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sábado, 30 de abril de 2016

Acompañar, discernir e integrar «Amo­ris lae­ti­tia no vie­ne a plan­tear cam­bios de doc­tri­na, pe­ro sí im­por­tan­tes mo­di­fi­ca­cio­nes en la for­ma de apli­car­la".

Dis­cer­nir no es so­lo so­pe­sar ra­zo­nes, sino bus­car al Se­ñor pa­ra se­guir­le más de cer­ca, es­cu­chan­do lo que su­ce­de y el sen­tir de la gen­te. Es lo con­tra­rio a una li­cen­cia pa­ra ha­cer la pro­pia vo­lun­tad; su­po­ne abrir­se a la Pa­la­bra de Dios que ilu­mi­na la reali­dad con­cre­ta de la vi­da co­ti­dia­na y exi­ge tras­pa­sar la su­per­fi­cie de las co­sas y las apa­rien­cias pa­ra aten­der amo­ro­sa­men­te a lo que Dios es­pe­ra de uno en sus cir­cuns­tan­cias. Re­quie­re un ta­lan­te de aper­tu­ra a la com­ple­ji­dad y am­bi­güe­dad de lo real, en to­do, tam­bién en la vi­da ma­tri­mo­nial y fa­mi­liar. Pi­de no se­pa­rar fá­cil­men­te pu­ros e im­pu­ros, bue­nos y ma­los, y no blin­dar­se en ri­gi­de­ces, tó­pi­cos, com­pla­cen­cias nar­ci­sis­tas o con­de­nas ca­tas­tro­fis­tas, que aca­ban sien­do «doc­tri­na sin vi­da».
Le im­por­ta mu­cho al Pa­pa po­ner «los pies en tie­rra» (6), pres­tar aten­ción a la reali­dad con­cre­ta (31), por­que sin es­cu­char­la es im­po­si­ble com­pren­der las exi­gen­cias del pre­sen­te ni las lla­ma­das del Es­pí­ri­tu. La hu­mil­dad del rea­lis­mo ayu­da, por ejem­plo, a no pre­sen­tar «un ideal teo­ló­gi­co del ma­tri­mo­nio de­ma­sia­do abs­trac­to, ca­si ar­ti­fi­cial­men­te cons­trui­do, le­jano de la si­tua­ción con­cre­ta y de las po­si­bi­li­da­des efec­ti­vas de las fa­mi­lias reales» (36).
Aho­ra bien, dar tan­to va­lor al dis­cer­ni­mien­to y a pi­sar tie­rra no dis­mi­nu­ye un ápi­ce las exi­gen­cias del Evan­ge­lio, ni ha­ce que la ley se di­suel­va en la gra­dua­li­dad. Se ne­ce­si­ta gra­dua­li­dad en el ejer­ci­cio pru­den­cial de los ac­tos li­bres de quien no es­tá en con­di­cio­nes de com­pren­der, va­lo­rar o prac­ti­car ple­na­men­te las exi­gen­cias ob­je­ti­vas de la ley (295), aun­que el dis­cer­ni­mien­to no po­drá pres­cin­dir ja­más de las exi­gen­cias de la ver­dad y de la ca­ri­dad del Evan­ge­lio pro­pues­to por la Igle­sia. Es más, pa­ra dis­cer­nir de­ben ga­ran­ti­zar­se las con­di­cio­nes de «hu­mil­dad, re­ser­va, amor a la Igle­sia y a su en­se­ñan­za, en la bús­que­da sin­ce­ra de la vo­lun­tad de Dios… Cuan­do se en­cuen­tra una per­so­na res­pon­sa­ble y dis­cre­ta, que no pre­ten­de po­ner sus de­seos por en­ci­ma del bien co­mún de la Igle­sia, con un pas­tor que sa­be re­co­no­cer la se­rie­dad del asun­to que tie­ne en­tre ma­nos, se evi­ta el ries­go de que un de­ter­mi­na­do dis­cer­ni­mien­to lle­ve a pen­sar que la Igle­sia sos­tie­ne una do­ble mo­ral» (300).
La ex­hor­ta­ción se ha­ce car­go de la in­se­gu­ri­dad de tan­tos pa­dres y ma­dres que quie­ren edu­car a sus hi­jos pa­ra que sean li­bres y bue­nas per­so­nas, la ta­rea mo­ral por ex­ce­len­cia. La ten­sión que de al­gu­na ma­ne­ra su­fri­mos to­dos. El mun­do se ha com­pli­ca­do de un mo­do inau­di­to y la am­bi­va­len­cia que tie­nen los fe­nó­me­nos cul­tu­ra­les se ha acen­tua­do has­ta ni­ve­les in­sos­pe­cha­dos en es­te cam­bio de épo­ca mar­ca­do por las nue­vas tec­no­lo­gías. Des­de un pa­cien­te rea­lis­mo, las di­fi­cul­ta­des nos exi­gen un plus de es­fuer­zo en la for­ma­ción éti­ca de los hi­jos, que dé va­lor a la san­ción co­mo es­tí­mu­lo y re­en­fo­que los mo­dos de la edu­ca­ción se­xual y la tras­mi­sión de la fe, así co­mo las prác­ti­cas de la vi­da fa­mi­liar co­mo con­tex­to edu­ca­ti­vo. El gran re­to es ge­ne­rar «en los hi­jos, con mu­cho amor, pro­ce­sos de ma­du­ra­ción de su li­ber­tad, de ca­pa­ci­ta­ción, de cre­ci­mien­to in­te­gral, de cul­ti­vo de la au­tén­ti­ca au­to­no­mía» (261).
El Pa­pa nos ha­ce cons­cien­tes de que el desa­rro­llo mo­ral nor­mal­men­te no se da en si­tua­cio­nes lí­mi­te ni en mo­men­tos cum­bre, sino de ma­ne­ra ca­lla­da en lo or­di­na­rio de la vi­da, con per­so­nas, ros­tros e his­to­rias sen­ci­llas que nos van afec­tan­do po­co a po­co. Él es un pas­tor apa­sio­na­do por la re­la­ción per­so­nal. De Je­sús apren­de­mos que es de Dios el as­pi­rar siem­pre a lo má­xi­mo, al ideal de vi­da, sin de­jar de con­cre­tar­se en lo pe­que­ño y co­ti­diano de la vi­da, por­que en ello nos aca­ba­mos ju­gan­do la fe­li­ci­dad o el ser dig­nos de ella. Y de San­to To­más, que «los ac­tos hu­ma­nos son ac­tos mo­ra­les», des­de que nos le­van­ta­mos has­ta que nos acos­ta­mos, cuan­do tra­ba­ja­mos o ju­ga­mos, cuan­do con­ver­sa­mos o ca­lla­mos, en to­do lo que ha­ce­mos cuan­do en­tra de al­gún mo­do la li­ber­tad… Son «pe­que­ños pa­sos» que «com­pren­di­dos, acep­ta­dos y va­lo­ra­dos» (271) nos ha­cen me­jo­res y más li­bres, ca­pa­ces de re­co­no­cer y apro­ve­char las opor­tu­ni­da­des de cre­ci­mien­to mo­ral que se nos pre­sen­tan. Amo­ris lae­ti­tia es­tá lle­na de esas ex­pe­rien­cias en el ám­bi­to de la pa­re­ja y la fa­mi­lia.
Se tra­ta de «for­mar las con­cien­cias, no de sus­ti­tuir­las» (37); de po­ner la con­cien­cia mo­ral en el cen­tro co­mo «pri­me­ro de to­dos los vi­ca­rios de Cris­to» pa­ra ca­da uno (New­man), por­que sin ella no hay li­ber­tad y, con­si­guien­te­men­te, no hay bús­que­da del bien y la ver­dad; y por­que pa­ra la éti­ca no bas­tan la ob­je­ti­vi­dad y la co­rrec­ción mo­ral de los ac­tos. La con­cien­cia mo­ral só­lo se va ha­cien­do ver­da­de­ra­men­te li­bre cuan­do es ca­paz de in­terio­ri­zar los va­lo­res que con­for­man la vi­da y que la re­mi­ten más allá de sí mis­ma, al­go que no es po­si­ble des­de una con­cep­ción in­di­vi­dua­lis­ta y ce­rra­da de la pro­pia sub­je­ti­vi­dad. Tam­po­co es li­bre una con­cien­cia he­te­ró­no­ma, obli­ga­da a se­guir la ver­dad que al­guien le dic­ta. Así su­ce­de no so­lo cuan­do al­guien ma­ni­pu­la a otro, sino tam­bién cuan­do pe­di­mos el am­pa­ro del Ma­gis­te­rio en mo­ral re­nun­cian­do a ha­cer nues­tro pro­pio tra­ba­jo de dis­cer­ni­mien­to. En esa tram­pa no cae, des­de lue­go, el Pa­pa Ber­go­glio: «No to­das las dis­cu­sio­nes doc­tri­na­les, mo­ra­les o pas­to­ra­les de­ben ser re­suel­tas con in­ter­ven­cio­nes del Ma­gis­te­rio».
La ver­dad mo­ral se va al­can­zan­do a tra­vés del dis­cer­ni­mien­to y la de­li­be­ra­ción; no con ob­je­ti­vis­mo o sub­je­ti­vis­mo («El jui­cio ne­ga­ti­vo so­bre una si­tua­ción ob­je­ti­va no im­pli­ca un jui­cio so­bre la impu­tabi­li­dad o la cul­pa­bi­li­dad de la per­so­na in­vo­lu­cra­da» (302). Sí con la in­ter­sub­je­ti­vi­dad del acom­pa­ña­mien­to, el diá­lo­go y el en­cuen­tro, don­de se al­can­za esa fran­ja des­de la que se apli­can prác­ti­ca­men­te los prin­ci­pios a las dis­tin­tas si­tua­cio­nes de la vi­da con­cre­ta («To­do prin­ci­pio ge­ne­ral tie­ne ne­ce­si­dad de ser in­cul­tu­ra­do si quie­re ser ob­ser­va­do y apli­ca­do» –3–).
Amo­ris lae­ti­tia no vie­ne a plan­tear cam­bios de doc­tri­na, pe­ro sí im­por­tan­tes mo­di­fi­ca­cio­nes en la for­ma de apli­car­la. De ella se des­pren­de que, en mo­ral, la fuer­za del Ma­gis­te­rio no de­be po­ner­se en la pre­ci­sión ma­te­rial, la exac­ti­tud y la con­si­de­ra­ción de to­das las cir­cuns­tan­cias y exi­gen­cias nor­ma­ti­vas po­si­bles, sino en los ele­men­tos de la fe que ayu­dan a des­cu­brir los va­lo­res y las ac­ti­tu­des mo­ra­les fun­da­men­ta­les. Le co­rres­pon­de al cre­yen­te bus­car la ver­dad y de­ci­dir en las con­di­cio­nes con­cre­tas de su exis­ten­cia, don­de no hay jui­cios ni ar­gu­men­ta­cio­nes de pu­ro «de­re­cho na­tu­ral».
Fran­cis­co –re­for­zan­do el es­ti­lo re­ci­bi­do de Be­ne­dic­to XVI– prac­ti­ca un Ma­gis­te­rio que ha­ce ver có­mo la mo­ral cris­tia­na, an­tes de ser ley vin­cu­lan­te, es una in­vi­ta­ción car­ga­da de pro­me­sas pa­ra la sal­va­ción de las per­so­nas: «La ló­gi­ca de la mi­se­ri­cor­dia pas­to­ral». Hay po­de­ro­sas re­sis­ten­cias al cam­bio, sí, pe­ro mu­cho más fuer­te es la ale­gría del Evan­ge­lio y del Amor que im­pul­sa a la Igle­sia.
Julio L. Martínez SJ
Recto de la Universidad Pontificia de Comillas/La Tercera de ABC
Fecha de Publicación: 28 de Abril de 2016

