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domingo, 20 de julio de 2014

El edificio episcopal católico sirio de Mosul ha sido incendiado por los extremistas del ISIL.

Irak: incendiado el episcopado de Mosul

No quedan cristianos en la ciudad. Cada vez es más dramática la situación para los cristianos en Irak. El edificio episcopal católico sirio de Mosul ha sido incendiado por los extremistas del ISIL. Lo anuncia en Radio Vaticana el patriarca de la Iglesia Católica Siria, Ignace Joseph III Younan, quien se ha reunido en el Vaticano con el arzobispo Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados.
(Zenit/InfoCatólica) Mamberti ha confirmado que el papa Francisco está siguiendo con gran preocupación y cercanía la situación en Irak, donde la comunidad cristiana está en riesgo de supervivencia. En Mosul, de hecho, después de casi 2000 años, ya no hay cristianos.
Una situación «impactante», esta, como la ha definido monseñor Saad Syroub, obispo auxiliar caldeo de Bagdad. Contactado telefónicamente ayer por Ayuda a la Iglesia Necesitada, el prelado ha dicho: «Los cristianos están en Mosul desde hace siglos y esas familias han sido expulsadas de su ciudad y sus vidas al improviso. Estamos realmente preocupados por el futuro de los cristianos en este país».
Monseñor Syroub ha explicado en AIN que en los días pasados yihadista han comenzado a escribir en cada casa de los cristianos la frase: «inmueble de propiedad del ISIL». Junto al escrito, rodeada en rojo la letra «Nun»: la inicial en árabe de la palabra nasara, cristianos.
«No había sucedido nunca que los cristianos fueran expulsados de sus propias casas como si no tuvieran ningún derecho. Lamentablemente es esta la realidad hoy en Irak, sobre todo en Mosul», ha afirmado monseñor Syroub. Asimismo ha indicado que «nuestros peores temores se hacen realidad y no sabemos qué hacer. Desde hace demasiado tiempo en Irak no hay seguridad y la gente está aterrorizada, especialmente nuestros fieles».
El llamamiento se dirige por tanto a la comunidad internacional -ha exhortado el obispo- para que ejerza presión sobre el gobierno iraquí para encontrar soluciones concretas. Según el prelado, «con mayor estabilidad interna ya no habrá sitio para estos grupos de fanáticos que pretenden gobernar nuestro país. Es necesario ayudar a esta pobre gente que ya no tiene casa y les han robado todos los bienes. Es realmente una tragedia».

domingo, 3 de noviembre de 2013

Si quieren hacer un monumento civil, laico o masónico a las víctimas de la guerra, o del franquismo, me parece bien. Pero dejen en paz ya al Valle de los Caídos, cuyos monjes custodios son el mejor exponente de la reconciliación y la paz. Cada cosa como esté.


 

 
(Agencias)El PSOE propone exhumar los restos de Franco y Primo de Rivera del Valle de los Caídos.
El Grupo Socialista ha registrado en el Congreso una proposición no de ley por la que pide exhumar los restos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera del Valle de los Caídos y entregarlos a su familia o trasladarlos «al lugar que resulte más adecuado». Además, reclama que la tumba de Primo de Rivera sea reubicada para que «no ocupe un sitio preeminente en la basílica en el que destaque sobre las demás víctimas». El PSOE pretende que el gobierno comience las gestiones con la Iglesia para llevar a cabo dicha petición. «El máximo exponente de un régimen totalitario no puede presidir un conjunto monumental que debe servir de homenaje a la memoria de todas las víctimas de la guerra», se lee en la proposición no de ley que han registrado en el Congreso y en la que piden el traslado al Gobierno «por dignidad democrática» y porque supondría «un gasto asumible».
La proposición de los socialistas pide «resignificar y reconvertir» el Valle de los Caídos en «un espacio para la cultura de la reconciliación, de memoria colectiva democrática» y de «reconocimiento a todas las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura». 

domingo, 21 de julio de 2013

F. Wojciech Giertych OP, el Teólogo de la Casa Pontificia, El teólogo del Papa llamó la atención hacia las protestas violentas de jóvenes y el desempleo masivo en toda Europa.

 

«Pienso claramente que la crisis económica que estamos observando en el mundo occidental es una consecuencia directa de 1968, del rechazo a Humanae Vitae (la encíclica que reiteraba la enseñanza católica contra la anticoncepción), del rechazo a la Doctrina de la Iglesia, y la aprobación de la revolución sexual, que ha ocasionado un estallido demográfico».
 
(Notifam/InfoCatólica) Estas fueron las palabras de F. Wojciech Giertych OP, el Teólogo de la Casa Pontificia, en una entrevista reciente con LifeSiteNews.com en la cual el prelado de alto rango relacionó una fascinante historia y proyecciones.
Además de señalar la realidad de las personas que trabajan menos y viven más, lo cual crea inestabilidad económica, el P. Giertych habló sobre «la cuestión moral de gastar dinero y tirarle la deuda a la próxima generación, a una generación que ha sido abortada parcialmente, que no se ha encontrado con la generosidad de los padres», y la describió como «la preparación de un conflicto violento entre generaciones».
«He visto esto desarrollarse, sin duda en Europa», agregó el Padre Giertych. «En Estados Unidos, al menos hay un debate público sobre la moralidad de extender la deuda pública y tirarle la responsabilidad a la generación futura».
Los niños que viven en la pobreza porque sus padres experimentaron una tragedia o guerra, pueden vivir con sus circunstancias, comprendiendo la calamidad que los llevó a su estado, explicó. Sin embargo, contrastó eso con «un vasto segmento de la sociedad que dice que somos pobres comparado con lo que tenía la generación de nuestros padres, no porque hubo alguna catástrofe, sino porque la generación de nuestros padres consumió toda la [riqueza] y nos tiró la responsabilidad a nosotros».
El teólogo del Papa llamó la atención hacia las protestas violentas de jóvenes y el desempleo masivo en toda Europa. «Por lo general protestan diciendo: ‘Tenemos el derecho de recibir’, porque sus padres recibieron becas para sus estudios, recibieron vivienda más económica, entonces tienen esta sensación de derecho, que es una consecuencia del socialismo, alguien tiene que dar».
El P. Giertych advirtió «finalmente habrá un conflicto violento».
Dijo: «Y los estados finalmente dicen: ‘No podemos dar. Hay un límite, sabes. ¿Hasta donde podemos llegar?’ Y por supuesto, el estado puede producir dinero y estar más y más endeudado, pero finalmente habrá un conflicto violento, y la eutanasia es un aspecto de este conflicto, que es una consecuencia directa de la expulsión de la transmisión de la vida y de vivir la sexualidad. Finalmente, se reduce a la anticoncepción, es una consecuencia».
Dijo, la Iglesia tendrá una respuesta para los jóvenes, una respuesta que necesitarán escuchar y se alegrarán de escucharla. «Creo que llegará un momento en el que los jóvenes necesitarán escuchar, se alegrarán de escuchar de parte de la Iglesia una voz que estará de su lado, y una voz que señalará al egoísmo de la generación hedonista que ha distorsionado la sociedad», dijo. «Y ha distorsionado el comienzo de la sociedad en un punto central muy importante, que es la sexualidad… y estamos viendo las consecuencias».
Comenzamos nuestro diálogo con el teólogo papal sobre cómo la Iglesia católica podría defender su ‘dura enseñanza’ sobre la anticoncepción.
F. Giertych enfatizó que la cuestión se trata de una realidad que se aplica a todos. Explicó: «no es solo una cuestión de estar en armonía con la Doctrina de la Iglesia, es estar en armonía con la realidad, con la naturaleza de la persona humana y la naturaleza del amor, que recibimos de Dios, mientras que la Doctrina de la Iglesia nos muestra el camino hacia ese amor supremo».
Para el P. Giertych no hay nada difícil con respecto a la respuesta de por qué la Iglesia católica prohíbe la anticoncepción. «Porque distorsiona la sexualidad humana, y eleva el momento de placer sexual, mientras que niega la finalidad fundamental de la sexualidad, que es la transmisión de la vida», dijo. «La actividad sexual ha sido creada, ideada por Dios, como una forma de transmitir vida y expresar amor, mientras que la anticoncepción separa la transmisión de la vida, a la que excluye, y luego se enfoca exclusivamente en el placer, que genera, como resultado, egoísmo».
«El motivo principal de por qué la Iglesia dice ‘no’ [a la] anticoncepción», dijo el P. Geirtych, «es que destruye la calidad del amor, el amor conyugal, que es una manera de expresar las gracias del sacramento del matrimonio, que es una manera de vivir la caridad divina que está infundida en el cuerpo y alma de los esposos».
Explicó que el «amor conyugal debe ser de calidad suprema» pero la anticoncepción se reduce a decir de la esposa: ‘Hay algo en ti que amo, pero hay algo en ti que odio, y odio que puedas ser madre. Entonces exijo que esto sea envenenado’. Bueno, esto no es amor. No es posible que un esposo diga a su esposa: ‘Te amo verdaderamente’, si al mismo tiempo le exige que envenene en su cuerpo la capacidad de transmitir vida, de ser madre».
«Esa distorsión de la sexualidad», dijo, «distorsiona las relaciones humanas, distorsiona el vivir completamente la sexualidad humana».
Agregó:
«Cuando la sexualidad no está unida con la virtud de la castidad, que entrena a la persona a cómo integrar el deseo sexual dentro de la caridad, entonces todo se tambalea. Y sin dudas estamos viendo esto una vez que la anticoncepción se tornó disponible con tanta facilidad. Estamos viendo, sucesivamente, las distorsiones de la sexualidad, y los problemas en el nivel de las relaciones humanas, de matrimonios que se separan, de una agresividad violenta de las mujeres que descubren que están siendo abusadas como resultado de la anticoncepción, y entonces llegan a un feminismo agresivo, con rabia contra los hombres. La anticoncepción conduce al aborto, porque trata al niño potencial como un enemigo, y si algo sale mal y se concibe a un niño, entonces al niño se lo aborta fácilmente».

