusos sexuales en la Iglesia no se ve favorecido por informes sesgados e ideológicos, como es el caso de este.

- ¿En qué sentido afirma que es un informe ideológico y sesgado?
- En una entrevista en Radio Vaticana, el obispo Tomasi lo ha afirmado con claridad. El informe pide que la Iglesia católica cambie su posición sobre el aborto, el matrimonio homosexual y el control de la natalidad. Me disgusta decirlo, pero eso tiene que ver más con una determinada ideología que con la protección de los menores.

- ¿Entiende que estos aspectos están ligados entre sí en cierto modo?
- No, entiendo que no existe ligazón alguna. La causa de la protección de los menores debería ser apoyada por todos indistintamente, conservadores o liberales, laicos o creyentes. Cualquiera debería estar de acuerdo con el hecho de que la defensa de los niños es una prioridad absoluta. Pero la ONU ha decidido mezclar las aguas relacionando el tema de los abusos con una batalla cultural partidista.


( Religion en Libertad, 8 febrero 2014). 

martes, 21 de enero de 2014

El arzobispo alemán Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. asegura que el Papa no ha dado la señal para una revolución en el Vaticano.


    

(AVAN/InfoCatólica) Según el prelado alemán, «una centralización exagerada de la administración no ayuda a la Iglesia sino que más bien impide su dinámica misional».

En las jornadas, en las que ha intervenido también el arzobispo de Valencia y Gran Canciller de la UCV, monseñor Carlos Osoro, Gerhard Ludwig Müller ha disertado sobre la colegialidad y ejercicio de la potestad suprema de la Iglesia en el marco de las XII Conversaciones de Derecho.

Saludable descentralización

Así, monseñor Müller ha recordado las palabras del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica «Evangelii Gaudium», que habla de una «saludable descentralización» en la Iglesia: «Un reajuste de independencia y colaboración de las Iglesias locales, de la colegialidad episcopal y del Primado del Papa nos permitirá no perder de vista la exigencia trascendental de la cuestión sobre Dios».

Para el prelado germano un ejercicio «reformado» del Primado también pertenece a la nueva evangelización. «Una Iglesia que sólo girase en torno a los propios problemas estructurales sería espantosamente anacrónica y ajena al mundo, pues en su ser y misión no es otra cosa que la Iglesia del Dios trinitario, origen y destino de cada hombre y de todo el universo», ha aducido.

Ni cambio de dirección ni revolución

Con el texto papal -ha puntualizado monseñor Müller-, «no se ha dado la señal para un cambio de dirección o una revolución en el Vaticano, en contraposición con interpretaciones superficiales». Según Müller, «lo que le interesa al Papa es una superación tanto del letargo y de la resignación ante la secularización extrema, como un final de las disputas debilitantes dentro de la Iglesia entre ideologías tradicionalistas y progresistas».

Unión dentro de la propia Iglesia

«La Evangelii Gaudium quiere reunificar interiormente a la Iglesia, para que el Pueblo de Dios, en su servicio misionero, no sea obstáculo a una humanidad necesitada de salvación y ayuda. Las guerras civiles, el terrorismo, la pobreza, la explotación, la situación de los refugiados, la drogadicción, el incremento de los suicidios, la adición a la pornografía en un 20% de la juventud, la crisis de sentido y la desorientación espiritual y moral de millones de personas…todas estas tragedias globales y cotidianas hacen que sobrevenga a la Iglesia de Dios la tarea trascendental de dar nuevamente esperanza a la humanidad», ha incidido.

La Iglesia Católica no es una federación de iglesias estatales

En opinión del nuevo cardenal, «tendencias separatistas y comportamientos prepotentes solo dañarían a la Iglesia». La revelación ha sido encomendada a la Iglesia «única y universal» para su fiel custodia, guiada por el Papa y los Obispos en comunión con él. «La Iglesia Católica es communio ecclesiarum y no una federación de Iglesias estatales o una alianza mundial de comunidades eclesiales confesionalmente emparentadas, que respetan por tradición humana al Obispo de Roma como presidente honorífico».

Así monseñor Müller ha manifestado que, aún siendo medios «indispensables», nación, idioma y cultura «no son principios constitutivos para la Iglesia, que testifica y realiza la unidad de los pueblos en Cristo».