lunes, 22 de febrero de 2016

«La llamada a la santidad no es privilegio de unos pocos»

(InfoCatólica
Entrevista al P. Roberto Esteban Duque:

Después de investigar sobre la concupiscencia en el Magisterio de Juan Pablo II, y escribir sobre temas como la fe y la conciencia, la moral o la felicidad y la muerte, aborda el de la santidad. ¿Qué le ha movido a escribir esta obra?

Quizá mi propio deseo como cristiano, y todavía más como sacerdote, de estar unido a Dios. En alguna ocasión escuché a Mons. Guerra Campos decir que el sacerdote es tanto mejor sacerdote cuanto menos aparece él en su vida y en su acción, y cuanto más es Jesucristo el que se manifiesta a través de él. Ignoro si la comunidad cristiana lo percibe, pero el sacerdote también se aleja con frecuencia de Dios cuando vive con tibieza su consagración a Él. Lo diagnosticaba con gravedad el filósofo García Morente al manifestar que las realidades más inmediatas en nosotros son las que menos solicitan nuestra atención: ¿en qué me diferencio del mundo o qué puedo ofrecerle si mi ministerio no está impregnado de la experiencia de un fortalecimiento del amor y de la unión con Dios que me lleve a manifestar ese amor a los demás? Me ha movido, en fin, a escribir sobre la santidad mi deseo de estar más unido a Dios para reflejar un poco más y mejor su Amor.

El Concilio Vaticano II reafirma el concepto de santidad y recuerda que el deber de ser santos es para todos. ¿Se puede esperar de cualquier mortal la santidad?

No es una imposición, sino una necesidad y un don. Pero sobre todo, es una exigencia de nuestra condición de bautizados. Israel debía responder a Dios santificándose porque su Dios es santo. Jesús, que es el único Santo, nos dijo que fuésemos santos como nuestro Padre del cielo. Se puede hablar a la luz de la revelación cristiana de una esencial obligatoriedad, de una llamada universal a la santidad como único modo posible de vida para un cristiano. Tras el Concilio Vaticano II se hizo más evidente que la llamada a la santidad no es privilegio de unos pocos, sino exigencia implícita de nuestro bautismo. El bautismo significa que pertenecemos a Cristo más que a nosotros mismos.

¿Qué conlleva la santidad?

Esta pregunta es muy importante. Si todos estamos llamados a ser santos, esto significa que no soy ciudadano, por un lado, y la santidad me sobreviene desde fuera. No es la santidad algo que se añade desde fuera al ciudadano, sino que la ciudadanía está impregnada de santidad.
El teólogo jesuita Henri de Lubac sostenía que la paradoja fundamental de la condición humana es que el hombre, criatura espiritual pero finita, tiene como única finalidad una finalidad sobrenatural, la vida eterna. Si tenemos un único fin, que es un fin sobrenatural, se deduce de ahí que el fin último de la vida social no es una felicidad terrestre, sino, a través de este fin, la beatitud del cielo y en última instancia el mismo Dios. No se pueden separar la santidad y la vida, como si fueran realidades yuxtapuestas. Esto es lo que enfatizó el Concilio Vaticano II, al mostrar que la santidad favorece, también en la sociedad terrena, un estilo de vida más humano.
Respondiendo a su pregunta: o evangelizamos o contribuimos con nuestro silencio y nuestra indiferencia a secularizar la vida social, cultural y política. El pasado día 15 de enero me entristeció enterarme de la presentación del cartel de la Semana Santa de Cuenca. Este cartel, bajo el título de "Transparente rosa" de Fernando Zóbel, no refleja la verdad de lo que se celebra, sino que la oculta, es la expresión de una forma bastarda de secularismo que revela peligrosa la presencia cristiana. Esto es el liberalismo, la creación de un mundo meramente humano, un mundo que después de domesticar y más tarde rechazar el mundo cristiano, lo desintegra y sustituye. Me parece una impostura atreverse a decir, como se ha dicho, que eso podría ser una representación de Cristo.

Por tanto, para ser santo no hay que llevar necesariamente una vida religiosa consagrada a Dios.

Comprende bien. Desde dentro, a modo de fermento, cada uno en su trabajo, en su matrimonio y familia, haciendo bien lo que en cada momento se hace, es posible santificarse. Pero haciendo lo que exige cada situación, lo que requiera realmente, no lo que querría algún motivo egoísta, predilección personal, gusto o comodidad. Una tarea, la de cada uno, que en sí misma, como bien mantenía Romano Guardini, no es meramente "mundana", no se despliega, como antes hemos señalado, al lado de otras tareas  "religiosas", sino que es religiosa en sí y sólo puede cumplirse en obediencia ante el encargo recibido.

Si la santidad se popularizara, ¿qué marcaría la diferencia entre un cristiano común y las figuras que cuentan con el título oficial de santo por parte de la Iglesia católica después de un largo proceso de santificación?

El reconocimiento oficial de la santidad por parte de la Iglesia no está en contradicción con el hecho de que Dios haya puesto a nuestro alrededor a personas anónimas santas, gentes sencillas que dan testimonio cada día del amor de Dios y que no serán beatificadas o canonizadas por la Iglesia. En todo caso, la santidad no se "popularizará", no sólo porque nuestra condición humana tiene que combatir de modo permanente con el pecado, sino porque el cristiano "común" no acaba de entrar en la responsabilidad de la fe, rechaza la santificación de nuestra condición pecadora. Es decir, una mirada realista impone el reconocimiento de que mi relación constitutiva con Dios y con el prójimo se encuentra en ocasiones muy debilitada por el pecado (somos libres, y en lugar de acoger el amor de Dios muchos se afirman en su rechazo y obstinación), pero también la constatación de que, a pesar de creer, el cristiano no vive desde su fe en Dios, no realiza sus acciones a partir de la fe.

¿Hay muchos ejemplos de santidad vivos que los cristianos puedan tener de referencia?

