Mostrando entradas con la etiqueta castidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta castidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de febrero de 2015

Entrevista de Mons. Livio Melina, presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II, al portal Tempi.



(Tempi) Mons. Livio Melina (Adria, Italia, 1953) es sacerdote y doctor en teología por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma. Fue asistente de la Congregación para la Doctrina de la Fe cuando era Prefecto el cardenal Joseph Ratinzger, quien ya siendo Papa, con el nombre de Benedicto XVI, le nombró en el año 2006 presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II.
El Pontificio Instituto Juan Pablo II tiene la misión de enseñar la Fe, mediante el conocimiento de la verdad del matrimonio y la familia, con el auxilio de las diversas ciencias humanas que trabajan en estos campos.

Según el cardenal de Milán Angelo Scola, el contexto histórico actual se caracteriza por un «erotismo penetrante». ¿Es la consecuencia de la llamada «revolución sexual»?

La revolución sexual se puede definir como una serie de rupturas del contexto natural y cultural en el que se vivía la experiencia del amor humano en la tradición católica: ruptura del nexo entre sexualidad y matrimonio (con una sexualidad extraconyugal); ruptura del nexo entre sexualidad y procreación (mediante la contracepción y la reproducción artificial), ruptura del nexo entre sexualidad y amor (con una sexualidad «líquida»). De este modo el sexo se ha convertido en una mina vagante omnipresente, que invade el escenario de la existencia actual con la fuerza de una autoevidencia que se impone. Recuerdo que don Giussani dijo una vez que para destruir la mentalidad cristiana del pueblo, nada más terminar la guerra los comunistas empezaron a difundir la pornografía, chantajeando así al hombre en su punto más débil. En los años sesenta Marcuse señaló el mismo fenómeno de instrumentalización del eros en la sociedad consumista avanzada, que quiere «al hombre a una dimensión»…
En efecto, se alza un fuerte prejuicio puritano sobre el cristianismo: se identifica de hecho al cristianismo con la moral, la moral con un sistema de prohibiciones, y se piensa que esta prohibiciones se dan sobre todo en el ámbito sexual, de manera que al final de esta serie de falsas ecuaciones el cristianismo se equipara a la represión sexual. Como expresó el Papa Benedicto XVI con agudeza en la encíclica Deus caritas est: se dirige al cristianismo la acusación nietzscheniana de haber envenenado la experiencias más bella y atrayente de la vida. Entra entonces una especie de complejo de culpa de los clérigos, ulteriormente acentuado por los deplorables escándalos de pedofilia. De este modo al final no solo se pide a la Iglesia el silencio sobre este tema, sino que también en la Iglesia se termina por pensar que es mejor no hablar de ello para no obstaculizar la evangelización. Y así el tema culturalmente más imponente, educativamente más decisivo, se abandona a la mentalidad mundana que invade también a los fieles, que cuando razonan sobre estas cosas ya no expresan un sensus fidelium teológicamente significativo, sino la mentalidad mundana de la que todos deberíamos convertirnos para unirnos a la novedad de Cristo, que por sí sola nos libera. Jesús no hizo sondeos cuando propuso el perdón de los enemigos, el matrimonio indisoluble, la eucaristía o la palabra de la cruz: sabía perfectamente qué pensaban incluso los discípulos. Dijo más bien: «¿También vosotros queréis marcharos?».

Entonces, ¿qué es lo que está hoy en juego?

Se deberían meditar las palabras del Papa Ratzinger en uno de sus últimos discursos: el del 22 de diciembre de 2012 para felicitar la Navidad a la curia romana. Él dijo que en las mutaciones y deformaciones que amenazan a la familia, con la pretensión de los llamados presuntos «nuevos derechos», con la redefinición del matrimonio, con la abrogación de la paternidad y la maternidad, está en juego nada menos que la identidad humana: sin las relaciones constitutivas que nos dan identidad –hijo, padre, madre, esposo y esposa, hermano y hermana- el hombre es solamente un individuo frágil manipulable por el poder. Pero la cuestión es también radicalmente teológica: porque está en juego el lenguaje originario de lo humano, del que se ha servido Dios en la Revelación para hablarnos. ¿Qué palabras nos quedarán para hablar de Dios sin el léxico de estas relaciones familiares?

