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miércoles, 3 de diciembre de 2014

El Papa emérito Benedicto XVI corrige un texto suyo de 1972 para reafirmar la imposibilidad de dar la comunión a divorciados vueltos a casar.

(Sandro Magister/Chiesa.espresso) En la Opera Omnia Ratzinger está volviendo a publicar – con la ayuda del prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, Gerhard Ludwig Müller – todos sus escritos teológicos, agrupados por tema. En el último de los nueve volúmenes publicados hasta ahora en alemán, de casi 1000 páginas y titulado «Introducción al cristianismo. Profesión, bautismo, seguimiento» ha encontrado su lugar un artículo de 1972 sobre la cuestión de la indisolubilidad del matrimonio, publicado ese año en Alemania en un libro escrito por varios autores sobre matrimonio y divorcio.

Ese artículo de Ratzinger de 1972 fue desempolvado el mes de febrero pasado por el cardenal Walter Kasper en el informe con el que introdujo el consistorio de los cardenales convocado por el papa Francisco para debatir sobre el tema de la familia, en vista del sínodo de los obispos programado para octubre.
Apoyando la admisión a la comunión eucarística de los divorciados que se han vuelto a casar, Kasper dijo:

«La Iglesia de los orígenes nos da una indicación que puede servir, a la que ya hizo mención el profesor Joseph Ratzinger en 1972. […] Ratzinger sugirió retomar de manera nueva la posición de Basilio. Parecería una solución apropiada, que está también en la base de mis reflexiones». Efectivamente, en ese artículo de 1972, el entonces profesor de teología de Ratisbona, que contaba cuarenta y cinco años de edad, sostenía que dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, en condiciones particulares, parecía estar «plenamente en línea con la tradición de la Iglesia» y en particular con «ese tipo de indulgencia que surge en Basilio donde, después de un periodo continuo de penitencia, al 'digamus' (es decir, a quien vive en un segundo matrimonio) se le concede la comunión sin la anulación del segundo matrimonio: con la confianza en la misericordia de Dios, que no deja sin respuesta la penitencia».

Defendió la fe de la Iglesia como cardenal y Papa

En ese artículo de 1972 fue la primera y la última vez que Ratzinger se «abrió» a la comunión a los divorciados y vueltos a casar. De facto, seguidamente no sólo se adhirió en pleno a la posición de prohibición de la comunión, reafirmada por el magisterio de la Iglesia durante el pontificado de san Juan Pablo II, sino que contribuyó de manera determinante, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, también a la argumentación de dicha prohibición.
Contribuyó sobre todo firmando la carta a los obispos del 14 de septiembre de 1994, con la cual la Santa Sede rechazaba las tesis favorables a la comunión a los divorciados vueltos a casar sostenidas en los años precedentes por algunos obispos alemanes, entre ellos Kasper.
Y, seguidamente, con un texto de 1998 publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y vuelto a publicar por «L'Osservatore Romano» el 30 de noviembre de 2011: La pastoral del matrimonio debe fundarse en la verdad
Sin contar que sucesivamente, como Papa, volvió a confirmar y motivó varias veces la prohibición de la comunión en el marco de la pastoral para los divorciados vueltos a casar.

Desautorización al cardenal Kasper

Por consiguiente, no es causa de asombro que Ratzinger haya considerado inapropiada la cita que de su artículo de 1972 hizo el pasado febrero el cardenal Kasper para apoyar sus tesis, como si nada hubiera sucedido después de ese año.
De aquí la decisión tomada por Ratzinger, al volver a publicar su artículo de 1972 en la Opera Omnia, de reescribir y ampliar la parte final del mismo, alineándola con su pensamiento sucesivo y actual.
En el siguiente enlace pueden leer la traducción de la nueva parte final del artículo, tal como aparece en el volumen de la Opera Omnia, desde hace poco en las librerías, entregado a la imprenta por el Papa emérito Benedicto XVI en marzo de 2014. En la reedición de 2014 se precisa que «la contribución ha sido totalmente revisada por el autor».
Nuevo final del artículo de 1972, redactado de nuevo por Joseph Ratzinger en 2014

miércoles, 22 de enero de 2014

Los cambios que se propugnan en la Diócesis de Mallorca.

El Vicario general de Mallorca se muestra a favor del «matrimonio» homosexual y del aborto en algunos casos.
Durante siete años, el sacerdote Antonio Vera ha sido el director de Cáritas diocesana de Mallorca. Desde hace cuatro meses es el vicario general de la diócesis balear. En una entrevista concedida al diario El Mundo se manifiesta a favor del matrimonio homosexual y asegura que «no digo que no al aborto en ningún caso, sino que es un tema que debe reflexionarse mucho». También opina que las mujeres deberían acceder al sacerdocio - «podría ser una solución para cubrir la falta de sacerdotes»- y desea el fin del celibato obligatorio.
    
(El Mundo) Miguel A. Font entrevista al P. Antonio Vera para el diario El Mundo:

- ¿Cómo ve la situación de la Diócesis? ¿Cuáles son las necesidades más imperiosas?

La Diócesis vive un proceso de transformación social necesario para que se produzca un cambio. Se trata de cambios en la forma de evangelizar dentro y fuera de la Iglesia y hacerla más misionera hacia fuera. Una de las necesidades que tiene la Iglesia es crear un nuevo lenguaje, más cercano, ágil y sencillo, con nuevos gestos y posturas ante la sociedad para que el mensaje sea más creíble, pero siempre a través del testimonio, nunca por imposición. También debemos acercar la Iglesia a la gente, intentar ser muy cercanos a la sociedad, porque de lo contrario, el mensaje es muy difícil de transmitir.

- ¿Qué retos se ha marcado como vicario general?

Más que como vicario general, como miembro del Consejo Episcopal, que es quien toma las decisiones en conjunto, los retos marcados son tres y el primero es buscar la evangelización a través de los nuevos aerópagos -espacios públicos- como pueden ser las escuelas, la familia cristiana o Cáritas. También la reorganización territorial de la Iglesia y finalmente, la posición de la Iglesia frente a la sociedad y los problemas sociales. La Iglesia debe aprender a evangelizar dentro y fuera. Para ello, es necesario utilizar las diferentes plataformas que tenemos para hacer llegar nuestro mensaje. No se trata de manipular conciencias, ni de imponer, sino de ofrecer un mensaje que para nosotros es el mejor que se puede dar y que a veces no lo sabemos hacer. Lo que implica un cambio en el lenguaje haciéndolo más fácil y ágil para que penetre mucho más adentro. Hoy en día la gente no se contagia por un puro discurso sino que se va uniendo al proyecto de Jesús y a la Iglesia a través del testimonio y esto queda plasmado en la figura del Papa Francisco.

- ¿Cuál cree que es la principal dificultad de la Iglesia en los tiempos que corren?

El problema principal es cómo recuperar la frescura del Evangelio. La Iglesia es un ente de un largo recorrido histórico y como tal, va cogiendo cosas de cada momento, llegando a acumular tantas que a veces se hace pesada en su forma de funcionar. Como dice el Papa, debe recuperarse la alegría de ser cristianos. El Evangelio hoy en día tiene más sentido que nunca. La Iglesia se enfrenta a un cambio histórico, por lo que no debemos sentirnos derrotados. Los momentos de debilidad deben verse como una oportunidad para renovarse, purificarse y resituarse de nuevo dentro de este contexto que vivimos actualmente.

La fe en crisis


- ¿Qué cargas tiene la Iglesia?

La historia ha dejado varias cargas, sobre todo en la forma de hacer la liturgia. También en el lenguaje y en el pensamiento, que a mi modo de ver es demasiado complejo y estructurado, no es fresco, sino muy monolítico. Todo esto es lo que se debe cambiar.

- ¿Piensa que la fe está en una situación de crisis?

Sí, estamos en una situación donde la fe se está repensando y reubicando constantemente debido al modelo social que estamos viviendo. La fe seguirá siendo la misma siempre, lo que cambiará es el contexto, la forma de anunciarla y vivirla.

- ¿Hay párrocos suficientes para todas las parroquias?

No, párrocos cada vez seremos menos. Lo que debe servir para reorganizar las parroquias de otra manera. El párroco del futuro será más itinerante y misionero ya que tendrá 4 ó 5 parroquias a su cargo. Así, cada parroquia tendrá su comunidad cristiana fuerte y el laicado deberá recuperar su responsabilidad. Lo que no podrá haber es un párroco para cada parroquia, esto ya está extinguido y debemos asumirlo.

- ¿Tiene algún plan para conseguir más sacerdotes?

Esta posibilidad no se contempla. El promedio de edad de los párrocos es de 65 años, puede venir alguien de fuera a ayudar, sí, pero el número de párrocos no será suficiente para cubrir todas las parroquias que hay. Hay párrocos de otros países que colaboran y vienen para atender a determinadas comunidades cristianas, pero lo importante es que la gente se integre dentro de la Diócesis y que no se hagan guetos.

- ¿Cómo están las arcas de la Diócesis? Supongo que con la crisis actual los donativos habrán descendido mucho.

Cómo cualquier entidad en estos tiempos, la Iglesia no atraviesa por un buen momento. A nivel económico está en crisis, aunque tiene suficiente para funcionar. Somos ricos en patrimonio pero esto no significa dinero, sino todo lo contrario, ya que su conservación implica un gran gasto.

- ¿Tiene algún proyecto para conseguir más recursos? Alquilar o vender locales, viviendas, montar comercios...

No se ha llegado a este nivel aún. Pero si debe venderse algo del patrimonio tendrá que ser una venta muy consultada ya que el patrimonio no depende sólo de nosotros, por lo que debe haber consenso. Otra cosa es el patrimonio más particular de la Iglesia. En la actualidad ya se alquilan locales y pisos que no se usan y que pueden servir para cubrir gastos. Aun así, se mira mucho el tipo de negocio que se abrirá y se buscan perfiles de familias ya hechas.

Su opinión sobre el Papa


- ¿Qué opina sobre la labor y figura que está realizando el nuevo Papa?

La valoro muy positivamente ya que habla de un Jesús y una Iglesia cercana a la gente con un lenguaje sencillo. Es un Papa muy abierto al mundo y a la realidad que rodea a la sociedad y que está lleno de esperanza, ilusión y coraje. Percibo que la gente ha recuperado la ilusión, basta ver que en la Plaza San Pedro del Vaticano cada vez hay más gente escuchando el Angelus. Además, hace gestos nuevos como Papa y tiene una actitud muy prepositiva.

- ¿Comparte la opinión del Papa sobre la necesidad de la Iglesia de aproximarse más a la gente?

El Papa habla de una Iglesia misionera, pero no podemos ser misioneros encerrados entre las paredes de la parroquia. La gente ya no viene a las parroquias, ahora debemos salir al camino de la gente. La Iglesia siempre quería tener la última palabra de todo, parecía que todos debían darle rendibú, pero el Papa nos ha enseñado que esto no es así, sino que es una más dentro de la sociedad.

Sacerdocio femenino


- ¿Es partidario como ha dicho el Papa Francisco de dar más protagonismo a la mujer?

Sí, sobre todo que se reconozca su protagonismo dentro de la Iglesia, que lo tiene. Debe jugar un papel cada vez más preponderante en los diferentes servicios que la Iglesia demande o que la mujer quiera ejercer de su ministerio laical.