Claro que sí, cuando el hombre nada puede interviene Dios para que comprendamos que la fortaleza es un atributo suyo. Pensemos, por ejemplo, en el testimonio de tantos cristianos perseguidos en Siria y en Irak que entregan su vida por amor a Jesucristo y son ejemplos de santidad. El año 2015 ha sido el peor año de la historia moderna para los cristianos perseguidos. Hay muchos enfermos, asimismo, que arrostran con enorme dignidad su propio desvalimiento, aceptando la cruz y llevándola junto al Crucificado. Pero también tu vecino, o tu compañero de trabajo, o tu propia madre, pueden convertirse en modelos y referentes vivos de santidad mediante su unión con Dios en la oración, la práctica sacramental, la obra buena en el fiel cumplimiento de las obligaciones... ¿Acaso piensas que ellos están lejos de Dios, lejos de cumplir su voluntad y de su amor cuando hacen todo eso?

Nota: 
Autor del libro «La exigencia de la santidad»
El P. Roberto Esteban Duque, sacerdote, moralista y ensayista, ha concedido a InfoCatólica una entrevista con motivo de la publicación de su nuevo libro, «La exigencia de la santidad» (Agapea). El sacerdote recuerda que la «llamada a la santidad no es privilegio de unos pocos, sino exigencia implícita de nuestro bautismo», y explica que puede que haya personas que nos rodean que son modelos vivos de santidad.

domingo, 26 de abril de 2015

Existe un estilo cristiano de habitar la web: el que está marcado por la caridad.


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Entrevistas
(Zenit/Jorge Enrique Mújica)

No han pasado muchos años desde que internet comenzó a mundializarse. La tecnología ha crecido a un ritmo acelerado, pero parece que la ética que debe acompañar ese crecimiento se ha quedado rezagada. ¿Es así? ¿Hay un divorcio entre ética y tecnología, especialmente en el ambiente digital?

La tecnología vertebra en gran medida la vida de los hombres y mujeres de hoy, y debemos aprender a contar con ella y encauzarla para que su uso nos ayude a desarrollarnos positivamente como personas. La forma más adecuada de hacerlo es aprender a vivir las virtudes en ese ámbito, en lugar de descalificar una realidad que, por otra parte, no está necesariamente predeterminada al mal. Todos nosotros hemos sido testigos de cómo el progreso, en manos equivocadas, puede convertirse, y se ha convertido de hecho, en un avance terrible en el mal. Si el progreso técnico no se corresponde con un desarrollo en la formación ética del hombre, con el crecimiento del hombre interior (cfr. Ef 3,16; 2 Co 4,16), no es un progreso sino una amenaza para el hombre y para el mundo. Efectivamente, se presenta un peligro cuando el progreso técnico no encuentra contrapeso en la reflexión y la responsabilidad, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar. Son muchos los autores que nos previenen de este peligro. Lamentablemente, con frecuencia, al imperativo ético «si debes, puedes», los intereses comerciales intentan instaurar lo opuesto: «si puedes, debes». Es casi imposible rechazar la innovación tecnológica pero no puede llevarnos a olvidar que su uso debe ser virtuoso: éste será siempre el mejor comportamiento ético. No todo lo que experimentamos en el cuerpo y en el alma ha de resolverse a rienda suelta. No todo lo que se puede hacer se debe hacer. No todos los avances tecnológicos o todas las funcionalidades van bien a todas las personas. Hay que pensar. Poco a poco la sociedad va estableciendo normas básicas de «etiqueta digital», lo mínimo para comportarse bien. Pero esto no basta; conviene preguntarse en cada caso: «esto a mí ¿qué me aporta o qué me dificulta?», y actuar en consecuencia. Ahora bien, no se pueden establecer reglas predeterminadas para todas las personas, sino que cada uno debe ver qué cosas le convienen, no sólo porque facilitan su trabajo, sino porque mejoran su relación con los demás y con Dios.

No es muy común encontrarse con tesis doctorales que desde la teología aborden las redes sociales. De suyo, la literatura especializada en este campo es más bien escasa. ¿Por qué elegir este camino? ¿Qué aportan las redes sociales a la teología y qué la teología a las redes sociales?

Es cada vez más amplio el número de académicos que estudian el fenómeno, aunque los enfoques son muy diversos. Hay quienes, como Clay Shirky («Cognitive surplus») o Andy Clark («Supersizing the mind»), destacan las fuerzas revolucionarias de la democratización de la información y la expansión de la conciencia que ha implicado el desarrollo tecnológico. Mientras que otros, como Nicholas Carr («Superficiales») o Sherry Turkle («Alone together») lamentan la pérdida de capacidad de reflexión y de sociabilidad en el mundo real y defienden la superioridad de las formas anteriores de transmisión cultural. Pienso que para entender el papel del hombre con respecto a la tecnología de la comunicación, y en concreto las redes sociales, son muy enriquecedoras las aportaciones de Benedicto XVI. La mayor parte de sus escritos relativos al tema están concentrados en los mensajes a las Jornadas Mundiales de las Comunicaciones Sociales. Ha sido una de las principales fuentes para este trabajo de investigación que fue dirigido en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma. Me parece que el estudio permite conjeturar que la principal motivación para usarlas es el carácter relacional que tienen y que potencian, la necesidad de incrementar las formas de relacionarse con otras personas, la facilidad para estar en constante contacto con amigos o familiares. Por lo tanto, no es desatinado afirmar que las redes sociales son una respuesta contemporánea a una realidad muy humana: la necesidad del otro. La necesidad de socializar responde a la naturaleza humana. Puede variar en sus formas según los tiempos, pero es siempre una manifestación del hombre modelado a imagen y semejanza de Dios. En este sentido se podría afirmar que las redes sociales ponen de relieve el aspecto social del ser humano.

En su tesis doctoral habla de que Dios puede querer decirnos algo ante este apogeo de lo digital. ¿Cuál sería ese mensaje?

La tecnología está cada vez más presente en el día a día de una buena parte de la humanidad. El fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la presencia capilar de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente palabras e imágenes a grandes distancias, en pocos segundos. De esta nueva cultura de comunicación se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso fácil e inmediato a documentos, fuentes y descubrimientos científicos; etc. Además, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social. Nos queda mucho por trabajar, empezando por cubrir la brecha digital (en este sentido es muy valiosa la iniciativa del Papa de Scholas Occurrentes). La necesidad del otro, la posibilidad de estar conectados con las personas que queremos, sin importar las distancias, la fabulosa capacidad de dar información valiosa –y qué más valioso que la Buena Nueva– a un gran número de personas, son muchas de las ventajas de las que podemos gozar hoy en día para construir un mundo mejor.

La tesis doctoral en la que ha trabajado durante varios años se propone ofrecer pautas para el comportamiento cristiano en las redes sociales. ¿Hay un estilo cristiano de habitar la web?

Claro que existe un estilo cristiano de habitar la web: es el que está marcado por la caridad, por el amor a Dios y a los demás, empezando por los que tenemos más cerca. Por esto, es oportuno reflexionar sobre cómo estas tecnologías nos afectan en la vida diaria, cómo cambian nuestro trato con los demás y, por supuesto, cómo influyen en nuestra relación personal con Dios. Por ejemplo, es importante proteger algunos momentos de silencio a lo largo del día para cultivar el trato con Dios. San Juan Pablo II hablaba de «zonas de silencio efectivo y una disciplina personal, para facilitar el contacto con Dios». Recientemente, el Papa Francisco ha dicho: «hoy, los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias». Se impone, por tanto, la necesidad de aprender a utilizar los instrumentos de comunicación, para que realmente sean medios que unan a las personas, y no obstáculos que las separen y lleven al aislamiento. Es una tarea que no puede reducirse al seguimiento de unas reglas, sino que implica el desarrollo de actitudes personales y hábitos positivos: se trata, en definitiva, de aprender a vivir las virtudes en el mundo digital. La Iglesia como maestra de humanidad, tiene mucho que decir al mundo y, frente al progreso técnico, no aconseja solamente prudencia y precaución, sino también valor y decisión. El crecimiento en las virtudes es el único camino que permitirá llevar a la práctica este consejo.

Dado que su investigación se centra especialmente en las virtudes cardinales y su relación con las redes sociales (especialmente la virtud de la prudencia), qué aportación, línea de acción o relación guardan éstas con el uso de las redes sociales. ¿Se puede hablar de un uso «virtuoso» de las redes sociales o de un modo virtuoso de relacionarse en ellas?

