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viernes, 30 de octubre de 2015

Todo se distribuye con equidad, no hay pobres ni mendigos y aunque nadie posee nada todos sin embargo son ricos. ¿Puede haber alegría mayor ni mayor riqueza que vivir felices sin preocupaciones ni cuidados?

Para meditar (De la Utopia de Tomas moro. Publicada en 1516).
" Conclusion final
Os he descrito con la mayor sinceridad el modo de ser de su República a la que considero no sólo la mejor, sino la única digna de llevar tal nombre. Porque en otros sitios los que hablan de la República lo que buscan es su interés personal. Pero en Utopía, como no hay intereses particulares, se toma como interés propio el patrimonio público; con lo cual el provecho es para todos.
En otras repúblicas todo el mundo sabe que si uno no se preocupa de sí se moriría de hambre, aunque el Estado sea floreciente. Eso le lleva a pensar y obrar de forma que se interese por sus cosas y descuide las cosas del Estado, es decir, de los otros ciudadanos. En Utopía, como todo es de todos, nunca faltará nada a nadie mientras todos estén preocupados de que los graneros del Estado estén llenos. Todo se distribuye con equidad, no hay pobres ni mendigos y aunque nadie posee nada todos sin embargo son ricos. ¿Puede haber alegría mayor ni mayor riqueza que vivir felices sin preocupaciones ni cuidados? Nadie tiene que angustiarse por su sustento, ni aguantar las lamentaciones y cuitas de la mujer, ni afligirse por la pobreza del hijo o la dote de la hija. Afrontan con optimismo y miran felices el porvenir seguro de su mujer, de sus hijos, nietos, bisnietos,
tataranietos y de la más dilatada descendencia. Ventajas que alcanzan por igual a quienes antes trabajaron y ahora están en el retito y la impotencia como a los que trabajan actualmente.
Bien quisiera que alguien midiera este sentido de justicia con el que rige en otras partes. Yo tengo que confesar que apenas he encontrado un leve rastro de justicia y equidad en ninguna de ellas. ¿Qué justicia es la que autoriza que un noble cualquiera, un orfebre, un usurero o cualquier otro que no hacen nada o hacen cosas contrarias al Estado, puedan llevar una vida regalada sin mover un dedo. o en negocios sucios y sin responsabilidad? Entre tanto el criado, el cochero, el artesano, el labriego andan metidos en trabajos que no aguantarían ni los animales por lo duros y al mismo tiempo tan necesarios que sin ellos la República se vendría abajo antes de un año. Apenas les llega para alimentarse malamente y llevan vida peor que la de las mismas bestias. Estas, al menos no soportan trabajo tan continuo; aunque les den peor comida la soportan más fácilmente y además no tienen las preocupaciones del futuro. A todos estos los mata el trabajo presente, tan estéril como infructuoso, y les desazona el pensamiento de su pobre ancianidad. Si no les llega para mal vivir, ¿cómo pueden ahorrar para su ancianidad?
¿No es injusta una sociedad que se vuelca con los llamados nobles, los manipuladores y los traficantes de cosas inútiles, aduladores y perezosos? Por el contrario deja en el olvido a los labradores, los carboneros, los braceros, - caballerizos y obreros sin cuyo trabajo no puede subsistir la república ni obtenerse bien alguno. ¿No es injusto abusar de su trabajo cuando están en pleno vigor y cuando el peso de los años, las privaciones y la enfermedad cae sobre ellos, condenarles a una muerte miserable sin tener en cuenta sus muchos desvelos y trabajos? ¿Qué podemos pensar de esos ricos que diariamente expolian al pobre? En realidad lo hacen al amparo, no de sus propias maquinaciones, sino amparándose en las mismas leyes. De esta manera, si antes parecía una injusticia no recompensar debidamente a quienes lealmente lo habían servido, estos tales se han ingeniado para sancionar legalmente esta injusticia con lo que la república viene a ser más aborrecida.
Cuando contemplo el espectáculo de tantas repúblicas florecientes hoy en día, las veo -que Dios me perdone-, como una gran cuadrilla de gentes ricas y aprovechadas que, a la sombra y en nombre de la república, trafican en su propio provecho. Su objetivo es inventar todos los procedimientos imaginables para seguir en posesión de lo que por malas artes consiguieron. Después podrán dedicarse a sacar nueva tajada del trabajo y esfuerzo de los obreros a quienes desprecian y explotan sin riesgo alguno. Cuando los ricos consiguen que todas estas trampas sean puestas en práctica en nombre de todos, es decir, en nombre suyo y de los pobres, pasan a ser leyes respetables.