viernes, 29 de julio de 2011

Lo que de verdad le espera a Europa.

Los atentados de Noruega llevan la caligrafía del fascismo de la cruz a la fecha, y se producen en el país en el que se da el doble dato de constituir una democracia avanzada y, al propio tiempo, haber tenido la ultraderecha un crecimiento por encima de cualquier otro país de Europa. Ese es el contexto y la circunstancia del monstruoso suceso.
Contra la creencia generalizada de que la tragedia de los fascismos de la primera mitad del siglo XX ha vacunado a Europa frente a este mal, la bestia sigue ahí, como una bacteria enquistada en nuestra biología, y la experiencia dice que cuando la enfermedad prende se extiende a gran velocidad. A veces se presenta con síntomas benignos, pero ese es su mayor peligro. Breivik es sólo un brote virulento.
La UE debe de revisar urgentemente sus politicas internas y externas para cambiar el contexto y las circunstancias actuales.

Ya se sabe que ningún hecho que se produce es un hecho aislado, pues todos nacen de un contexto y una circunstancia.
¿Cual es ese contexto y esas circunstancias?.
Terrorismo, inmigración, economía: para los europeos, la ola de revueltas que está sacudiendo al mundo árabe está llena de peligros más o menos identificables.
Desde Europa se asiste a las revueltas árabes con asombro, y con temor y desconfianza también. Pero, ¿cuáles son las verdaderas amenazas de los acontecimientos que se están produciendo? Andrea Rizzi las señala en el diario El País. Las revoluciones árabes "agitan en Europa el miedo al islamismo radical, los éxodos migratorios y la amenaza del terrorismo".

Pero la realidad está abierta a matices. El islamismo político no ha estado entre los movilizadores de las revueltas, por tanto es discutible su relevancia en el futuro. Sobre el terrorismo, el experto Mathieu Guidère se muestra "optimista con la lucha contra el terrorismo" y afirma que "los militares encauzarán estos estallidos revolucionarios y acabarán reteniendo el poder. Esto garantizaría continuidad en la acción antiterrorista". En cuanto a la inmigración, Philippe Fargues, director del Centro de Estudios Migratorios del Instituto Universitario de Florencia, afirma que, "salvo casos de notable inestabilidad, la caída de los regímenes autoritarios no debería empeorar la calidad de la vida civil y, por tanto, la emigración". Y en lo que se refiera a la economía "eventuales escenarios de prolongado caos y violencia podrían (...) causar serios problemas de abastecimiento", concluye Rizzi.

Y mientras la posición de europa en Libia, el enfrentamiento parece volverse a favor de Gadafi y ahí es donde la posición de los europeos es delicada y resulta preocupante su falta de visión a largo plazo. Al rechazar la posibilidad de ofrecer una salida "razonable" al dictador libio en el momento en el que se encontraba en dificultades; su posicionamiento militar contra Gadafi,los europeos corren el riesgo de ver cómo el coronel consigue sus propósitos. Y de ver cómo se instala a sus puertas lo que Serge Michel ha calificado en Le Temps como una "Corea del Norte próspera en pleno Mediterráneo". Pero al parecer no han previsto ningún "plan B" ante la posibilidad de que Gadafi siga ocupando el poder en Libia. No han sabido jugar la partida.

Y mientras son obsolutamente permisivos y han tenido los ojos cerrados en la hombruna de Somalia, y la continuan teniendo y asi a dia de hoy, hay algunos grupos rebeldes que prenden fuego a alimentos y medicinas y matado a trabajadores de ONG en Somalia, donde 3,7 millones de personas están hambrientas, en el marco de una campaña para extorsionar a las organizaciones de ayuda humanitaria, según un informe del Grupo de la ONU de Observación de Somalia y Eritrea.
Delicada situación que pone en riesgo el futuro de la UE,soñada hace unos pocos años.

sábado, 18 de junio de 2011

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, quieren cambiar la historia que no les interesa.

El ministro Jáuregui cree que la tumba de Francisco Franco es incompatible con el futuro del Valle de los Caídos
Los restos mortales de Francisco Franco podrían ser retirados de la Basílica del Valle de los Caídos, si la comisión de expertos lo propone. Lo anunció el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, quien dijo que le «encantaría» que el traslado se hiciera antes de que terminara la legislatura. Asociaciones de «recuperación de la Memoria Histórica» reclaman que se retiren también la Abadía benedictina y la Cruz que preside el monumento.

15/06/11 8:32 AM | Imprimir | Enviar

(La Razón / ABC / Agencias) En declaraciones al programa de televisión Al rojo vivo, de La Sexta, Ramón Jáuregui aseguró que "probablemente sea incompatible desde la perspectiva de los expertos en el futuro del Valle y del uso sacro de la basílica" que Francisco Franco continúe enterrado allí. El ministro de la Presidencia añadió que "si esa recomendación se hiciera, tendríamos que negociar que los restos se depositaran en el panteón de El Pardo, que es donde está su viuda", Carmen Polo.