Aunque la caridad siempre será la virtud más importante, debemos resaltar la primacía de la prudencia entre las virtudes humanas necesarias para actuar de forma coherente en el mundo digital. La prudencia en relación con las redes sociales está presente desde el primer momento, ya que es necesario dilucidar previamente si realmente constituye una mejora para la propia vida, si resulta necesario o conveniente participar o no; y determinar en cuál o cuáles vale la pena disponer de un perfil, etc. Cada red social tiene su propia dinámica de funcionamiento que es preciso entender antes de comenzar a interactuar. También constituye un comportamiento maduro ponderar con qué medios o dispositivos se va a revisar o publicar. La forma de interactuar dentro de la plataforma también deberá estar marcada por la prudencia, que en muchas ocasiones aconseja focalizar la atención más en la calidad de las propias conexiones que en la cantidad. Es más importante seleccionar temas sobre los que valga la pena escribir, y reflexionar sobre ellos lo suficiente para que las aportaciones sean valiosas, que decir muchas cosas insignificantes a gran velocidad. Serán actos de prudencia: cancelar o silenciar contactos de la lista propia cuando estos compartan información que puede ser nociva o molesta; revisar las opciones de privacidad para saber quiénes puedes ver los contenidos que publicamos; cuidar las normas de etiqueta digital (no escribir en mayúsculas, no utilizar palabras mal sonantes, no publicar fotografías personales o de terceros que sean molestas, etc.). También será un acto de la prudencia desarrollar algunas capacidades prácticas que vienen del conocimiento técnico, ya que nos preparan para aprovechar más eficazmente la red social. Para formar la virtud de la prudencia es indispensable pedir consejo y, en los medios digitales, es tal vez más importante encontrar un buen consejero. Dice santo Tomás de Aquino que incluso «es una nota de excelencia contar con otras personas que puedan ayudarnos». Siempre cabe pedir a alguien con criterio que consulte nuestro perfil o nuestras interacciones para hacernos sugerencias y recomendaciones: no se trata de un «control externo», sino simplemente de dejarnos ayudar en nuestra vida en los ambientes digitales para ir formando criterio.

En algunos momentos de su tesis habla de la «santificación» de las redes sociales. ¿A qué se refiere con esto?

Me refiero a que las redes sociales no son una mera herramienta que mejora la extensión y el nivel de la comunicación, sino que, en cierta manera, han pasado a constituir un ambiente, un lugar. Se han convertido en uno de los tejidos conectivos de la cultura, a través del cual se expresa la identidad, se desarrolla el trabajo y nos relacionamos unos con otros. Por lo tanto, podríamos añadir que parte de la tarea del cristiano que participa en ellas será santificarlas, pues también deben ser un espacio para expresar con alegría y naturalidad su identidad cristiana.

viernes, 20 de febrero de 2015

Cáritas Europa: "Los pobres siguen pagando por una crisis que no provocaron"

Cáritas Europa: "Los pobres siguen pagando por una crisis que no provocaron"



La institución católica afirma que la UE y sus estados miembros «siguen abordando la crisis centrándose, principalmente, en las políticas económicas y, sobre todo, en los gastos de las políticas sociales».
Como resultado de ello, según indica la organización, la puesta en marcha de estas políticas «está teniendo un impacto devastador en la población europea, en particular en esos siete países más afectados». Además, Cáritas denuncia «la incapacidad de la UE y de sus estados miembros a la hora de prestar apoyo concreto y con el alcance necesario a las personas con dificultades, de proteger los servicios públicos esenciales y de crear empleo contribuirá a una prolongación de la crisis».

martes, 17 de febrero de 2015

“¡Promover la diversidad de la ‘orientación sexual’ por África, Asia, Oceanía, América del Sur significa llevar al mundo a una deriva total de decadencia antropológica y moral. Vamos hacia la destrucción de la humanidad!”


El Cardenal Robert Sarah* escribió el prólogo al libro de Marguerite A. Peeters, Il Gender, Una questione politica e culturale, publicado recientemente en Italia.
Si el libro es importante, también lo son las palabras del Cardenal Sarah, que con su claridad perforan el velo de ambigüedad y de hipocresía que rodea a la “perspectiva de género” incluso, por desgracia, en sectores del mundo católico. Por eso reproducimos algunos de sus párrafos.

Imponer el género es un crimen contra la humanidad

Il Gender, Una questione politica e culturaleDice el cardenal: “(…) De acuerdo con la ideología de género, no hay diferencia ontológica entre el hombre y la mujer. La identidad del hombre o mujer no es inherente a la naturaleza, sólo se atribuiría a la cultura: sería el resultado de una construcción social, un papel que los individuos interpretan a través de tareas y funciones sociales. Según su teoría, el género es performativo, y las diferencias entre los hombres y las mujeres son las regulaciones opresivas, los estereotipos culturales y las construcciones sociales, que se deben desconstruir para lograr la igualdad entre hombres y mujeres.
En nombre de la libertad y la igualdad, las batallas ideológicas de género obedecen a necesidades individualistas y subjetivistas que tienen como objetivo organizar la sociedad sin tener en cuenta la diferencia sexual. Los técnicos de esta teoría y el poderoso lobby que están luchando a favor de una falta de diferenciación de los sexos -que ellos llaman “la neutralidad sexual“-, forman un fluido magmático en el que se mezclan cosas confusamente abstractas y se pone en movimiento, como si se tratara de una nueva utopía “liberación del deseo“, portadora falsamente de una felicidad universal. Trabajan para desmantelar lo que ellos llaman el “sistema binario” hombre-mujer.
Como se puede ver, estamos ante una revolución que busca revocar el orden de la creación del hombre y la mujer, como Dios manda desde el principio en su designio de amor eterno. Llevada a cabo por parte de Occidente, esta revolución se desarrolla en una ausencia sutil, casi total de debate público. Las consecuencias son muy graves. No sólo se refieren a las ciencias médicas, las humanidades y sociales: las consecuencias destructivas podrían llegar a ser cada vez más evidentes en la vida concreta de la gente, de la persona y de la sociedad, dondequiera que vivamos.
El género consolida hoy sus cimientos y gana más terreno. Una forma diferente de considerar el matrimonio, la familia, el amor, la dignidad humana, los derechos y la sexualidad desde una perspectiva esencialmente subjetivista, están arraigados gradual y sólidamente en el Oeste, y tienden a expandirse en el resto del mundo. La teoría de género salta a un nivel superior, decisivo, convirtiéndose en la teoría queer.
Es decir, salta a un deseo generalizado de “desestabilización de la identidad y de lo institucional” porque la teoría queer, explica Marguerite A. Peeters, “no se detiene en la deconstrucción del sujeto: afecta principalmente a la deconstrucción del orden social. […] Se trata de sembrar la duda sobre las tendencias de orden sexual, para introducir la sospecha sobre las ‘restricciones de la heterosexualidad’, para cambiar la cultura“, para demoler las normas convencionales. (…)
Si los cambios subversivos promovidos por el género no dejan de expandirse, nuestra civilización podría perder el sentido de lo que la humanidad es, “no en beneficio de un mundo perfecto, sino en una caída hacia la barbarie” y el totalitarismo.
Lo que hace que la batalla aún sea más ardua y difícil es que la revolución cultural llega hoy, de manera significativa, para destruir el vínculo vital que debe existir entre el derecho y la verdad, lo correcto, lo bueno, lo justo, la centralidad de la persona humana en la sociedad. Los derechos humanos están ahora sujetos al procedimiento y las interpretaciones de los dictados del falso consenso. Una vez proclamadas, estas interpretaciones podrán ser citadas para adoptar convenciones internacionales, que se convierten en leyes, en los estados que son parte de esos tratados.
Son las reinterpretaciones decididas por presuntos consensos, por ejemplo, el acceso universal a la anticoncepción debe ser la prioridad del desarrollo; la maternidad es un estereotipo a desconstruir; cierta manipulación genética justifica el sacrificio de embriones; el aborto y la eutanasia debe ser liberalizados; las uniones homosexuales deben gozar de los mismos derechos de matrimonio. Este mismo gobierno global ejerce una fuerte presión sobre los estados para alinearlos con sus prioridades ideológicas, locuras flagrantes y escandalosas, que hacen caso omiso del bienestar de los países pobres y las culturas no occidentales.
“¿Los pobres no tienen derechos? ¡Son ellos y su desarrollo humano lo que debería ser el foco de la cooperación internacional! En contraste, la frase los “derechos de los homosexuales son derechos humanos y los derechos humanos son derechos de los homosexuales“, [Hillary Clinton], parece haberse convertido en el leitmotiv del discurso actual de la gobernabilidad global y, como consecuencia, se quiere cambiar la cultura de los pueblos a favor de la libre elección de la “orientación sexual“. Peor aún, en el mismo momento en que se utilizan los derechos humanos para imponer este tipo de proyecto ideológico, el secretario de la ONU, de una manera sorprendente, declara que “ninguna costumbre o tradición, ninguna creencia cultural o religiosa puede justificar el hecho de que un ser humano se le prive de sus derechos humanos“, [Ban Ki-moon].