Entre las cuestiones públicas más debatidas está ciertamente el tema de la diferencia/indiferencia sexual. Tan es así que, tentados por una cierta educación sentimental, sucede que también a los católicos les cuesta sostener con seguridad que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.

La diferencia sexual, que marca al cuerpo hasta en las fibras más íntimas y lo orienta a un modo específico de relación, representa una referencia antropológica fundamental, con un marcado carácter vocacional. Es una llamada: es decir, no es solo un dato biológico casual y tampoco un factor exhaustivamente establecido en al biología. Es invitación a una respuesta y a un camino que pide educación, para asumir la forma de una unión en la que se realice el don de sí en el amor, con carácter de exclusividad, totalidad e irrevocabilidad de una promesa y con una intrínseca sobreabundancia de apertura a la vida en la procreación. La pérdida de la idea de que existe una naturaleza humana común no manipulable, que hay ligámenes originarios que dan identidad y misión a la vida (como sucede en la ideología de género), hace imposible pensar en un bien común de la sociedad. Una cosa es el respeto debido a todas las personas independientemente de su orientación sexual, otra son los derechos de la familia auténtica, base del bien común de la sociedad. ¿Cómo es posible no comprender que es la familia compuesta por hombre y mujer, radicada establemente en el matrimonio y comprometida en la educación de los hijos la que crea aquel «capital social» de comportamientos, de cultura y de virtudes sobre el que se basa el vivir juntos? ¿Cómo no entender que si falta esto se tritura el ligamen social?

Como muestran muchas respuestas al cuestionario de preparación al Sínodo de los obispos sobre la familia, sobre la moral y concepción del hombre, hay gran confusión entre los fieles. Una confusión exasperada por el bombardeo mediático tecnológico cada vez más invasivo.

La moral tiene hoy mala fama en la sociedad y también en la misma Iglesia. El discurso corriente fácilmente tiene como objetivo fácil el «moralismo». Y no sin motivo: cuando se piensa en la moral como en una serie de prohibiciones que limitan la libertad y pretenden violar la conciencia, resulta justificada una instintiva aversión. ¿Pero es de verdad esta la moral? Por otra parte, cuando no se logra distinguir entre moralismo y auténtica experiencia moral, se termina en la arbitrariedad del subjetivismo, en la subordinación a lo que establecen las estadísticas sobre la opinión predominante, o en un nuevo y más opresor legalismo de las reglas («no fumar en los parques públicos», «no ponerse obesos», «no comer carne de animales», «no tirar basura en el contenedor equivocado»…). En la raíz de esta reputación negativa de la moral está la fractura entre la persona y sus acciones. Nuestras acciones, como escribió Karol Wojtyla en Persona y acción, son expresión de nuestra persona y al mismo tiempo nos construyen, son nuestros padres, según la sugerente observación de san Gregorio de Nisa: en efecto, obrando nosotros no solo provocamos cambios en el mundo exterior, sino que nos convertimos en aquello que hacemos, cambiando antes que nada nosotros mismos con nuestras elecciones. Quien roba se convierte en ladrón y quien miente en un embustero. Nosotros no somos un sujeto abstracto construido independientemente de nuestro actuar: somos un yo-en-acción, que realiza libremente el don originario de su ser a través de sus acciones, en las relaciones con los demás y en un contexto cultural que contribuye a configurar. Por esto nuestras acciones tienen siempre una dimensión moral.

Pero la sociedad plural contemporánea está marcada por la coexistencia de diferentes visiones del mundo. ¿Cómo concebir la relación entre la moral y las leyes?