Si los familiares de Franco se negaran, el Gobierno tomará la decisión, aunque es partidario de llevar a cabo el traslado previo acuerdo. De hecho, ya ha mantenido contactos "extraoficiales". A Jáuregui le «encantaría» que se hiciera efectivo antes del fin de la presente legislatura, porque "ya es hora" de que "un icono de la represión del nacional-catolicismo se convierta en un lugar para todos, de memoria reconciliada" para que "los españoles que fueron herederos de los republicanos puedan ir allí y, si quieren rezar, rezar".

La comisión que decidirá el futuro del Valle está presidida por Virgilio Zapatero y Pedro González-Trevijano. Los vocales son: los miembros del Consejo de Estado Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Amelia Valcárcel Bernardo de Quirós; los catedráticos Carme Molinero, Alicia Alted, Carmen Sanz y Ricard Vinyes; el profesor Manuel Reyes; el antropólogo social Francisco Ferrándiz, del CSIC, e Hilari Raguer i Suñer, historiador y monje de la Comunidad Benedictina de Montserrat.

La familia de Franco y el abad de la Basílica
La hija de Francisco Franco, Carmen Franco, se mostró ayer contraria a que los restos de su padre sean retirados del Valle de los Caídos y negó que el Gobierno se haya puesto en contacto con ellos para hablar del traslado. "Me parece mal, la opinión de la familia es que se quede allí, que es una basílica", explicó Carmen Franco, quien aseguró que la familia se ha enterado por la prensa de los planes del Gobierno.

En su primera misiva firmada como Yo, el Rey, Su Majestad solicitaba por escrito, en el año 1975, al Padre Abad de la Basílica que Franco fuera enterrado en el Valle de los Caídos. Fue la primera decisión real por decreto de Zarzuela

Según el artículo 16 de la Ley de Memoria Histórica, el Valle de los Caídos es considerado "lugar de culto y cementerio público". Por lo tanto, pese a las consideraciones de Jáuregui, el Ejecutivo necesitaría una autorización previa del abad de la Abadía de la Santa Cruz, Fray Anselmo Álvarez. "Nuestra decisión está supeditada a la de la familia", afirma el superior de la comunidad. La legislación establece que para exhumar cadáveres es necesaria la autorización familiar.

Asociaciones en defensa del Valle de los Caídos
Pablo Linares, presidente de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, criticó duramente las declaraciones de Jáuregui. "Me parece una falta de prudencia y de respeto. El Gobierno depende del Consejo de Expertos, que es un órgano consultivo, no ejecutivo. Exigimos que tenga para el Valle de los Caídos el mismo trato que tiene para con el edificio de Bellas Artes, en cuya checa si se asesinó y torturó. Nos veremos en los tribunales".

La Fundación Francisco Franco también presentaría una denuncia si el Gobierno procediera a la exhumación del cadáver de Franco. "Aquí hay un delito que es el de profanación", afirman desde la asociación. "Es un sepulcro de una Abadía Pontificia. La última palabra es del Abad y de la familia".

Ridao y Bono
Otros no consideran indispensable la autorización familiar. El portavoz de ERC en el Congreso, Joan Ridao, se mostró ayer partidario de de exhumar los restos mortales "incluso independientemente de la opinión de la familia". Ridao señaló, además, la "conveniencia" de que también los restos de Primo de Rivera sean retirados para que el Valle de los Caídos "no sea un mausoleo".

El presidente del Congreso, José Bono, afirmó que el momento de luchar contra Franco, al que calificó de "autoritario y totalitario", acabó en 1975, cuando murió. "Que hagan lo que crean procedente", dijo, y añadió que habría que tratar a los vivos "de la manera más correcta posible" y a los muertos "con el tratamiento que la historia aconseja".

Asociaciones afines a la "recuperación de la Memoria Histórica"
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que tanto los restos del dictador como los del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, "sean entregados a sus familiares para que dispongan de ellos como consideren oportuno". Así se ha expresado Emilio Silva, quien lamentó la incongruencia que supone el hecho de que "quienes defendieron la democracia se encuentren en fosas comunes y quienes la destruyeron en grandes mausoleos".

Sobre la complicada tarea de transformación el "gran símbolo del nacional catolicismo" en un lugar de memoria democrática se ha pronunciado José María Pedreño, presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria. Pedreño no cree que la solución pase por la reforma del recinto sino por la "desaparición" del mismo. "Dejar su destino en manos de expertos no conlleva una salida democrática ya que seguirá siendo un resto del fascismo y un lugar de peregrinación fascista", ha señalado, para después señalar las dificultades de cambiar los frescos de la basílica, "llenos de símbolos de falange y del carlismo".

Convertir el recinto en un lugar aconfesional que conserve el recuerdo de las víctimas es algo en lo que coinciden las asociaciones. Silva añade que el papel de la jerarquía de la iglesia católica en la dictadura "fue el de cooperador y encubridor de las violaciones de derechos humanos del régimen y no es comprensible que el Valle se conserve como lugar de culto católico". A juicio de Pedreño, el futuro del Valle pasa también por la retirada de todo lo religioso: "Mientras haya una basílica sagrada y una cruz que representa el nacional catolicismo el Valle de los Caídos mantendrá su carácter original".

viernes, 17 de junio de 2011

Reflexiones para tiempos de guerra.

Tiempos de Guerra

La operación Odissey Dawn ha marcado el comienzo de la intervención militar en Libia, otra misión de guerra con la que las potencias de occidente quieren proteger intereses económicos y equilibrios geopolíticos que ven amenazados por inestabilidad, tensiones locales y ambiciones de caudillos y dictadores.

Se trata del más reciente entre los episodios que hacen aún más patente el estado de guerra permanente en el que vivimos. Al pasar los años cambian los escenarios: desde los balcanes (Bosnia, Kosovo) hasta el Magreb, pasando por el Oriente Próximo (Irak) y Asia (Afganistán); cambia el nombre de las operaciones militares: de operaciones de policía internacional a task force contra el terrorismo a despliegue de fuerzas de interposición y disuasión, hasta llegar a definiciones más tranquilizadoras como misión de paz o misión humanitaria; pero en concreto no cambian ni los medios para llevarlas a cabo ni la sustancia: bombardeos y misiles, en una palabra se trata de guerra.

Desde el comienzo fue claro que la revuelta en Libia, aunque impulsada por las insurrecciones que siguen estremeciendo los países norteafricanos y de Oriente Próximo (Túnez, Argelia, Marruecos, Egipto, Yemen, Baréin, Siria), presentaba rasgos de lucha por el poder entre facciones rivales, arraigadas en el territorio en base a pertenencias tribales (Tripolitania, Cirenaica y Fezzan). También era evidente que el papel ejercido por Libia en varios niveles en el escenario mediterráneo (producción de petróleo y gas, socio económico relevante de occidente, policía del área, controlador del flujo migratorio) haría que la crisis del régimen de Gadafi se volviera crisis de nivel internacional. Los bombardeos en Trípoli no son sino la prueba de eso.

Ha empezado una guerra de verdad, sucia y vil como toda guerra, cuyos objetivos no coinciden con ninguno de los que han sido declarados: ni la caída de Gadafi, ni la implantación de la “democracia”, ni la protección de la población. El objetivo real es bien claro: volver a colonizar Libia, un país de suma importancia por sus recursos energéticos y su posición estratégica, a través de su balcanización. En segundo lugar, aunque no por menor importancia, la intervención militar apunta a mantener un estado de guerra permanente y global que oculta las verdaderas emergencias (hambre y miseria, desastres medioambientales y nucleares, migraciones masivas, supremacía de las ganancias sobre las necesidades) y que permita sofocar preventivamente luchas y revueltas.



