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viernes, 7 de marzo de 2014

Sobre los crímenes y delitos de moda hoy.

Sobre los crímenes y delitos de moda hoy.


Hace unos días hice oración meditando la Carta de Santiago, en concreto sobre Santiago 5,1-6. Me llamó la atención la enorme actualidad del texto, que, aunque tenga dos mil años de antigüedad, no es que parezca, sino que está escrito también para el hombre de hoy.
Santiago empieza este capítulo quinto denunciando a los ladrones: «Atención, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima. Vuestra riqueza está podrida…»(vv.1-2); «Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del Universo» (v.4). Es indiscutible que cualquier persona de bien considera intolerable la corrupción de los poderosos, que tanto daño hace a aquéllos que son víctimas de sus estafas y robos. Como decía el Papa Francisco. «Todos somos pecadores, pero no debemos ser corruptos». Pero hay un tipo de corrupción que es más grave que los otros: cuando las víctimas son los pobres y marginados. De todos los escándalos económicos que hay hoy en España, el más grave con diferencia, por su cuantía económica y por sus víctimas, es la desaparición de mil doscientos millones de euros destinados a los parados. Corresponde a la Justicia juzgar y castigar a los culpables de ese enriquecimiento delictivo, porque es indiscutible es que esa enorme suma destinada a personas tan necesitadas como los parados no ha llegado a su destino. Esos ladrones deben ser conscientes que, aunque son gente muy poderosa y puede que escapen a la justicia humana, no van a escapar de la justicia divina, que ya en el Antiguo Testamento, en el libro de Proverbios 14,31, dice: «El que oprime al pobre ultraja a su Hacedor», y en el evangelio de San Mateo leemos: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer» (25,41-42). Aquí la cosa es peor, porque además de no darle de comer, se le roba.
En ese mismo ambiente en que se mueven los sospechosos de ese latrocinio masivo, es decir jerifaltes de los partidos de izquierda, uno se entera que se intenta perpetrar otro: robar a la Iglesia la propiedad de la Catedral Mezquita de Córdoba, propiedad de ella desde hace bastantes siglos, desde San Fernando en el siglo XIII. Y es que cuando uno pierde los principios, y se deja llevar por el odio, y muy especialmente por el odio a la Iglesia Católica, acaba haciendo o intentándolo por lo menos, toda clase de maldades y majaderías.
Pero también el versículo 6 es explosivo: «Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, el cual no os ofrece resistencia». Podemos pensar en primer lugar en Jesucristo, pero también en todas las demás víctimas inocentes y muy especialmente las víctimas del aborto y de la eutanasia. He escrito muchas veces sobre el aborto, por lo que voy a ser breve: En el Vaticano II la constitución pastoral «Gaudium et Spes» lo califica de atentado a la vida y crimen horrendo (GS 27 y 51), afirmando: «así pues la vida debe ser defendida con gran cuidado desde la concepción»(GS 51). El Catecismo de la Iglesia de Juan Pablo II dice: «El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral» (nº 2271). Juan Pablo II afirma categóricamente: «declaro que el aborto directo, es decir querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el magisterio ordinario y universal» (Encíclica Evangelium Vitae» nº 62).
Sobre la eutanasia les recomiendo que busquen en Google estas palabras. Por un lado Eutanasia Holanda y por otro Eutanasia Bélgica. El resultado que a mí me dio fue éste: En Holanda el número de casos de eutanasia subió un setenta y tres por ciento entre el 2003 y el 2010, Se da la cifra de unos trescientos casos anuales de eutanasia sin petición previa. No hay que olvidar además que la mayoría de los médicos que la hacen no la declaran y que los pocos casos que han llegado ante los tribunales se han resuelto con sentencias absolutorias. En Bélgica se calcula que el uno coma ocho por ciento de las muertes son de eutanasia sin petición previa. La eutanasia es siempre un homicidio (cf. CEC 2324), pero aplicar la eutanasia sin petición es asesinar. Ello trae consigo dos consecuencias gravísimas: la primera es la destrucción de algo muy importante en Medicina, la confianza entre el médico y el enfermo, basada sobre todo en el hecho que sé que mi médico va a hacer todo lo posible por curarme y ayudarme en ese momento. La segunda es que muchos ancianos belgas y holandeses huyen a España a pasar sus últimos días en las playas y lejos de sus hospitales, donde puede aplicárseles la eutanasia con o sin su consentimiento para que dejen de «sufrir». De hecho bastantes ancianos holandeses llevan consigo una tarjeta que dice: «Si caigo enfermo, no me lleven a un hospital». Es evidente que si aquí se legaliza la eutanasia, sucederá lo mismo. Los mayores ya podemos ir preparándonos.
Pueden ustedes imaginarse la opinión que tengo de los políticos que defienden el aborto y la eutanasia. Son unos criminales que, cualquier día, sirviéndose de un médico, pueden terminar con nuestras vidas, especialmente si no montamos un escándalo y nos quedamos callados, como está sucediendo en Bélgica y Holanda. Por mi parte haré todo lo posible para que la gente no les vote.