- A nivel oficial, ya sabemos que no, pero a nivel personal, ¿defendería el sacerdocio para las mujeres?

Personalmente no me supone un problema, no me importaría. Otra cosa es que a nivel disciplinar la Iglesia aún no lo haya asumido. Tampoco se puede limitar el problema de las mujeres en la Iglesia a si pueden ser sacerdotes o no. La mujer tiene otros protagonismos dentro de la Iglesia y cada vez tiene más presencia numérica dentro de las labores pastorales. El sacerdocio para mujeres podría ser una solución para cubrir la falta de sacerdotes.

Fin del celibato


- ¿Es partidario de que los párrocos puedan casarse?

Sí, soy partidario de que éstos puedan casarse ya que no afecta a la esencia del ministerio. El mensaje es el mismo, por lo que lo puede transmitir de la misma manera un párroco casado y otro sin casar. Son cuestiones históricas para engrandecer la figura del ministerio ordenado.

- ¿Cree que Cáritas está desbordada con la crisis?

Cáritas hace mucho tiempo que está desbordada. Felicito a la institución por el servicio que presta a muchas personas y por su testimonio de vida cristiana y de crear espacios de justicia dentro de esta sociedad. La Iglesia es para los otros, no para ella misma, debe ayudar a los hermanos más necesitados. Una Iglesia que no trabaje por la justicia, que no construya fraternidad y solidaridad, no es una Iglesia de Jesús.

- ¿Qué es más interesante y satisfactorio, ser vicario general o director de Cáritas?

Son cosas distintas, me sentí muy cómodo trabajando en Cáritas pese a la situación que nos encontramos y que aún continúa. Lo importante no es dar una bolsa con comida, pagar una factura o dar dinero, sino cómo se siente la persona y qué necesita. Trabajar en Cáritas me ha enriquecido, enseñado y hecho ver que lo importante es la persona, compartir y llorar juntos, es decir, sentir la Iglesia a tu lado. Para ello, debemos hacer creíble lo que se dice. Hay que ser coherentes entre lo que hacemos y decimos.

No dice no a todos los abortos. A favor del «matrimonio» homosexual


- ¿Cómo ve la polémica que ha suscitado dentro del Partido Popular la reforma de la Ley del Aborto? ¿Qué opinión tiene de la polémica reforma?

Hablar del aborto en seco me resulta difícil. No digo que no al aborto en ningún caso, sino que es un tema que debe reflexionarse mucho. Una cosa es cuando se ha producido una situación compleja y concreta como puede ser una violación y otra cosa es el relax de decir vivamos como queramos y una vez hecho, decidir abortar. Cada caso es cada caso, no debe generalizarse. Creo que es necesario reforzar la educación sexual entre los jóvenes y enseñarles la parte positiva de la sexualidad. La sexualidad es bella y por eso hay que cuidarla y embellecerla todavía más, debe ser un acto de amor.

- ¿Qué piensa sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo?

La Iglesia debe acoger y respetar la decisión de las personas, debemos ser comprensivos con esta gente y verlos como dos personas que desarrollan su estima con normalidad. En mi caso, por generación, me cuesta asumirlo, pero no soy nadie para juzgar su estima (amor), los acepto perfectamente, al igual que el Papa.

- Casi cada mes vemos en la prensa algún convento que cierra por falta de monjas y el último fue el de Marratxinet hace dos semanas. ¿Qué se puede hacer? ¿Qué pasa con todo este patrimonio de los conventos?

Forma parte del ciclo del tiempo. Hace décadas hubo una eclosión vocacional que hoy en día no ocurre. Al igual que los curas, la mayoría de monjas son ya mayores y no entran nuevas, por lo que los conventos van cerrando por falta de personal. Los conventos no forman parte de la Diócesis sino de las propias congregaciones religiosas.

- En 2013 se encargó de realizar el sermón de la Conquesta. Muchos aseguran que este año ha primado la solidaridad y la ayuda a los más necesitados por encima del catalanismo de otros años. ¿A qué se debió este cambio?

Mi intención con este sermón era reafirmar los valores de lo que significa la mallorquinidad, nuestra cultura, lengua e historia. Hay que querer la lengua, no hacer batalla de ella, ya que cuando se hace batalla, las posturas se radicalizan y se convierte en ideología. Debemos compaginar lo nuestro con este otro mundo que viene de fuera e incorporarlo, es decir, queramos lo nuestro, acojamos lo acogible de los otros y con ello luchemos con esperanza por un mundo nuevo.

- ¿Qué opina sobre el conflicto educativo de Baleares?

No me atrevo a dar una opinión. Desde aquí hago un llamamiento al consenso, por el bien de los niños ya que el nivel educativo de Baleares no es precisamente de los mejores de España. Debe reinar el sentido común para arreglar las cosas, sobre todo en temas como la salud, los servicios sociales y la educación, que no deberían estar mediados por lo político, ya que hay personas por medio.

martes, 21 de enero de 2014

El arzobispo alemán Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. asegura que el Papa no ha dado la señal para una revolución en el Vaticano.


    

(AVAN/InfoCatólica) Según el prelado alemán, «una centralización exagerada de la administración no ayuda a la Iglesia sino que más bien impide su dinámica misional».

En las jornadas, en las que ha intervenido también el arzobispo de Valencia y Gran Canciller de la UCV, monseñor Carlos Osoro, Gerhard Ludwig Müller ha disertado sobre la colegialidad y ejercicio de la potestad suprema de la Iglesia en el marco de las XII Conversaciones de Derecho.

Saludable descentralización

Así, monseñor Müller ha recordado las palabras del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica «Evangelii Gaudium», que habla de una «saludable descentralización» en la Iglesia: «Un reajuste de independencia y colaboración de las Iglesias locales, de la colegialidad episcopal y del Primado del Papa nos permitirá no perder de vista la exigencia trascendental de la cuestión sobre Dios».

Para el prelado germano un ejercicio «reformado» del Primado también pertenece a la nueva evangelización. «Una Iglesia que sólo girase en torno a los propios problemas estructurales sería espantosamente anacrónica y ajena al mundo, pues en su ser y misión no es otra cosa que la Iglesia del Dios trinitario, origen y destino de cada hombre y de todo el universo», ha aducido.

Ni cambio de dirección ni revolución

Con el texto papal -ha puntualizado monseñor Müller-, «no se ha dado la señal para un cambio de dirección o una revolución en el Vaticano, en contraposición con interpretaciones superficiales». Según Müller, «lo que le interesa al Papa es una superación tanto del letargo y de la resignación ante la secularización extrema, como un final de las disputas debilitantes dentro de la Iglesia entre ideologías tradicionalistas y progresistas».

Unión dentro de la propia Iglesia

«La Evangelii Gaudium quiere reunificar interiormente a la Iglesia, para que el Pueblo de Dios, en su servicio misionero, no sea obstáculo a una humanidad necesitada de salvación y ayuda. Las guerras civiles, el terrorismo, la pobreza, la explotación, la situación de los refugiados, la drogadicción, el incremento de los suicidios, la adición a la pornografía en un 20% de la juventud, la crisis de sentido y la desorientación espiritual y moral de millones de personas…todas estas tragedias globales y cotidianas hacen que sobrevenga a la Iglesia de Dios la tarea trascendental de dar nuevamente esperanza a la humanidad», ha incidido.

La Iglesia Católica no es una federación de iglesias estatales

En opinión del nuevo cardenal, «tendencias separatistas y comportamientos prepotentes solo dañarían a la Iglesia». La revelación ha sido encomendada a la Iglesia «única y universal» para su fiel custodia, guiada por el Papa y los Obispos en comunión con él. «La Iglesia Católica es communio ecclesiarum y no una federación de Iglesias estatales o una alianza mundial de comunidades eclesiales confesionalmente emparentadas, que respetan por tradición humana al Obispo de Roma como presidente honorífico».

Así monseñor Müller ha manifestado que, aún siendo medios «indispensables», nación, idioma y cultura «no son principios constitutivos para la Iglesia, que testifica y realiza la unidad de los pueblos en Cristo».

«Las iglesias locales, como la Iglesia de Cristo, no son constituidas en absoluto por la voluntad asociacional de cada uno de los cristianos. Más bien es Cristo mismo, quien, mediante sus Apóstoles y los sucesores de éstos funda la Iglesia universal en y desde las Iglesias locales. Solo se puede hablar de Iglesia local, cuando ésta realiza visiblemente en el Obispo, sucesor de los Apóstoles, la unidad con las otras Iglesias locales y la unidad con el origen de la Iglesia en Cristo y los Apóstoles.

Primado y episcopado, esencia de la Iglesia

El arzobispo alemán ha aseverado que la unidad «fraternal» de los obispos de la Iglesia Universal «cum et sub Petro» se fundamenta en la «sacramentalidad» de la Iglesia, y con ello, en el derecho divino. «Solo a precio de una desacralización de la Iglesia podría realizarse una lucha de poder entre fuerzas centralistas y particularistas. Al final quedaría una Iglesia secularizada y politizada, que solo se diferenciaría en grado de una ONG. La invitación del Papa a una renovada percepción de la Colegialidad de los Obispos es lo contrario a una relativización del servicio que Cristo le ha encomendado de forma inmediata», ha añadido.

Para el Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe el Papa sugiere en «Evangelii Gaudium» una praxis «corregida, correspondiente a la civilización global y digitalizada de hoy». Aunque Primado y Episcopado pertenecen a la «esencia» de la Iglesia, las formas de su realización en la historia son necesariamente «diversas».

«La comunión y la misión son los dos elementos que constituyen a la comunidad de los discípulos de Jesús como signo e instrumento de unidad de los hombres con Dios y de unidad entre ellos mismos. Por tanto, la Iglesia es esencialmente una sola, como servidora y mediadora de esa unión. La Iglesia no es la posterior suma de los individuos en su relación autónoma e inmediata con Dios, sino que está ya unida con Cristo orgánicamente como el cuerpo con la cabeza», ha indicado.

Papel del obispo

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe se ha referido también al papel de los obispos a dicho respecto: «En tanto que el colegio del obispo sirve a la unidad de la Iglesia, éste debe portar en sí mismo el principio de esa unidad. Por ello el obispo solo puede ser pastor de una Iglesia local y no el presidente de una federación de alianzas eclesiales regionales y continentales. Y su colegio no puede ser sólo un principio objetivo puro. En tanto que en la esencia interior del oficio episcopal se trata de un testimonio personal, el principio de la unidad del episcopado mismo se encarna en una persona».

Para monseñor Müller es «importante» interpretar el ministerio episcopal «como realidad sacramental en la Iglesia sacramental y no confundirlo con el servicio de un moderador de puras asociaciones humanas».

Finalmente, el arzobispo alemán ha recordado que la Iglesia «no es la Luz», ella solo puede dar testimonio «de la Luz que ilumina a cada hombre, Jesucristo» y que, «a pesar de todas las tormentas y vientos contrarios, la barquilla de Pedro debe volver a izar las velas de la alegría por Jesús, que está junto a nosotros».
   

lunes, 20 de enero de 2014

COLEGIALIDAD Y EJERCICIO DE LA POTESTAD SUPREMA DE LA IGLESIA.

lunes 20 de enero de 2014 COLEGIALIDAD Y EJERCICIO DE LA POTESTAD SUPREMA DE LA IGLESIA Texto íntegro de la conferencia del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Müller

1. El nuevo impulso de la "Evangelii gaudium"

Al hablar de la Iglesia solo podemos hacerlo con motivo de la cuestión sobre Dios y el conocimiento de su presencia humana para el mundo en Jesucristo.