Ofrecemos como reflexión la carta de Juan Pablo II sobre la II guerra mundial



Carta Apostólica de Juan Pablo II con ocasión del 50º aniversario del comienzo de la segunda guerra mundial.
* * *

A mis hermanos en el episcopado,
a los sacerdotes y a las familias religiosas,
a los hijos e hijas de la Iglesia,
a los gobernantes,
a todos los hombres de buena voluntad.



La hora de las tinieblas

1. «ME HAS ECHADO EN LO PROFUNDO de la fosa, en las tinieblas, en los abismos» (Sal 88 [87], 7). ¡Cuántas veces este grito de dolor ha surgido del corazón de millones de mujeres y de hombres que, desde el 1° de septiembre de 1939 hasta el final del verano de 1945, se enfrentaron con una de las tragedias más destructoras e inhumanas de nuestra historia!

Mientras Europa se encontraba aún bajo el impacto de los actos de fuerza realizados por el Reich, que habían llevado a la anexión de Austria, al desmembramiento de Checoslovaquia y a la conquista de Albania, el primer día del mes de septiembre de 1939, las tropas alemanas invadían Polonia por el Oeste y, el 17 del mismo mes, la Armada roja lo hacía por el Este. La derrota del ejército polaco y el martirio de un pueblo entero iban a ser preludio de la suerte que muy pronto tocaría a numerosos pueblos europeos y, a continuación, a muchos otros en la mayor parte de los cinco continentes.

En efecto, desde 1940, los Alemanes ocuparon Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica y la mitad de Francia. Durante este período, la Unión soviética, agrandada ya por una parte de Polonia, realizó la anexión de Estonia, Letonia y Lituania y quitó Besarabia a Rumania y algunos territorios a Finlandia.

Después, como un fuego destructor que se propaga, la guerra y los dramas humanos, que la acompañan inexorablemente, iban rápidamente a desbordar las fronteras del «viejo Continente» para llegar a ser «mundiales». Por un lado, Alemania e Italia llevaron los combates más allá de los Balcanes y en África mediterránea y, por otro lado, el Reich invadió bruscamente Rusia. Los Japoneses, por fin, destruyendo Pearl-Harbour, empujaron a los Estados Unidos de América a la guerra al lado de Inglaterra. Terminaba el año 1941.

Hubo que esperar el año 1943, con el éxito de la contraofensiva que liberó la ciudad de Stalingrado del yugo alemán, para que se produjera un cambio en la historia de la guerra. Las fuerzas aliadas por un lado y la tropas soviéticas por el otro lograron derrotar a Alemania, a costa de encarnizados combates que, desde Egipto hasta Moscú, provocaron horribles sufrimientos a millones de civiles indefensos. El 8 de mayo de 1945 Alemania se rindió sin condiciones.

Pero la lucha continuó en el Pacífico. Para acelerar el final, a primeros de agosto del mismo año se lanzaron dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Al día siguiente de este hecho espantoso Japón se rindió a su vez. Es el 10 de agosto de 1945.

Ninguna guerra ha merecido tanto el apelativo de «guerra mundial». Además fue total, pues no podemos olvidar que a las operaciones terrestres se sumaron combates aéreos y combates navales en todos los mares del mundo. Ciudades enteras fueron objeto de destrucciones despiadadas, sumiendo a poblaciones aterrorizadas en la angustia y la miseria. Roma misma estuvo amenazada. La intervención del Papa Pío XII evitó que la Ciudad fuera un campo de batalla.

Este es el cuadro sombrío de los hechos que recordamos hoy. Provocaron la muerte de cincuenta y cinco millones de personas, dejando divididos a los vencedores y una Europa para reconstruir.

Acordarse

2. Cincuenta años después, tenemos el deber de acordarnos ante de Dios de aquellos hechos dramáticos, para honrar a los muertos y compadecer a todos aquellos que este despliegue de crueldad hirió en el corazón y en el cuerpo, perdonando del todo las ofensas.

En mi solicitud pastoral por toda la Iglesia y preocupado por el bien de toda la humanidad, no podía dejar pasar este aniversario sin invitar a mis hermanos en el episcopado, a los sacerdotes y los fieles, así como a todos los hombres de buena voluntad, a una reflexión sobre el proceso que llevó este conflicto hasta los límites de lo inhumano y de la aflicción.

En efecto, tenemos el deber de sacar una lección de este pasado, para que jamás pueda repetirse el conjunto de causas capaz de desencadenar un conflicto semejante.

Ya sabemos por experiencia que la división arbitraria de las naciones, los desplazamientos forzosos de las poblaciones, el rearme sin límites, el uso incontrolable de armas sofisticadas, la violación de los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos, la inobservancia de las reglas de conducta internacional, así como la imposición de ideologías totalitarias no pueden llevar más que a la destrucción de la humanidad.

Acción de la Santa Sede

3. El Papa Pío XII, desde su comienzo, el 2 de marzo de 1939, lanzó un llamamiento a la paz, que todos consideraban seriamente amenazada. Algunos días antes de desencadenarse las hostilidades, el 24 de agosto de 1939, el mismo Papa pronunció unas palabras premonitorias cuyo eco resuena todavía: «He aquí que vuelve a sonar una vez más una grave hora para la gran familia humana (...). El peligro es inminente, pero todavía hay tiempo. Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra[1].

Por desgracia, la advertencia de este gran Pontífice no fue escuchada absolutamente y llegó el desastre. La Santa Sede, no habiendo podido contribuir a evitar la guerra, intentó -en la medida de sus posibilidades- limitar su extensión. El Papa y sus colaboradores trabajaron en ello sin descanso, tanto a nivel diplomático como en el campo humanitario, evitando tomar partido en el conflicto que oponía a pueblos de ideologías y religiones diferentes. En este cometido, su preocupación fue también la de no agravar la situación y no comprometer la seguridad de las poblaciones sometidas a pruebas poco comunes. Escuchemos una vez más a Pío XII cuando, a propósito de lo que sucedía en Polonia, declaró: «Tendríamos que pronunciar palabras de fuego contra tales hechos y lo único que nos lo impide es saber que, si habláramos, haríamos todavía más difícil la situación de esos desdichados»[2].

Algunos meses después de la Conferencia de Yalta (4-11 de febrero de 1945) y recién acabada la guerra en Europa, el mismo Papa, dirigiéndose al Sacro Colegio Cardenalicio, el 2 de junio de 1945, no dejó de preocuparse sobre el futuro del mundo y abogar por la victoria del derecho: «Las naciones, las pequeñas y las medianas particularmente, piden que se les permita tomar las riendas de sus propios destinos. Se les puede llevar a contraer, con su pleno acuerdo y en el interés del progreso común, obligaciones que modifiquen sus derechos soberanos. Pero después de haber soportado su parte, su parte tan grande, de sacrificios para destruir el sistema de la violencia brutal, están ahora en condiciones de no aceptar que se les imponga un nuevo sistema político o cultural que la gran mayoría de sus pueblos rechazan resueltamente (...). En el fondo de su conciencia los pueblos sienten que sus dirigentes se desacreditarían si, por el delirio de una hegemonía de la fuerza, no hicieran seguir la victoria del derecho»[3].