¿Con qué derecho se sacrifican las culturas y la fe de los pobres en nombre de la homosexualidad, en nombre de los ídolos de la decadencia moral de Occidente? Se hace necesario, hoy, luchar con urgencia para conciliar el derecho con el matrimonio y la familia, que es un bien común de la humanidad. El matrimonio y la familia son anteriores al poder político, que éste tiene la obligación de respetarlos en su estructura humana universal.
En nombre de la ideología de género, reemplazan el matrimonio con las uniones civiles; redefinen las parejas, el matrimonio, la familia y la descendencia, para favorecer la homosexualidad y la transexualidad. Están perdiendo la humanidad, el sentido de la realidad y la razón de las cosas, y contribuyen a la creación de una cultura suicida. Es semánticamente incorrecto asignar a las parejas homosexuales la palabra “matrimonio” y “familia", que implican siempre el respeto de la diferencia sexual y la apertura a la procreación. La homosexualidad altera la vida conyugal y familiar. No puede ser una referencia educativa para los niños; les arruina profunda e irreversiblemente. Privar a un niño de un padre y una madre es una violencia inaceptable. (…) La homosexualidad, confrontándola con la vida conyugal y familiar, no tiene sentido. Recomendarla en nombre de los derechos del hombre es, cuando menos, nocivo. Imponerla es un crimen contra la humanidad.
Es inaceptable que los países occidentales y los organismos de las Naciones Unidas impongan a los países no occidentales la homosexualidad y toda su desviación moral, utilizando argumentos económicos para que revisen su legislación y que condicionen su asistencia al desarrollo a la aplicación de normas absurdas, subversivas, inhumanas y contrarias a la razón, al sentido de la realidad. ¡Promover la diversidad de la “orientación sexual” por África, Asia, Oceanía, América del Sur significa llevar al mundo a una deriva total de decadencia antropológica y moral. Vamos hacia la destrucción de la humanidad!
Los países occidentales se han acostumbrado a la inestabilidad de sus ideas y a la construcción de ideologías alienantes y fugaces como el marxismo y el nazismo. La exportación de sus ideologías a largo de la historia siempre ha causado un gran daño a la humanidad. El pensamiento africano no puede dejarse colonizar de nuevo. Después de la esclavitud y la colonización están tratando una vez más de humillar y destruir a África mediante la imposición de género. Es fundamental que los africanos no se priven de su sabiduría y de su perspectiva antropológica: el matrimonio y la familia, basados exclusivamente en la relación entre un hombre y una mujer. La filosofía africana proclama: el hombre no es nada sin la mujer, la mujer no es nada sin el hombre, y ambos son nada sin un tercer elemento que es un niño. Un niño es el regalo más grande y lo más precioso de Dios. Es la expresión más sublime del amor y la generosa fecundidad del don recíproco de los cónyuges.
Una gran batalla ha comenzado con poderosos medios subversivos (…). El efecto corrosivo del género, dice Marguerite A. Peeters, es tan eficaz en la consecución de sus objetivos que podría dar origen a un sentimiento de impotencia; incluso se sucumbe a la tentación de adoptar una actitud derrotista y a decir: en cualquier caso, la catástrofe está asegurada, dejemos que las cosas vayan como van. Pero Peeters nos dice: nosotros queremos participar en favor de la eterna vocación al amor del hombre y la mujer, a la comunión y a su complementariedad, no nos debemos dar por vencidos. (…)
El discernimiento es decisivo. Comienza con el realismo. Veamos las cosas a la distancia, pongamos la realidad actual en una perspectiva lo más amplia posible. Por un lado, hay que ser capaz de abrir los ojos a las realidades difíciles de nuestro tiempo y, por otro, mantengamos nuestros ojos fijos en el misterio de Dios. En lugar de encerrarnos en actitudes superficiales de la aceptación o el rechazo, despertemos y abrámonos a la luz trascendente de la gracia. Hay que “volver a la fuente, volver a la casa del Padre” y mantener la confianza en la presencia efectiva de Dios en la historia, una presencia que pasa por nuestra cooperación activa y el despertar de las conciencias (…)”. FIN, 16-02-15.
*El Cardenal Robert Sarah, es de Guinea, arzobispo emérito de Conakri, fue nombrado, el pasado 24 de noviembre, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

miércoles, 22 de octubre de 2014

El Evangelio no es un museo, no es un código penal, no es un código de doctrinas y mandamientos. Es una realidad viviente en la Iglesia.

El Mundo
Una semana antes del sínodo de la familia, el influyente cardenal alemán, cercano al Papa y que promueve la comunión de los divorciados, dijo que hay miedo a un "debate abierto"
Por   | LA NACION
"El Evangelio no es un museo, no es un código penal, no es un código de doctrinas y mandamientos. Es una realidad viviente en la Iglesia y nosotros tenemos que caminar con todo el pueblo de Dios y ver cuáles son sus necesidades. Algunos cardenales temen que haya un efecto dominó y que, si se cambia un punto, todo colapse."
Cuando falta una semana para el comienzo del sínodo extraordinario de obispos sobre los desafíos de la familia, marcado al rojo vivo por la cuestión de los divorciados vueltos a casar, el cardenal alemán Walter Kasper, favorable a una apertura, dijo en una entrevista con la nacion que "hay miedo a un debate abierto". Y subrayó que, si bien "la doctrina no puede cambiar, la disciplina sí puede".
Kasper es un teólogo de gran prestigio internacional y muy cercano a Francisco, que en su primer Angelus elogió el libro sobre la misericordia que escribió y que le había regalado durante el cónclave. Recientemente fue atacado por un grupo de cardenales conservadores que, en un libro que significativamente sale a la venta el 1° de octubre (titulado Permanecer en la verdad de Cristo. Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica), rechazan en forma tajante su apertura hacia los divorciados vueltos a casar. Según Kasper, después de un camino penitencial, bajo la supervisión de un sacerdote y luego de su absolución, éstos podrían ser readmitidos a la comunión.
Durante la entrevista en un departamento lleno de libros del Vaticano, Kasper, presidente emérito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad Cristiana, lamentó que, debido al revuelo sobre este tema, se haya reducido el sínodo a la cuestión de los divorciados vueltos a casar. "Ése es un problema, pero no el único. La agenda del sínodo es mucho más amplia y tiene que ver con los desafíos pastorales de la vida de la familia de hoy. Algunos medios dicen que habrá un gran avance y empezaron una campaña para eso. Yo también espero que haya una apertura responsable, pero es una cuestión abierta, que deberá ser decidida por el sínodo. Pero hay que ser prudentes, porque si después no sucede, la reacción será de gran desilusión".
-Algunos cardenales y obispos parecen asustados ante esa posibilidad y la rechazan incluso antes del comienzo del sínodo. ¿Por qué cree que hay tanto miedo a una evolución de la disciplina de la Iglesia?
-Creo que temen un efecto dominó, que si uno cambia un punto, todo colapse. Ése es su miedo. Todo esto se vincula con la ideología, una interpretación ideológica del Evangelio, pero el Evangelio no es un código penal. Como el Papa dijo en la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium", citando a Santo Tomás de Aquino, el Evangelio es una gracia del Espíritu Santo que se manifiesta en la fe que obra por el amor. Ésa es una interpretación distinta. No es un museo. Es una realidad viviente en la Iglesia y nosotros tenemos que caminar con todo el pueblo de Dios y ver cuáles son sus necesidades. Luego, debemos hacer un discernimiento a la luz del Evangelio, que no es un código de doctrinas y mandamientos. No podemos simplemente tomar una frase del Evangelio de Jesús y de ahí deducirlo todo. Hace falta una hermenéutica para entender todo el mensaje del Evangelio y luego diferenciar qué es doctrina y qué disciplina. La disciplina puede cambiar. Por eso me parece que acá tenemos un fundamentalismo teológico que no es católico.
-¿Usted dice entonces que no se puede cambiar la doctrina, pero sí la disciplina?
-La doctrina no puede cambiar. Nadie niega la indisolubilidad del matrimonio. Pero la disciplina sí puede cambiar y ya ha cambiado varias veces, como vemos en la historia de la Iglesia.
-¿Cómo se sintió cuando se enteró de que se estaba por publicar un libro de cinco cardenales que atacan su postura?
-Todo el mundo es libre de expresar su opinión, no es un problema para mí. El Papa quería un debate abierto, y creo que esto es una novedad y es algo sano que ayuda mucho a la Iglesia.
-¿Hay miedo entre algunos cardenales porque, como dijo el Papa, hay una construcción moral que podría colapsar como un castillo de naipes?
-¡Sí, es una ideología, no es el Evangelio!
-¿Hay miedo a una discusión abierta en el sínodo?
-Sí, porque temen que todo pueda colapsar. Pero, primero de todo, vivimos en una sociedad abierta y plural, y es bueno para la Iglesia que haya una discusión abierta, como tuvimos en el Concilio Vaticano II (1962-65). También es bueno para la imagen de la Iglesia, porque una Iglesia cerrada no es una Iglesia sana. Por otra parte, cuando debatimos sobre matrimonio y familia, debemos escuchar a la gente que vive esta realidad. Hay un sensus fidelium [el sentido de los fieles]. No puede ser decidido sólo desde arriba, desde la jerarquía de la Iglesia, y especialmente no se pueden citar viejos textos del último siglo, hay que observar la situación de hoy, hacer un discernimiento del espíritu y llegar a resultados concretos. Yo pienso que ésta es la aproximación del Papa, mientras que muchos otros parten de la doctrina y usan después un método más deductivo.
-En una entrevista con un medio italiano usted dijo que el blanco verdadero de los ataques de los cinco cardenales conservadores no es usted, sino el Papa...
-Quizá fui imprudente. Pero mucha gente lo está diciendo, se puede oír en la calle todos los días. No quiero juzgar a nadie, pero es obvio que hay gente que no está totalmente de acuerdo con este papa, algo que no es nuevo y ya sucedió durante el Concilio Vaticano II, cuando muchos estaban en contra al aggiornamento de Juan XXIII y Pablo VI.
-Muchos analistas piensan que no es una coincidencia que este libro salga justo en vísperas del sínodo...
-Sí, es un problema. No recuerdo una situación semejante, en la que de forma tan organizada cinco cardenales escribieran semejante libro. Es como se manejan los políticos, pero creo que en la Iglesia no deberíamos portarnos así.
-¿Qué espera del sínodo?
-Creo que mucho depende de cómo el mismo Papa abrirá el sínodo. Él no puede darnos una solución al principio, pero sí una perspectiva, una dirección. Espero que haya una discusión serena y amistosa de todos los problemas vinculados a la familia, no sólo uno. Y creo que lograremos un gran consenso, como tuvimos en el Concilio Vaticano II.
-En los últimos días, el Papa habló varias veces de la misericordia, dijo que hay que captar los "signos de los tiempos", que los pastores deben estar cerca de la gente, por lo que parece muy claro qué es lo que quiere...
Sí, leer los signos de los tiempos fue fundamental durante el Concilio Vaticano II. No puedo imaginarme que la mayoría del sínodo en este punto pueda oponerse al Papa.
-Sobre la cuestión de los divorciados vueltos a casar: ¿la comunión es un premio para quien es perfecto o es una ayuda al pecador?
-La comunión tiene un efecto sanador. Y especialmente la gente que vive en situaciones difíciles necesita la ayuda de la gracia y necesita los sacramentos.
-Otra solución sería anular en forma más rápida los matrimonios.
-Hay situaciones en las que la anulación es posible. Pero tome el caso de una pareja con diez años de matrimonio, con chicos, que en los primeros años tuvo un matrimonio feliz, pero por diversas razones fracasa. Este matrimonio era una realidad y decir que era canónicamente nulo no tiene sentido.