Es una pregunta crucial. En efecto la moral exige poner fundamentarse en una visión global de la vida, en una antropología, en una concepción del hombre y de Dios, mientras las leyes de nuestras sociedades pluralistas tienen necesidad de lograr el consenso de todos. Por otra parte mientras la moral tiene como perspectiva la del bien de la persona, la ley civil mira como ideal a la justicia en la convivencia entre los hombres, que es un objetivo más limitado. La llamada a compartir una serie de principios universales de justicia fundados en la razón común, aun siendo todavía teóricamente argumentable, es pragmáticamente imposible de experimentar, dado el pluralismo y la perplejidad post-moderna sobre la universalidad de la racionalidad humana. ¿Cómo proceder entonces? Me parece que se puede concordar con el cardenal Scola en dos presupuestos para una convivencia pública. En primer lugar se ha de reconocer que, más allá del pluralismo de las visiones, el hecho de la convivencia con los demás representa un bien que hay que preservar y cultivar, y esto exige respeto por la libertad y los derechos de las personas. No es libertad aquella que piensa que puede reírse de todo, también de aquello que es sagrado para el otro. En segundo lugar, sobre tantas cuestiones controvertidas, hay que recorrer pragmáticamente la vía del diálogo abierto entre las diversas identidades: la claridad de proponer la propia visión de las cosas, sin presunción de imponer la propia visión a los demás, pero también sin la censura de una laicidad sospechosa y hostil a la religión, permite una confrontación abierta en la que democráticamente podrá afirmarse la solución concreta que logrará convencer más que la propia bondad.

Frente a la difusión de la mentalidad laicista, que tiende a expulsar a Dios de la vida concreta del hombre, ¿con qué criterio los cristianos deben intentar un pensamiento y una acción pública que ofrecer a la reflexión común?

La afirmación de san Juan Pablo II de que «la fe debe hacerse cultura» no es una opción estratégica válida solo en algunos momentos históricos. Es la descripción de una exigencia intrínseca e irrenunciable de la identidad cristiana, que debe expresarse en el obrar y confrontarse con las grandes cuestiones culturales que se agitan en la sociedad. Si no lo hace, el cristiano no solo incumple su tarea específica de misión en el mundo y se transforma en sal insípido, que antes o después terminará pisoteado por los que pasan, sino que él mismo no conseguirá entender el sentido de la fe que profesa pero que ha relegado al intimismo. Él, sin darse cuenta, sobre las cuestiones antropológicamente y socialmente decisivas terminará con una sumisión a los «esquemas del mundo», como dice san Pablo y como repetía con frecuencia don Giussani siguiendo la famosa Carta a los cristianos de Occidente escrita en los primeros años setenta por el teólogo checo Josef Zverina.

Para los cristianos la razón última de la defensa de los valores es Cristo mismo. ¿Por qué pueden proponerlos a los no creyentes?

En lugar de «valores», prefiero hablar de «bienes». El discurso de los valores evoca la percepción subjetiva de la conciencia, mientras que el bien es algo que objetivamente se da en la realidad y es accesible a la razón según un orden y una jerarquía. La cuestión que usted plantea se refiere al fin y al cabo al nexo entre encuentro con Cristo y experiencia de lo humano. El encuentro con Cristo se verifica en su capacidad de transformar la vida y de hacerla más conforme a lo que el corazón de cada uno espera. Y precisamente así está en grado de convencer de su conveniencia en incluso de su verdad. Es una verificación que cada persona debe hacer continuamente en los desafíos de la propia existencia y que la misma comunidad de los discípulos de Jesús con humilde fiereza puede proponer a la comunidad de los hombres. Y los hombres, también los no cristianos, pueden reconocer así que algunos bienes, que se han revelado históricamente en un contexto cristiano, corresponden verdaderamente a lo que también ellos pueden apreciar como válido y en consecuencia adoptarlos, aun sin llegar a abrazar la fe, que es la fuente de su emergencia histórica. Así ha sucedido históricamente para el valor único y el primado de la persona respecto al Estado, también a partir del testimonio de los mártires cristianos («se debe obedecer a Dios antes que a los hombres»); así ha sucedido para el matrimonio monogámico en el mundo de la Roma antigua, que ha sabido transformar la cultura permisiva de la época, que conocía, legitimaba y practicaba ya el divorcio, el aborto y la homosexualidad. La Epístola a Diogneto, antiguo texto patrístico, habla precisamente de esta «diferencia» cristiana pero también de su capacidad atractiva y transformante. Es un desafío fascinante que se presenta en toda época de la historia y siempre en formas singulares.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El Papa emérito Benedicto XVI corrige un texto suyo de 1972 para reafirmar la imposibilidad de dar la comunión a divorciados vueltos a casar.