El hombre menospreciado

4. Esta «victoria del derecho» sigue siendo la mejor garantía del respeto de las personas. Ahora justamente, cuando se piensa en la historia de estos seis años terribles, uno no puede menos que horrorizarse por el menosprecio de que ha sido objeto el hombre.

A las ruinas materiales, a la aniquilación de los recursos agrícolas e industriales de los países asolados por los combates y las destrucciones que llegaron hasta el holocausto nuclear de dos ciudades japonesas, se añadieron masacres y miseria.

Pienso particularmente en el destino cruel ocasionado a las poblaciones de las grandes planicies del Este. Yo mismo fui testigo horrorizado de ello al lado del Arzobispo de Cracovia, Monseñor Adam Stefan Sapieha. Las exigencias inhumanas del invasor de entonces afectaron de manera brutal a los opositores y a los sospechosos, mientras que las mujeres, los niños y los ancianos fueron sometidos a constantes humillaciones.

No podemos olvidar el drama causado por el desplazamiento forzado de las poblaciones que fueron echadas por los caminos de Europa, expuestas a todos los peligros, en busca de un refugio y de medios para sobrevivir.

Debe hacerse una mención especial de los prisioneros de guerra que, aislados, ofendidos y humillados, pagaron también, después de las asperezas de los combates, otro pesado tributo. Hay que recordar, por fin, que la creación de gobiernos impuestos por los invasores en los Estados de la Europa central y oriental estuvo acompañada por medidas represivas y también por una multitud de ejecuciones para someter a las poblaciones reacias.

Las persecuciones contra los judíos

5. Pero de todas estas medidas antihumanas, una de ellas constituye para siempre una vergüenza para la humanidad: la barbarie planificada que se ensañó contra el pueblo judío.

Objeto de la «solución final», imaginada por una ideología aberrante, los judíos fueron sometidos a privaciones y brutalidades indescriptibles. Perseguidos primero con medidas vejatorias o discriminatorias, más tarde acabaron a millones en campos de exterminio.

Los judíos de Polonia, más que otros, vivieron este calvario: las imágenes del cerco de la judería de Varsovia, como lo que se supo sobre los campos de Auschwitz, de Majdanek o de Treblinka superan en horror lo que humanamente se pueda imaginar.

Hay que recordar también que esta locura homicida se abatió sobre otros muchos grupos que tenían la culpa de ser «diferentes» o rebeldes a la tiranía del invasor.

Con ocasión de este doloroso aniversario, me dirijo una vez más a todos los hombres, invitándolos a superar sus prejuicios y a combatir todas las formas de racismo, aceptando reconocer en cada persona humana la dignidad fundamental y el bien que hay en la misma, a tomar cada vez mayor conciencia de pertenecer a una única familia humana querida y congregada por Dios.

Deseo repetir aquí con fuerza que la hostilidad o el odio hacia el judaísmo están en total contradicción con la visión cristiana de la dignidad de la persona humana.

Las pruebas de la Iglesia católica

6. El nuevo paganismo y los sistemas afines se ensañaban, ciertamente, contra los judíos, pero atentaban igualmente contra el cristianismo, cuyas enseñanzas habían formado el alma de Europa. A través del pueblo del cual «también procede Cristo según la carne» (Rm 9, 5), llega el mensaje evangélico sobre la igual dignidad de todos los hijos de Dios, que era menospreciada.

Mi predecesor, el Papa Pío XI, había sido claro en su encíclica «Mit brennender Sorge», al decir:

«Quien eleva la raza o el pueblo, el Estado o una forma determinada del mismo, los representantes del poder o de otros elementos fundamentales de la sociedad humana (...) como suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y los diviniza con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado y querido por Dios»[4].

Esta pretensión de la ideología del sistema nacionalsocialista no exceptuaba a las Iglesias y a la Iglesia católica en particular que, antes y durante el conflicto, conoció, también ella, su pasión. Su suerte no fue seguramente mejor en las regiones donde se impuso la ideología marxista del materialismo dialéctico.

No obstante, hemos de dar gracias a Dios por los numerosos testigos, conocidos y desconocidos, que -en aquellas horas de tribulación- tuvieron la valentía de profesar intrépidamente su fe, supieron levantarse contra la arbitrariedad atea y no se plegaron ante la fuerza.

Totalitarismo y religión

7. En el fondo, el paganismo nazi así como el dogma marxista tienen en común el ser ideologías totalitarias, con tendencia a trasformarse en religiones substitutivas.

Ya mucho antes de 1939, en algunos sectores de la cultura europea, aparecía una voluntad de borrar a Dios y su imagen del horizonte del hombre. Se empezaba a adoctrinar en este sentido a los niños, desde su más tierna edad.

La experiencia ha demostrado desgraciadamente que el hombre dejado al solo poder del hombre, mutilado de sus aspiraciones religiosas, se transforma rápidamente en un número o en un objeto. Por otra parte, ninguna época de la humanidad ha escapado al riesgo de que el hombre se encerrara en sí mismo, con una actitud de orgullosa suficiencia. Pero este riesgo se ha acentuado en este siglo en la medida en que la fuerza armada, la ciencia y la técnica han podido dar al hombre contemporáneo la ilusión de ser el único señor de la naturaleza y de la historia. Esta es la presunción que encontramos en la base de los excesos que deploramos.

El abismo moral en el que el desprecio de Dios, y también del hombre, ha precipitado al mundo hace cincuenta años nos ha llevado a experimentar el poder del «Príncipe de este mundo» (Jn 14, 30) que puede seducir las conciencias con la mentira, con el desprecio del hombre y del derecho, con el culto del poder y del dominio.

Hoy nos acordamos de todo esto y meditamos sobre los límites a los que puede llevar el abandono de toda referencia a Dios y de toda ley moral trascendente.

Respetar el derecho de los pueblos

8. Pero lo que es verdad para el hombre lo es también para los pueblos. Conmemorar los acontecimientos de 1939 es recordar además que el último conflicto mundial tuvo por causa la destrucción de los derechos de los pueblos así como de las personas. Lo recordaba ayer, al dirigirme a la Conferencia episcopal polaca.

¡No hay paz si los derechos de todos los pueblos -y particularmente de los más vulnerables- no son respetados! Todo el edificio del derecho internacional se basa sobre el principio del igual respeto, por parte de los Estados, del derecho a la autodeterminación de cada pueblo y de su libre cooperación en vista del bien común superior de la humanidad.

Hoy es esencial que situaciones como la de Polonia de 1939, asolada y dividida según las preferencias de invasores sin escrúpulos, no vuelvan a producirse más. No se puede evitar, a este respecto, pensar en los países que todavía no han obtenido su plena independencia, así como en aquellos que corren el riesgo de perderla. En este contexto y en estos días hay que recordar el caso del Líbano, donde fuerzas aliadas, siguiendo sus propios intereses, no dudan en poner en peligro la existencia misma de una nación.

No olvidemos que la Organización de las Naciones Unidas nació, después del segundo conflicto mundial, como un instrumento de diálogo y de paz, fundado sobre el respeto de la igualdad de los derechos de los pueblos.

El desarme

9. Pero una de las condiciones esenciales para «vivir unidos» es el desarme.

Las terribles pruebas sufridas por los combatientes y las poblaciones civiles, durante el segundo conflicto mundial, deben apremiar a los responsables de las naciones a procurar que se pueda llegar sin tardar a la elaboración de procesos de cooperación, de control y de desarme que hagan impensable la guerra. ¿Quién osaría justificar todavía el uso de las armas más crueles, que matan a los hombres y destruyen sus obras, para resolver las discrepancias entre Estados? Como ya tuve ocasión de decir «la guerra es en sí irracional y [...] el principio ético de la solución pacífica de los conflictos es la única vía digna del hombre»[5].