Las guerras civiles y el terrorismo, la pobreza y la explotación, la situación de los refugiados, las muertes de drogadictos, el incremento de los suicidios, la adición a la pornografía en un 20% de la juventud, la crisis de sentido y la desorientación espiritual y moral de millones de personas, etc., todas estas tragedias globales y cotidianas hacen que sobrevenga a la Iglesia de Dios la tarea trascendental de dar nuevamente esperanza a la humanidad.

Pero la Iglesia no es la Luz, ella solo puede dar testimonio de la Luz que ilumina a cada hombre, es decir, un testimonio de Jesús, el Hijo de Dios y Redentor de todos los hombres. En este conocimiento de Dios, se decide si el ser humano es consciente de su vocación divina y si tiene un futuro en este mundo y más allá de él.

Una Iglesia que solo girase en torno a los propios problemas estructurales, sería espantosamente anacrónica y ajena al mundo, pues en su ser y misión, no es otra cosa que la Iglesia del Dios trinitario, origen y destino de cada hombre y de todo el universo.

Un reajuste de independencia y colaboración de las Iglesias locales, de la colegialidad episcopal y del Primado del Papa nos permitirá no perder de vista la exigencia trascendental de la cuestión sobre Dios. El Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica "Evangelii gaudium", habla de una saludable “descentralización”. La vida de la Iglesia no puede concentrarse de tal forma en el Papa y su Curia, como si en las parroquias, comunidades y diócesis tuviera lugar sólo algo secundario. Papa y Obispos se remiten más bien a Cristo, el único que da esperanza a los seres humanos.

El Papa no puede ni debe abarcar centralmente desde Roma las diversas condiciones de vida que se le presentan a la Iglesia en las distintas naciones y culturas, ni resolver por sí mismo los problemas de cada lugar. Una centralización exagerada de la administración no ayudaría a la Iglesia sino que más bien impediría su dinámica misional (EG 32). Por eso un ejercicio reformado del Primado también pertenece a la nueva evangelización, tema del último Sínodo de los Obispos (7-28/10/2012). Este ejercicio incumbe a las estructuras de la dirección universal de la Iglesia, concretamente, a los Dicasterios de la Curia Romana, de los que el Papa se sirve en el ejercicio de la Potestad suprema, plena e inmediata, sobre toda la Iglesia. Éstos, “en consecuencia, realizan su labor en su nombre y bajo su autoridad, para bien de las Iglesias y servicio de los sagrados pastores” (CD 9).

En este contexto de la nueva evangelización, también los Obispos, los Sínodos y las Conferencias Episcopales deben ejercer una mayor responsabilidad que incluya “una cierta competencia magisterial”, pues ésta les corresponde por la consagración y la misión canónica, y no sólo por una habilitación Papal especial: “Los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y católica” (LG 25).

El magisterio Papal no sustituye al magisterio de los Obispos y su acción conjunta a nivel nacional o continental (por ejemplo, los documentos del CELAM: Puebla, Medellín, Santo Domingo, Aparecida), sino que lo presupone y exige por la responsabilidad de los Obispos para la Iglesia entera (EG 16).

Sobre este tema, el Papa se refiere expresamente al Motu Proprio "Apostolos suos" (1998), en el que Juan Pablo II, basándose en el Concilio Vaticano II, describió más de cerca las competencias de las Conferencias Episcopales. Con esto, no se ha dado la señal para un cambio de dirección o una “revolución en el Vaticano”, en contraposición con interpretaciones superficiales. La Iglesia solo podría permitirse luchas de poder y disputas de competencias so pena de la pérdida de su tarea misional.

Según la síntesis eclesiológica del Vaticano II, debemos excluir una interpretación antagónica o dialéctica de la relación entre la Iglesia Universal y las Iglesias locales. Los extremos históricos del Papismo/Curialismo por una parte, y por otra del Episcopalismo/(Conciliarismo/ Galicanismo/ Febronianismo/ Veterocatolicismo) solo nos demuestran, de que formas no funciona la Iglesia, y que la absolutización de un elemento constitutivo a expensas de otro contradice la confesión de Ecclesia una, sancta, catholica et apostolica. La unidad fraternal de los Obispos de la Iglesia Universal cum et sub Petro se fundamenta en la sacramentalidad de la Iglesia, y con ello, en el derecho divino. Solo a precio de una desacralización de la Iglesia podría realizarse una lucha de poder entre fuerzas centralistas y particularistas. Al final quedaría una Iglesia secularizada y politizada, que solo se diferenciaría en grado de una ONG, y esto sería un contraste completo respecto a la Exhortación Apostólica "Evangelii gaudium".

Según el género literario, este escrito no es dogmático sino un texto parenético. Se presupone como su base dogmática, se presupone la doctrina sobre la Iglesia expuesta en "Lumen gentium" con la más alta vinculación magisterial (EG 17). Al Papa le interesa con ello una superación tanto del letargo y de la resignación ante la secularización extrema, como un final de las disputas debilitantes dentro de la Iglesia entre ideologías tradicionalistas y progresistas

A pesar de todas las tormentas y vientos contrarios, la barquilla de Pedro debe volver a izar las velas de la alegría por Jesús, que está junto a nosotros. Y los discípulos deben asir sin miedo el timón para que la misión de la Iglesia avance llena de fuerza.

Cuando la Iglesia presenta hacia afuera una imagen de desgarramiento y hostilidad, no se puede esperar que alguien perciba la Iglesia como testigo creíble del amor de Dios ni que aprenda a amarla como su madre.

2. Origen de la unidad en Jesucristo

El Concilio Vaticano II, en la Constitución dogmática sobre la Iglesia "Lumen gentium", no se sitúa desde una determinación sociológico-inmanentista, como si la Iglesia fuese constituida desde una voluntad comunitarizante de miembros de una misma convicción religioso-moral.

La Iglesia tiene más bien su origen más profundo en la procedencia interno-divina del Hijo desde el Padre. En el Hijo todos los seres humanos ya están llamados desde la eternidad a participar en la vida divina. La comunidad de los hombres con Dios está ya prefigurada en Cristo desde el principio de la historia de la humanidad. Esta comunidad sería preparada historico-salvíficamente en el Pueblo de la Antigua Alianza, constituida finalmente en la venida del Señor y en la efusión del Espíritu Santo, y, después, revelada en la Iglesia de la nueva y definitiva Alianza (LG 2).

En tanto la Iglesia no es una organización puramente humana, la pregunta sobre su fundación socio-juridica, a través del Jesús “histórico”, es objetivamente inapropiada y resulta anacrónica desde una hermenéutica teológica de la revelación histórica. La Iglesia, más bien, se funda como comunidad de vida con Jesús, en su naturaleza divina y en su relación filial con el Padre; y se revela históricamente en su actuar como hombre, pues en su persona ha llegado el Reino de Dios. A esto pertenece la reunión de los discípulos, a quienes Él les da parte en su pleno poder y misión. Jesús, como el mediador escatológico del reinado de Dios (1.), a través de su anuncio, de sus obras salvíficas y, sobretodo, a través de su muerte en cruz y resurrección, ha fundado el Pueblo escatológico de la alianza como comunión de la humanidad con Dios, y ha dado (2.) parte en su misión a la comunidad que cree en él.

Son, por tanto, los dos elementos, la comunión y la misión, los que constituyen a la comunidad de los discípulos de Jesús como signo e instrumento de unidad de los hombres con Dios y de unidad entre ellos mismos. Por tanto, la Iglesia es esencialmente una sola, como servidora y mediadora de esa unión. La Iglesia no es la posterior suma de los individuos en su relación autónoma e inmediata con Dios, sino que está ya unida con Cristo orgánicamente como el cuerpo con la cabeza.

Cristo constituye como cabeza el principio de la unidad de todos los miembros del cuerpo. Solo así todos pueden alegrarse y sufrir con el otro, cuando el otro se alegra y sufre. La pluralidad de los miembros del cuerpo está en relación con la cabeza única (Gal 3,28): "totus Christus – caput et corpus". Cristo, como el sólo y único mediador, es el hombre escatológico, el nuevo Adán; y todos los miembros del cuerpo son introducidos en una relación filial con el Padre en el Espíritu Santo (Gal 4, 4-6).

Nos encontramos con la palabra “Iglesia”, que ya aparecía en los LXX como traducción griega para la asamblea del Pueblo de Dios, siempre en singular, y en relación con Dios –el Padre, Cristo, el Hijo, y el Espíritu Santo–: como el solo y único Pueblo de Dios, el sólo y único cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y el sólo y único Templo del Espíritu Santo. Esta Iglesia una, que subsiste en la Iglesia Católica (LG 8, respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a una cuestión acerca de algunos aspectos relacionados con la doctrina sobre la Iglesia, 2, 2007), se sitúa por completo en el servicio de la mediación salvífica de Cristo, una y universal/católica, y es por ello necesariamente universal en su esencia y en su misión, es decir, católica, pues la Iglesia anuncia la salvación a todos los hombres.

El evangelio de Cristo libera a los hombres de su dispersión babilónica, y los convoca de entre la multitud de pueblos y lenguas a entrar en la unidad pentecostal del Pueblo único de Dios. Esta Iglesia única está presente en la multitud de pueblos y culturas, configurándolos con la única humanidad en Cristo, cabeza de toda la creación.

3. La Iglesia única en su misión universal y su concretización local

La sacramentalidad de la Iglesia se funda en la Encarnación. En analogía con la unidad divino-humana de Cristo, la Iglesia una, santa, católica y apostólica se fundamenta como una comunidad de vida con Dios espiritualmente invisible, y en tanto visible, como una sociedad constituida jerárquicamente. La unidad visible se muestra en la doctrina apostólica común, en la vida sacramental y en la constitución jerárquica. De este modo, la Iglesia no puede ser meramente una idea trascendente que unifica a los pueblos, es decir una civitas platonica.

Como Iglesia para la humanidad, en su dimensión constitucional espiritual y corporal y en su forma existencial histórica y social, ella se concretiza en las coordenadas de espacio y tiempo según las condiciones de vida culturales de los hombres. La Iglesia de la Palabra de Dios, Palabra que ha entrado en el espacio y tiempo, se realiza simultáneamente universal y localmente.

La Iglesia única y universal, dirigida por el Papa y los Obispos en comunión con él, existe en y desde las Iglesias locales. Este es el sentido de la fórmula “in quibus et ex quibus una et unica Ecclesia catholica existit” (LG 23). La misión de Cristo concierne a todos los seres humanos, de todos los lugares y de todos los tiempos. Y, con todo, Él mismo vivió en uno de los muchos lugares de la tierra y, durante un minúsculo espacio de tiempo, en la historia de la humanidad.

Esta misión se realizó históricamente una vez en el hombre Jesús de Nazaret, que ha vivido y actuado durante un tiempo determinado en un determinado lugar del mundo. Ya en el tiempo prepascual nos encontramos con la tensión entre misión universal y presencia local. Jesús elige para si a los Apóstoles a fin de enviarlos a aquellos lugares a los que Él mismo no podía ir. Después de la Pascua, Él envía a los Apóstoles al mundo entero, y les promete su presencia a todos juntos y a cada uno; de modo que el Cristo único está presente en la mediación de la multitud de apóstoles, mediadores de salvación en cada lugar del mundo y unificadores de la humanidad.

