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viernes, 12 de febrero de 2016

Catequesis del Papa sobre el jubileo, el diezmo y la condena de la usura.



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y buen camino de cuaresma!
Hoy nos detenemos sobre la antigua institución del «Jubileo», testificada en la Sagrada Escritura. Lo encontramos particularmente en el Libro del Levítico, que lo presenta como un momento culminante de la vida religiosa y social del pueblo de Israel.
Cada 50 años, «en el día de la Expiación» (Lev 25,9), cuando la misericordia del Señor venia invocada sobre todo el pueblo, el sonido del cuerno anunciaba un gran evento de liberación. De hecho, leemos en el Libro del Levítico: «Así santificarán el quincuagésimo año, y proclamarán una liberación para todos los habitantes del país. Este será para ustedes un jubileo: casa uno recobrará su propiedad y regresará a su familia [...] En este año jubilar cada uno de ustedes regresará a su propiedad» (Lev 25, 10.13). Según estas disposiciones, si alguno había sido obligado a vender su tierra o su casa, en el jubileo podía retomar la posesión; y si alguno había contraído deudas y, no podía pagarlas, hubiese sido obligado a ponerse al servicio del acreedor, podía regresar libre a su familia y recuperar todas sus propiedades.
Era una especie de «indulto general», con el cual se permitía a todos de regresar a la situación originaria, con la cancelación de todas las deudas, la restitución de la tierra, y la posibilidad de gozar de nuevo de la libertad propia de los miembros del pueblo de Dios. Un pueblo «santo», donde las prescripciones como aquella del jubileo servían para combatir la pobreza y la desigualdad, garantizando una vida digna para todos y una justa distribución de la tierra sobre la cual habitar y de la cual tomar el nutrimiento. La idea central es que la tierra pertenece originalmente a Dios y ha sido confiada a los hombres (Cfr. Gen 1,28-29), y por eso ninguno puede atribuirse la posesión exclusiva, creando situaciones de desigualdad.
Con el jubileo, quien se había convertido en pobre regresaba a tener lo necesario para vivir, y quien se había hecho rico restituía al pobre lo que le había quitado. El fin era una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se convirtieran en un bien para todos y no solo para algunos. De hecho, el jubileo tenía la función de ayudar al pueblo a vivir una fraternidad concreta, hecha de ayuda recíproca. Podemos decir que el jubileo bíblico era un «jubileo de misericordia», porque era vivido en la búsqueda sincera del bien del hermano necesitado.

Diezmo

En la misma línea, también otras instituciones y otras leyes gobernaban la vida del pueblo de Dios, para que se pudiera experimentar la misericordia del Señor a través de aquella de los hombres. En esas normas encontramos indicaciones validas también hoy, que nos hacen reflexionar. Por ejemplo, la ley bíblica prescribía el pago del «diezmo» que venía destinado a los Levitas, encargados del culto, los cuales no tenían tierra, y a los pobres, los huérfanos, las viudas (Cfr. Deut 14,22-29). Se preveía que la décima parte de la cosecha, o de lo proveniente de otras actividades, fuera dada a aquellos que estaban sin protección y en estado de necesidad, así favoreciendo condiciones de relativa igualdad dentro de un pueblo en el cual todos deberían comportarse como hermanos.
Estaba también la ley concerniente a las «primicias», es decir, la primera parte de la cosecha, la parte más preciosa, que debía ser compartida con los Levitas y los extranjeros (Cfr. Deut 18, 4-5; 26,1-11), que no poseían campos, así que también para ellos la tierra fuera fuente de nutrimiento y de vida. «La tierra es mía, y ustedes son para mí como extranjeros y huéspedes (Lev 25,23). Somos todos huéspedes del Señor, en espera de la patria celeste (Cfr. Heb 11,13-16; 1 Pe 2,11)», llamados a hacer habitable y humano el mundo que nos acoge. ¡Y cuantas «primicias» quien es afortunado podría donar a quien está en dificultad! Primicias no solo de los frutos de los campos, sino de todo otro producto del trabajo, de los sueldos, de los ahorros, de tantas cosas que se poseen y que a veces se desperdician.
Y justamente pensando en esto, la Sagrada Escritura exhorta con insistencia a responder generosamente a los pedidos de préstamos, sin hacer cálculos mezquinos y sin pretender intereses imposibles: «Si tu hermano se queda en la miseria y no tiene con qué pagarte, tú lo sostendrás como si fuera un extranjero o un huésped, y él vivirá junto a ti. No le exijas ninguna clase de interés: teme a tu Dios y déjalo vivir junto a ti como un hermano. No le prestes dinero a interés, ni le des comidas para sacar provecho» (Lev 25,35-37). Esta enseñanza es siempre actual. ¡Cuántas situaciones de usura estamos obligados a ver y cuánto sufrimiento y angustia llevan a las familias! Es un grave pecado que grita en la presencia de Dios. El Señor en cambio ha prometido su bendición a quien abre la mano para dar con generosidad (Cfr. Deut 15,10).
Queridos hermanos y hermanas, el mensaje bíblico es muy claro: abrirse con valentía al compartir. Entre conciudadanos, entre familias, entre pueblos, entre continentes. Contribuir en realizar una tierra sin pobres quiere decir construir una sociedad sin discriminación, basada en la solidaridad que lleva a compartir cuanto se posee, en una distribución de los recursos fundada en la fraternidad y en la justicia.