«Las iglesias locales, como la Iglesia de Cristo, no son constituidas en absoluto por la voluntad asociacional de cada uno de los cristianos. Más bien es Cristo mismo, quien, mediante sus Apóstoles y los sucesores de éstos funda la Iglesia universal en y desde las Iglesias locales. Solo se puede hablar de Iglesia local, cuando ésta realiza visiblemente en el Obispo, sucesor de los Apóstoles, la unidad con las otras Iglesias locales y la unidad con el origen de la Iglesia en Cristo y los Apóstoles.

Primado y episcopado, esencia de la Iglesia

El arzobispo alemán ha aseverado que la unidad «fraternal» de los obispos de la Iglesia Universal «cum et sub Petro» se fundamenta en la «sacramentalidad» de la Iglesia, y con ello, en el derecho divino. «Solo a precio de una desacralización de la Iglesia podría realizarse una lucha de poder entre fuerzas centralistas y particularistas. Al final quedaría una Iglesia secularizada y politizada, que solo se diferenciaría en grado de una ONG. La invitación del Papa a una renovada percepción de la Colegialidad de los Obispos es lo contrario a una relativización del servicio que Cristo le ha encomendado de forma inmediata», ha añadido.

Para el Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe el Papa sugiere en «Evangelii Gaudium» una praxis «corregida, correspondiente a la civilización global y digitalizada de hoy». Aunque Primado y Episcopado pertenecen a la «esencia» de la Iglesia, las formas de su realización en la historia son necesariamente «diversas».

«La comunión y la misión son los dos elementos que constituyen a la comunidad de los discípulos de Jesús como signo e instrumento de unidad de los hombres con Dios y de unidad entre ellos mismos. Por tanto, la Iglesia es esencialmente una sola, como servidora y mediadora de esa unión. La Iglesia no es la posterior suma de los individuos en su relación autónoma e inmediata con Dios, sino que está ya unida con Cristo orgánicamente como el cuerpo con la cabeza», ha indicado.

Papel del obispo

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se ha referido también al papel de los obispos a dicho respecto: «En tanto que el colegio del obispo sirve a la unidad de la Iglesia, éste debe portar en sí mismo el principio de esa unidad. Por ello el obispo solo puede ser pastor de una Iglesia local y no el presidente de una federación de alianzas eclesiales regionales y continentales. Y su colegio no puede ser sólo un principio objetivo puro. En tanto que en la esencia interior del oficio episcopal se trata de un testimonio personal, el principio de la unidad del episcopado mismo se encarna en una persona».

Para monseñor Müller es «importante» interpretar el ministerio episcopal «como realidad sacramental en la Iglesia sacramental y no confundirlo con el servicio de un moderador de puras asociaciones humanas».

Finalmente, el arzobispo alemán ha recordado que la Iglesia «no es la Luz», ella solo puede dar testimonio «de la Luz que ilumina a cada hombre, Jesucristo» y que, «a pesar de todas las tormentas y vientos contrarios, la barquilla de Pedro debe volver a izar las velas de la alegría por Jesús, que está junto a nosotros».
   

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cardenal Meissner: «El Papa me respondió: los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar»

El prelado preguntó al Papa directamente sobre el tema

Cardenal Meissner: «El Papa me respondió: los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar»

El cardenal y arzobispo de Colonia, S.E.R Joachim Meissner, ha concedido una entrevista en la que explica el contenido de su último encuentro con el Papa. 