(Sandro Magister/Chiesa.espresso) En la Opera Omnia Ratzinger está volviendo a publicar – con la ayuda del prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, Gerhard Ludwig Müller – todos sus escritos teológicos, agrupados por tema. En el último de los nueve volúmenes publicados hasta ahora en alemán, de casi 1000 páginas y titulado «Introducción al cristianismo. Profesión, bautismo, seguimiento» ha encontrado su lugar un artículo de 1972 sobre la cuestión de la indisolubilidad del matrimonio, publicado ese año en Alemania en un libro escrito por varios autores sobre matrimonio y divorcio.

Ese artículo de Ratzinger de 1972 fue desempolvado el mes de febrero pasado por el cardenal Walter Kasper en el informe con el que introdujo el consistorio de los cardenales convocado por el papa Francisco para debatir sobre el tema de la familia, en vista del sínodo de los obispos programado para octubre.
Apoyando la admisión a la comunión eucarística de los divorciados que se han vuelto a casar, Kasper dijo:

«La Iglesia de los orígenes nos da una indicación que puede servir, a la que ya hizo mención el profesor Joseph Ratzinger en 1972. […] Ratzinger sugirió retomar de manera nueva la posición de Basilio. Parecería una solución apropiada, que está también en la base de mis reflexiones». Efectivamente, en ese artículo de 1972, el entonces profesor de teología de Ratisbona, que contaba cuarenta y cinco años de edad, sostenía que dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, en condiciones particulares, parecía estar «plenamente en línea con la tradición de la Iglesia» y en particular con «ese tipo de indulgencia que surge en Basilio donde, después de un periodo continuo de penitencia, al 'digamus' (es decir, a quien vive en un segundo matrimonio) se le concede la comunión sin la anulación del segundo matrimonio: con la confianza en la misericordia de Dios, que no deja sin respuesta la penitencia».

Defendió la fe de la Iglesia como cardenal y Papa

En ese artículo de 1972 fue la primera y la última vez que Ratzinger se «abrió» a la comunión a los divorciados y vueltos a casar. De facto, seguidamente no sólo se adhirió en pleno a la posición de prohibición de la comunión, reafirmada por el magisterio de la Iglesia durante el pontificado de san Juan Pablo II, sino que contribuyó de manera determinante, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, también a la argumentación de dicha prohibición.
Contribuyó sobre todo firmando la carta a los obispos del 14 de septiembre de 1994, con la cual la Santa Sede rechazaba las tesis favorables a la comunión a los divorciados vueltos a casar sostenidas en los años precedentes por algunos obispos alemanes, entre ellos Kasper.
Y, seguidamente, con un texto de 1998 publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y vuelto a publicar por «L'Osservatore Romano» el 30 de noviembre de 2011: La pastoral del matrimonio debe fundarse en la verdad
Sin contar que sucesivamente, como Papa, volvió a confirmar y motivó varias veces la prohibición de la comunión en el marco de la pastoral para los divorciados vueltos a casar.

Desautorización al cardenal Kasper

Por consiguiente, no es causa de asombro que Ratzinger haya considerado inapropiada la cita que de su artículo de 1972 hizo el pasado febrero el cardenal Kasper para apoyar sus tesis, como si nada hubiera sucedido después de ese año.
De aquí la decisión tomada por Ratzinger, al volver a publicar su artículo de 1972 en la Opera Omnia, de reescribir y ampliar la parte final del mismo, alineándola con su pensamiento sucesivo y actual.
En el siguiente enlace pueden leer la traducción de la nueva parte final del artículo, tal como aparece en el volumen de la Opera Omnia, desde hace poco en las librerías, entregado a la imprenta por el Papa emérito Benedicto XVI en marzo de 2014. En la reedición de 2014 se precisa que «la contribución ha sido totalmente revisada por el autor».
Nuevo final del artículo de 1972, redactado de nuevo por Joseph Ratzinger en 2014

viernes, 27 de diciembre de 2013

Cardenal Meissner: «El Papa me respondió: los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar»

El prelado preguntó al Papa directamente sobre el tema

Cardenal Meissner: «El Papa me respondió: los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar»

El cardenal y arzobispo de Colonia, S.E.R Joachim Meissner, ha concedido una entrevista en la que explica el contenido de su último encuentro con el Papa. 