Un teólogo progresista

Walter Kasper
Cardenal
Edad: 81 años
Origen: Alemania

  • Creado cardenal por Juan Pablo II, Kasper es presidente emérito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
  • El cardenal le regaló a Bergoglio su libro Misericordia antes del cónclave en el que fue elegido papa. Francisco lo citó en su primer Angelus
  • De tendencia progresista, es autor de numerosas publicaciones y goza de un gran prestigio como teólogo a nivel internacional
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domingo, 9 de febrero de 2014

Todo lo que recibe Cáritas no es dinero limpio. Deberian ser más prudentes no solo con compañias de teatro, que solo reflejan la realidad.

Cáritas rechaza la donación de una obra de teatro en la que un joven se enamora de un cura

Cáritas ha decidido romper el convenio, firmado el 31 de diciembre, tras tener conocimiento del contenido de la obra. En la carta remitida el 5 de febrero a Escenopán, en la que comunican la decisión, afirma que «hace referencia expresa y única a la obligación que les vincula de velar por la coherencia entre las acciones de obtención de recursos y los propios fines institucionales que conforman a Cáritas como organismo oficial de la Iglesia».

(El Mundo/InfoCatólica) Cáritas ha decidido romper el convenio, firmado el 31 de diciembre, tras tener conocimiento del contenido de la obra. En la carta remitida el 5 de febrero a Escenopán, en la que comunican la decisión, afirma que «hace referencia expresa y única a la obligación que les vincula de velar por la coherencia entre las acciones de obtención de recursos y los propios fines institucionales que conforman a Cáritas como organismo oficial de la Iglesia».
La Asociación Andaluza para las Artes Escénicas y Audiovisuales (Escenopán) ha denunciado hoy la decisión de Cáritas de romper el convenio firmado con ellos alegando «coherencia con los principios que rigen en la Iglesia», en relación a una obra de teatro en la que un joven se enamora de un sacerdote.
Según ha señalado Escenopán en un comunicado, esta decisión, que hace alusión a la comedia musical «Diluvium», supone romper un convenio por el que Cáritas iba a recibir los beneficios de esta obra y sus sucesivas representaciones para ayudar a combatir la pobreza, un objetivo que persiguen ambos colectivos desde distintos ámbitos. La nota indica que el convenio ya suspendido tenía un carácter anual por el que Cáritas recibiría el 70% de los beneficios de las producciones generadas por el colectivo teatral durante todo el año.
La comedia musical «Diluvium», la primera producción de Escenopán, es una adaptación libre del musical italiano «Aggiungí un Posto a Tavola» -que en los años 70 se puso en escena en España con el nombre ‘El diluvio que viene’-, escrita y dirigida por el sanroqueño Juan Carlos Galiana, en la que un joven se enamora del cura del pueblo (en la versión original es una chica la que se enamora del sacerdote), y éste se debate entre amar al chico o seguir con su tarea en la comunidad, mientras Dios le encarga la salvación de su parroquia ante un segundo diluvio.
La obra se estrenó el 31 de enero en el teatro Florida de Algeciras (Cádiz) con dos llenos absolutos, y las próximas funciones se desarrollarán en San Roque (Cádiz) el 22 y el 23 de febrero. Escenopán se ha mostrado crítico con esta decisión, ya que el colectivo apela a «la plena identidad entre el fin de lucha contra la pobreza y marginación social que desde un principio rige todas sus actividades, según recogen expresamente los Estatutos fundacionales, y los fines que siempre han determinado y determinan la acción y trayectoria de Cáritas en nuestro entorno social».
El colectivo teatral, no obstante, «tiende la mano a futuras colaboraciones a Cáritas ya que siguen unidos por los mismos objetivos: la lucha contra la marginación social», bajo la idea de «convertirnos en una fábrica de cultura para combatir la pobreza».

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cardenal Meissner: «El Papa me respondió: los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar»

El prelado preguntó al Papa directamente sobre el tema

Cardenal Meissner: «El Papa me respondió: los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar»

El cardenal y arzobispo de Colonia, S.E.R Joachim Meissner, ha concedido una entrevista en la que explica el contenido de su último encuentro con el Papa. 