Pero estos hombres despreciables que con su rapiña insaciable se apoderan de unos bienes que hubieran sido suficientes para hacer felices a la comunidad, están bien lejos de conseguir la felicidad que reina en la república utopiana. Allí la costumbre ha eliminado la avaricia y el dinero, y con ellos cantidad de preocupaciones y el origen de multitud de crímenes. Pues todos sabemos que el engaño, el robo, el hurto, las riñas, las reyertas, las palabras groseras, los insultos, los motines, los asesinatos, las traiciones, los envenenamientos son cosas que se pueden castigar con escarmientos, pero que no se pueden evitar. Por el contrario las elimina de raíz la desaparición del dinero que elimina al mismo tiempo el miedo, la inquietud, la preocupación y el sobresalto. La misma pobreza que parece que se basa en la falta de dinero, desaparece desde el momento en que aquel pierde su dominio
Quiero poner esto en claro con un ejemplo que vamos a examinar. Pensemos en un año malo y de poca cosecha en el. cual han perecido de hambre miles de hombres. Estoy seguro que, si al cabo de esta catástrofe se abren los graneros de los ricos, se encuentra en ellos tanta cantidad de grano que si se hubiera repartido entre todas las víctimas de la peste y el hambre no se habría enterado nadie de los rigores de la tierra ni del cielo. Nada más sencillo que alimentar a la humanidad. Pero el bendito dinero, inventado para lograr más fácilmente el camino del bienestar, es el cerrojo más duro que cierra la puerta del mismo.
Pienso que los ricos se dan cuenta de esto. Saben que no hay nada mejor que tener lo que se necesita. Sin abundar en superficialidades, es multiplicar disgustos vivir asfixiados por tantas riquezas.
Creo además que o bien por interés personal o por seguir la voz de Cristo, todo el mundo hubiera seguido hace tiempo las leyes de esta república utopiana. Cristo, dada su sabiduría, no pudo ignorar lo que más nos convenía, ni, dada su bondad, aconsejarnos lo más conveniente.
Pero se opone tenazmente nuestra soberbia, bestia maligna y madre de todos nuestros males. Su felicidad se mide no por el propio bienestar, sino por las desgracias de los otros. Dejaría incluso de ser diosa si desaparecieran los hombres sobre los que puede ejercer su dominio exultante. Su felicidad comprada con la desgracia de los otros se satisface mostrando unas riquezas que pisan y atormentan la pobreza ajena. Esta serpiente infernal se enrosca en los pechos de los hombres y les impide seguir el buen camino. Como una rémora los entretiene y los disuade. Está tan enraizada en los hombres que no es fácil extirparla.
Mucho me alegra que esta forma de gobierno que yo quisiera que la tuvieran todos, la hayan
conseguido al menos los utopianos. Basados en las instituciones que he descrito han fundado una república que se desarrolla no sólo prósperamente sino que, en cuanto se puede conjeturar humanamente, creo que ha de durar para siempre. Han sido eliminadas en ella las raíces de la ambición y las disensiones. No hay por lo mismo peligro de disturbios internos, que en más de una ocasión han echado por tierra las ciudades más ricas y sólidas. Lograda esta armonía interior y gracias a sus magníficas organizaciones la envidia de los reyes vecinos no ha sido capaz de derribar esta república ni aun siquiera conmoverla, caso que inútilmente intentaron ya algunas veces en tiempos antiguos.
Al terminar de hablar Rafael, me vinieron a la mente no pocas reflexiones sobre cosas que me parecían absurdas en sus leyes e instituciones. Por ejemplo, su modo de entender la guerra, sus creencias y religión y otros muchos ritos. Pero, sobre todo, lo que está en la base de todo ello, es decir, su vida y gastos comunes sin intervención alguna del dinero. Con ello se destruye la raíz de la nobleza, la magnificencia y el lujo, y la grandeza, cosas que en el común sentir constituyen el decoro y el esplendor de un Estado. Me di cuenta, sin embargo, que estaba bastante cansado de tanto hablar. No sabia, por otra parte, si aguantarla que opinásemos en contra de sus teorías, máxime que a lo largo de su relato ya se había manifestado contra quienes piensan no ser suficientemente discretos si no critican las invenciones ajenas. Así pues, le cogí de la mano y tras alabar su exposición y las costumbres de los utopianos le introduje en la casa para cenar. Le dije que tendríamos tiempo de discurrir con más profundidad sobre estos temas y discutir más Profusamente. ¡Ojalá. que algún día pueda realizarlo!
Entre tanto tengo que confesar que no puedo asentir a todo cuanto me expuso este docto varón, entendido en estas materias y buen conocedor de los hombres. También diré que existen en la república de los utopianos muchas cosas que quisiera ver impuestas en nuestras ciudades. Pero que no espero lo sean.
(Utopia de Tomas Moro Utopía, cuyo nombre original en latín es Libellus . . . De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae (en español, Libro Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía) es un libro escrito por Tomás Moro y publicado en 1516).