Por esto hemos de aceptar favorablemente las negociaciones en curso para el desarme nuclear y convencional, así como la total prohibición de armas químicas y otras. La Santa Sede ha declarado repetidas veces que considera necesario que las partes lleguen por lo menos a un nivel mínimo de armamento, compatible con sus exigencias de seguridad y defensa.

Estos pasos prometedores no tendrán, sin embargo, posibilidad de éxito si no están apoyados y acompañados por una voluntad de intensificar igualmente la cooperación en otros campos, especialmente los económicos y culturales. La última reunión de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa, celebrada recientemente en París sobre el tema de la «dimensión humana», ha registrado el deseo, expresado por países de las dos partes de Europa, de ver instaurado en todas partes el régimen del Estado de derecho. Esta forma de Estado se muestra, efectivamente, como la mejor garantía de los derechos de la persona, incluidos el derecho a la libertad religiosa, cuyo respeto es un factor insustituible de paz social e internacional.

Educar a las jóvenes generaciones

10. Aleccionados por los errores y las desviaciones del pasado, los Europeos de hoy tienen ya el deber de transmitir a las jóvenes generaciones un estilo de vida y una cultura inspiradas por la solidaridad y la estima del prójimo. A este respecto, el Cristianismo, que ha forjado tan profundamente los valores espirituales de este Continente, debería ser una fuente de inspiración constante: su doctrina sobre la persona, creada a imagen de Dios, ha de contribuir al nacimiento de un humanismo renovado.

En el inevitable debate social, en que se enfrentan concepciones distintas de la sociedad, los adultos deben darse ejemplo de respeto recíproco, sabiendo reconocer siempre la parte de verdad que hay en el otro.

En un Continente de tantos contrastes, es necesario que las personas, las etnias y los países de cultura, creencia o sistema social diferentes, aprendan a aceptarse mutuamente.

Los educadores y los medios de comunicación social juegan a este respecto un papel primordial. Desgraciadamente, hemos de constatar que la educación sobre la dignidad de la persona, creada a imagen de Dios, no está ciertamente favorecida por los espectáculos de violencia o depravación difundidos muy a menudo por dichos medios de comunicación social: las jóvenes conciencias en formación son desorientadas y el sentido moral de los adultos queda embotado.

Moralizar la vida pública

11. La vida pública, ciertamente, no puede prescindir de los criterios éticos. La paz se consigue ante todo en el terreno de los valores humanos, vividos y transmitidos por los ciudadanos y los pueblos. Cuando se disgrega el tejido moral de una nación hay que temer cualquier cosa.

La memoria vigilante del pasado debería conseguir que nuestros contemporáneos estuvieran atentos a los abusos siempre posibles en el uso de la libertad, que la generación de esta época ha conquistado a costa de tantos sacrificios. El frágil equilibrio de la paz podría verse comprometido si en las conciencias se despertaran males como el odio racial, el menosprecio de los extranjeros, la segregación de los enfermos o de los ancianos, la exclusión de los pobres, el recurso a la violencia privada y colectiva.

A los ciudadanos les toca saber distinguir entre las proposiciones políticas que se inspiran en la razón y en los valores morales. A los Estados corresponde velar para que se eviten las causas de exasperación o de impaciencia de tal o cual grupo desfavorecido de la sociedad.

Llamamiento a Europa

12. A vosotros, hombres de Estado y responsables de las naciones, os repito una vez más mi profunda convicción de que el respeto de Dios y el respeto del hombre son inseparables. Constituyen el principio absoluto que permitirá a los Estados y a los Bloques políticos superar sus antagonismos.

No podemos olvidar, en particular, a Europa donde ha surgido este terrible conflicto y que, durante seis años, ha vivido una verdadera «pasión» que la ha arruinado y dejado desamparada. Desde 1945 somos testigos y operadores de loables esfuerzos encaminados a su reconstrucción material y espiritual.

Ayer, este Continente exportó la guerra: hoy, le toca ser «artesano de paz». Confío en que el mensaje de humanismo y de liberación, herencia de su historia cristiana, pueda fecundar todavía a sus pueblos y siga resplandeciendo en el mundo.

¡Sí, Europa, todos te miran, conscientes de que siempre tienes algo que decir, después del naufragio de aquellos años de fuego: la verdadera civilización no está en la fuerza, sino que es fruto de la victoria sobre nosotros mismos, sobre las potencias de la injusticia, del egoísmo y del odio, que pueden llegar a desfigurar al hombre!

Exhortación a los católicos

13. Al concluir, deseo dirigirme muy particularmente a los pastores y a los fieles de la Iglesia católica.

Acabamos de recordar una de las guerras más sangrientas de la historia, nacida en un Continente de tradición cristiana.

Esta constatación debe estimularnos a un examen de conciencia para ver cómo es la evangelización de Europa. El hundimiento de los valores cristianos, que favoreció los errores de ayer, tiene que hacernos estar atentos sobre la manera en que hoy se anuncia y se vive el Evangelio.

Observamos, por desgracia, que en muchos campos de su existencia el hombre moderno piensa, vive y trabaja como si Dios no existiera. Ahí está el mismo peligro que ayer: el hombre dejado en poder del hombre.

Mientras Europa se prepara para recibir un nuevo semblante, ya que ha habido un desarrollo positivo en algunos países de su parte central y oriental, y los responsables de las naciones colaboran cada vez más para la solución de los grandes problemas de la humanidad, Dios llama a su Iglesia a dar su propia contribución para la llegada de un mundo más fraterno.

Junto con las otras Iglesias cristianas, a pesar de nuestra unidad imperfecta, queremos repetir a la humanidad de hoy que el hombre no es auténtico si no se acepta ante Dios como criatura; que el hombre no es consciente de su dignidad si no reconoce en sí mismo y en los demás la señal de Dios que lo ha creado a su imagen; que no es grande sino en la medida en que su vida es una respuesta al amor de Dios y se pone al servicio de sus hermanos.

Dios no desconfía del hombre. Cristianos, tampoco nosotros podemos desconfiar del hombre, porque sabemos que es siempre más grande que sus errores o sus faltas.

Al recordar la bienaventuranza pronunciada en otro tiempo por el Señor: ¡«Bienaventurados los que trabajan por la paz»! (Mt 5, 9), queremos invitar a todos los hombres a perdonar y a ponerse al servicio los unos de los otros, por Aquel que, en su carne, una vez ha dado en sí mismo «muerte a la Enemistad» (Ef 2, 16).

A María, Reina de la Paz, confío a esta humanidad, encomendando a su materna intercesión la historia de la que somos actores.

¡Para que el mundo no conozca nunca más la inhumanidad y la barbarie que lo ha asolado hace cincuenta años, anunciamos sin cansarnos a «nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación» (Rm 5, 11), prenda de la reconciliación de todos los hombres entre sí!

¡Que su Paz y su Bendición estén con todos vosotros!



Notas

[1] Radiomensaje, 24 de agosto de 1939: AAS 31 (1939), pp. 333-334.

[2] Actes et Documents du Saint Siège à la seconde guerre mondiale, Librería Edittrice Vatiicana, 1970, vol. 1, p. 455.

[3] AAS 37 (1945), p. 166.

[4] 14 de marzo de 1937: AAS 29 (1937), pp. 149 y 171.