(Deutschlandfunk)
Jürgen Liminski: Parece que es un juego muy popular para la gente de los medios: sacudirle a la Iglesia. Los obispos en realidad lo podrían sobrellevar con tranquilidad, pero algunas encuestas les deben dar que pensar, por ejemplo la de Allensbach, según la cual dos tercios de los católicos están a favor de que a los divorciados se les permita casarse por la iglesia de nuevo. Y para hablar sobre éste y otros temas , doy la bienvenida al arzobispo de Colonia, cardenal Joachim Meissner. Buenos días, eminencia.
Cardenal Joachim Meissner : ¡Buenos días!
Su Eminencia, Navidad, ¿Qué es lo que va a predicar usted esta noche?
Esa es una buena pregunta. El tema del sermón de Navidad realmente no se puede elegir. El contenido de la fiesta de Navidad es tan abrumador, que el Dios eterno se ha convertido en uno de nosotros, un hombre, que no se puede predicar sobre nada más. Esto también alegra a la gente en última instancia, y también nos da una perspectiva real para el presente y el futuro de nuestra vida.
Este Dios nace en una familia. Los temas familia y matrimonio son actuales, el debate sobre la divorciados vueltos a casar parece dividir a la Iglesia en Alemania. ¿Cuál es su posición?
Querido señor Liminski, en todo momento, la Iglesia, especialmente los obispos junto con el Papa tiene el encargo de ejemplificar ante los hombres la obediencia a la Palabra de Dios. Los Obispos también comparten con el Papa el Magisterio. Pero siempre cum Petro et sub Petro, es decir, por debajo de Pedro y con Pedro. Así que cualquier disenso entre la enseñanza del Papa y el obispo es teóricamente inconcebible. Déjeme añadir algo más: Desde tiempos inmemoriales la Iglesia está convencida de que la unidad de Cristo con su Iglesia, que es su cuerpo, es normativa también para el matrimonio. Y el apóstol Pablo lo dice explícitamente: «El matrimonio es un misterio profundo. Yo lo refiero a Cristo y la Iglesia». Y Cristo dice entonces, lógicamente, que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. A esto no hay realmente nada más que añadir. Puede usted pensar tal vez que esto se lo lanzo como un disparo. Es que todos los días me veo confrontado con estas cuestiones y por eso su pregunta no era nueva para mí.
Esta no es la misma posición, idéntica, que la de su colega Zollitsch. Él llama a una mayor integración en la vida comunitaria, también una integración de las personas divorciadas. Y cree que en Roma también habría diferentes opiniones sobre esto. Así que la de la CDF, por tanto, no contaría más que las otras. ¿Entonces, qué es lo que tiene validez?
Sr. Liminski, escuche por una vez a un viejo obispo. En mi última visita al Papa Francisco pude hablar muy francamente con el Santo Padre sobre todos los temas. Y también le dije que cuando habla en forma de entrevistas y breves discursos se quedan algunas preguntas abiertas, que para los no iniciados deberían en realidad precisarse más. El Papa me miró fijamente y me dijo que le mencionara un ejemplo.
Y mi respuesta fue entonces que a su regreso de Río a Roma, mientras viajaba en el avión, se le mencionó el problema de los divorciados vueltos a casar. Entonces el Papa simplemente me respondió: «los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar. En la Iglesia Ortodoxa se pueden casar dos veces». Hasta ahí su declaración.
Luego habló de la misericordia que, sin embargo, a mi modo de ver, y así se lo dije, en este país siempre se interpreta como un sustituto de todas las posibles faltas del hombre. Y el Papa me respondió muy enérgico que era un hijo de la Iglesia Católica, y que él no dice otra cosa que lo que la Iglesia enseña. Y la misericordia debe ser idéntica a la verdad, de lo contrario no merece el nombre de la misericordia.
Y, por lo demás, él me dijo expresamente que cuando ciertas cuestiones teológicas se mantienen abiertas, entonces la importante Congregación para la Doctrina de la Fe está ahí, para aclarar y formular detalladamente. También debe pensar que antes del Concilio el propio Papa era el presidente de esta congregación, y ella es, en el orden curial, la que está en el primer puesto, ahora lo mismo que antes. No se puede hablar del Prefecto como si fuera un ciudadano particular, sólo porque él anteriormente fuera miembro de la Conferencia Episcopal (alemana).
Ahora el Papa ha iniciado una encuesta de opinión acerca de la familia y el matrimonio y la moral sexual de cara al Sínodo del próximo otoño. Y para Colonia ya hay resultados. Así se observa que en la población se van las cosas de modo diferente que en Roma. ¿No debería, debe, adaptarse la iglesia?