En este sentido, el concepto de “Iglesia” puede ser utilizado también para las Iglesias locales. La sola y única Iglesia de Dios esta presente como Iglesia universal en las Iglesias de Dios en Corinto, Roma, Tesalónica, etc. Y en cada lugar, los fieles no tienen que ver con otra cosa que no sea la Iglesia única de Cristo, en la cual el Espíritu Santo une entre sí a todos los bautizados, y los inserta en la unidad del Cuerpo de Cristo, de modo que todos son uno en Cristo y como hijos e hijas de Dios forman en Cristo la única familia Dei.

No se trata, por tanto, de una potestad espiritual etérea que se administra para la Iglesia universal y las Iglesias locales según las consideraciones políticas y las conveniencias estratégicas entre el Papa y los Obispos. Más bien Cristo ha llamado a los apóstoles conjuntamente –como Colegio–. Él mismo ha antepuesto al Apóstol Pedro como fundamento y principio de la unidad de la potestad apostólica única y de la misión para la Iglesia entera. La consagración episcopal muestra la naturaleza colegial de la función episcopal en la inserción del Obispo singular en la totalidad del Colegio con el Papa como cabeza, sin el cual, el Colegio no puede ejercer ninguna potestad universal en la función magisterial y pastoral. “La unión colegial se manifiesta también en las mutuas relaciones de cada Obispo con las Iglesias particulares y con la Iglesia universal. El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles. Por su parte, los Obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a partir de las cuales existe la Iglesia católica, una y única. Por eso, cada Obispo representa a su Iglesia, y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, del amor y de la unidad” (LG 23).

La determinación de la relación entre universalidad y particularidad resulta exitosa sólo desde una perspectiva consecuentemente cristológica y eclesiológica. No hay ninguna analogía para esta relación en comparación con formas de organización, estatales y no estatales, de sociedades humanas y empresas. De hecho, la unidad de la Iglesia se realiza en la particularidad local-eclesial, por ello una comunidad personal nunca puede ser Iglesia local en sentido propio, del mismo modo que la naturaleza de cada Iglesia local no puede ser otra cosa que la Iglesia universal en un lugar determinado.

Este hacerse presente recíproco es la comunión católica de la Iglesia, que se constituye como communio ecclesiarum. En esto podemos observar que la totalidad de la Iglesia no se puede entender como la mera suma de las porciones eclesiales, sino que la precede ontológica y temporalmente. El documento "Communionis notio", que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en 1992, lo explica de la siguiente manera: “En efecto, ontológicamente, la Iglesia-misterio, la Iglesia una y única según los Padres precede la creación, y da a luz a las Iglesias particulares como hijas, se expresa en ellas, es madre y no producto de las Iglesias particulares. De otra parte, temporalmente, la Iglesia se manifiesta el día de Pentecostés en la comunidad de los ciento veinte reunidos en torno a María y a los doce Apóstoles, representantes de la única Iglesia y futuros fundadores de las Iglesias locales, que tienen una misión orientada al mundo: ya entonces la Iglesia habla todas las lenguas. De ella, originada y manifestada universal, tomaron origen las diversas Iglesias locales, como realizaciones particulares de esa una y única Iglesia de Jesucristo. Naciendo en y a partir de la Iglesia universal, en ella y de ella tienen su propia eclesialidad. Así pues, la fórmula del Concilio Vaticano II: la Iglesia en y a partir de las Iglesias ("Ecclesia in et ex Ecclesiis"), es inseparable de esta otra: Las Iglesias en y a partir de la Iglesia ("Ecclesiae in et ex Ecclesia"). Es evidente la naturaleza mistérica de esta relación entre Iglesia universal e Iglesias particulares, que no es comparable a la del todo con las partes en cualquier grupo o sociedad meramente humana” (n. 9).

4. La unidad de Primado y Episcopado

En el tercer capítulo de "Lumen gentium" se describe la unidad de la universalidad y de la particularidad. Se presupone aquí la constitución apostólica de las Iglesias locales. Esto significa que las Iglesias locales, como la Iglesia de Cristo, no son constituidas en absoluto por la voluntad asociacional de cada uno de los cristianos. Más bien es Cristo mismo, quien, mediante sus Apóstoles y los sucesores de éstos (en el munus praedicandi, sanctificandi et gubernandi), funda la Iglesia universal en y desde las Iglesias locales como communio ecclesiarum. Solo se puede hablar de Iglesia local, cuando ésta realiza visiblemente en el Obispo, sucesor de los Apóstoles, la unidad con las otras Iglesias locales y la unidad con el origen de la Iglesia en Cristo y los Apóstoles.

Esto se muestra en la unidad de la confesión apostólica y de la actualización sacramental-litúrgica de la salvación en Cristo. La Doctrina de los Obispos como sucesores de los Apóstoles, de su unidad colegial entre ellos, y de su unidad con el sucesor de Pedro como cabeza visible de toda la Iglesia y del Colegio Episcopal, es, por tanto, constitutiva para el concepto católico de Iglesia.

Solo desde este presupuesto se puede apreciar correctamente la consiguiente descripción de universalidad y particularidad como descripción de la unidad y unicidad de la Iglesia de Cristo: “Así como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio apostólico, de igual manera se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles. (…) El Colegio o Cuerpo de los Obispos, por su parte, no tiene autoridad, a no ser que se considere en comunión con el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando totalmente a salvo el poder primacial de éste sobre todos, tanto pastores como fieles. (…) Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la variedad y universalidad del Pueblo de Dios; y en cuanto agrupado bajo una sola Cabeza, la unidad de la grey de Cristo. Dentro de este Colegio los Obispos, respetando fielmente el primado y preeminencia de su Cabeza, gozan de potestad propia para bien de sus propios fieles, incluso para bien de toda la Iglesia porque el Espíritu Santo consolida sin cesar su estructura orgánica y su concordia. La potestad suprema sobre la Iglesia universal que posee este Colegio se ejercita de modo solemne en el concilio ecuménico. (…) Esta misma potestad colegial puede ser ejercida por los Obispos dispersos por el mundo a una con el Papa, con tal que la Cabeza del Colegio los llame a una acción colegial o, por lo menos, apruebe la acción unida de éstos o la acepte libremente, para que sea un verdadero acto colegial” (LG 22).

La Iglesia católica subsiste en y desde las distintas Iglesias locales. Cada Iglesia local participa de la totalidad de la Iglesia mediante la unidad con ella y con su origen apostólico, a través de la unidad de la confesión de la fe, a través de la mediación salvífica con sus formas litúrgico-sacramentales, y a través de la Autoridad Apostólica, que se encarna y garantiza en el Obispo por la sucesión que se remonta a los Apóstoles.

Esta totalidad no impide sino que exige su señorío, el cual aflora mediante la inculturación con los pueblos y épocas de la historia. La Iglesia local de Roma es una entre muchas Iglesias locales, con la peculiaridad de que su fundación apostólica mediante el testimonio –verbi et sanguinis– de los Apóstoles Pedro y Pablo le otorga un primado en el testimonio conjunto y en la unidad de vida de la catholica communio. Debido a esta potentior principalitas, cada Iglesia local debe coincidir con ella (cf. Ireneo, adv. haer III, 3, 2). Según la sustancia de la fe, incluso en ambos Concilios Vaticanos no se ha añadido nada más sobre la catolicidad y particularidad, ni sobre la colegialidad de los Obispos y la orientación hacia la Cátedra de Pedro en doctrina y disciplina.

Las advertencias de la Congregación para la Doctrina de la fe sobre el Primado del Sucesor del Pedro en el misterio de la Iglesia (1998) determinan, por ello, resumidamente: “Las características del ejercicio del Primado deben entenderse sobre todo a partir de dos premisas fundamentales: la unidad del Episcopado y el carácter episcopal del Primado mismo. Al ser el Episcopado una realidad ‘una e indivisa’, el Primado del Papa comporta la facultad de servir efectivamente a la unidad de todos los Obispos y de todos los fieles, y ‘se ejerce en varios niveles, que se refieren a la vigilancia sobre la transmisión de la Palabra, la celebración sacramental y litúrgica, la misión, la disciplina y la vida cristiana’; a estos niveles, por voluntad de Cristo, en la Iglesia todos – tanto los Obispos como los demás fieles – deben obediencia al Sucesor de Pedro, el cual también es garante de la legítima diversidad de ritos, disciplinas y estructuras eclesiásticas entre Oriente y Occidente” (n. 8).

5. Papa y Obispos al servicio de la Iglesia única

Es importante interpretar el ministerio episcopal como realidad sacramental en la Iglesia sacramental y no confundirlo con el servicio de un moderador de puras asociaciones humanas.

Pues el Episcopado es un Ministerio instituido para siempre (LG 18). Los “Obispos, puestos por el Espíritu Santo” (Hch 20, 28), se sitúan en el lugar de Dios ante el Rebaño de Cristo (LG 19). En la consagración sacramental actúa de tal modo el Espíritu, que, “los Obispos, de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Pontífice, y actúan en lugar suyo” (LG 21). Ellos son “vicarios y legados de Cristo” (LG 27) en el ejercicio de su servicio.

Ya el hecho de que en la ordenación sacramental del sucesor se hace referencia a la consagración mediante “Obispos vecinos de otras Iglesias” indica la dimensión colegial y universal-eclesial del Episcopado. Ninguna comunidad se constituye sola ni a sí misma ni su ministerio. La consagración episcopal integra al Obispo emblemáticamente en el Colegio Episcopal y le confiere una responsabilidad para la única Iglesia Católica extendida por el mundo, que subsiste en la communio ecclesiarum.

El Obispo es en su Iglesia local “principio y fundamento visible de unidad” (LG 23). Esto se relaciona con la comunión de todos los fieles y el colegio de quienes ostentan un cargo: presbíteros, diáconos y demás oficios eclesiales. El único oficio episcopal no agota la pluralidad de misiones y servicios. A través del oficio episcopal, no solo se impide el desmoronamiento de los servicios individuales, sino que también se exige la pluralidad de servicios en cada uno de los miembros y se asegura la unidad de la misión de la Iglesia única en martirio, diaconía y liturgia.

En tanto que el colegio del Obispo sirve a la unidad de la Iglesia, éste debe portar en sí mismo el principio de esa unidad. Por ello el Obispo solo puede ser Obispo de una Iglesia local y no el presidente de una federación de alianzas eclesiales regionales y continentales. Y su colegio no puede ser sólo un principio objetivo puro (decisión mayoritaria, delegación de derechos a un gremio de dirección elegido, etc.). En tanto que en la esencia interior del oficio episcopal se trata de un testimonio personal, el principio de la unidad del episcopado mismo se encarna en una persona.

Según la concepción católica, el principio personal de la unidad, tanto en el origen como en su aplicación actual, se da en el Obispo de Roma. Como Obispo, él es el sucesor de Pedro, quien en persona encarna la unidad del Colegio Apostólico. Para una teología del Primado resulta decisiva la descripción del servicio de Pedro como una misión episcopal, como también el conocimiento de que este Oficio no es de derecho humano sino divino, en tanto en cuanto solo puede ser ejercido en la Potestad de Cristo, en virtud de un carisma entregado personalmente a su portador en el Espíritu Santo.