P. Pedro Trevijano, sacerdote

viernes, 24 de enero de 2014

Un buen abanderado de la causa nacionalista catalana y las posturas eclesiales ambiguas.

Critica a los obispos españoles por no comprender a Cataluña.

Abad de Montserrat: «no podemos pretender que la moral cristiana se convierta en ley de Estado»

El Abad de Montserrat ha participado este jueves en el ciclo de coloquios Moment Zero, organizado el diario Punt-Avui, que se ha celebrado en El Born Centre Cultura de Barcelona. Durante su intervención ha asegurado que la Conferencia Episcopal Española nunca ha comprendido la realidad nacional de Cataluña, que asegura que es anterior a la formación del actual Estado español. También ha afirmado que los cristianos no deben imponer su visión antropológica a la sociedad: «no podemos pretender que la moral cristiana se convierta en ley de Estado».

    
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(Agencias/InfoCatólica) Sin mencionar explícitamente ninguna ley en concreto, Soler ha defendido que «a la hora de legislar, el Estado lo tiene que hacer siempre de acuerdo con el bien común, sin privilegiar ni discriminar ninguna opción ideológica, ni filosófica, ni religiosa».

Aunque ha defendido la laicidad del Estado, el abad de Montserrat ha dicho que ello «no quiere decir ignorancia entre él (el Estado) y las comunidades creyentes».
Aceptar el hecho religioso

«El Estado y la sociedad en general tienen que aceptar el hecho religioso como una realidad positiva, que puede hacer una buena aportación a la convivencia social y a la maduración de las personas y por tanto tiene que acoger con respeto, sin prejuicios y con mente abierta las propuestas éticas que provienen de las instituciones religiosas y valorarlas según las competencias de cada uno», ha explicado el religioso.

«Se tienen que respetar la presencia pública del hecho religioso y de sus símbolos, siempre que no vulneren o pongan en peligro el bien común», ha puntualizado el abad.

Josep María Soler ha señalado que «creyentes y no creyentes pueden buscar juntos caminos de paz, de justicia, de calidad de la convivencia, de respeto de cada persona y a sus derechos legítimos, de atención a las personas que sufren».

El monje ha pedido a la Iglesia que no tenga miedo a «una laicidad positiva e incluso la tenemos que defender», aunque ha reconocido que «la cultura dominante está alejada en buena parte del cristianismo» y ha propuesto que se «proponga y no se imponga».

El abad ha dicho que aunque «los cristianos tenemos unas convicciones concretas por razones antropológicas, hay que respetar el juego democrático».

«Esto pide que los cristianos -ha comentado- hagamos la propia aportación al debate social sobre los diversos temas para contribuir al diálogo y a la reflexión con vista a una mejor toma de decisiones».

«A veces, sin embargo, las convicciones de los cristianos pueden entrar en contradicción con las leyes de Estado; leyes que, en democracia, algunas veces sólo pueden establecer el mal menor. Evidentemente, en estos casos, los cristianos no podemos pretender imponer nuestra visión antropológica; en una sociedad plural, no podemos pretender que la moral cristiana se convierta en ley de Estado», ha sentenciado.

Objeción de conciencia


A renglón seguido, el abad ha puntualizado que «en el caso de que haya una contradicción flagrante, se podría hacer objeción de conciencia, como ya ocurrió en los primeros siglos del cristianismo, pero se tiene que hacer sin menospreciar a los individuos que en conciencia asumen comportamientos que contradicen la ética cristiana».

Por eso, el religioso benedictino ha pedido a los miembros de la Iglesia «una gran dosis de comprensión hacia las personas concretas, sus ideas y sus problemas» y a los medios de comunicación de titularidad o inspiración cristiana «que se priven de todo clima de agresividad y no manipulen los contenidos informativos de acuerdo con prejuicios o con posiciones ideológicas determinadas».

Cataluña


El abad de Montserrat ha hecho también una reflexión sobre el debate soberanista en Cataluña y ha reprochado a la Conferencia Episcopal Española que «nunca haya comprendido» la realidad catalana y que, «sin entrar nunca a valorar el fondo de las reivindicaciones de la sociedad catalana», haya «ido repitiendo, sin matices, la defensa de la unidad de España como un bien moral que se debe cuidar y mantener».

Josep María Soler se ha mostrado favorable al reconocimiento de «la realidad nacional de Cataluña» que, ha dicho, «es previa a la formación del actual Estado español», y ha pedido abordar la cuestión «con mentalidad abierta y democráticamente dialogante».

domingo, 10 de noviembre de 2013

La acción caritativa de la iglesia española no está siendo acompañada por un trabajo de concienciación social y de denuncia seria de las situaciones de injusticia social .

La crisis social desborda a la Iglesia española.  