[5] Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 8 de diciembre de 1983, n. 4: AAS 76 (1984), p. 295.

[Copyright © Libreria Editrice Vaticana]

Memoria histórica de la guerra civil española.

¿Que pasó en la guerra civil española de hace 75 años?.
El eminente historiador español José Andrés-Gallego lanzó hace unas semanas, en una conferencia dictada en Madrid, la oportunidad de hacer una “Historia de la bondad” de la guerra civil española que ayude verdaderamente a la reconciliación y a la paz.

Queremos unirnos a este proyecto, como ya lo han hecho otros medios de comunicación, yendo a la búsqueda de la verdad.
Invitamos a nuestros seguidores a colaborar con sus testimonios con Andrés-Gallego, a través del blog que él mismo ha abierto con este fin, y que encontrarán al final del artículo. * * * * *

El que suscribe es español, historiador de profesión. Y, en virtud de esas dos circunstancias -la de español e historiador-, lleva años escuchando relatos muy distintos de las barbaridades que se hicieron en la guerra civil de 1936-1939. Estoy seguro de que más de un lector -que no sea español- dirá que es eso mismo lo que le ocurre a él, solo que referido a las atrocidades que se cometieron en su propio país y en tales años. Pues bien, ya tienen algo que advertirme en el blog, si creen que lo que voy a plantearles vale la pena también para sus países.

Somos pocos los españoles de mi generación -la de posguerra- que no han oído en casa, desde niños, relatos del calvario que le tocó sufrir a su familia. La verdad es que hubo españoles que pensaron que ese calvario –el de los suyos- fue algo tan indignante y tan indigno que optaron por callar y no hablaron jamás de la guerra a sus hijos. Pero hasta ese silencio no pudo ser más elocuente y el resultado fue que esos otros españoles de mi generación -los que no oyeron nada en casa- se formaron, seguramente, la misma idea que nos formamos los demás: la de que todo aquello fue horrible.

Claro está que hubo padres y madres que -hasta con su silencio- pudieron inculcar sentimientos de odio o de revancha entre sus propios hijos (muchas veces, sin pretenderlo). Otros hubo, por el contrario, que -conscientemente o no- suscitaron la idea contraria: la de que ese horror que nos relatan -traducido en hechos concretos- no debe repetirse jamás y hay que vivir de modo –y convivir- que eso sea así: que nunca vuelva a suceder.

Pues bien, este historiador -cuando no lo era- de niño y, luego, de muchacho tuvo la suerte de formarse en una familia que no le escatimó los relatos del sufrimiento que les tocó vivir, pero lo hicieron de tal modo que lo que le inculcaron -como si lo grabaran con un hierro candente- es que todo eso sirve como recuerdo permanente de lo que jamás se ha de repetir, para lo cual -claro está- no importan tanto las palabras como la forma de vivir de cada cual.

Es posible -no sé- que esa formación infantil me indujera a hacerme preguntas cuando empecé a oír otros calvarios a otros españoles. Fueron muchas esas preguntas, pero la que hace al caso es ésta: en casi todos los calvarios -de izquierdas y derechas, dicho coloquialmente- se mezcla de forma un tanto extraña el bien y el mal. El narrador relata casi siempre un calvario. Pero, al detallarlo, se pueden observar retazos de bondad que paliaron aquel horror, o, al menos, lo intentaron –aunque fracasaran- y, en más de una ocasión consiguieron impedirlo. Recuerdo, por ejemplo, que, en mi pueblo -una pequeña ciudad aragonesa-, quien sacó de la cárcel -donde podía pasarles cualquier cosa- a dos hermanas de una familia de comerciantes apodada "Los Zamoranos" fue su hermano, que pidió auxilio para ello a los jefes del batallón en que se había alistado para escurrir el bulto y evitar que fuera él el encarcelado y, previsiblemente, el fusilado. Era obvio que esos jefes y compañeros de armas -que, con seguridad, no eran tontos- debieron comprender que aquél mocetón pensaba, en realidad, como los del bando enemigo. Por lo menos, estaba claro que lo hacían sus hermanas. Por eso, justamente, las habían encarcelado. Y, sin embargo, no indagaron sobre las verdaderas ideas de su compañero, si no que recorrieron con él los cien kilómetros que distaban de Zaragoza para poner a salvo -y en su casa, sin necesidad de esconderse- a esas dos personas.

Desde que me di cuenta de eso, he repetido donde me han querido oír que los historiadores –y toda persona cabal- tiene que explicar la historia no sólo por el mal, sino también por el bien que se ha hecho. Y es esa otra historia de la guerra civil española la que querría traer a estas páginas. Con su ayuda. Si no, supera por completo mis fuerzas. Así que lo primero que he hecho es abrir un blog, que es el que va debajo de la firma. Conozco historias suficientes para probar lo que digo. Pero sería importante que las contásemos todos.

blog: joseandresgallego.wordpress.com
www.joseandresgallego.com

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José Andrés-Gallego es Doctor en Filosofía y Letras (Historia), ha sido catedrático de Historia contemporánea en las Universidades de Oviedo, de Educación a Distancia (Madrid) y de Cádiz, rector de la Universidad Católica de Ávila, y es investigador científico y Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. Entre otros muchos cargos desempeñados actualmente y en el pasado, es presidente del Patronato Europeo de Historia.

viernes, 27 de mayo de 2011

Actualizando una entrevista,

La Iglesia va hacia el gueto y necesita una gran reforma´.
Levante-EMV.com » Comunitat Valenciana
Teólogo jesuita. La voz crítica del teólogo jesuita José Ignacio González Faus (Valencia, 1935) exaspera al Vaticano, adonde han llegado acusaciones contra él. Autor de numerosas publicaciones y profesor de teología en Barcelona, dirige el centro jesuita Cristianismo y Justicia.



ISABEL BUGALLAL VALENCIA ¿No tira la toalla?

No la pienso tirar, por supuesto; ¿por qué habría de tirarla?

¿Por amenazas del Vaticano?

Tampoco han sido tantas y, aunque fueran más, Jesús, a quien yo sigo, no la tiró. Mi padre, san Ignacio, mi fundador, tampoco la tiró perseguido por la Inquisición.

¿Es verdad que al Vaticano llegan anónimos y delaciones?

Sí. Es increíble la cantidad de cartas y denuncias que llegan, muchas anónimas y de gente neurótica que no tiene otra cosa que hacer y escribe a Roma. Lo que no comprendo, como cristiano y como cura, es que en Roma se dé audiencia a este tipo de acusaciones.

¿Las escuchan?

Cuando eran contra el bueno -o el malo- de Marcial Maciel no parece que les hicieran mucho caso, en cambio, cuando llegan otros casos... Todos los sistemas muy centralizados, como es el Vaticano, tienen un gran miedo a estar desinformados y cualquier cosa que les dicen se la creen.

¿Qué han dicho de usted?

Que niego la divinidad de Jesús, cosa que es mentira y, por tanto, no me preocupa; que critico a la Iglesia injustamente, cosa que tampoco es verdad; que si soy marxista, lo cual no es cierto, y cosas de ese género que no merecen audiencia.

¿Es incómodo para la Iglesia?

No quisiera serlo porque amo a la Iglesia, pero lo soy porque creo que necesita una reforma muy seria. Jesús también fue incómodo para el sanedrín y los sumos sacerdotes.

¿Denuncia la estructura de poder de la Iglesia?