(Deutschlandfunk)
Jürgen Liminski: Parece que es un juego muy popular para la gente de los medios: sacudirle a la Iglesia. Los obispos en realidad lo podrían sobrellevar con tranquilidad, pero algunas encuestas les deben dar que pensar, por ejemplo la de Allensbach, según la cual dos tercios de los católicos están a favor de que a los divorciados se les permita casarse por la iglesia de nuevo. Y para hablar sobre éste y otros temas , doy la bienvenida al arzobispo de Colonia, cardenal Joachim Meissner. Buenos días, eminencia.
Cardenal Joachim Meissner : ¡Buenos días!
Su Eminencia, Navidad, ¿Qué es lo que va a predicar usted esta noche?
Esa es una buena pregunta. El tema del sermón de Navidad realmente no se puede elegir. El contenido de la fiesta de Navidad es tan abrumador, que el Dios eterno se ha convertido en uno de nosotros, un hombre, que no se puede predicar sobre nada más. Esto también alegra a la gente en última instancia, y también nos da una perspectiva real para el presente y el futuro de nuestra vida.
Este Dios nace en una familia. Los temas familia y matrimonio son actuales, el debate sobre la divorciados vueltos a casar parece dividir a la Iglesia en Alemania. ¿Cuál es su posición?
Querido señor Liminski, en todo momento, la Iglesia, especialmente los obispos junto con el Papa tiene el encargo de ejemplificar ante los hombres la obediencia a la Palabra de Dios. Los Obispos también comparten con el Papa el Magisterio. Pero siempre cum Petro et sub Petro, es decir, por debajo de Pedro y con Pedro. Así que cualquier disenso entre la enseñanza del Papa y el obispo es teóricamente inconcebible. Déjeme añadir algo más: Desde tiempos inmemoriales la Iglesia está convencida de que la unidad de Cristo con su Iglesia, que es su cuerpo, es normativa también para el matrimonio. Y el apóstol Pablo lo dice explícitamente: «El matrimonio es un misterio profundo. Yo lo refiero a Cristo y la Iglesia». Y Cristo dice entonces, lógicamente, que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. A esto no hay realmente nada más que añadir. Puede usted pensar tal vez que esto se lo lanzo como un disparo. Es que todos los días me veo confrontado con estas cuestiones y por eso su pregunta no era nueva para mí.
Esta no es la misma posición, idéntica, que la de su colega Zollitsch. Él llama a una mayor integración en la vida comunitaria, también una integración de las personas divorciadas. Y cree que en Roma también habría diferentes opiniones sobre esto. Así que la de la CDF, por tanto, no contaría más que las otras. ¿Entonces, qué es lo que tiene validez?
Sr. Liminski, escuche por una vez a un viejo obispo. En mi última visita al Papa Francisco pude hablar muy francamente con el Santo Padre sobre todos los temas. Y también le dije que cuando habla en forma de entrevistas y breves discursos se quedan algunas preguntas abiertas, que para los no iniciados deberían en realidad precisarse más. El Papa me miró fijamente y me dijo que le mencionara un ejemplo.
Y mi respuesta fue entonces que a su regreso de Río a Roma, mientras viajaba en el avión, se le mencionó el problema de los divorciados vueltos a casar. Entonces el Papa simplemente me respondió: «los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar. En la Iglesia Ortodoxa se pueden casar dos veces». Hasta ahí su declaración.
Luego habló de la misericordia que, sin embargo, a mi modo de ver, y así se lo dije, en este país siempre se interpreta como un sustituto de todas las posibles faltas del hombre. Y el Papa me respondió muy enérgico que era un hijo de la Iglesia Católica, y que él no dice otra cosa que lo que la Iglesia enseña. Y la misericordia debe ser idéntica a la verdad, de lo contrario no merece el nombre de la misericordia.
Y, por lo demás, él me dijo expresamente que cuando ciertas cuestiones teológicas se mantienen abiertas, entonces la importante Congregación para la Doctrina de la Fe está ahí, para aclarar y formular detalladamente. También debe pensar que antes del Concilio el propio Papa era el presidente de esta congregación, y ella es, en el orden curial, la que está en el primer puesto, ahora lo mismo que antes. No se puede hablar del Prefecto como si fuera un ciudadano particular, sólo porque él anteriormente fuera miembro de la Conferencia Episcopal (alemana).
Ahora el Papa ha iniciado una encuesta de opinión acerca de la familia y el matrimonio y la moral sexual de cara al Sínodo del próximo otoño. Y para Colonia ya hay resultados. Así se observa que en la población se van las cosas de modo diferente que en Roma. ¿No debería, debe, adaptarse la iglesia?