martes, 29 de octubre de 2013

Realidad y ficción.

Los acontecimientos que ocurren en nuestra social dia a dia nos hacen a veces parecer que la vida es una ficción de novela. La utopía huye de nuestra sociedad y los peores augurios de la anti utopía se impone en el día a día.
La novela utópica como tal género, tiene poca repercusión en España pero sí se desarrolla con gran fuerza en el continente europeo y fundamentalmente en el Reino Unido donde encontramos su exponente más temprano en Thomas More, quien, con su novela Utopia (1516), dio nombre al género del que vamos a tratar en este tema. Pero ésta no fue la primera novela utópica que se escribió sino que tiene antecedentes muy anteriores como La República (374 A.C.) de Platón, que ya aborda el tema de la organización de la sociedad en ciudades ideales a las que el hombre debería tender y en las que sería posible el ideal o sueño de todos los hombres: vivir en paz y alcanzar la felicidad. Su modelo de Estado y su sentido de la justicia (éste es el tema esencial de la obra) servirán como modelo para tratados posteriores que contemplan arquetipos utópicos. Incluso nos podemos remontar hasta La Biblia en la que se nos ofrece una utopía repre­sentada de forma muy plástica en el mito del paraíso terrenal. En 1605, Joseph Hall, en su libro Mundus Alter et Ide ridiculiza en plan satírico todo tipo de pecado, vicio y estupidez humana utilizando métodos típicos del género utópico. En 1627, Francis Bacon publica New Atlantis donde nos muestra su admiración por el progreso científico y se adelanta a la tradición con relatos fantásticos de viajes. Jonathan Swift con su Gulliver’s Travels (1726) llevaría esta tradición al culmen de la perfección convirtiéndola en un clásico del género. Samuel Butler publica en 1872 Erewhon (anagrama que utiliza las letras de nowhere) intentando ya con el título mostrarnos su intención de utilizar el género utópico para sus fines: criticar de forma irónica a una sociedad victoriana que él entendía como decadente. Finalmente tendremos que referirnos a A Modern Utopia (1905) de H. G. Wells donde se nos describe un mundo dominado por la técnica y gobernado por “eficientes tecnócratas”.

La forma en la que se expresan las ideas utópicas no la podemos incluir dentro de un género específico pues el vehículo de expresión de dichas ideas puede ser muy variado. Pero, por encima de las formas literarias elegidas por el autor, lo fundamental es aclarar que el fin último de las utopías es su afán reformista, en una pala­bra, se trata de una literatura didáctica. No es relevante, por tanto, hablar de Novela Utópica, de Tratado Utópico o de Drama Utópico; en este caso, el mensaje está supeditado a la forma y es más importante que aquélla. Si bien es cierto que las ideas utópicas pueden ser expresadas en cualquier género literario, también tendre­mos que decir que el autor ha de elegir la que más le convenga y parece meridianamente claro que el medio más apropiado para expresar ciertos planteamientos e ideas de una forma reflexiva es la prosa. En ella no se tienen limitaciones de rima y métrica que podrían llevar al autor a imprecisiones por ceñirse, por ejemplo, a las formas de la poética.