“Jesucristo, Pastor eterno (…) para que el mismo Episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los demás Apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión” (LG 18; DH3051).

El Papa sugiere en "Evangelii gaudium" una praxis corregida, correspondiente a la civilización global y digitalizada de hoy. Aunque Primado y Episcopado pertenecen a la esencia de la Iglesia, las formas de su realización en la historia son necesariamente diversas. La invitación del Papa a una renovada percepción de la Colegialidad de los Obispos es lo contrario a una relativización del servicio que Cristo le ha encomendado de forma inmediata, es decir: un servicio a la unidad de todos los Obispos y fieles en la fe revelada, un servicio a la vida común desde la gracia sacramental, y un servicio a la misión de mediar la unidad de los hombres en Dios (LG 1).

En tanto que el Episcopado tiene naturaleza colegial, al Obispo, en virtud de la Consagración y de la misión canónica, también se le confiere la co-preocupación y la co-responsabilidad para el bien de la Iglesia universal: “El cuidado de anunciar el Evangelio en todo el mundo pertenece al Cuerpo de los Pastores (…) por tanto, todos los Obispos, en cuanto se lo permite el desempeño de su propio oficio, están obligados a colaborar entre sí y con el sucesor de Pedro, a quien de modo especial le ha sido confiado el oficio excelso de propagar el nombre cristiano” (LG 23).

En el reconocimiento del fructuoso apostolado que habían ejercitado las Conferencias Episcopales ya entonces existentes, y con el deseo de que estos organismos fuesen erigidos en todas partes, el Concilio Vaticano II formuló, por así decir, una breve definición: “La conferencia episcopal es como una asamblea en que los Obispos de cada nación o territorio ejercen unidos su cargo pastoral para conseguir el mayor bien que la Iglesia proporciona a los hombres, sobre todo por las formas y métodos del apostolado, aptamente acomodado a las circunstancias del tiempo” (CD 38,1). La implementación teológica y práctica del servicio de las Conferencias Episcopales a la totalidad de la Iglesia y a las partes eclesiales comprendidas en ella, ha continuado siendo desarrollada y concretizada en el Motu Proprio "Apostolos suos".

A este servicio también le corresponde una competencia magisterial de los Obispos pertenecientes a una Conferencia considerados en su conjunto (cf. AS 21; CIC can. 753). Estas instituciones surgen al servicio de la unidad de la fe y de la implementación concreta en un espacio cultural. La referencia al sucesor de Pedro, principio visible de la unidad de la Iglesia, es constitutiva para cada Concilio ecuménico, para cada sínodo particular y para cada Conferencia Episcopal; y además, es de derecho divino, al cual se debe subordinar todo derecho de la Iglesia. Una Conferencia Episcopal no puede emitir nunca una declaración dogmática vinculante de forma separada, ni tampoco relativizar dogmas definidos o estructuras sacramentales constitutivas (por ejemplo, hacer depender el propio ministerio magisterial y pastoral de organismos de puro derecho eclesial).

Tendencias separatistas y comportamientos prepotentes solo dañarían a la Iglesia. La revelación ha sido encomendada a la Iglesia única y universal para su fiel custodia, Iglesia guiada por el Papa y los Obispos en comunión con él (LG 8; DV 10). La Iglesia Católica es communio ecclesiarum y no una federación de Iglesias estatales o una alianza mundial de comunidades eclesiales confesionalmente emparentadas, que respetan por tradición humana al Obispo de Roma como presidente honorífico. Pues nación, idioma, cultura, no son principios constitutivos para la Iglesia, que testifica y realiza la unidad de los pueblos en Cristo; pero son medios indispensables, en los cuales se despliega toda la riqueza y la plenitud de Cristo en los redimidos.

La "Evangelii gaudium" quiere reunificar interiormente a la Iglesia, para que el Pueblo de Dios, en su servicio misionero, no sea obstáculo a una humanidad necesitada de salvación y ayuda. El Papa Francisco propone en su escrito apostólico “algunas líneas que puedan alentar y orientar en toda la Iglesia una nueva etapa evangelizadora, llena de fervor y dinamismo” (EG 17).

Gerhard Ludwig Müller

viernes, 17 de enero de 2014

Madrid-Barcelona 2015 con nuevos arzobispos.

Ya hace meses que  comenzó la operación relevo sin que tenga que esperarse a marzo de 2014, cuando el cardenal madrileño acabe su cargo como presidente de la Conferencia Episcopal Española.
El caso del nombramiento del nuevo arzobispo de Lisboa es una prueba evidente de que aquellas elecciones de 2011 en Añastro y en Quinta do Cabeço no iban a atar las manos al Papa. José Policarpo ha sido sustituido por el arzobispo de Oporto y, en Madrid, en cualquier momento, el relevo pudiera llegar.

Es ley de vida y no se debe ver en estos comentarios nada más allá del simple y viejo ritmo de la sucesión apostólica. Querer interpretarlo de otra forma es poco eclesial, y más puesto en boca de quienes reparten cada día carta de eclesialidad. Sic rebus stantibus, como gustaba a Tito Livio resumir lo dicho en su Ab Urbe condita, ha comenzado la operación Madrid sin estridencias, con sonrisas y con cierta elegancia. Más allá de lo que haya de política eclesiástica, la Iglesia española comenzará una nueva etapa. Como pasó en 1982, tras el cardenal Tarancón. Fue la operación de Juan Pablo II para una etapa que ha durado tres décadas y que ha marcado mucho.


Más allá de lo que haya de política eclesiástica, la Iglesia española comenzará una nueva etapa. Como pasó en 1982, cuando ya en la recta final del cardenal Tarancón, otra nueva etapa comenzó, liderada por el cardenal Suquía, sucedido por el cardenal Rouco. Fue la operación de Juan Pablo II para una nueva etapa que ha durado tres décadas y que ha marcado, y mucho, a las Iglesias en España. Ahora, una nueva etapa se vislumbra y, lo mismo que aquella se empezó a fraguar en el IV centenario de la muerte de Teresa de Jesús, en 1982, esta ya estará iniciada en el V centenario del nacimiento de la santa, en 2015, año en el que el nuevo Papa podría visitar España, “estando ya la casa sosegada”, con los cambios hechos.

 El papa Francisco tiene en agenda el relevo. Hace poco dijo a un colaborador con su gracejo argentino: “No tengan prisa. Las cosas importantes hay que hacerlas con serenidad”. Es normal. La prisa optaría por un nombre que está en la mente de todos, una vez que  se produzca la anunciada reforma de la Curia. Otra cosa es cómo se estén tejiendo los hilos para este nombramiento.
Hay quienes apuntan a las gestiones del cardenal madrileño en Roma, en donde ha mantenido –y mantiene– importantes lazos y presencia con voz propia. Puede llegar de cualquier diócesis española, o de cualquier puesto vaticano o diplomático, o incluso de cualquier país de misión. Arzobispos españoles hay muchos, y en todo el mundo. El campo está abierto y las cábalas se suceden, aunque más de ficción que de realidad.

viernes, 3 de enero de 2014

Una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida

" El substrato cristiano de algunos pueblos —sobre todo occidentales— es una realidad viva. Allí encontramos, especialmente en los más necesitados, una reserva moral que guarda valores de auténtico humanismo cristiano. Una mirada de fe sobre la realidad no puede dejar de reconocer lo que siembra el Espíritu Santo. Sería desconfiar de su acción libre y generosa pensar que no hay auténticos valores cristianos donde una gran parte de la
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población ha recibido el Bautismo y expresa su fe y su solidaridad fraterna de múltiples maneras. Allí hay que reconocer mucho más que unas «semillas del Verbo», ya que se trata de una auténtica fe católica con modos propios de expresión y de pertenencia a la Iglesia. No conviene ignorar la tremenda importancia que tiene una cultura marcada por la fe, porque esa cultura evangelizada, más allá de sus límites, tiene muchos más recursos que una mera suma de creyentes frente a los embates del secularismo actual. Una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida". (Evangelii Gaudium nº 68.)

domingo, 15 de diciembre de 2013

Internet, camino para conducir a los hombres al rostro luminoso de Cristo, destaca el Santo Padre.

2013-12-07 Radio Vaticana(RV).- (con audio)   Es indispensable la presencia de la Iglesia en Internet, para anunciar a Cristo con estilo evangélico, llegando a los jóvenes y a los que anhelan la Misericordia y esperanza de Dios. Son palabras del Papa Francisco a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos, a los que recibió este sábado en audiencia, reunidos sobre el tema “Anunciar a Cristo en la era digital”. Con el Concilio, "ha llegado la hora de los laicos”, recordando esta afirmación que solía repetir el Beato Juan Pablo II, Francisco hizo
hincapié en la importancia de que la Iglesia anuncie a Cristo en el continente digital y destacó que es un campo privilegiado para la pastoral de la juventud. Sin olvidar, que Internet es una realidad difundida, compleja y en constante evolución. Y que su desarrollo plantea la actualidad de la relación entre la fe y la cultura. Vuelve a ocurrir lo que les pasó a los Padres de la Iglesia que con "el extraordinario legado de la cultura griega", no se quedaron encerrados sino se abrieron para asimilar los conceptos "más elevados": "Aun entre las oportunidades y los peligros de la red, se debe "discernir todo”, conscientes de que seguramente encontraremos monedas falsas, ilusiones peligrosas y trampas que hay que evitar. Pero, guiados por el Espíritu Santo, descubriremos también valiosas oportunidades para conducir a los hombres al rostro luminoso del Señor"

Entre las posibilidades "que ofrece la comunicación digital la más importante se refiere al anuncio del Evangelio. Por cierto, no es suficiente adquirir los conocimientos tecnológicos, si bien sean importantes. Se trata ante todo de encontrar a hombres y mujeres reales, a menudo confundidos y heridos, para ofrecerles verdaderas razones para la esperanza". El anuncio – subrayó el Papa - "requiere relaciones humanas auténticas y directas para culminar en un encuentro personal con el Señor": "Por lo tanto, Internet no basta, la tecnología no es suficiente. Pero ello no quiere decir que la presencia de la Iglesia en la red es inútil. Todo lo contrario, es indispensable estar presentes, siempre con estilo evangélico, en lo que para muchas personas, especialmente los jóvenes, se ha convertido en una especie de ambiente de vida, para despertar las preguntas incesantes del corazón sobre el sentido de la existencia e indicar el camino que conduce a Aquel que es la respuesta, la Misericordia Divina hecha carne, el Señor Jesús". El Papa recordó el 25 aniversario de la Mulieris dignitatem y la gran cita de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, cuyo lema “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones", ha destacado “la dimensión misionera de la vida cristiana, la necesidad de salir hacia aquellos que esperan el agua viva del Evangelio, hacia los pobres y los excluidos. Hemos visto de primera mano cómo la misión de Iglesia brota de la alegría contagiosa del encuentro con el Señor, que se transforma en esperanza para todos".
"La Iglesia está siempre en camino, en busca de nuevos caminos para anunciar el Evangelio. Y la contribución y el testimonio de los fieles laicos se muestran indispensables cada día más”, terminó diciendo el Santo Padre, por lo que encomendó al Pontificio Consejo para los Laicos a la maternal intercesión de la Virgen María, bendiciendo a todos de corazón. (CdM - RV)        

jueves, 14 de marzo de 2013

Papa Francisco.