Naturalmente: el poder fue la tercera tentación que rechazó Jesús. La Iglesia debía tener el mínimo indispensable de estructura y el máximo de libertad pero tengo la impresión de que es al revés.

A usted no le cabe en la cabeza que la Iglesia tenga Estado.

En la cabeza me cabe, donde no sé si cabe es en el Evangelio.

¿Escribió una carta abierta al Papa para decírselo?

Por qué no, todo cristiano tiene derecho a escribir al Papa.

Es crítico con el nombramiento de obispos, ¿por qué?

Porque el procedimiento actual es contrario al que se daba en la Iglesia primera y el Evangelio. Cada iglesia debe elegir a su obispo.

¿Los papas son prisioneros de la curia romana?

Están condicionados por una estructura que la curia conoce mejor. Como ellos dicen, "los obispos pasan, pero la curia permanece".

¿Cuál es el lugar de la Iglesia que usted defiende?

La Iglesia tiene que estar con las víctimas, los crucificados, los pobres, los perseguidos; con la mentalidad de cada época y con las diversas culturas.

Dice que la Iglesia tarda 200 años en admitir los cambios.

La reforma de Lutero no fue digerida casi hasta el concilio Vaticano II y no parece que la gente de la curia haya aceptado totalmente el Vaticano II.

¿Ve una involución?

No solo yo, muchos teólogos lo piensan. Hace casi 40 años Karl Rahner escribió un artículo que se titulaba ¿Vamos hacia el gueto? Pues parece que sí, que vamos hacia el gueto.

Usted fue alumno de Ratzinger en Alemania.

Yo preparaba la tesis doctoral allí, era capellán de los inmigrantes españoles y acudía a sus clases de cristología. Los alumnos hasta le aplaudíamos: era, evidentemente, otro Ratzinger más avanzado.

¿Qué opina de la visión de Jesús que da en su último libro? Según él, no fue revolucionario.

Jesús no quiso ser un revolucionario, pero resultó serlo y fue condenado por motivos políticos. Puede que no sea la visión de Benedicto XVI, pero es la que tiene más fiabilidad histórica.

Los "kikos", el movimiento neocatecumenal, arrastra masas y llena plazas allá donde el Papa va.

Para llenar plazas basta con dinero, organización y unos cuantos autobuses. La pregunta es si eso no es como la espuma que llena el vaso de cerveza y cuando baja no queda nada. Más que la espuma, la imagen evangélica sería la semilla que crece. La manera de proceder de los "kikos", con presiones y chantajes, no me parece muy evangélica.

El poder de Rouco, debe ser grande, le llaman 'vicepapa'.

Sé de él lo mismo que usted, lo que dicen los periódicos, y que alguna vez se quejó de mí al provincial de los jesuitas.

La Iglesia está mal, pero el mundo está peor, a su juicio.

Me temo que sí. "Estamos en un sistema que produce ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres", dijo Juan Pablo II.

¿Ha hecho testamento vital?

Sí, lo he hecho porque creo que hay un cierto encarnizamiento terapéutico que se disimula de mil maneras y porque tuve una hermana gemela que murió de cáncer y, con ayuda de un médico, tuve que plantarme para que no la molestaran más y la dejaran morir en paz; y porque prefiero morirme seis meses antes que no vivir seis meses más incómodamente.

domingo, 20 de febrero de 2011

Un poeta surafricano salvó en 1936 de la destrucción los manuscritos de San Juan de la Cruz.

Publicado en Religión en Libertad.com
Domingo, 20 de febrero de 2011

Roy Campbell conservó en un arcón los valiosos originales mientras sus dueños, quince carmelitas, eran asesinados en Toledo.
En España apenas es conocido.
Pasó de dirigir un abortorio a ser activista pro-vida gracias al amor y las oraciones de estos .
La «desmemoria histórica» sobre la Guerra Civil se ha cebado en particular con todos aquellos personajes a quienes el establishment cultural de izquierdas ha querido marginar durante décadas.

Uno de ellos, y no el menos importante, es Roy Campbell (1901-1957), surafricano aunque inglés de adopción y uno de los más grandes poetas anglosajones del siglo XX. Fue toda una figura de las Letras británicas, mantuvo una tormentosa relación con el grupo de Bloomsbury (cuya racionalización de sus miserias sexuales bajo capa de freudismo criticaba sin piedad) y se convirtió al catolicismo en España.

Vivió hasta los 18 años en su país natal, estudió en Oxford, se casó en 1922 y tuvo dos niñas. Precisamente la percepción de que en el grupo de Bloomsbury (tertulia filosófico-literaria cuyo miembro más célebre fue Virgina Woolf) el antipatriotismo iba vinculado al anticristianismo, le hizo acercarse a la fe.

Su poesía le iba situando cada vez más en la órbita de T.S. Eliot y Evelyn Waugh. En 1933 decidió establecerse en España y lo hizo en Toledo. Los años en nuestro país y el conocimiento del catolicismo hispano le llevaron a la fe católica, que abrazó formalmente en Altea (Alicante) en 1935, cuando ya se caldeaba el ambiente previo a la Guerra Civil.

Cuando el 18 de julio de 1936 tuvo lugar el Alzamiento Nacional, Campbell estaba el Toledo y vivía junto a un convento carmelita con cuyos religiosos mantenía una excelente relación. Tanto, que temiendo lo que iba a pasar y pasó, los frailes le confiaron los manuscritos originales de las obras de San Juan de la Cruz en un arcón de madera.

Campbell tuvo el acierto de esconderlo en su casa. Cuando el Frente Popular se hizo con el control de la situación en la Ciudad Imperial, implantó el terror, y lo centró particularmente en la Iglesia. Los quince carmelitas amigos de Campbell fueron sacados del convento y fusilados en la plaza uno a uno. Los milicianos, que sabían de su amistad con el poeta, registraron también su casa, pero milagrosamente no encontraron el arcón, a pesar de que destrozaron otras de sus pertenencias.

Cambpell logró huir de España con los suyos en un barco inglés y, de nuevo en el Reino Unido, censuró la actitud de su gobierno, favorable a un Frente Popular al que había visto en acción. Inmortalizó con un poema, «The Carmelites of Toledo», la tragedia de la que había sido testigo presencial. Volvió a España y apoyó al bando nacional, lo que selló su destino en una época en la que ser «antifascista» era condición para ser recibido en el Parnaso de los intelectuales, y en la que era el aparato de propaganda cominista el que repartía a discreción las etiquetas de «fascista» o «antifascista». De nada le sirvió a Campbell combatir a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial: el mundo de la cultura marginó cuanto pudo su nombre, a pesar de que algunos críticos consideran dos o tres de sus poemas como las mejores composiciones de la literatura inglesa en el siglo XX.



Cuando Campbell regresó a Toledo, en su casa aún estaba el arcón con los textos de San Juan de la Cruz. Ya no vivía ninguno de los que se los habían confiado, y él los devolvió a la orden carmelitana, que es, por eso, quien mejor memoria ha guardado en España de quien se jugó la vida por esos papeles, tesoro de la cultura española. Las traducciones más apreciadas hoy en el Reino Unido de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jesús son precisamente las de Campbell.



El escritor anglo-surafricano se paseaba por Londres con capa española, sombrero cordobés, y dispuesto a llegar a los puños con quien hablase mal de la patria en la que había abrazado la fe católica.



Hoy, en España, apenas es conocido, señal de que la gratitud de los cristianos no ha podido vencer siempre la coraza de la conspiración del silencio impuesta interesadamente por el pensamiento anticristiano.