Vaticano, Miércoles de ceniza, 10 de febrero 2016

domingo, 24 de marzo de 2013

Semana Santa. Sus simbolos.


Los ramos ya se usaban como símbolo de victoria en el mundo antiguo antes de la aparición del cristianismo
Temas
 
Si es cierto que España dejó de ser católica, lo disimula muy bien. Al menos, en esta semana. Las calles se llenan de simbología religiosa de significados no sólo espirituales, sino también históricos y culturales. En ella se mezclan nuestras raíces romanas, hebreas y cristianas.


Contestamos siete preguntas básicas imprescindibles para conocer el significado simbólico de estas fiestas.

1. ¿Por qué se usan ramos o palmas?

Los ramos de hojas de palma ya eran símbolo de victoria en el mundo antiguo, mucho antes antes de nacer Cristo. El domingo previo a su muerte, Jesús fue recibido entre vítores por el pueblo de Jerusalén, que agitaba ramos de palma y de olivo. La Iglesia recuerda todos los años ese día en la fiesta del domingo de Ramos, que da inicio a la Semana Santa. Tal día se bendicen dicho ramos, que muchos llevan a su casa y mantienen hasta la próxima Semana Santa.

2. ¿Qué significa la ceniza?

La ceniza es símbolo de muerte, puesto que en eso se convierte nuestro cuerpo cuando fallecemos. El Miércoles de Ceniza los cristianos recuerdan precisamente eso: que van a morir y que hasta que llegue ese momento deben vivir con la humildad que Cristo vivió y predicó. Para enfatizar la necesidad de recordarlo, el sacerdote impone una cruz de ceniza en la frente.
También es un símbolo antiquísimo:varios pueblos de medio oriente, entre ellos los judíos, se cubrían de ceniza cuando estaban arrepentido por algo o realizaban determinados sacrificios.
La ceniza que se impone a los fieles el Miércoles de Ceniza, procede de la quema de las palmas bendecidas durante la Misa del Domingo de Ramos del año anterior. Es una forma de recordar que la gloria que representan esas palmas se convierte en nada.

3. ¿Por qué la pasión de Semana Santa alude al dolor y no al sentimiento?

Solemos usar el término pasión como sinónimo de “afición vehemente a alguien o algo”, pero su significado original tiene que ver con el sufrimiento. La palabra pasión viene del latín “passus”, participio del verbo (patior: sufrir, soportar, tolerar...); cuando el participio se convierte en sustantivo obenemos la palabra “passio”, o sea, “aquello que se padece”. En el caso de Jesús, la pasión empieza cuando es apresado y termina cuando es enterrado, tras haber sido golpeado, vejado y crucificado injustamente.

4. ¿Por qué el ayuno y la abstinencia?

La costumbre de no comer voluntariamente (ayuno) también existía antes del cristianismo, así como la abstinencia (acción de privarse o abstenerse de algo, en este caso de carne o del alimento que disponga la conferencia episcopal de cada país). Es un gesto penitencial, para unirse a los sufrimientos de Jesús.
La iglesia recomienda que la penitencia sea moderada, que no ponga en peligro la propia salud, y que vaya acompañada de pequeños gestos de amor al prójimo.
Para conocer las prácticas de penitencia sobre ayuno y abstinencia, según el derecho canónico, hacer clic aquí.

5.¿Qué es un “Ecce Homo”? ¿Qué significa?

Se trata de una expresión latina que significa “este es el hombre”. Estas mismas palabras fueron pronunciadas por el gobernador Poncio Pilato al presentar a Jesús después de haberlo hecho azotar. El cuerpo de Jesús debía de estar tan desfigurado por la tortura que Pilato pensó que su exhibición pública en un estado físico tan lamentable calmaría a sus acusadores. No fue así y el Gobernador terminó por ordenar la ejecución para evitar una revuelta. También se conocen como “ecce homo” a las representaciones artísticas de Jesús en esta situación de dolor. Ver aquí un ejemplo.

6. ¿Por qué en todas las Iglesias hay una vela grande llamada Cirio pascual?

La luz siempre ha sido símbolo de la verdad. El fuego que no se apaga, es símbolo de la divinidad. Dios se apareció a moisés en forma de zarza que ardía sin consumirse. El cirio simboliza a Jesús, que es Dios y portador de la Verdad que ilumina al mundo. El cirio pascual se enciende el sábado santo, con las luces de los templos apagadas. La oscuridad representa la muerte. Cuando se enciende el cirio pascual, se quiere simbolizar a Cristo como única Verdad. Por eso de esta llama se prenden todos las velas que llevan los asistentes a la celebración, que se simbolizando su condición de portadores de la Verdad de Cristo.

7. ¿Por qué el violeta o púrpura es un color típico de Semana Santa?

Porque es el color que simboliza la penitencia y el duelo. Se usa en Semana Santa, los domingos de Cuaresma y en los cuatro domingos de Adviento. Cuando los curas confiesan, utilizan una estola violeta. La liturgia también establece que se use este color en las ceremonias de difuntos.

Han colaborado en este artículo:
César Izquierdo, profesor de Teología Fundamental de la Universidad de Navarra.
Andrés Martínez, profesor de Historia de la Iglesia de la Universidad San Dámaso.