Tiene 76 años y en su país de origen, Argentina, es un verdadero líder moral que se forjó en tiempos del famoso "corralito", en la peor época de crisis económica que padeció el país sudamericano en las últimas décadas.
En Buenos Aires suele viajar en autobús, y es común verle caminar por la calle o coger el metro como un ciudadano más, aunque siempre viste de sotana. Además, suele cuidar personalmente a sacerdotes ancianos y enfermos de la diócesis de Buenos Aires. Él se traslada a sus domicilio u hospital y les atiende durante toda la noche.
Prueba de su austeridad personal es el hecho de haber renunciado al Palacio Arzobispal y vivir en un pequeño piso de la capital argentina acompañado por otro presbítero.
El nuevo Papa Francisco I es uno de los cinco hijos de un matrimonio italiano de clase media formado por Mario, empleado ferroviario, y Regina Sívori, ama de casa

Primer Papa jesuita
Este jesuita, primero que ostenta el cargo, es conocido por su seriedad, su carácter reservado y la escrupulosa coherencia con su puesto.
Fue elegido cardenal en 2001, pero cuando se organizaba el viaje masivo de feligreses a Roma para asistir a la ceremonia les paró los pies y pidió que ese dinero del viaje se dedicara a obras de caridad.

Vocación tardía: cura a los 33 años
El nuevo Papa nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Es químico y con estudios de filosofía y psicología. Bergoglio se hizo cura tarde, con 33 años.
Llegó a ser provincial de su orden de 1973 a 1980, periodo en el que se opuso a la teología de la liberación.
Como provincial de la Compañía de Jesús en Argentina "gobernó" con firmeza ante los vaivenes de algunos de sus hermanos jesuitas. Esa contundencia le pasó factura. Tras dejar de ser el máximo responsable de la orden fue "desterrado" a Córdoba, asignándole las tareas de director espiritual y confesor dejándole sin competencias pastorales de primer orden.
Posteriormente, entre 1980 y 1986 fue Rector del Colegio Máximo de San Miguel y de las Facultades de Filosofía y Teología de la misma Casa.

Juan Pablo II le nombró obispo
El Papa Juan Pablo II lo recuperó de su "destierro" y en 1992 le nombró obispo auxiliar de Buenos Aires.
Era papable desde 2003, pese a ser jesuita, y ya sólo esta condición le resultaba insufrible. Cuando en 2005 Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI, Bergoglio quedó segundo en las votaciones.

Hincha del equipo de fútbol San Lorenzo
Es muy aficionado al fútbol y reconocido hincha del San Lorenzo de Almagro, un gran equipo argentino.
Su amor por los colores azul y rojo comenzó desde muy pequeño. Su padre jugaba al baloncesto en el club y lo llevaba a ver los partidos en el Viejo Gasómetro. Desde entonces la pasión por el Ciclón no mermó y hasta llegó a meterse en la vida del club, informa el diario Clarín.

Contario al aborto, la eutanasia y la cultura de la muerte
El 2 de octubre de 2007, el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, afirmó taxativamente que "en la Argentina se vive una cultura del descarte por la que se aplica la pena de muerte mediante el aborto y la eutanasia de ancianos mediante el abandono".
"Esta cultura es como una ´nueva ilustración´ que se expresa en un progresismo ahistórico, sin raíces y en un terrorismo demográfico", advirtió el entonces presidente de la conferencia episcopal argentina..
También señaló que "en la Argentina hay eutanasia encubierta. Las obras sociales pagan hasta cierto límite, si te pasás, morite, total sos viejo. Hoy se descarta a los viejos cuando, en realidad, son la sede de la sabiduría del pueblo", precisó, antes de lamentar la cotidianidad de la prostitución infantil en ciertos ámbitos (incluso como parte de los servicios de algunos hoteles).
Lamentó entonces el reciente caso de una joven con discapacidad, víctima de una violación, a la que se le practicó un aborto: "Seamos conscientes de que con eufemismos no podemos tapar la cultura del descarte", pidió.
El aborto, el uso de preservativos o las uniones civiles de homosexuales "no entran en el eje fundamental del derecho a la vida por el que reclama la Iglesia", que consiste en "dejar vivir y no matar; dejar crecer, alimentar, educar, curar y dejar morir con dignidad. No interferir manipuladoramente".

"Una ternura especial con los pecadores"
En septiembre de 2012 no tuvo reparos en llamar a sus propios sacerdotes "hipócritas de hoy" por rehusarse a bautizar a los hijos de madres solteras "porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio".
Sucedió durante un Encuentro de Pastoral Urbana de la Región Buenos Aires, en el que advirtió la necesidad de mostrar "una ternura especial con los pecadores" y los más alejados porque "Dios vive en medio de ellos". Por esta razón lamentó que
algunos hayan "clericalizado a la Iglesia del Señor".
Con delicadeza, pero con firmeza y claridad, el purpurado bonaerense denunció que éstos "llenan de preceptos y con dolor lo digo, y si parece una denuncia o una ofensa, perdónenme, pero en nuestra región eclesiástica hay presbíteros que no bautizan a los chicos de las madres solteras porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio".
"Estos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen", añadió el hoy ocupante de la cátedra de Pedro.

Tensa relación con los Kichner
Con Néstor Kichner, presidente de la Argentina, la relación fue mucho más distante y conflictiva que con la actual Presidenta. El ex presidente llegó a identificar al entonces cardenal como “el verdadero representante de la oposición”. En aquel momento, Bergoglio se quejó de los dichos de Kirchner.
En enero de 2007, el periodista especializado de Clarín, Sergio Rubín, escribió una nota titulada “Kirchner y Bergoglio, separados por cuestiones de fondo”. En la misma explicaba que se había pospuesto una reunión entre las partes y que ni siquiera la cúpula del Episcopado —que encabeza el propio Bergoglio— logró acordar una visita protocolar a las máximas autoridades del Congreso.
“Kirchner siente que el grueso de los obispos con Bergoglio a la cabeza son un factor muy fuerte de cuestionamiento" a su gestión. La Casa Rosada se quejó muchas veces de que la Iglesia nunca le reconoció todo lo que hizo el presidente por sacar al país de una de las peores crisis de su historia”, explicó Rubin en el texto.
Sin embargo, cuando el ex Presidente murió, Bergoglio reaccionó rápidamente y en cuestión de horas decidió oficiar una misa por el eterno descanso de Kichner. Lo hizo en la catedral metropolitana. “El pueblo tiene que claudicar de todo tipo de posición antagónica frente a la muerte de un hombre ungido por el pueblo para conducirlo y todo el país debe rezar por él”, dijo en esa oportunidad.
Además, en ese momento pidió que los ciudadanos no sean desagradecidos. “Sería una ingratitud que este pueblo no se una en oración por un hombre que cargó sobre su corazón, sobre su conciencia y sobre su hombre la unción de un pueblo que le pidió que lo condujera”, dijo.
Con Cristina, el punto de enfrentamiento máximo llegó con la ley de matrimonio entre personas de un mismo sexo. Bergoglio fue la cara visible de la marcha contra el casamiento gay y se opuso rotundamente al proyecto que más adelante se transformó en una realidad.
“Me preocupa el tono que ha adquirido el discurso, se plantea como una cuestión de moral religiosa y atentatoria del orden natural, cuando en realidad lo que se está haciendo es mirar una realidad que ya está”, respondió Cristina en esa oportunidad.
Igualmente, Bergoglio festejó varias veces el tono conciliador con los que Cristina encaraba sus discursos –aunque criticó cuando lo hizo con belicosidad-, y apuntó siempre a lo mismo: la unidad entre los argentinos.

Un químico y psicólogo
Estudió y se diplomó como técnico químico, pero al decidirse por el sacerdocio ingresó en el seminario de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 pasó al noviciado de la Compañía de Jesús, estudió humanidades en Chile, y en 1960, de regreso a Buenos Aires, obtuvo la licenciatura en Filosofía en el Colegio Máximo San José, en la localidad de San Miguel. Entre 1964 y 1965 fue profesor de Literatura y Psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y en 1966 dictó iguales materias en el Colegio del Salvador de Buenos Aires. De 1967 a 1970 cursó Teología en el Colegio Máximo de San Miguel, cuya licenciatura obtuvo.

Pasó por Alcalá de Henares (España)
Sacerdocio: El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote. En 1971 hizo la tercera probación en Alcalá de Henares (España), y el 22 de abril de 1973, su profesión perpetua. Fue maestro de novicios en la residencia Villa Barilari, de San Miguel (años 1972/73), profesor en la Facultad de Teología y Consultor de la Provincia y Rector del Colegio Máximo.
Episcopado: El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo designó Obispo Titular de Auca y Auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año recibió en la Catedral primada la ordenación episcopal, y fue promovido a Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires el 3 de junio de 1997. De dicha sede arzobispal es titular desde el 28 de febrero de 1998, cuando se convirtió en el primer jesuita que llegó a ser primado de la Argentina. Sucedió en el cargo al Cardenal Antonio Quarracino.

Pastor de los fieles del rito oriental
Es Ordinario para los fieles de rito oriental residentes en la Argentina y que no cuentan con Ordinario de su propio rito. En la Conferencia Episcopal Argentina ha sido vicepresidente (2002-2005); y como miembro de la Comisión Ejecutiva ha sido miembro de la Comisión Permanente representando a la Provincia Eclesiástica de Buenos Aires. Ha integrado, además, las comisiones episcopales de Educación Católica y de la Universidad Católica Argentina, de la que es Gran Canciller.
Cardenalato: Creado Cardenal presbítero el 21 de febrero del 2001; recibió la birreta roja y el título de San Roberto Belarmino. Asistió como Relator General Adjunto a la X Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos, Ciudad del Vaticano realizado del 30 de setiembre al 27 de octubre de 2001. En la Santa Sede, forma parte de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, la Congregación para el Clero, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Asimismo, integra el Pontificio Consejo para la Familia, la Comisión para América Latina (CAL) y el Consejo Ordinario de la Secretaría General para el Sínodo de los Obispos. Participó en el cónclave del 18 y 19 de abril de 2005. Asistió a la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano, 2 al 23 de octubre de 2005. Miembro del consejo post-sinodal de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. El 9 de noviembre de 2005 fue electo Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, para el trienio 2005-2008.
En la Santa Sede es miembro de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos; de la Congregación para el Clero; de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica; y del Pontificio Consejo para la Familia.

Libros y escritos
Entre sus escritos figuran Meditaciones para religiosos (1982), Reflexiones sobre la vida apostólica (1986), Reflexiones de esperanza (1992).

(Tomado de ReligiónenLibertad)

sábado, 9 de marzo de 2013

Desafios pastorales de la Iglesia en la actualidad.