También dije con anterioridad que la Iglesia tiene que adaptarse a la Palabra de Dios y no a la opinión de la gente. Debemos, como Iglesia, conocer la opinión de la gente, para después proclamar la Palabra de Dios en función de esto. Pero adaptarse al modo que usted pregunta no es una categoría del Evangelio. Es sorprendente que, por ejemplo, la Iglesia Evangélica Luterana, con su documento de toma de posición sobre la temática de la sexualidad, se haya alineado totalmente con el llamado espíritu de los tiempos en los asuntos de la sexualidad. Y, ¿cómo se ve en la situación de la Iglesia Evangélica Luterana? He oído decir que los números de abandono de la iglesia luterana son ahí aún más altos que los nuestros. De manera que, en última instancia, este éxodo no puede deberse a la cuestión de la sexualidad.
El ZdK (comité central de los católicos alemanes) lo ve un poco diferente. El Presidente Glück aboga por adaptarse e integrar plenamente a los divorciados vueltos a casar, es decir, admitirles también a la Eucaristía. El ZdK quiere casarse con el espíritu de los tiempos, se podría decir. Ahí desertan unidades enteras de los ejércitos cristianos. ¿No tiene miedo del aislamiento?
Bueno, no conozco el miedo al aislamiento. En la escuela primaria, en Turingia, yo era el único chico católico. Y siempre estaba en medio y no me dejaba aislar. La misión del ZdK es hacer visible y efectivo el Evangelio en las dimensiones de lo secular, es decir, en el mundo. Y aquí, este gremio debe dejarse hacer realmente en serio la pregunta: ¿Se han mantenido fieles a su misión y la vocación?
¿Y formula usted, en este contexto, la pregunta de si yo he de temer un cierto aislamiento? Lo que yo tengo es auténtica preocupación por las personas que deforman a conveniencia su propia fe en lugar de aceptarla respetuosamente como el mismo Cristo nos la ha confiado. Esto no trae ninguna solución. En el siglo IV,a raíz de la herejía de los arrianos, se decía que de la noche a la mañana, la Iglesia se había vuelto arriana. Pero eso no quedó así. Se convirtió en católica de nuevo. Y por eso, por hostiles que sean los números, no me asustan. Debo decir que simplemente debemos preguntarnos lo que Dios quiere.
Y la Iglesia sabe desde hace 2.000 años que lo que Dios ha unido el hombre no lo puede separar. Otra cuestión diferente es la de si todos los matrimonios son realmente válidos. Si debería haber criterios nuevos que permitieran dictaminar si un matrimonio no ha tenido lugar realmente y no es válido. Pero esa es otra cuestión. Ahí no se trata de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Santa Comunión.
Su Eminencia, mañana cumple 80 años. ¿Presentará su renuncia al Papa o pedirá que deje que se jubile? La cuestión de la sucesión está abierta, y yo ni siquiera querría abrir este barril, a menos que tenga una preferencia que desee decirnos. Pero mirando hacia atrás, hacia los 25 años de Colonia se puede preguntar, ¿qué le ha impresionado más durante estos años de su tiempo obispado?
Voy a enfrentarme permanentemente con esas preguntas. Pero para empezar, todo lo referente a mi sucesor como arzobispo de Colonia lo llevo a mi oración personal diaria. Pero con la gente, incluso con mis colaboradores más cercanos, no hablo de ello. Así que comprenderá que, por supuesto, no voy a charlar de ello con usted, siendo periodista de Deutschlandfunk.
Pero lo que más me ha impresionado en estos 25 años de mi servicio como Arzobispo de Colonia es, con diferencia, la lealtad y fortaleza de la fe de nuestros sacerdotes que están dispuestos, en situaciones difíciles, a tomar sobre sí un nuevo concepto de la cura de almas, motivado por la escasez de vocaciones, y están recorriendo en esto un territorio inexplorado. Lo que me conmueve positivamente una y otra vez en nuestros sacerdotes, diáconos y miembros del personal que tiene a cargo el cuidado de las almas, es la fuerza de su fe y la alegría en la fe, a pesar de las permanentes noticias negativas de los medios, o como se han hecho escuchar aquí también, en su entrevista. Que no se resignen interiormente, eso es un milagro.
¿Tiene usted un deseo para la Navidad y el futuro?
Sí, de hecho varios deseos, pero mi deseo principal para la Navidad y el futuro es que el gozo de Dios –que es nuestra fuerza, como el Santo Padre subrayó en su carta apostólica–, que el gozo de Dios nos ayude de manera efectiva a la remodelación del mundo. Y esa es la única fuerza que bastará para que la Iglesia cumpla su misión, aunque contemos con menos impuestos eclesiásticos, o lo que sea. Y no sólo a duras penas, sino incluso también con un poco de pompa y circunstancia.
Este ha sido el cardenal Joachim Meissner, arzobispo de Colonia , aquí en la Navidad de Alemania radio. Muchas gracias por la entrevista , Sr. Cardenal.