                      
  

(José Ignacio Calleja).- De pronto me he dado cuenta de que iba a titular este pequeño apunte moral de un modo que suena a disculpa personal, "yo soy un teórico, pero...". Al pensar en por qué instintivamente quería comenzar mis palabras así, me doy cuenta que en el mundo cristiano se ha extendido la idea de que importa la caridad concreta, y que todo lo demás es demasiado teórico. Se ha extendido demasiado. Me atrevo a decir que es un tópico bien simple eso de que importa actuar masivamente ante los casos más sangrantes, y que hablar no conduce a ninguna parte.
Desde luego, no estoy de acuerdo en esa idea. En primer lugar, hay que ver cómo se verifica el compromiso concreto en cada uno de nosotros. De antemano, nadie es más que nadie en la caridad, y el supuesto de que los teóricos no practican o se comprometen en realidades concretas, es otro tópico y un simplismo. Como es lógico nadie va a salir a dar cuenta por internet qué hace y qué deja de hacer. Hay que tener cuidado con estos prejuicios hacia las ideas que nos descolocan. Todos tenemos que estar atentos a los tópicos. La idea de que no tenemos tiempo para las ideas, es inaceptable.
Pero es que en este caso quiero dar un paso más. Estoy convencido de que la acción caritativa de la iglesia española no está siendo acompañada por un trabajo de concienciación social y de denuncia seria de las situaciones de injusticia social. Entiendo por acción caritativa de la Iglesia tanto la organizada y representándola, como la particular o de grupos cristianos de libre iniciativa. Tiene razón la gente que se queja de que la Iglesia española no está reflexivamente a la altura de las circunstancias sociales que vivimos. Sí está comportándose dignamente en cuanto a la caridad activa, no está concienciando a fondo, ni activando una reflexión crítica de fe (teología) en tal sentido, ni denunciando con la radicalidad del dolor propio y ajeno lo que pasa. Seguramente no nos está llegando tan de cerca como pensamos lo peor de nuestro tiempo. (No soy masoquista, ¡cuidado!, pero la verdad es la es).
La jerarquía de la Iglesia española no se está haciendo notar, probablemente porque su cúpula más reconocida y mediática está viviendo a contrapié el papel de la Iglesia en una crisis social como ésta. Creían que todo se jugaba en la secularización de la cultura y se encuentran con que las buenas familias no tienen trabajo decente del que vivir; creían que el catolicismo se iba a jugar todas las cartas en la enseñanza y la bioética, y se encuentran con que la miseria amenaza la vida de mucha gente de bien. Creían que todo consistía en recomponer la identidad espiritual de la Iglesia española y sucede que la gente les reclama la fe de Jesús con el pan compartido y la justicia de los derechos. Ya sé que las cosas en la fe tienen varias caras, - no sólo la social -, pero nos entendemos. En esta situación la Iglesia española más reconocida ha intentado comprender la crisis, - y casi lo consigue -, como crisis cultural, religiosa y ética, pero una y otra vez las injusticias sociales más crudas le llegan a la puerta y la gente pregunta por la fe en la Encarnación y el Reino de Justicia y Amor. Y de ahí, surge un rotundo, - sí, la crisis es ética, pero no sólo -; es política, y es social, y es material y de justicia. No vale escaparse a la ética evitando la justicia social. No es vuestro cometido inmediato crear trabajo, pero sí es vuestra responsabilidad reflexionar, concienciar, denunciar y actuar desde la fe en términos de justicia social. Y si no lo hacéis, la misma caridad se tambalea.
Tampoco la teología española está comportándose a la altura de las exigencias de la crisis en reflexión, concienciación y denuncia. Sí hay voces y voces, - cómo no reconocerlo -, pero no logramos componer una gran corriente de opinión teológica que haga a la Jerarquía sentirse especialmente exigida y ayudada, y - a la gran comunidad-, arropada para dar un giro social a su presencia caritativa. La teología está siguiendo su camino, - como si fuera cosa de algunos moralistas o pastoralistas decir algo público con sentido teológico de la crisis y la inhumanidad que la acompaña -, mientras los demás teólogos se ocupan de lo suyo. Hay una dificultad grande por incorporar la extraordinaria dimensión de injusticia social a la fe pensada y refleja. Seguimos prisioneros del supuesto de que la justicia y el amor social son consecuencias de la fe, pero no sustantivos en su alma; puedo decirlo así, o puedo decir "los más pobres y vulnerables de la vida". La teología sigue sin acogerlos como experiencia personal y social fundadora para decir qué Dios, qué Reino, qué Iglesia, que Mesías, que Salvación, qué Fe.
Propongo, por tanto, que construyamos una gran corriente de opinión teológica que sume más claramente reflexión, concienciación y denuncia social a la acción caritativa de los cristianos ante la crisis, - todos somos cristianos -, y exija con más claridad la responsabilidad que en términos de justicia social toca hoy a los Pastores.
O, ¿es que tenemos miedo de que si hablamos de justicia social, - y no sólo de caridad -, la comunidad se rompa por arriba y por abajo? Pues, sabido es, no podemos servir a Dios y al Dinero.

( Religión Digital José Ignacio Calleja, 29 de abril de 2013).