Admitido esto, ¿cuál es el medio más apropiado dentro de la prosa para expresar esas ideas? Una posible forma de hacerlo sería el ensayo, en el que se propondrían los pasos necesarios para alcanzar esa utopía utilizando mecanismos de demostración argumental basado en sólidas reflexiones. Pero en general los autores han elegido la novela como el vehículo más apropiado ya que en la materialización literaria de una utopía hay que tener en cuenta también que la obra sea atractiva al lector, y de ahí que se deba hacer al gusto literario de la época. El hecho de que la mayoría de las utopías del siglo XIX en Inglaterra estén encuadradas dentro del género de la novela se debe a que el autor tiene que someterse al gusto de sus potenciales lectores. En cualquier caso, no es tan importante la forma literaria como el propósito reformista. Siguiendo la opinión de muchos críticos podríamos encuadrar las utopías en tres grupos diferentes:

·         Utopía/Eutopía: aquélla que nos propone un modelo de sociedad aparentemente realizable y que se basa en el deseo humano de perfección material y espiritual. Las utopías, no obstante, deben ser inalcanzables y lo verdaderamente utópico es solamente el deseo de ponerlas en práctica. La utopía debe proponer un modelo a seguir en ese proceso de perfeccionamiento. La utopía propiamente dicha no es realizable. El término significa “en ninguna parte”. La eutopía, no obstante, es un modelo a seguir y significa “el mejor de los lugares”. Se propone como modelo una sociedad ideal con módulos de convivencia aparentemente realizables. Se le pretende dar una cierta apariencia de verosimilitud y en la obra habrá de aparecer un gran número de personajes comunes y reconocibles para que esa realidad parezca factible.

·         Anti-Utopía: aquélla que tiene como principio exhortarnos a reformar nuestro presente mostrándonos el anti-modelo social al que llevaría la exacerbación de nues­tras cualidades negativas. E1 autor no anima a los lecto­res a que adopten el tipo de vida que muestra la anti-utopía, sino que lo pone como ejemplo de la no realización de ese tipo de vida en ­sociedad. También se la ha denominado utopía negativa.

·         Distopía: Se trata de un término recientemente acuñado sobre el que la crítica no acaba de ponerse de acuerdo. La mayor parte, no obstante, entiende que podría significar la superación del modelo. En realidad, se trataría de una utopía/anti-utopía que ha sido ya superada por la realidad. Brave New World, por ejemplo, podría entenderse como una anti-utopía y una distopía a la vez ya que se repiten situaciones o planteamientos (la manipulación genética, la utilización de drogas, la programación del individuo, la deshumanización del sistema, etc.) que han sido superados ya con creces por nuestra realidad moderna.

 

Existe, no obstante, otro tipo de utopía que se podría denominar Utopía de Viajes. En estos tratados, el viajero utópico recorre distintos mundos fantásticos y va comentando lo que ve o ha visto a través de ellos, y el conjunto de sus opiniones, aplicadas a1 mundo de la realidad, ­nos permite conocer la postura personal del autor.

De cada uno de estos grupos en los que hemos dividido el género utópico, podemos elegir una obra que los represente y, basándonos en ella, estudiar qué caracteriza a cada uno de ellos. En lo que se refiere a Utopía/Eutopía, la obra más importante es Utopia de Thomas More. Para ilustrar las anti-utopías o las distopías, nos pueden servir dos obras que siguen esta forma de expresar las ideas del autor: Brave New World de Aldous Huxley y Nineteen Eighty-Four de George Orwell. Por último, respecto a la Utopía de Viajes tenemos como ejemplo más obvio Gulliver´s Travels de Jonathan Swift. En este caso, aunque parece sólo una narración de viajes, sin embargo, tiene una carga nada disimulada de fantasía y reúne características típicas del hombre utópico, de la búsqueda del hombre perfecto. Jonathan Swift (1667-1745) fue una de las figuras literarias de más prestigio en su tiempo y uno de los primeros escritores anglo-irlandeses de ascendencia y educación protestante, clérigo, intelectual y político muy respetado y que comienza a considerar el problema irlandés desde una óptica diferente. A Swift se le considera un patriota y un escritor de corte satírico con ciertos tintes liberales. Es de los primeros que va a analizar la realidad irlandesa desde una posición beligerante. En aquellos momentos, el intentar llamar la atención sobre la calamitosa situación irlandesa y proponer soluciones podría considerarse como algo utópico. Pero él lo hizo y con un éxito considerable. Miembro de la comunidad anglicana privilegiada pero cómplice de las reclamaciones de los católicos irlandeses, vive las contradicciones de tener que defender la supremacía de lo anglicano en un país mayoritariamente católico. Con el tiempo, sus posiciones fueron madurando y terminó por erigirse en una voz poderosa de denuncia y de patriotismo sincero. Probablemente, y debido a su delicada situación política y personal, encontró en la fórmula utópica y satírica una salida equilibrada para sus denuncias. En este libro, no obstante, se nota una falta de adecuación entre la doctrina utópica y el método literario empleado.