domingo, 28 de julio de 2013

La historia del joven en silla de ruedas que sobrecogió a 3 millones en Copacabana.

Felipe Passos RÍO DE JANEIRO, 27 Jul. 13 / 07:37 pm (ACI/EWTN Noticias).- El joven brasileño Felipe Passos conmovió a los cerca de tres millones de participantes de la Jornada Mundial de la Juventud, incluyendo al mismo Papa Francisco, cuando relató durante la Vigilia en la playa de Copacabana, la historia que lo llevó a una silla de ruedas y a descubrir el valor de la Cruz en la vida del cristiano. Felipe, de 23 años, explicó que su historia comenzó al final de la pasada Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, donde se había comprometido espiritualmente a guardar la castidad hasta el matrimonio y a trabajar intensamente para que su grupo de oración de su natal ciudad de Ponta Grossa, en el estado de Paraná, pudiera participar en la Jornada Mundial de la Juventud, que el Papa Benedicto anunció para Rio de Janeiro. De modestos recursos, Felipe y sus amigos comenzaron a juntar fondos mediante múltiples y sacrificados trabajos, al tiempo que se preparaban espiritualmente, orando, participando en adoraciones eucarísticas, ayunando y realizando obras de solidaridad. “Pero el mes de enero de este año, dos días antes de cumplir los 23 años, dos jóvenes entraron en mi casa, armados, con la intención de robar el dinero que habíamos juntado con tanto sacrificio”. “Pensé en los meses de esfuerzo, de sacrificio de mi familia, de mis amigos y compañeros… en lo que nos sería arrebatado y decidí que no lo daría”. Felipe salvó los ahorros del grupo, pero recibió un disparo que casi termina con su vida. “Estuve clínicamente muerto, tuve varios paros cardiacos, y el médico dijo a mis padres en el hospital ‘este joven no tiene esperanzas’… pero aquí estoy, y mi comunidad está aquí por la misericordia de Dios". El joven paranaense, ante la multitud enmudecida y un Papa Francisco que lo miraba atentamente, relató cómo estuvo en coma, respirando por un tubo, mientras su comunidad ofrecía oraciones y sacrificios por su recuperación. Finalmente, cuando recuperó la conciencia, lo primero que hizo fue pedir la Eucaristía; y tras recibirla, su recuperación se aceleró. Sin embargo, Felipe quedó confinado a una silla de ruedas: “esta es mi cruz, la cruz que me envió el Señor para acercarme más a Él, para vivir más abierto a su gracia y su amor”, explicó. Cuando la multitud irrumpió en un aplauso, Felipe interrumpió: “¡Silencio! ¡Escuchemos al Espíritu Santo!”. El joven de 23 años pidió luego a cada uno de los presentes tomar en sus manos y dirigir la mirada a la cruz del peregrino que cada uno llevaba en su pecho, y los invitó a meditar en silencio sobre “cuál es la cruz que el Señor me ha dado, cuál es la cruz que él quiere que lleve por su amor”. El momento de oración y meditación ante la cruz fue seguido por todos los presentes, incluyendo los obispos y cardenales, que contemplaron su propia cruz pectoral, y creó un raro momento de profundo silencio a todo lo largo de la playa de Copacabana. Felipe concluyó su testimonio pidiendo oraciones y la bendición del Papa Francisco.

miércoles, 1 de agosto de 2012

El Cardenal Martinez Somalo, olvida que primero las iglesia tiene que revangelizarse a si misma, incluida la Jerarquia de la Iglesia.