La Iglesia, el catolicismo se está enfrentando a desafíos cruciales en el mundo moderno. No puedo referirme a todos, pero sí me gustaría adelantar varios grandes ámbitos que pueden indicarnos el horizonte en el que se plantean cuestiones cruciales para la pastoral. Los tres primeros grandes ámbitos corresponden a espacios a los que la Iglesia debe enfrentarse. El siguiente es un ámbito del cual la Iglesia debe confesarse, y el último un reto que debe afrontar.
1. Un nuevo lenguaje, desafío en la transmisión de la fe
El primero es el problema del lenguaje entendido en el sentido más amplio de la comunicación. Generalmente, la preparación de sacerdotes y religiosos, hombres y mujeres, está dominada por categorías filosóficas y teológicas. Esto, normalmente, resulta en una peculiar forma de pensamiento y en un más específico lenguaje, queconfigura una comunicación inadecuada o limitada.
Toda la transmisión de la fe está atravesando una crisis profunda. Hay expresiones, contenidos y conceptos fundamentales como encarnación, resurrección, pecado original, purgatorio, etc. que suscitan una considerable perplejidad. El hombre moderno se pregunta si no equivalen a una poesía ideológica o a una serie de mitos indemostrables
Estos interrogantes afectan no sólo a los profanos sino también s los creyentes. Por todas partes podemos comprobar que el uso del lenguaje catequético-teológico resulta cada vez menos comprendido por quienes escuchan e incluso por quienes hablan.
Un desafío serio se está planteando en torno a dos polos: el polo kerigmático: cómo entender el mensaje cristiano y cómo traducirlo de forma inteligible para los hombres y mujeres de nuestra época. ¿Cuál es la forma más apropiada para hablar actualmente de Dios y de la historia de la salvación? ¿Es la forma teológica, la existencial, la bíblica, la forma metafísica, la forma personalista, la vía veritatis o la vía amoris. El segundo polo es el ontológico-semántico: y aquí nos encontramos con que el lenguaje no responde al sistema expresivo tradicional, porque no es la consecuencia de los sistemas cognitivo y valorativo. Por tanto, ¿cómo puede ser expresión de unos símbolos y conceptos, de unos valores y normas, si los desconoce? Y si los desconoce, para qué sirve?