También dije con anterioridad que la Iglesia tiene que adaptarse a la Palabra de Dios y no a la opinión de la gente. Debemos, como Iglesia, conocer la opinión de la gente, para después proclamar la Palabra de Dios en función de esto. Pero adaptarse al modo que usted pregunta no es una categoría del Evangelio. Es sorprendente que, por ejemplo, la Iglesia Evangélica Luterana, con su documento de toma de posición sobre la temática de la sexualidad, se haya alineado totalmente con el llamado espíritu de los tiempos en los asuntos de la sexualidad. Y, ¿cómo se ve en la situación de la Iglesia Evangélica Luterana? He oído decir que los números de abandono de la iglesia luterana son ahí aún más altos que los nuestros. De manera que, en última instancia, este éxodo no puede deberse a la cuestión de la sexualidad.
El ZdK (comité central de los católicos alemanes) lo ve un poco diferente. El Presidente Glück aboga por adaptarse e integrar plenamente a los divorciados vueltos a casar, es decir, admitirles también a la Eucaristía. El ZdK quiere casarse con el espíritu de los tiempos, se podría decir. Ahí desertan unidades enteras de los ejércitos cristianos. ¿No tiene miedo del aislamiento?
Bueno, no conozco el miedo al aislamiento. En la escuela primaria, en Turingia, yo era el único chico católico. Y siempre estaba en medio y no me dejaba aislar. La misión del ZdK es hacer visible y efectivo el Evangelio en las dimensiones de lo secular, es decir, en el mundo. Y aquí, este gremio debe dejarse hacer realmente en serio la pregunta: ¿Se han mantenido fieles a su misión y la vocación?
¿Y formula usted, en este contexto, la pregunta de si yo he de temer un cierto aislamiento? Lo que yo tengo es auténtica preocupación por las personas que deforman a conveniencia su propia fe en lugar de aceptarla respetuosamente como el mismo Cristo nos la ha confiado. Esto no trae ninguna solución. En el siglo IV,a raíz de la herejía de los arrianos, se decía que de la noche a la mañana, la Iglesia se había vuelto arriana. Pero eso no quedó así. Se convirtió en católica de nuevo. Y por eso, por hostiles que sean los números, no me asustan. Debo decir que simplemente debemos preguntarnos lo que Dios quiere.
Y la Iglesia sabe desde hace 2.000 años que lo que Dios ha unido el hombre no lo puede separar. Otra cuestión diferente es la de si todos los matrimonios son realmente válidos. Si debería haber criterios nuevos que permitieran dictaminar si un matrimonio no ha tenido lugar realmente y no es válido. Pero esa es otra cuestión. Ahí no se trata de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Santa Comunión.
Su Eminencia, mañana cumple 80 años. ¿Presentará su renuncia al Papa o pedirá que deje que se jubile? La cuestión de la sucesión está abierta, y yo ni siquiera querría abrir este barril, a menos que tenga una preferencia que desee decirnos. Pero mirando hacia atrás, hacia los 25 años de Colonia se puede preguntar, ¿qué le ha impresionado más durante estos años de su tiempo obispado?
Voy a enfrentarme permanentemente con esas preguntas. Pero para empezar, todo lo referente a mi sucesor como arzobispo de Colonia lo llevo a mi oración personal diaria. Pero con la gente, incluso con mis colaboradores más cercanos, no hablo de ello. Así que comprenderá que, por supuesto, no voy a charlar de ello con usted, siendo periodista de Deutschlandfunk.
Pero lo que más me ha impresionado en estos 25 años de mi servicio como Arzobispo de Colonia es, con diferencia, la lealtad y fortaleza de la fe de nuestros sacerdotes que están dispuestos, en situaciones difíciles, a tomar sobre sí un nuevo concepto de la cura de almas, motivado por la escasez de vocaciones, y están recorriendo en esto un territorio inexplorado. Lo que me conmueve positivamente una y otra vez en nuestros sacerdotes, diáconos y miembros del personal que tiene a cargo el cuidado de las almas, es la fuerza de su fe y la alegría en la fe, a pesar de las permanentes noticias negativas de los medios, o como se han hecho escuchar aquí también, en su entrevista. Que no se resignen interiormente, eso es un milagro.
¿Tiene usted un deseo para la Navidad y el futuro?
Sí, de hecho varios deseos, pero mi deseo principal para la Navidad y el futuro es que el gozo de Dios –que es nuestra fuerza, como el Santo Padre subrayó en su carta apostólica–, que el gozo de Dios nos ayude de manera efectiva a la remodelación del mundo. Y esa es la única fuerza que bastará para que la Iglesia cumpla su misión, aunque contemos con menos impuestos eclesiásticos, o lo que sea. Y no sólo a duras penas, sino incluso también con un poco de pompa y circunstancia.
Este ha sido el cardenal Joachim Meissner, arzobispo de Colonia , aquí en la Navidad de Alemania radio. Muchas gracias por la entrevista , Sr. Cardenal.