El Cardenal Martínez Somalo asegura que el objetivo de la Iglesia es «evangelizar y reevangelizar España»

El cardenal riojano, Eduardo Martínez Somalo, ha señalado esta mañana que el objetivo actual de la Iglesia pasa por «evangelizar y reevangelizar España». El prelado ha realizado estas manifestaciones tras recibir en su domicilio de Baños de Río Tobía, al presidente del Gobierno riojano, Pedro Sanz, quien ha expresado el agradecimiento por la recepción y además ha dicho estar «ilusionado porque el cardenal sea embajador de La Rioja». El cardenal ha condenado también el aborto en declaraciones a los periodistas.
(Agencias/InfoCatólica) El cardenal, de 85 años, se encuentra en La Rioja disfrutando de las vacaciones en su localidad natal. Martínez Somalo, medalla de La Rioja en 1993 y excamarlengo de la Iglesia católica, ha recibido a Sanz, como hace tradicionalmente, en un encuentro en las relaciones entre las dos instituciones a las que ambos representan y como testimonio tanto de su afecto personal como del que le profesa la sociedad riojana.
Martínez Somalo, en declaraciones a los periodistas, se ha referido al aborto al afirmar que «no hay ninguna justificación posible para matar a un inocente».
Sanz ha añadido que es «muy importante valorar y reflexionar por qué vivimos», que, para él, se debe a la voluntad de cada uno de los padres que permiten dejar nacer a sus hijos.
Ha precisado que la defensa de la vida es «fundamental» en todos los ámbitos y ha asegurado que se resiste a creer que «pueda interrumpirse un embarazo por una malformación del feto».
Martínez Somalo, al que Sanz ha definido como «embajador de La Rioja en el Vaticano», ha recordado que, según los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, «Dios, la Virgen y la Fe son necesarios para nuestra vida cotidiana».
«Las personas que construyen una vida sin Dios, van contra sí mismas, contra la familia y contra la sociedad», ha subrayado el cardenal, quien cree que el principal reto de la Iglesia católica para el futuro es «seguir evangelizando por todo el mundo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» y volver nuevamente a las raíces cristianas, ha concluido.
Durante el encuentro, según ha explicado Sanz, se han tratado temas generales de la Iglesia relativos a La Rioja, así como el contexto de crisis económica y aspectos sobre el Papa y el arzobispo riojano Celso Morga, quien reside en Roma.
También ha agradecido al cardenal que «siempre tenga la buena dicha de volver a La Rioja, a su pueblo natal, en vacaciones» y visitar «los lugares más emblemáticos de la comunidad, como el Monasterio de Valvanera», que acoge a la patrona de la región.

lunes, 7 de marzo de 2011

Cada vez más jóvenes de EEUU optan por virginidad.

www.aciprensa.com web


Marzo 2011
WASHINGTON D.C., 07 Mar. 11 / 07:06 am (ACI/EWTN Noticias)
Una encuesta oficial del Gobierno estadounidense reveló que cada vez más jóvenes optan por postergar el inicio de las relaciones sexuales y se declara virgen.
Según el estudio de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, el 27 por ciento de los hombres y el 29 por ciento de las mujeres entre 15 y 24 años de edad nunca han mantenido contacto sexual con otra persona.
Las cifras representan un significativo incremento con respecto al último sondeo del año 2002, cuando solo el 22 por ciento de los jóvenes de ese rango de edad se declaró virgen.
El estudio incluyó entrevistas a 5.082 personas de dicho rango de edad.
Los adolescentes entre los 15 y 17 años de edad son los que más viven la abstinencia sexual. Un 58 por ciento de las mujeres y un 53 por ciento de los hombres de este grupo de edad dijeron que no habían tenido nunca un encuentro sexual.
El 12 por ciento de las mujeres y el 13 por ciento de los varones entre 20 y 24 años de edad se declaró virgen, una cifra mucho mayor al 8 por ciento registrado en el año 2002 en este mismo grupo de edad.