(Deutschlandfunk)
Jürgen Liminski: Parece que es un juego muy popular para la gente de los medios: sacudirle a la Iglesia. Los obispos en realidad lo podrían sobrellevar con tranquilidad, pero algunas encuestas les deben dar que pensar, por ejemplo la de Allensbach, según la cual dos tercios de los católicos están a favor de que a los divorciados se les permita casarse por la iglesia de nuevo. Y para hablar sobre éste y otros temas , doy la bienvenida al arzobispo de Colonia, cardenal Joachim Meissner. Buenos días, eminencia.
Cardenal Joachim Meissner : ¡Buenos días!
Su Eminencia, Navidad, ¿Qué es lo que va a predicar usted esta noche?
Esa es una buena pregunta. El tema del sermón de Navidad realmente no se puede elegir. El contenido de la fiesta de Navidad es tan abrumador, que el Dios eterno se ha convertido en uno de nosotros, un hombre, que no se puede predicar sobre nada más. Esto también alegra a la gente en última instancia, y también nos da una perspectiva real para el presente y el futuro de nuestra vida.
Este Dios nace en una familia. Los temas familia y matrimonio son actuales, el debate sobre la divorciados vueltos a casar parece dividir a la Iglesia en Alemania. ¿Cuál es su posición?
Querido señor Liminski, en todo momento, la Iglesia, especialmente los obispos junto con el Papa tiene el encargo de ejemplificar ante los hombres la obediencia a la Palabra de Dios. Los Obispos también comparten con el Papa el Magisterio. Pero siempre cum Petro et sub Petro, es decir, por debajo de Pedro y con Pedro. Así que cualquier disenso entre la enseñanza del Papa y el obispo es teóricamente inconcebible. Déjeme añadir algo más: Desde tiempos inmemoriales la Iglesia está convencida de que la unidad de Cristo con su Iglesia, que es su cuerpo, es normativa también para el matrimonio. Y el apóstol Pablo lo dice explícitamente: «El matrimonio es un misterio profundo. Yo lo refiero a Cristo y la Iglesia». Y Cristo dice entonces, lógicamente, que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. A esto no hay realmente nada más que añadir. Puede usted pensar tal vez que esto se lo lanzo como un disparo. Es que todos los días me veo confrontado con estas cuestiones y por eso su pregunta no era nueva para mí.
Esta no es la misma posición, idéntica, que la de su colega Zollitsch. Él llama a una mayor integración en la vida comunitaria, también una integración de las personas divorciadas. Y cree que en Roma también habría diferentes opiniones sobre esto. Así que la de la CDF, por tanto, no contaría más que las otras. ¿Entonces, qué es lo que tiene validez?
Sr. Liminski, escuche por una vez a un viejo obispo. En mi última visita al Papa Francisco pude hablar muy francamente con el Santo Padre sobre todos los temas. Y también le dije que cuando habla en forma de entrevistas y breves discursos se quedan algunas preguntas abiertas, que para los no iniciados deberían en realidad precisarse más. El Papa me miró fijamente y me dijo que le mencionara un ejemplo.
Y mi respuesta fue entonces que a su regreso de Río a Roma, mientras viajaba en el avión, se le mencionó el problema de los divorciados vueltos a casar. Entonces el Papa simplemente me respondió: «los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar. En la Iglesia Ortodoxa se pueden casar dos veces». Hasta ahí su declaración.
Luego habló de la misericordia que, sin embargo, a mi modo de ver, y así se lo dije, en este país siempre se interpreta como un sustituto de todas las posibles faltas del hombre. Y el Papa me respondió muy enérgico que era un hijo de la Iglesia Católica, y que él no dice otra cosa que lo que la Iglesia enseña. Y la misericordia debe ser idéntica a la verdad, de lo contrario no merece el nombre de la misericordia.
Y, por lo demás, él me dijo expresamente que cuando ciertas cuestiones teológicas se mantienen abiertas, entonces la importante Congregación para la Doctrina de la Fe está ahí, para aclarar y formular detalladamente. También debe pensar que antes del Concilio el propio Papa era el presidente de esta congregación, y ella es, en el orden curial, la que está en el primer puesto, ahora lo mismo que antes. No se puede hablar del Prefecto como si fuera un ciudadano particular, sólo porque él anteriormente fuera miembro de la Conferencia Episcopal (alemana).
Ahora el Papa ha iniciado una encuesta de opinión acerca de la familia y el matrimonio y la moral sexual de cara al Sínodo del próximo otoño. Y para Colonia ya hay resultados. Así se observa que en la población se van las cosas de modo diferente que en Roma. ¿No debería, debe, adaptarse la iglesia?
También dije con anterioridad que la Iglesia tiene que adaptarse a la Palabra de Dios y no a la opinión de la gente. Debemos, como Iglesia, conocer la opinión de la gente, para después proclamar la Palabra de Dios en función de esto. Pero adaptarse al modo que usted pregunta no es una categoría del Evangelio. Es sorprendente que, por ejemplo, la Iglesia Evangélica Luterana, con su documento de toma de posición sobre la temática de la sexualidad, se haya alineado totalmente con el llamado espíritu de los tiempos en los asuntos de la sexualidad. Y, ¿cómo se ve en la situación de la Iglesia Evangélica Luterana? He oído decir que los números de abandono de la iglesia luterana son ahí aún más altos que los nuestros. De manera que, en última instancia, este éxodo no puede deberse a la cuestión de la sexualidad.
El ZdK (comité central de los católicos alemanes) lo ve un poco diferente. El Presidente Glück aboga por adaptarse e integrar plenamente a los divorciados vueltos a casar, es decir, admitirles también a la Eucaristía. El ZdK quiere casarse con el espíritu de los tiempos, se podría decir. Ahí desertan unidades enteras de los ejércitos cristianos. ¿No tiene miedo del aislamiento?
Bueno, no conozco el miedo al aislamiento. En la escuela primaria, en Turingia, yo era el único chico católico. Y siempre estaba en medio y no me dejaba aislar. La misión del ZdK es hacer visible y efectivo el Evangelio en las dimensiones de lo secular, es decir, en el mundo. Y aquí, este gremio debe dejarse hacer realmente en serio la pregunta: ¿Se han mantenido fieles a su misión y la vocación?
¿Y formula usted, en este contexto, la pregunta de si yo he de temer un cierto aislamiento? Lo que yo tengo es auténtica preocupación por las personas que deforman a conveniencia su propia fe en lugar de aceptarla respetuosamente como el mismo Cristo nos la ha confiado. Esto no trae ninguna solución. En el siglo IV,a raíz de la herejía de los arrianos, se decía que de la noche a la mañana, la Iglesia se había vuelto arriana. Pero eso no quedó así. Se convirtió en católica de nuevo. Y por eso, por hostiles que sean los números, no me asustan. Debo decir que simplemente debemos preguntarnos lo que Dios quiere.
Y la Iglesia sabe desde hace 2.000 años que lo que Dios ha unido el hombre no lo puede separar. Otra cuestión diferente es la de si todos los matrimonios son realmente válidos. Si debería haber criterios nuevos que permitieran dictaminar si un matrimonio no ha tenido lugar realmente y no es válido. Pero esa es otra cuestión. Ahí no se trata de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Santa Comunión.
Su Eminencia, mañana cumple 80 años. ¿Presentará su renuncia al Papa o pedirá que deje que se jubile? La cuestión de la sucesión está abierta, y yo ni siquiera querría abrir este barril, a menos que tenga una preferencia que desee decirnos. Pero mirando hacia atrás, hacia los 25 años de Colonia se puede preguntar, ¿qué le ha impresionado más durante estos años de su tiempo obispado?
Voy a enfrentarme permanentemente con esas preguntas. Pero para empezar, todo lo referente a mi sucesor como arzobispo de Colonia lo llevo a mi oración personal diaria. Pero con la gente, incluso con mis colaboradores más cercanos, no hablo de ello. Así que comprenderá que, por supuesto, no voy a charlar de ello con usted, siendo periodista de Deutschlandfunk.
Pero lo que más me ha impresionado en estos 25 años de mi servicio como Arzobispo de Colonia es, con diferencia, la lealtad y fortaleza de la fe de nuestros sacerdotes que están dispuestos, en situaciones difíciles, a tomar sobre sí un nuevo concepto de la cura de almas, motivado por la escasez de vocaciones, y están recorriendo en esto un territorio inexplorado. Lo que me conmueve positivamente una y otra vez en nuestros sacerdotes, diáconos y miembros del personal que tiene a cargo el cuidado de las almas, es la fuerza de su fe y la alegría en la fe, a pesar de las permanentes noticias negativas de los medios, o como se han hecho escuchar aquí también, en su entrevista. Que no se resignen interiormente, eso es un milagro.
¿Tiene usted un deseo para la Navidad y el futuro?
Sí, de hecho varios deseos, pero mi deseo principal para la Navidad y el futuro es que el gozo de Dios –que es nuestra fuerza, como el Santo Padre subrayó en su carta apostólica–, que el gozo de Dios nos ayude de manera efectiva a la remodelación del mundo. Y esa es la única fuerza que bastará para que la Iglesia cumpla su misión, aunque contemos con menos impuestos eclesiásticos, o lo que sea. Y no sólo a duras penas, sino incluso también con un poco de pompa y circunstancia.
Este ha sido el cardenal Joachim Meissner, arzobispo de Colonia , aquí en la Navidad de Alemania radio. Muchas gracias por la entrevista , Sr. Cardenal.

domingo, 28 de julio de 2013

La historia del joven en silla de ruedas que sobrecogió a 3 millones en Copacabana.

Felipe Passos RÍO DE JANEIRO, 27 Jul. 13 / 07:37 pm (ACI/EWTN Noticias).- El joven brasileño Felipe Passos conmovió a los cerca de tres millones de participantes de la Jornada Mundial de la Juventud, incluyendo al mismo Papa Francisco, cuando relató durante la Vigilia en la playa de Copacabana, la historia que lo llevó a una silla de ruedas y a descubrir el valor de la Cruz en la vida del cristiano. Felipe, de 23 años, explicó que su historia comenzó al final de la pasada Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, donde se había comprometido espiritualmente a guardar la castidad hasta el matrimonio y a trabajar intensamente para que su grupo de oración de su natal ciudad de Ponta Grossa, en el estado de Paraná, pudiera participar en la Jornada Mundial de la Juventud, que el Papa Benedicto anunció para Rio de Janeiro. De modestos recursos, Felipe y sus amigos comenzaron a juntar fondos mediante múltiples y sacrificados trabajos, al tiempo que se preparaban espiritualmente, orando, participando en adoraciones eucarísticas, ayunando y realizando obras de solidaridad. “Pero el mes de enero de este año, dos días antes de cumplir los 23 años, dos jóvenes entraron en mi casa, armados, con la intención de robar el dinero que habíamos juntado con tanto sacrificio”. “Pensé en los meses de esfuerzo, de sacrificio de mi familia, de mis amigos y compañeros… en lo que nos sería arrebatado y decidí que no lo daría”. Felipe salvó los ahorros del grupo, pero recibió un disparo que casi termina con su vida. “Estuve clínicamente muerto, tuve varios paros cardiacos, y el médico dijo a mis padres en el hospital ‘este joven no tiene esperanzas’… pero aquí estoy, y mi comunidad está aquí por la misericordia de Dios". El joven paranaense, ante la multitud enmudecida y un Papa Francisco que lo miraba atentamente, relató cómo estuvo en coma, respirando por un tubo, mientras su comunidad ofrecía oraciones y sacrificios por su recuperación. Finalmente, cuando recuperó la conciencia, lo primero que hizo fue pedir la Eucaristía; y tras recibirla, su recuperación se aceleró. Sin embargo, Felipe quedó confinado a una silla de ruedas: “esta es mi cruz, la cruz que me envió el Señor para acercarme más a Él, para vivir más abierto a su gracia y su amor”, explicó. Cuando la multitud irrumpió en un aplauso, Felipe interrumpió: “¡Silencio! ¡Escuchemos al Espíritu Santo!”. El joven de 23 años pidió luego a cada uno de los presentes tomar en sus manos y dirigir la mirada a la cruz del peregrino que cada uno llevaba en su pecho, y los invitó a meditar en silencio sobre “cuál es la cruz que el Señor me ha dado, cuál es la cruz que él quiere que lleve por su amor”. El momento de oración y meditación ante la cruz fue seguido por todos los presentes, incluyendo los obispos y cardenales, que contemplaron su propia cruz pectoral, y creó un raro momento de profundo silencio a todo lo largo de la playa de Copacabana. Felipe concluyó su testimonio pidiendo oraciones y la bendición del Papa Francisco.