2. La dimensión del yo, desafío a la comunidad eclesial
Es otra de las características de la modernidad: la nueva conciencia del activo rol que juega la persona en el mundo, tanto a nivel social como individual. Esta concientización ha afectado profundamente el sistema de valores individuales y sociales, iniciando al mismo tiempo un proceso de cambios. Amplias zonas de la vida humana, que antes se percibían fijadas, ahora se aprecian como ocasiones de elección. El orden social ya no es tan evidente ni inatacable. Ya no existen funciones o rangos establecidos. Ahora, tanto el individuo como la sociedad, deben enfrentarse a alternativas y son obligados a realizar elecciones.
Es el motivo por el que la historia ha desembocado en una imposibilidad de hacer predicciones, aunque se intente por muchos medios. Es un hecho embarazoso: cuanto más se esfuerzan en realizar exaustivos análisis, más incapaces somos de precisar el futuro. El futuro, incluso con los límites impuestos por la misma historia, es materia de elección.
a) La crisis religiosa se inscribe en el marco de una crisis más amplia: Podemos decir que es un caso particular de un fenómeno más amplio que se ha difundido entre la gente en la segunda mitad del siglo XX. En este contexto se halla la crisis de comunicación y diálogo entre las generaciones en esas mismas sociedades (abuelos y padres que no logran transmitir). En una perspectiva más amplia encontramos que las instituciones no encuentran el modo de constituirse en modelos de códigos globales de sentido, capaces de conferir una coherencia a toda la vida. Esta incapacidad institucional se suma al predominio de la “innovación”, convirtiendo a la sociedad moderna en sociedades “amnésicas”, en una dislocación pura y simple de toda memoria que no sea inmediata y funcional.
b) Disociación entre socialización cultural y religiosa: La socialización se ha realizado eliminando la conexión estrecha de interdependencia entre sociedad-cultura y religión-Iglesia, de modo que el proceso de socialización sucede al margen de la religión y de la influencia de la Iglesia, con lo que las generaciones jóvenes realizan el proceso de incorporarse a la sociedad y la apropiación de la cultura sin contacto alguno con la religión o que ésta no forme parte de los contenidos en los que se socializan ni intervenga en el mismo proceso de socialización.
Esta autonomización lleva consigo que desaparezca la religión del ámbito de lo social y de la cultura, que elimina la presencia y el influjo de la religión de los medios de comunicación y los cauces de la transmisión de la cultura..
c) Crisis de la autoridad tradicional: La memoria colectiva ha quedado en desuso, y con ella su carácter normativo para el presente. Esa memoria era la base para la transmisión y celebración de la fe. Frente a la autoridad de la Institución se ha levantado la autoridad de la Ilustración, que invita al individuo a pensar por sí. La ruptura de la cultura tradición, fuertemente impregnada dereligiosidad, ha llevado a la desaparición de la “evidencia de continuidad” y a la desplausibilidad de la autoridad de la tradición y la memoria. La pérdida de la autoridad de la memoria, habrá de ser sustituida por otra “autoridad”
d) Configuración sin reglas de la propia creencia. El cuarto factor direccional ha sido la “modernidad psicológica” o movimiento hacia el predominio de la autonomía del individuo, importancia a la propia realización y desarrollo personal, frente a las pretensiones de las autoridades, principios e instituciones. Este principio desregula las creencias y prácticas y configura al individuo como principio gestor de sus creencias, de modo que su vida religiosa pasa a caracterizarse como algo nacido de la libre elección del sujeto que toma de distintas tradiciones pero no pertenece a ninguna.
3. La secularización, desafío a la iniciación cristiana
Mucho se ha dicho de la secularización y su implicación en una nueva ética secularizada, que refuerza la idea de progreso, desde donde habrá de partir el camino que conducirá a la realización de una humanidad mejor. El desafío de la secularización se encuentra en la
a) La antropología secularizada: Este es uno de los mayores cambios y retos para la pastoral. No se trata de que el hombre viva y trabaje en contextos o ambientes ampliamente secularizados, sino que “piensa y acepta su existencia en términos intramundanos”, puramente históricos o ateos. Desde que comenzara la época moderna, se iniciaba una antropología que nada tiene que ver con la antropología medieval precedente. Aquella se caracterizaba por: a) una visión verticalista del hombre, siempre orientado hacia el más allá; b) la idea de una gracia que proyectaba la existencia terrena hacia la vida eterna; c) la verdad de la fe era la regla suprema de vida.
Hoy, estas evidencias antropológicas del hombre medieval han desaparecido. A nivel de la gente con elementales elaboraciones teóricas, muchos tienden a ver al hombre como un ser encerrado en los confines cósmicos e históricos, y que encuentra su explicación a partir de las ciencias modernas.
Son pocos quienes ven al hombre como criatura singularmente querida por Dios; situado en un universo regulado por un orden querido y garantizado por Dios; llamado a un destino eterno... Mientras que son muchos los que creen en un hombre fruto de la evolución cósmica y biológica, aparecido por accidente y destinado a desaparecer en un universo que se transforma infinitamente. Por tanto, más que un hombre-criatura se trata de un hombre-suceso histórico, con problemas de tipo histórico y con una solución final de “realización”. De ahí que, muchos crean hoy más adecuados los preceptos de la ciencia que las afirmaciones de la Biblia. De ahí, también, que la terminología haya cambiado: nadie admite ni entiende palabras como “alma inmortal”, “criatura”... Y junto a esas palabras han desaparecido también los grandes interrogantes existenciales, que antes expresaban el problema del sentido último de la vida.
b) La religión en este mundo secularizado: Ha variado la situación de la religión. Parece que definitivamente ha terminado la época de “la religión del Estado”. Desde ahora, la religión pertenece jurídicamente al terreno de lo privado. Esta privacidad se refiere particularmente a tres aspectos:
1) Caída del poder político de las Iglesias
2) Lo privado como espacio de libertad religiosa. Por primera vez en la historia de la humanidad, lo privado se ha sustraído a la invasión del poder político. Es más, el Estado lo considera como un gran valor a defender. No debe extrañar, pues, que muchos cristianos hayan transferido esta apreciación y valoración de lo privado, incluso en su relación con la Iglesia institucional y sus enseñanzas en el campo dogmático, moral o social.
3) La religión ya no es el vínculo social. Este es el tercer aspecto del cambio relacional entre Estado e Iglesia: la religión ya no constituye el vínculo social. La religión y los símbolos religiosos ya no son el cemento de la sociedad, ni la inspiración principal de la cultura occidental contemporánea. Hoy, el vínculo social se encuentra en el “consenso”.
c) Permanencia de la religión en la cultura secularizada: Durante algún tiempo, la idea de la secularización parecía estar asociada a la tesis de la progresiva desaparición de la religión en la sociedad y la vida de las personas. Es la tesis del positivismo, marxismo y hasta de la teología “de la muerte de Dios”. Pero...
1) Ocaso de lo sagrado - permanencia de lo sagrado. Al momento presente resulta innegable que un amplio espacio de sacro y sacralidad ha desaparecido definitivamente. Pero esto no quiere decir que la cultura moderna tienda hacia una sociedad sin religión, como si ésta hubiera de desaparecer totalmente. El fenómeno de la secularización no conduce necesariamente a la desaparición de la religión en las personas.
2) El sacro como contracultura: Las actuales formas del sacro que emergen en el ámbito de lo privado asumen generalmente la forma de una contracultura, expresión de un profundo disgusto frente a la exagerada racionalización de la cultura moderna. Precisamente por este motivo, lo sagrado se presenta en el contexto de lo irracional. También por ello, muchas personas buscan formas de sacralidad que pertenecen al mundo de lo oculto y esotérico. Así, encontramos personas que aborrecen todo tipo enseñanza religiosa dogmática y al mismo tiempo acogen sin ninguna reacción crítica desvariadas doctrinas esotéricas. En algunos países reemergen formas de religiosidad precristiana (esoterismo, druidismo…
Hervieu-Léger distingue cuatro direcciones en que se expresan los nuevos movimientos religiosos: a) Evangelismo, fundamentalismo y pentecostalismo en el cristianismo; b) creciente atracción de las religiones orientales; c) una miríada de grupos y movimientos que persiguen la expansión del “potencial humano” (mixtura de psicología y elementos de misticismo oriental, pero interpretados de modo arbitrario) d) las sectas autoritarias en torno a un leader carismático con un poder casi ilimitado sobre sus seguidores
3) Diversificación entre sacro, religión, fe cristiana. El problema no es teórico ni se encierra sólo en el significado de estos términos, sino que tiene directa relación con la pastoral y la catequesis. Así, por ejemplo, las personas que abandonan el culto o la pertenencia a la fe eclesial, no por ello dejan de ser religiosas. Hay que distinguir que pueden darse dos fracturas: una, entre religión y pertenencia a una iglesia o agrupación religiosa; otra, entre religión y fe cristiana.
d) Relación de los cristianos con el cristianismo oficial: Siempre ha existido un cierto pluralismo en el cristianismo (cf. NT). Hoy, sin embargo, existe un pluralismo dentro del mundo cristiano que es totalmente diferente al pluralismo tradicional de acentuaciones entre fe y vida cristiana o de espiritualidad.
1) Un cristianismo selectivo: muchos cristianos seleccionan partes de la doctrina o de la moral, aceptando sólo algunos aspectos y distanciándose de otros. Es una especie de supermercado cristiano, donde cada uno escoge el menú.
2) La distancia frente a la moral oficial. En general se acepta, y hasta se desea, que la Iglesia intervenga en el mundo de la moral social e internacional. El problema se plantea cuando toca la moral individual, y más concretamente la moral sexual.
3) Abandono de la Misa y los sacramentos. Hasta hace no muchos años se consideraba la frecuente asistencia a la Misa y el acercarse a la confesión y a la comunión y la sustancial observancia de la moral, como el criterio primario de la pertenencia a la Iglesia. Pues bien, hoy no es así; y las personas, aunque “no practiquen” siguen considerándose y profesan ser cristianos. No puede decirse que ya no sean cristianos. El problema es hasta cuando podrán conservar la fe. Quizá para muchos de ellos es ya el primer paso decisivo sobre el camino de la descristianización.
4. Una religión vieja en un mundo nuevo, desafío a la vitalidad pastoral de la fe.
La aparición del cristianismo supuso en la vida religiosa de su tiempo la irrupción de un brote pequeño pero extraordinariamente virulento de novedad. La conciencia de novedad que comparten les lleva a vivir una “vida nueva”. Esta impresión de novedad que irradiaba influyó decisivamente en la prodigiosa expansión de los cristianos, una minoría oprimida y perseguida, sin resortes de poder ni medios del prestigio humano. Por eso su mensaje era “buena nueva” frente a una sociedad y unas religiones incapaces de responder a las preguntas radicales de los humanos.
Pero aquel cristianismo “cambiador” parece haber llegado fatigado a estas últimas etapas de su camino. De hecho la Iglesia, al menos en los países occidentales, aparece como una institución avejentada. Las encuestas de la Fundación Santa María lo dicen: “la Iglesia suena a viejo, a pasado, a otra época para la gran mayoría de jóvenes”.
Avejentada, sobre todo en sus personas, como muestra la edad media de sus representantes y de quienes frecuentan la práctica.
a) Incapacidad de renovación: La raíz de esta situación tan contraria a la naturaleza del cristianismo está en el hecho de que la Iglesia no se renueva. Y no lo hace,
a) Porque parece faltarle el Espíritu, única fuente de renovación. Cambian los métodos y las estructuras, pero en ambos casos esos métodos y estructuras en lugar de presencializar ocultan a Jesucristo y su Espíritu, porque del conjunto de la Iglesia (de nuestra Iglesia) puede decirse que es terriblemente pobre en espiritualidad.
La Iglesia vive para dar testimonio del Dios vivo, pero parece como si fuésemos incapaces de transparentar a Dios, nos dedicamos a escenificar acontecimientos para mayor gloria de la Iglesia. Muchos de nosotros, que nos decimos consagrados a las tareas del Reino, estamos más dedicados a asegurar la supervivencia de las estructuras de la Iglesia
b) No se renueva, como consecuencia de lo anterior, porque está fallando en ella el relevo generacional que origina la crisis de la transmisión de la fe, y le falta la renovación que procura el contacto con otros, con los diferentes, que le procuraría una buena entendida evangelización. Esta incapacidad nos está llevando a otra incapacidad: somos incapaces de transmitir el cristianismo a los mismos bautizados que se alejan de la fe y la práctica de la vida cristiana.
b) Coartada para ocultar nuestra responsabilidad: Durante algún tiempo hemos intentado disimular el hecho acudiendo a una serie de excusas y coartadas de corto alcance:
a) La transmisión fracasa porque la situación la hace imposible. Y nos referimos a la secularización, la cultura, el impacto de los medio de comunicación, el influjo de determinadas políticas.
b) Nos consolamos con “el cristianismo es una vocación extremadamente exigente, y las generaciones posmodernas, incapaces de tomar opciones radicales y adoptar compromisos estables, son incapaces de asumir sus exigencias”. Pues ya comienzan a oírse voces que acusan de que muchos jóvenes no desean dedicar un tiempo y unos esfuerzos para la aceptación del cristianismo más bien blando que les presentamos, y que posiblemente una de las causas del fracaso de la transmisión está en el cristianismo desvirtuado, light, al que les pedimos adherirse.
c) Para justificar nuestra incapacidad para convocar al cristianismo, decimos que nuestra época es, desde el punto de vista espiritual, un desierto; que vivimos en una cultura materialista, centrada en el interés y el disfrute de lo inmediato, que hace imposible el acercamiento al cristianismo y a la percepción de sus valores.
d) La última coartada para explicarnos nuestra sequedad transmisora es la pretendida carencia en sus destinatarios de la mínima sensibilidad para lo religioso que sirva de punto de contacto para el anuncio del Evangelio. La indiferencia religiosa de los jóvenes es tal, que carecende oído para lo religioso, por lo que ningún mensaje que proceda de ese mundo puede producir en ellos el menor eco. Tampoco esto es cierto.
c) La dificultad está al interior de la misma Iglesia: La situación nos invita también a mirar hacia nuestro interior.
a) Tal vez tengamos que reconocer que nuestras comunidades no transmiten porque no tienen qué transmitir, o, mejor, porque no somos de verdad cristianos. Es decir, que tal vez la falta de renovación generacional que padece el cristianismo (y nuestra Provincia) se deba en buena medida a la falta de renovación interior, espiritual: la renovación de las generaciones encargadas de la transmisión.
b) Una segunda dificultad quizá pueda proceder de la forma que entendemos la misma transmisión. Es posible que a veces queramos transmitir nuestro cristianismo, tal como nosotros lo vivimos y pensamos que lo vivieron las generaciones que nos precedieron. Más que transmitir el cristianismo, parece que queremos clonar nuestro propio cristianismo. No nos damos cuenta que esta forma de transmisión no “funciona”, porque no se presta a ello ni el contenido ni el hecho mismo. Lo primero, porque no es un depósito de verdades, normas y costumbres, sino una vida, una persona que sólo se dejan transmitir adaptándose a las nuevas condiciones y produciendo continuamente nuevas formas de vida. Lo segundo, porque los destinatarios son también sujetos activos, por lo que es necesario que el mensaje se refleje de modo nuevo en la personalidad, sensibilidad de estos destinatarios, condicionados por su nueva situación histórica.
c) Por último, es importante que nos preguntemos si la crisis de la transmisión no se deberá a que intentamos transmitir un cristianismo, el nuestro, que además está falto de vida, tal vez sea anacrónico y hasta insignificante.¿No es verdad que la pastoral de la que nosotros fuimos objeto y la que nosotros hemos realizado ha sido siempre una pastoral de “conservación”, que reproducía la actitud del siervo que guarda su denario para no perderlo? Un cristianismo así ha perdido su vigorosidad.
5. La renovación de la pastoral
El dinamismo de la renovación pastoral se refleja necesariamente en el campo de la acción pastoral. Veamos algunas aplicaciones que parecen imponerse en el actual momento de reflexión pastoral:
1) La adecuación a los tiempos sitúa hoy la pastoral en estado de problema generalizado y abierto. Es una exigencia de la situación actual. No debe pues maravillamos que la práctica pastoral se vea, a todos los niveles, contestada y cuestionada. No se trata de romper arbitrariamente con el pasado, sino de delinear de modo lúcido las exigencias de la renovación con vistas al futuro, con la urgencia y dinamicidad que los tiempos exigen. Tomar en cuenta esta necesidad es el primer paso para un discurso real, como hicieron los obispos en Medellín.
En este orden de ideas se justifica el esfuerzo general que hoy se realiza al revisar los catecismos, preparar nuevos instrumentos pastorales, repensar las formas y las estructuras de la enseñanza religiosa. Pero no sólo: hay que prever necesariamente que los nuevos instrumentos de la pastoral serán a su vez sustituidos por otros, en un ritmo continuo de renovación que no permite paradas demasiado prolongadas. El más avanzado método de pastoral y el más ultramoderno texto de religión deben resignarse a una vida breve, teniendo en cuenta que nuevas exigencias pedirán nuevos instrumentos y directivas. Más que nunca se debe decir que hoy la renovación es ley de vida
2) La pastoral debe asumir las ventajas del método sociológico Como los otros sectores, también la pastoral debe partir del conocimiento -a ser posible científico- de la situación socio-cultural de toda región y momento histórico. Esta exigencia es tan importante, que sin ella se corre el riesgo de hacer ineficaz cualquier intento de actualización pastoral que incorporase las más modernas reflexiones teológicas o las conquistas de la ciencia psicológica o pedagógica. Sólo un atento análisis de la situación puede garantizar una recta impostación de la obra pastoral, puesto que sólo así podremos estar seguros de ir al encuentro de las verdaderas exigencias de los hombres concretos.
A la exigencia del método sociológico corresponde lógicamente la conclusión práctica que la organización pastoral no puede prescindir hoy de la colaboración de expertos en sociología religiosa
3) La pastoral debe asumir las exigencias del pluralismo y de la descentralización. El pluralismo pastoral es la respuesta a la variedad infinita de situaciones diversas -de cultura, geografía, condiciones socioeconómicas, etc.- de los lugares en los que la pastoral debe ser desarrollada. No es posible adoptar los mismos métodos e instrumentos pastorales en las más diversas regiones de la geografía cristiana.
Quizá la aplicación más clara del pluralismo pastoral se halla en la relación de catecismos y textos oficiales para la enseñanza religiosa. Parecía haberse superado para siempre el proyecto de un Catecismo para la Iglesia universal incluso el concepto de un Catecismo nacional parecía en fase de superación pero la práctica eclesial más moderna indica lo contrario. No parece haberse tenido en cuenta la experiencia de los catecismos de Francia e Italia, por citar dos ejemplos recientes, en los que aparece claro que cualquier texto oficial de catecismo debe ser diversificado en modelos diversos, para responder a las exigencias de regiones o sujetos diversos. Aún más, el mismo concepto de catecismo como documento oficial sobre el contenido de la fe en relación a su enseñanza, puede ser objeto de discusión, precisamente para poder respetar el pluralismo de formas y expresiones pastorales, sin que por ello se olvide una sustancial fidelidad a la esencia inmutable del mensaje.
El pluralismo pastoral exige la movilización de todas las fuerzas locales para la organización de una pastoral autónoma y verdaderamente adaptada a las características de cualquier pueblo o cultura. En este sentido estamos asistiendo a una descolonización pastoral.
Paralela a la exigencia de pluralismo es la de descentralización pastoral Es evidente que ya no es posible establecer desde lo alto, sea a nivel mundial, nacional o regional, directivas precisas de pastoral. No quiere decir que sea inútil el trabajo de los organismos propuestos para la programación pastoral, precisamente porque la descentralización no significa atomización y pérdida de la unidad sustancial, especialmente en un mundo en el que se tiende cada vez más a la unificación. Por ello, la actividad de los institutos pastorales debe servir a impostar rectamente el trabajo de adaptación de las exigencias generales de la pastoral a las condiciones propias.
4) La pastoral debe proceder además con la prudencia de la audacia. Es imperativa la renovación o experimentación de nuevas fórmulas, reforma de estructuras, búsqueda de soluciones para los nuevos problemas. Ciertamente, toda experimentación comporta un cierto margen de riesgo, y por ello se exige que se aseguren las mejores garantías de éxito y adecuados métodos de valoración, pero sin miedo a rehacer el camino equivocado cuando sea necesario.
( Tomado de P. Miguel Angel Medina Escudero, O.P. Principales desafíos pastorales hoy en la Iglesia).