viernes, 24 de mayo de 2013

Izquierda sonrojante, derecha cobarde.


Izquierda sonrojante, derecha cobarde.

(Publicado en ABC de Sevilla, 10 de mayo)
El discurso de Rubalcaba sobre el aborto es sonrojante de puro demagógico: consiste en atribuir la largamente amagada (pero nunca materializada) reforma a «presiones de los obispos». ¿Realmente piensa el PSOE que el 51% de españoles que -según encuesta publicada en El País el 14 abril- consideran que el aborto debe ser legal en «ningún» o «sólo en algunos» supuestos (y que rechazan, por tanto, la actual ley de plazos) lo hacen por obediencia a los obispos? ¿No habíamos quedado en que España era un país muy secularizado? ¿De verdad piensa Rubalcaba que «los obispos» son capaces de modelar la opinión del 51% de los ciudadanos?
En realidad, presentar la reforma de la ley del aborto como una concesión a la Iglesia no es razonar: es pulsar la tecla visceral del anticlericalismo para eludir, precisamente, cualquier argumentación racional. La lógica del PSOE parece implicar que un Estado laico nunca puede legislar en una dirección que complazca a «los obispos»: hay que desmarcarse a cualquier precio de la moral católica. Sugiero a Rubalcaba que proponga cuanto antes la legalización del asesinato, el robo y la violación, pues los tres han sido condenados siempre por la Iglesia. Debe exigir también el cese inmediato de todas las prestaciones sociales, pues la Iglesia predica la caridad con los necesitados. ¡El mantenimiento del aparato asistencial constituye una intolerable concesión a los obispos!
El discurso del PSOE sobre el aborto es un insulto a la inteligencia. A la inteligencia de sus propios votantes, a los que considera contentables con pitracones de burda carnaza anticlerical. A la dignidad de los que se opongan al aborto por razones religiosas, que se ven tratados por Rubalcaba como españoles de segunda (¿por qué el ciudadano creyente –a diferencia de todos los demás- carecería del derecho a intentar influir sobre las leyes?). Y a la racionalidad en cuanto tal, al presuponer que sólo cabe oponerse al aborto por motivos religiosos o por sumisión a los temibles obispos. ¿Acaso es preciso creer en Dios para comprender que el feto es miembro de la especie, y que por tanto merece la protección de la ley? ¿Depende la dignidad humana del tamaño físico? ¿Tiene menos dignidad un recién nacido que un baloncestista de dos metros? ¿Tienen algo que ver con la religión estas consideraciones?
Pero enfrente encontramos a una derecha que, año y medio después, sigue sin derogar una sola de las leyes de ingeniería social que constituyen lo esencial del legado zapaterino: aborto, divorcio exprés, matrimonio gay, permisividad bioética, ideología de género, «memoria histórica»… En los primeros meses podía invocar la excusa de «estudiar bien las cosas»; pero, a estas alturas, su pasividad sólo puede ser interpretada como una irritante revalidación de la clásica actitud de sumisión cultural y complejo de inferioridad de la derecha frente a la izquierda. Una actitud que ya dejaba entrever aquel «la economía lo es todo» de Rajoy en campaña, pero que algunos intentamos ignorar. Por cierto, Rajoy tampoco ha arreglado esa economía tras la que se esconde para no desafiar a la izquierda en asuntos morales cruciales. En lo que se refiere a las necesarias reformas de reducción del tamaño del Estado (simplificación de la administración, eliminación de empresas públicas, fusión de ayuntamientos, liberalización de la economía, etc.), hace gala del mismo desesperante tancredismo que en el plano ideológico-cultural.
Cuando un partido tiene una visión propia del hombre, de los valores, de la sociedad, transmite señales inequívocas desde el momento en que llega al poder. Zapatero la tenía, y obró en consecuencia: apenas un año después de tomar posesión, impulsó las leyes de matrimonio gay y divorcio exprés. Las medidas con mayor carga ideológica deben ser adoptadas al principio de la legislatura, con la legitimidad democrática recién estrenada (una legitimidad que es mayor en el caso del PP, con la mayoría absoluta que Zapatero nunca tuvo). De esa forma, se le envía a la sociedad un mensaje claro que permite entender en qué creen y por qué valores apuestan los que gobiernan. Pero para eso hace falta creer en algo.
Mientras el PP vuelve por los fueros del tecnocratismo desideologizado (y, para colmo, ineficaz), en la laica Francia se produce una increíble movilización popular en contra del matrimonio gay, respaldada por la UMP de Copé. La derecha francesa ha entendido que la familia es un asunto nodal, en el que se juega el futuro de la sociedad. Ha asumido esa batalla cultural, y la libra de tú a tú con la izquierda, argumentando y explicando: el matrimonio está al servicio de la procreación y educación de niños; aceptar el gaymonio implica aceptar la homoparentalidad y, por tanto, sacrificar el principio de que lo mejor es que cada niño sea criado por el hombre y la mujer que lo engendraron. Y, una vez sacrificado el principio, la afectada es la sociedad entera, y no sólo los pocos niños que sean adoptados o engendrados artificialmente por homosexuales (todos los padres, no sólo los gays, hemos pasado a ser «progenitores A y B»). La marea pro-matrimonio en Francia muestra que «otra derecha es posible»: una derecha consciente de que los grandes desafíos en los que se juega la sostenibilidad de la sociedad se sitúan en el terreno moral y cultural.

miércoles, 22 de mayo de 2013

El Papa denuncia que la crisis económica en Europa es fruto del capitalismo salvaje.

El Papa denuncia que la crisis económica en Europa es fruto del capitalismo salvaje.

El papa Francisco afirmó ayer que en la actual crisis económica y financiera que afecta sobre todo a gran parte de Europa se ven los resultados de un «capitalismo salvaje» que ha instaurado la lógica del beneficio a «cualquier coste». Durante una visita a la casa de socorro y asistencia a los más necesitados «Don de María», gestionada en el Vaticano por las Hermanas Misioneras de la Caridad, el pontífice apostó por que la sociedad actual recupere el sentido de la «gratuidad, de la solidaridad».
 
(Efe) «Un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica del beneficio a cualquier coste, del dar para obtener, del provecho sin mirar a las personas... y los resultados los vemos en la crisis que estamos viviendo», dijo Francisco durante la visita, en declaraciones recogidas por los medios italianos.
El pontífice sostuvo también que «tenemos que recuperar todos el sentido del regalo, de la gratuidad, de la solidaridad».
Cuando se cumple este año el 25 aniversario de su inauguración por el papa Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcuta, Francisco visitó este martes la casa «Don de María» del Vaticano, que ofrece cada día comida a pobres y asistencia médica a decenas de mujeres.
El papa argentino estuvo acompañado, entre otros, por el prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gaenswein, y de su secretario personal, Alfred Xuereb, y al encuentro con el pontífice asistieron no solo las monjas responsables del centro de caridad, sino también algunos de las personas necesitadas de asistencia que encuentran en él.
«Esta casa es un lugar que educa en la caridad, una 'escuela' de caridad, que enseña a ir al encuentro de cada persona, no por el beneficio, sino por amor. La música, digámoslo así, de esta casa es el amor. Y esto es bonito», dijo Francisco.
El papa añadió que le gusta «que los seminaristas de todo el mundo vengan aquí para tener una experiencia directa de servicio. Los futuros sacerdotes pueden vivir así de un modo concreto un aspecto esencial de la misión de la Iglesia y hacer de ello un tesoro para su propio ministerio pastoral».